Confesiones de una banda de chicas sin alma

Título: Foxfire
Director: Laurent Cantet
Guión: Laurent Cantet
Fotografía: Pierre Milon
Duración: 143 min.
Año: 2012
País: Francia
Productora: Foxfire Productions / Haut et Court / Memento Films International / The Film Farm
Reparto: Raven Adamson, Katie Coseni, Madeleine Bisson, Claire Mazerolle, Rachel Nyhuus, Paige Moyles, Lindsay Rolland-Mills, Alexandria Ferguson, Chelsee Livingston, Tamara Hope, Rick Roberts, Briony Glassco
Crítica de @PaulPorcoRosso

Competidora en la Sección Oficial del Festival Internacional de Cine de San Sebastián y ganadora del premio a la mejor actriz para Katie Coseni, Foxfire fue generalmente maltratada por la crítica profesional. Su director, el mítico realizador francés Laurent Cantet, adapta para esta película la novela Puro Fuego: confesiones de una banda de chicas de Joyce Carol Oates. La acción se sitúa en Nueva York, 1953. Un grupo de chicas adolescentes se niegan a ser sometidas a una sociedad que las ata y las anula como seres humanos, esperando su silencio y sumisión al sistema. Formarán la sociedad secreta femenina “Foxfire“, que tiene como lema vivir bajo sus propias leyes y reglas para siempre. Pese a que todo empieza como una locura de juventud, poco a poco se vuelve peligroso y serio a medida que la banda crece en número y poder.
¡Alerta! ¡Lector/a, no se deje llevar por la sinopsis! Foxfire es como el perro del hortelano: ni come ni deja comer. Es cine neutro, largo y cansino. Pese a un buen material de base (la novela de Joyce Carol Oates), un buen arranque y una ambientación y diseño de producción muy cuidadas al detalle (potenciadas por la fotografía de Pierre Milon), la película del francés Cantet acaba por resultar una amalgama de temas vistos de refilón sin profundizar en ninguno de ellos. Resulta paradójica pues la excesiva duración de la cinta: se planea la superficie de muchos conflictos (como las relaciones homosexuales, el racismo) sin entrar de lleno en ellos, y se invierte demasiado tiempo en no hacerlo. De entre sus muchos defectos, el que más me enerva es el retrato que Cantet hace del género masculino. Según Foxfire el hombre es una figura plana y sin ninguna arista (aunque tampoco hay una evolución de los personajes femeninos pese a pasar por la cárcel y sufrir un intento de violación), casi un animal, un ser degenerado e irrazonable. Entiendo que es crucial para intentar que sintamos empatía por sus personajes (la banda), pero ni así lo consigue.
Tampoco es fácil entrever el mensaje que plantea mandar Cantetcon esta película. ¿Es simplemente cine de época o busca mostrar la pérdida de inocencia de sus protagonistas? ¿No te fíes de los hombres? Al final, todo queda como el diario de una quinceañera, y el tufo a telefilme obliga al público a abandonar la sala. 143 minutos perdidos en una sala a oscuras con un montón de desconocidos (tanto en la pantalla como en las butacas colindantes). Cine de una calidad tan mediocre que no permite disfrutar de sus evidentes fallos (véase Sharknado) ni emocionarse con sus bellos momentos. Ni come, ni deja comer.
Lo mejor: la ambientación, la fotografía, el arranque.
Lo peor: su excesiva duración, su mensaje diluido.

Crítica original en Pandora Magazine
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‘Another me’, el horrible thriller ¿terrorífico? de Isabel Coixet

Título: Another me
Director: Isabel Coixet
Guión: Isabel Coixet
Fotografía: Jean-Claude Larrieu
Año: 2014
Duración: 86 min.
País: Reino Unido
Productora: Coproducción Reino Unido-España; Rainy Day Films / Tornasol Films
Reparto: Sophie Turner, Geraldine Chaplin, Claire Forlani, Jonathan Rhys Meyers, Rhys Ifans, Ivana Baquero, Gregg Sulkin, Leonor Watling, Sara Lloyd-Gregory, Charlotte Vega
Crítica por @PaulPorcoRosso 

Another me podría formar un tríptico sobre la identidad juntamente con The Double y Enemy. Las tres películas, estrenadas en un corto período de tiempo, versan sobre el mismo tema: el quiénes somos y qué es nos hace diferentes. Pero mientras Enemycon increíble tensión y pulso narrativo, y The Double con un finísimo humor negro triunfan en hacer llegar el mensaje al espectador, Another me se hunde a todos los niveles menos el interpretativo, y sus intentos de mostrar la crisis de identidad más o menos presente en todos los adolescentes se pierden en un guión desesperadamente malo. El filme narra la historia de Fay (Sophie Turner), una joven adolescente con una vida aparentemente perfecta hasta que todo empieza a torcerse: su padre enferma, su madre tiene un affaire con alguien muy cercano a Fay… Para colmo, empieza a tener la sensación de que alguien la está siguiendo, alguien que es exactamente igual que ella, una persona que no se conforma con tener su mismo aspecto, sino que quiere tener su vida entera y suplantarla.
Pese a sus fallos, la película de Coixet nos descubre el talento que la teatral
Sansa Stark esconde bajo esos ropajes invernales.
Si extraemos el elemento paranormal del guión de Coixet, el argumento del filme es un drama decente: una adolescente lucha para hacer frente a una situación familiar muy complicada con su padre enfermo y deprimido y una madre adúltera, a su primer amor, a la crisis económica y a un papel importante en una obra de teatro (que le ha dado el profesor con el que su madre es adúltera). Me interesa más esta película que el desastroso ejercicio de estilo que es Another me. Pero la película es como es: el añadido de una capa sobrenatural no se une bien al elemento dramático, y todo intento de hacer que el filme sea un reflejo de las ansiedades de la adolescente en pleno proceso de convertirse adulta queda en menos y nada: no consigue generar empatía y mucho menos los escalofríos que imagino pretende que sintamos (y yo soy de los fáciles de asustar), ni define bien la psicología de ninguno de los personajes. Todos los elementos a los que Coixet sabe recurrir para asustar al espectador no son más que puertas que se cierran, luces que se apagan, ventanas que se rompen o otros clichés del género arrojados a la pantalla y a los altavoces sin criterio alguno. Incluso elementos con los que busca generar tensión y desconcierto (gente que dice haber visto a Fay en lugares donde no ha estado o caras borrosas en fotografías) resultan gastados e indignantes.
En esta ocasión, Coixet dirige bien a sus actores (y actrices), pero falla en
todo lo demás.
Eso sí, en el sector interpretativo todos los actores cumplen en sus respectivos roles, destacando por encima de todos a la protagonista Sophie Turner (Sansa Stark para los seguidores de Game of Thrones, desconocida para todos los demás), que deja con ganas de verla interpretando un papel más serio en una película mejor. Pero como es de suponer, unas actuaciones que se sitúan en el espectro de correctas a buenas son incapaces de salvar tanto las debilidades del guión como una dirección mediocre de Isabel Coixet. Aunque visualmente es poderosa y el director de fotografía Jean-Claude Larrieu logra una conseguida composición de planos, esta belleza de las imágenes no es más que eso: una belleza vacía.
Isabel Coixet es, como ya ha demostrado en varias ocasiones, una directora que no va corta de talento. Pero en este filme parece haberlo extraviado con un guión muy flojo (de su autoría) casi cómico sin pretenderlo, y en la búsqueda de un público (adolescente) que no le corresponde. Another me es una pérdida de tiempo para el espectador, y la desagradable sensación de que Coixet puede haber perdido el norte.
Lo mejor: descubrir que Sophie Turner tiene más registros que la cara de palo con la que se pasea por Poniente en Game of Thrones.
Lo peor: de entre todos los elementos que fallan en Another me, el peor de todos es su desastroso guión.

Sueños rotos con vistas a la Estatua de la Libertad

Título: The Immigrant
Director: James Gray
Guión: James Gray, Ric Menello
Fotografía: Darius Khondji
Año: 2013
Duración: 117 min.
País: Estados Unidos
Productora: Kingsgate Films / Worldview Entertainment / Keep Your Head Productions
Reparto: Marion Cotillard, Joaquin Phoenix, Jeremy Renner, Angela Sarafyan, Anoni Corone, Dylan Hartigan, Dagmara Dominczyk
Crítica de @PaulPorcoRosso
James Gray escribe y dirige su quinto largometraje, The Immigrant, en el que colabora una vez más con el habitual en su filmografía Joaquin Phoenix. The Immigrant es un relato sobre el sentido de la familia en el que el crimen y la religión están muy presentes. Es la historia de una inmigrante polaca, Ewa (Marion Cotillard), que huye junto a su hermana Magda de Polonia por los estragos que ha causado en el país la primera Guerra Mundial y emigran a los Estados Unidos, concretamente a la ciudad de Nueva York. Al llegar a Ellis Island ponen en cuarentena a Magda (enferma de tuberculosis), y deportan a Ewa de vuelta a Polonia. Bruno (Phoenix), un americano que se encuentra en Ellis Island le ofrece a Ewa la entrada al país a cambio de que trabaje en un cabaret. Poco a poco, su trabajo requerirá cada vez menos escrúpulos…
The Immigrant es cine de alta categoría, sin dudarlo. Una historia conocida, pero con un bellísimo envoltorio y un sabor completamente nuevo: Gray mantiene durante gran parte del metraje un ritmo moderado con situaciones controladas y contención magnífica. No hay ningún sobresalto, ni elementos electrizantes que den el “sí debo” a entrar en la lista de las mejores películas del año. Digo el “sí debo”, porque el “sí quiero” se presupone y se evidencia en los últimos 35-40 minutos de película: el desenlace contiene la mayor parte de carga dramática del metraje, y es lo que hace pasar la película de una experiencia interesante a un altísimo notable drama de época. El final, mediante el uso de un espejo, muestra a dos personajes dirigiéndose a direcciones que sabemos que son opuestas pero se nos enseñan como una misma en el plano. Dos caminos que llevan al mismo sitio: a la decadencia, a la pobreza, a la depresión. Huir o quedarse, qué más da: un sueño americano roto, una desilusión tras otra, ilusos que creen que “la Tierra de las oportunidades y el hogar de los valientes” es el país de las esperanzas. No hay sueños posibles en la isla de Ellis, es más: allí es donde se rompen.
The Immigrant es una película eminentemente interior, muy teatral. Darius Khondji mediante la fotografía consigue yuxtaponer amarillos anaranjados con grises negreceos. Luces, sombras y siluetas que funcionan a la perfección en espacios pequeños y estrechos, pero no tanto en exteriores. Eso sí, tanto en interior como en exterior el magnífico trabajo de sus actores remarca la descarga dramática del autor. Marion Cotillard sufre, como su personaje, y cautiva con su mirada perdida puesta en su hermana y la isla de Ellis; y Joaquin Phoenix confirma una vez más que es uno de los actores más preparados de la actualidad. Después de amenazar con dejar el cine en 2008 con el mockumentary de Casey Affleck, Phoenix ha demostrado ser capaz de encadenar recital interpretativo con recital interpretativo (Her, The Master, ahora The Immigrant). También es destacable Jeremy Renner, un buen actor con malas elecciones de papeles, aunque su personaje en esta película es sólo un escalón más hacia el clímax dramático. The Immigrant no se cuela en las listas de lo mejor del pasado año por la dura competencia y un arranque medido a fuego muy lento. Pero una cosa es segura: es cine del grande. Del que debería aspirar a premios.
Lo mejor: el reparto y sus actuaciones, la fotografía, ese plano final.
Lo peor: poca fuerza del personaje de Renner, a la película le falta “desatarse” en su primera mitad.

P. S.: ¿Qué es el título que le han puesto en España a una película que podría haberse titulado perfectamente como La Inmigrante? Una carcajada en la cara de James Gray, una broma de mal gusto del traductor, una traducción de alguien que no ha ni atendido ni entendido al filme. Un insulto a la película y a sus guionistas, porque precisamente la isla de Ellis es donde todos los sueños se tuercen y se hacen pedazos.

La falsa trascendencia y la insultante actuación de Jack Sparrow

Título: Transcendence
Director: Wally Pfister
Guión: Jack Paglen, Jordan Goldberg, Alex Paraskevas, Wally Pfister
Fotografía: Jess Hall
Año: 2014
Duración: 119 min.
País: Estados Unidos
Productora: Warner Bros. Pictures / Alcon Entertainment
Reparto: Johnny Depp, Rebecca Hall, Paul Bettany, Kate Mara, Morgan Freeman, Cillian Murphy, Cole Hauser, Clifton Collins Jr., Josh Stewart, Olivia Taylor Dudley

Crítica por @PauGarcia179

Wally Pfister, el director de fotografía de la mayoría de las películas de Christopher Nolan, debuta en la dirección con ‘Transcendence’. Con la ayuda del director de ‘Batman Begins’ en labores de producción, saca adelante esta película que cuenta con algunos de los actores habituales de Nolan , como Cillian Murphy y Morgan Freeman. 

Will Caster es el más importante investigador en materia de inteligencia artificial. Aunque obtiene elogios y  despierta admiración entre muchos, también se ha ganado antipatías desde los sectores más anti-tecnológicos. Después de una conferencia, Caster es víctima de un atentado que le deja al borde de la muerte. Para salvar su consciencia, su mujer y un amigo (también científicos como Caster), deciden conectarlo a una inteligencia artificial.

Hay que reconocerlo: el inicio es prometedor. Se nos presenta, mediante un flashforward, un futuro en el que la tecnología ya no se utiliza. Sin duda, ese principio despierta el interés del espectador y genera expectativas para saber qué ha pasado para llegar a esta situación, pero cuando salimos del flashforward y empieza la narración lineal, las cosas se empiezan a torcer. 

Para empezar, tenemos que aguantar la lamentable actuación de Johnny Depp, que parece sumarse a la escuela interpretativa de Colin Farrell y Ben Affleck. Gracias a su anti-actuación, consigue despertar en el espectador la más absoluta indiferencia por lo que pueda pasarle al personaje que interpreta. Es cierto que los guionistas tampoco acaban de dibujar bien al personaje, pero ni el actor, ni el propio director consiguen imprimirle un poco de alma.  El resto de personajes tampoco acaban de estar bien retratados, y por ejemplo vemos pasar por ahí a Cillian Murphy, correcto (pero vacío) como policía del FBI y a Morgan Freeman, que hace creíbles sus líneas de diálogo por muy absurdas que puedan ser. El amigo científico es quizás el mejor personaje, con sus dudas y sus humanas contradicciones, y además Paul Bettany está creíble en todo momento. Rebecca Hall también se esfuerza en dar un poco de vida a Evelyn, la mujer del protagonista, pero aunque lo intenta no puede hacer verosímil la historia de amor si su pareja argumental nos importa un rábano y el actor que lo interpreta no se toma en serio su actuación. 


‘Transcendence’ intenta hablar sobre los peligros de la tecnología y en concreto de la inteligencia artificial, planteando que ésta se podría volver en nuestra contra. Stephen Hawking (entre otros científicos) reflexionaba sobre esto en un artículo publicado en The Independent, y advertía de los peligros de la inteligencia artificial: “El éxito en la creación de IA podría ser el más grande acontecimiento de la humanidad. Desafortunadamente, también podría ser el último.”  Y es algo que también pretende transmitir la película, pero la verdad es que el guión está tan plagado de errores y la ejecución resulta tan inverosímil que no nos lo podemos tomar en serio, a pesar de sus aires de grandilocuencia y solemnidad, que justamente actúan en su contra. 

Está muy bien querer dar un poco de cuerpo, de reflexión a la película, faltaría más, pero si se opta por el camino de la seriedad y la trascendencia, el guión tiene que estar a la altura de esa ambición. Por desgracia, aquí es tan poco consistente que roza lo ridículo. Y es que seguramente, el director acaba transmitiendo lo contrario a sus intenciones: si quiere que el espectador se inquiete y se formule preguntas, el planteamiento tiene que ser mínimamente verosímil; si no lo es, le resta importancia al debate propuesto e instala a los espectadores en una falsa tranquilidad respecto a la inteligencia artificial. Esa falsa tranquilidad, esa burbuja de indiferencia que invita al conformismo puede ser peligrosa, como advierten los científicos en el artículo de The Independent, porque la inteligencia artificial ya es una realidad y avanza rápidamente. 

‘Transcendence’ no funciona ni como película de ciencia-ficción, ni de acción (demasiado aburrida para ser un blockbuster) ni tampoco como historia romántica, porque pese al noble intento de Rebecca Hall de insuflar vida a su personaje ahí está Johnny Depp para neutralizar lo conseguido por su compañera de reparto y hacer totalmente inviable la conexión emocional del espectador con los protagonistas del film. Los aires de trascendencia y solemnidad solo se palpan en la superficie y en el fondo no hay más, de manera que la película se convierte en un frívolo intento de reflexión acerca de la tecnología y la inteligencia artificial. 

The Proclaimers animan la tarde des de Edimburgo

Título: Sunshine on Leith

Director: Dexter Fletcher
Guión: Stephen Greenhorn
Fotografía: George Richmond
Año: 2013
Duración: 100 min.
País: Reino Unido
Productora: Black Camel Pictures / DNA Films
Reparto: Peter Mullan, Antonia Thomas, Jason Flemyng, Freya Mayor, Jane Horrocks, Paul Brannigan, George MacKay, Kevin Guthrie, John Spence, Robert Yates
Crítica de @PaulPorcoRosso

We will rock you, Hoy no me puedo levantar, Mamma Mia!, Viva Forever. Queen, Mecano, ABBA, Spice Girls. Y a esta lista se unen The Proclaimers. Este filme es otro ejemplo de cómo confeccionar un musical alrededor de las canciones de un grupo pop. Este estilo de realización de obras musicales, más versado al mundo del teatro que al del cine (sólo Mamma Mia! se llevó a la gran pantalla) acostumbran a ser no tanto historias con profunda trama y férreos valores, sino espectáculos para rememorar tiempos dorados para la música pop. En Sunshine in Leith, Davy y Ally vuelven tras cumplir el servicio militar en la guerra de Afganistán a su ciudad natal de Edimburgo en el bonito barrio de Leith, para encontrarse con sus respectivas parejas: Ally con Liz (Freya Mayor) y Davy con Yvonne (Antonia Thomas). A su vez, Rab y Jean (los padres de Davy y Ally) planean la celebración de sus bodas de plata. Todo va bien, hasta que se revela una parte del pasado de Rab que amenaza con destruir a la familia y separar las tres parejas para siempre.

Sunshine in Leith se basa en un musical de éxito en la Gran Bretaña, y no es más que la trillada historia de desengaños y reencuentros en tres historias amorosas. En ella, la trama se urde a través y gracias a las composiciones del dúo musical The Proclaimers, natural de Escocia. Se la puede acusar de bobalicona y sensiblera, sí, pero mantiene el humor natural de todos los musicales: hay un par de números que recuerdan a clásicos como Seven Brides for Seven Brotherso Singing in the Rain (la canción del pub o esos planos secuencia del final), pero la mayoría se acercan más a la mediocridad de los contemporáneos como Mamma Mia!, en la que se notaba que la película estaba escrita para las canciones y no al revés como en los clásicos. Tampoco da la sensación de que aspire a reinventar el género, cosa que juega a su favor en el sentido de que Sunshine in Leith es lo que es, ni más ni menos.
Lo que sí podemos destacar, amén de un par de números brillantes y sus pegadizas canciones, son las interpretaciones, histriónicas como requiere una película de estas características. Los actores y actrices dan rienda suelta a su expresividad facial y expresan sus alegrías y tristezas mediante coreografías excesivas y canciones explicativas. Además la ciudad de Edimburgo (más en concreto el barrio de Leith) es un personaje más de la película. Retratada con enorme encanto y una visión muy colorista (que casan a la perfección con la historia que se está contando) por el director de fotografía George Richmond con estupendos planos aéreos y generales de esta hermosa ciudad portuaria de Escocia.

Sunshine in Leith no es más que la versión de The Proclaimers de los musicales que versan en torno a un grupo musical: ligero y en ocasiones divertido, con canciones medio conocidas y sobre todo pegadizas, cuya gran virtud es no pretender ser más que eso, una simpática y fresca historia para una tarde de verano en el cine.
Lo mejor: la banda sonora pegadiza, canciones reconocibles y los últimos números musicales. Se disfruta como pasatiempo veraniego.
Lo peor: abundan los tópicos, una más en el montón de las comedias románticas, pero en versión musical.

NO ESTRENOS: ‘Shame’, de Steve McQueen

Título: Shame
Director: Steve McQueen
Guión: Steve McQueen, Abi Morgan
Fotografía: Sean Bobbit
Año: 2011
Duración: 99 min.
País: Reino Unido
Productora: Film4 / UK Film Council / See-Saw Films
Reparto: Michael Fassbender, Carey Mulligan, James Badge Dale, Nicole Behaire, Jake Richard Siciliano, Hannah Ware, Alex Manette, Chris Miskiewicz, Jay Ferraro, Anna Rose Hopkins, Eric Miller, Lucy Walters
Crítica de @PaulPorcoRosso
Shame es la brutal historia de un hombre y su adicción al sexo. Una historia de la pérdida de libertades en pos de una mente enferma: el protagonista se encuentra en una espiral en plena caída vertiginosa de la que es casi imposible escapar. El hombre en Shame, Brandon, es un ser condenado a descomponerse en solitario, condenado a caer en los infiernos de su existencia, a vagar por los bajos fondos de la isla de Manhattan en busca de una pareja que palie sus sucios deseos. En Hunger, el protagonista usaba su cuerpo a modo de arma para generar libertad. En Shame, el individuo independiente y moderno con plena libertad encuentra en su cuerpo y sus adicciones la prisión de la que no puede escapar. Al frente del reparto, y con gran parte de la carga dramática de la película está el magnífico Fassbender, ganador del Copa Volpi al Mejor actor en Venecia y ninguneado (como todo el filme) por la Academia, en su mejor actuación frente a las cámaras. Su mirada intensa y implicación tanto anímica como física transmiten de manera perfecta el dolor de aquel que está atrapado y no puede escapar: sus gestos, ojos tristes, mirada al infinito nos hablan casi más de él que sus líneas de diálogo.
Como fuente de la toma de conciencia de Brandon ante sus problemas, tenemos a su hermana Sissy, interpretada también con grandiosa majestuosidad por Carey Mulligan. Es, en gran parte, la antítesis del personaje de Brandon: no tiene ni oficio ni beneficio, ni sabe cuál es su destino. Llega a Nueva York buscando en Brandon el amor que no puede obtener de otros hombres, y lo único que puede llevarse es rechazo por su parte. Grande es la aportación de Carey Mulligan a uno de los pilares sobre los que se sostiene el filme: la banda sonora. Capaz de reforzar los momentos más dramáticos de sufrimiento como los de intenso placer y de saber acallarse cuando así se requiere, va desde composiciones propias de Harry Escott (como música extradiegética) hasta pequeñas muestras de las Variaciones Goldberg de Bach (diegética), pasando por uno de los momentos clave de la película: la triste versión de New York, New York cantada casi a plano fijo por Carey Mulligan. Una absorbente escena de larga duración que nos somete a observar la soledad y la tristeza de los personajes, a verlos más desnudos que nunca en pantalla.
Con la soberbia dirección de Steve McQueen, Shame se convierte más que en una película, en una obra de arte. Esta es una muestra más del talento expresivo del director inglés: la narrativa del encuadre, los juegos de montaje paralelo, su cuidadísima estética visual, la ambigüedad moral de su guión, la capacidad para despertar sensación de desasosiego en el espectador… Y no me puedo olvidar de mencionar un soberbio trabajo de fotografía y uso de los colores del siempre magnífico Sean Bobbit. Todo funciona en esta magnífica obra amarga y turbadora que no tengo miedo de catalogar como maestra. Ante tan perfecta sinfonía de imágenes, sonidos y silencios prefiero hablar poco: no vaya a ser que sea incapaz de plasmar en esta entrada lo grande que es el filme de McQueen.

NO ESTRENOS: El sueño americano no era para todos

Título: Winter’s Bone

Director: Debra Granik
Guión: Debra Granik, Anne Rosellini (Novela: Daniel Woodrell)
Fotografía: Michael McDonough
Año: 2010
Duración: 100 min.
País: Estados Unidos
Productora: Roadside Attractions / Anonymous Content / Winter’s Bone Productions
Reparto: Jennifer Lawrence, John Hawkes, Lauren Sweetser, Sheryl Lee, Kevin Breznahan,Isaiah Stone, Ashlee Thompson, Shelley Waggener, Garret Dillahunt

Crítica de @PauGarcia179

Que el cine es un arte preocupantemente masculino (a bote pronto, sólo se me ocurren los nombres de Kathryn Bigelow, Sofia Coppola, Isabel Coixet y Mar Coll) es algo obvio. En el terreno de las actuaciones la balanza se equilibra, aunque las actrices muchas veces tienen que interpretar personajes carentes de interés o dependientes del protagonista masculino (la novia, la madre, etc). Afortunadamente, encontramos excepciones como algunas de las películas de Lars von Trier (‘Dogville’, ‘Melancolía’, ‘Dancer in the Dark’, etc.) o el caso de la película de hoy: ‘Winter’s Bone’, interpretada por Jennifer Lawrence y dirigida por Debra Granik. Actriz protagonista y directora: ya era hora. 

Ree es una chica de 17 años con el padre desaparecido y la madre enferma incapacitada. Debido a esta situación, debe hacerse cargo de su madre y de sus dos hermanos pequeños. Aunque las cosas ya eran bastante complicadas, la policía le informa que su padre ha desaparecido cuando salió de la cárcel en libertad condicional, y si no aparece perderán la casa donde viven. Ree deberá encontrar a su padre para no perder su hogar.

Una de las escenas más naturales y conmovedoras de la película


Una bonita y melancólica canción folk, cantada sin más instrumentos que la propia voz, nos introduce en el ambiente rural de la película. Pero éste no es el lugar idílico donde el ser humano consigue la paz espiritual tras huir de la ciudad, no, es el lugar donde el sueño americano no existe, donde la tierra de las oportunidades se descubre como la gran mentira que siempre ha sido. La complicada situación de Ree y su familia solo se ve empeorada por aquellos que tendrían que proteger al pueblo, por la ley que actúa en base a una lógica irracional e inhumana. Obligada a madurar por las terribles circunstancias, el personaje de Ree se alza como única salvación para su familia, con un cariño y estima hacia su madre y sus dos pequeños hermanos que contrasta con la frialdad absoluta con la que afronta los problemas y las personas que dificultan la sencilla existencia de su familia. 

Ree es tan importante en su familia como Jennifer Lawrence en el film, en la que consigue una verosimilitud indispensable para llevar a buen puerto el protagonismo absoluto de la película. Pese a su aparente aspereza y la ya comentada frialdad del personaje, Lawrence actúa bien en los registros dramáticos que le propone la directora Debra Granik, con una de las escenas más escalofriantes del cine independiente (la del lago, concretamente) que la protagonista de ‘The Hunger Games’ resuelve con soltura con su admirable interpretación. 

Granik y McDonough  reflejan el ambiente sombrío en la composición de planos

Aunque no haya nada especialmente interesante en la dirección -siempre dependientes de la cámara en mano-, la fotografía nos deja con un par de planos que transmiten la hosquedad de los ambientes por los que se mueve Ree con tal de encontrar a su padre. Un ambiente donde los hombres están al mando y las mujeres están en una posición de sumisión. Esto lo denuncia la directora en una de las escenas de ‘Winter’s Bone’, cuando, en boca del personaje Ree denuncia el sometimiento de la mujer, esté casada o no: “Es muy triste ver que no te deja hacer algo y simplemente no lo haces.”

Debra Granik compone una película realista y áspera en un ambiente rural de lo más sombrío, con situaciones conmovedoras y otras espeluznantes, que tiene más de drama que de thriller o intriga, y consigue sacar lo mejor de una Jennifer Lawrence que consiguió hacerse un nombre con esta notable película.