RETROSPECTIVA David Fincher: Seven

Crítica de @PaulPorcoRosso
Puede ser que Seven sea el descendiente directo al cine de aquella obra maestra que confeccionó Lynch para el formato doméstico sobre el asesinato de Laura Palmer. No digo que sea porque Fincher se fijó en Twin Peaks para elaborar la que, para mí, es su gran obra maestra, sino porque la atmósfera constante que consiguen crear tanto él como el director de fotografía iraní Darius Khondji (cuyo trabajo hemos visto este año en The Immigrant) es claramente heredado del sentimiento que hizo grande aquella serie de principios de los noventa: el enemigo está en el ambiente. El mal en estado puro está presente no sólo en cada esquina, sino que rodea a los personajes en forma de estado de ánimo, climatología y suciedad. Seven es EL thriller, y también hereda, como todo thriller que se precie un mínimo, de aquella rareza de los ochenta llamada El elemento del crimen que puso en el panorama cinéfilo mundial a un joven e irreverente danés de 28 años, Lars von Trier. Las referencias con las que estoy jugando no son, parafraseando al conde Drácula, cosa de risa, y si así lo dejo escrito es porque así lo creo.
El asesino de la cinta, el llamado Dole (Spacey), resulta tan particular que la película (y con ella la audiencia) se rinde a sus pies y a su pesimista visión sobre el ser humano con apenas 20 minutos en pantalla. Sí, la actuación del que cuatro años más tarde sería el ganador del Oscar por su participación en la superlativa American Beauty es de aúpa, pero lo que hace que Dole se meta en el bolsillo a todo el mundo es el concepto de sus asesinatos. Cada muerte, cada caso, cada aberrante construcción de espacios grotescos y sádicos encierra a la bestia en la que se ha convertido un ser humano como resultado de su vida en una civilización en decadencia, materializada en las calles sucias y abarrotadas de una ciudad eternamente lluviosa sin nombre. Sommerset (Freeman) es el viejo maestro, y Mills (Pitt) es el alumno que, después de una intensa investigación que cambiará su vida para siempre, se convertirá en el propio asesino.
La contribución de Ficher al filme es más que una excelente dirección de actores, que consigue sacar lo mejor de cada uno de ellos (con mención especial a Morgan Freeman, cuyo Sommerset es la fotografía que sale al lado de la definición de ‘detective cansado’ en cualquier diccionario), es la pausa y meticulosidad que le otorga a la cinta en aras de la creación de ambiente. La cámara de Fincher son, mayormente, lo mismo que los ojos analizadores y expertos de Sommerset: cada rocambolesco y barroco espacio al que asistimos es observado con planos reflexivos, casi contemplativos, a veces con la deliciosa partitura de Shore acompañando, a veces con las melodías de Bach, y en general con la música de la realidad. Gritos, sollozos, verdades como puños de Freeman a Pitt y luego de Freeman  a Paltrow.
En definitiva, Seven es toda una obra magna del thriller, con la que muchos autores posteriores han querido reflejarse pero no han podido sino parecer una burda copia barata ante tan mastodóntica producción. Irrepetible y mágica.
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¡Shalom, Zach Braff!

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
Crecer es un proceso lento, costoso y doloroso. Me han dicho en varias ocasiones que los treinta (edad para la que aún me faltan un par de lustros para llegar) es de las más complicadas de pasar a nivel mental. Tus hijos, si los has tenido de joven, ya avanzan con paso firme hacia la adolescencia. Tus padres (si es que aún les conservas a ambos) empiezan a pasarte el testigo para que seas tú el nuevo cabeza de familia, y si son padres que han vivido la década de los setenta en todo su esplendor (y con ella el jugueteo liberal con las drogas) ya empiezan a llegar a su fecha de caducidad. Para colmo, en medio de todo este curioso marrón familiar que se te viene encima, tu espiritualidad te manda señales para que entiendas que aún no has encontrado tu propósito en la vida. Llevas vividos 35 años, y de repente te das cuenta de que no sabes qué demonios eres, no te conoces lo suficiente. Así que, cuando llegas a los treinta, y para resumirlo en un par de palabras: estás jodido.
Pero crecer es inevitable, y darte cuenta de que lo estás haciendo a marchas forzadas, la mejor medicina para disfrutar los últimos momentos para siempre con tus padres, los últimos momentos de tus hijos hasta que regresen de ese amargo viaje que es la adolescencia (porque, afrontémoslo, nunca van a ser tan monos como cuando tienen diez añitos), y ponerte de una vez por todas las pilas para mantener a una familia que por poco se te va de las manos: ahora mismo tu función en el mundo es conseguir que tus hijos (sí, esos que dentro de poco dejarán de contarte cosas y pensarán que pasar tiempo contigo es sumamente aburrido) se conviertan en una persona tan buena y válida que (por lo menos hasta antes de llegar a esta crisis existencial de la treintena) tú has sido.

En su nueva película, el personaje de Zach Braff(interpretado como siempre de forma rutilante), Aidan Bloom, es un hombre en este momento de su vida. El cáncer de su padre (Mandy Patinkin en plena forma) vuelve a la carga con mucha más fuerza que antes, la llama del amor con su mujer (Kate Hudson) se va apagando poco a poco, su lucha para convertirse en actor no es más que una decepción tras otra, y por si fuera poco no puede pagar el colegio privado de sus hijos, con lo que deberá educarles en casa. A través de estas clases, Aidan redescubrirá partes de él mismo que había enterrado muy al fondo de su ser e intentará encauzar su vida antes de que se le escape por completo.
La película combina a la perfección el dramatismo de la crisis de los treinta con el clásico sentido del humor judío, dándole la vuelta a la tortilla a sus desgracias, bromeando sin miedo con la religión, y buscando el camino a seguir en este viaje espiritual que desemboca en un mejor conocimiento de sí mismo. Las disfuncionalidades familiares que los hermanos Braff escriben tan y tan bien (quizás porque han vivido un poco de eso en casa) sirven de motor a unas réplicas afiladas y a diálogos rápidos dignos del mejor Woody Allen y personajes estrambóticos que parecen sacados de una película de los hermanos Coen. El Braff director captura momentos que, aunque podrían ser tachados de desprender cierto tufo a tópico motivacional (“sigue tus sueños”, “eres un héroe día a día”), exhalan buen rollo y simpatía por los cuatro costados, y lo hace sin virguerías ni alardes técnicos: su dirección es simple, como el alma del filme que se está rodando. Respaldado (como ya hiciera en su opera prima) con la simpleza de las melodías indie que tanto le gustan y un excelente trabajo de fotografía de Lawrence Sher, las reflexiones del expresivo actor, director y guionista (tanto televisivo como de cine) urden un filme que sirve para hacer entender (a los que aún no hemos llegado) qué es la treintena para el hombre.
Han pasado diez años, sí, pero Zach Braff (y aquí reside para mí el único error de una película, igual que Garden State, digna del mejor Alleno hasta los mejores Coen) sigue perdiéndose y encontrándose en las crisis de cambio de década. En 2004 fue el empujón que le hizo salir de una adolescencia perpetua  y convertirse de una vez por todas en mensch. Y con Wish I Was Here, comprende qué demonios está haciendo en este mundo. Una epifanía más.
Lo mejor: banda sonora, actuaciones, fotografía y guión. Ahora estoy un poquito más preparado para la crisis de los treinta.
Lo peor: el tufillo a moralina barata, y el hecho de ser una película narrativamente tan parecida a Garden State.

Título: Wish I Was Here

Director: Zach Braff
Guión: Zach Braff, Adam Braff
Fotografía: Lawrence Sher
Año: 2014
Duración: 120 minutos
País: Estados Unidos
Productora: Double Feature Films / Worldview Entertainment
Reparto: Zach Braff, Josh Gad, Kate Hudson, Jim Parsons, Joey King, Ashley Greene, Mandy Patinkin, Donald Faison, James Avery, Michael Weston, McKaley Miller, Pierce Gagnon, Phill Lewis, Reese Hartwig, Bob Clendenin

Mil maneras de reirse de un western (o como intentar y no conseguir escapar de la sombra de Ted)

Título: A Million Ways to Die in the West
Director: Seth MacFarlane
Guión: Seth MacFarlane, Alec Sulkin, Wellesley Wild
Fotografía: Michael Barrett
Duración: 116 min.
Año: 2014
País: Estados Unidos
Productora: Universal Pictures / Media Rights Capital (MRC) / Fuzzy Door Productions
Reparto: Seth MacFarlane, Charlize Theron, Liam Neeson, Amanda Seyfreid, Sarah Silverman, Giovanni Ribisi, Neil Patrick Harris, Bill Maher, Wes Studi
Crítica de @PaulPorcoRosso
Su anterior (y primer) largometraje, Ted, protagonizada por un oso de peluche parlante con su voz y Mark Wahlberg fue todo un éxito, tanto entre los amantes de las series de dibujos animados que había creado, como de nuevo público que se acercó a las salas sin conocerle y disfrutó de una divertida comedia con muchos cameos y grandiosos momentos. Este año, MacFarlane produjo un remake de la serie de divulgación científica mítica de los años ochenta, Cosmos, y mientras tanto estaba atareado confeccionando esta burla del western sencilla y sin pretenciosidad. Una locura más de uno de los referentes en la comedia americana. En A Million Ways to Die in the West, un pastor de ovejas de nombre Albert (Seth MacFarlane) odia el oeste americano con todas sus fuerzas, ya que según él cualquier cosa puede matarte. Cuando queda en ridículo en un duelo de pistolas con un vaquero, su novia (Amanda Seyfried) le abandona para empezar a salir con el gerente de un negocio del cuidado del bigote (Neil Patrick Harris). Entonces conocerá a una bella mujer, Anna (Charlize Theron), recién llegada al pueblo que le ayudará a recuperar a su novia. Pero Albert no sabe que Anna es la mujer del delincuente más peligroso del Oeste, Clinch Leatherwood (Liam Neeson).
People die at the fair!
Narrativamente no inventa nada, y el guión no es más que una sucesión de gags estilo Saturday Night Live que tendrán más o menos gracia según el espectador que asista a la proyección. No es nada nueva la burla al cine western (el magnífico Mel Brooks ya la hizo con Blazing Saddles, película que es referenciada un par de veces en A Million…), y la trama es predecible y simple hasta aburrir. Pero para el público adecuado es un pasatiempo magnífico y una excusa perfecta para hartarse de palomitas. Es un humor hecho y pensado para fans y seguidores acérrimos del MacFarlane de American Dady Family Guy. Las burradas de Stan y Peter son las de MacFarlane en A Million Ways…, que es una modernización del ya nombrado Mel Brooksaunque no tan incisivo y más escatológico. Pierde un poco el humor “madurado” de Ted (a la que referencia en un par de ocasiones), lo cual no es mejor ni peor: sólo llega a otro tipo de público. Como cabía imaginar, visualmente no es nada del otro mundo.
Neil Patrick Harris es Barney (HIMYM), pero con un bigote muy chulo.
Sin duda una de las mayores bazas del creador de los irreverentes Roger y Stewie es una galería de personajes estrambóticos y extravagantes a su propia manera, a cada cual más alocado. Como el de Giovanni Ribisi(que repite el bailecito de Ted) que tiene una novia prostituta con la que aún no se ha acostado, o los padres de MacFarlane en la ficción, o Liam Neeson, el único vaquero irlandés de la historia del cine que con su fuertemente marcado acento incrementa la parodia al cine western que el director y coguionista quiere hacer de A Million… y añade un plus a la categoría de los actores. Suyos son los momentos más oscuros y por lo tanto menos cómicos de la película.
No nos equivoquemos al pensar que con esta película Seth MacFarlane nos va a redescubrir el género de la comedia. Ni mucho menos. Sólo pretende ser una comedia irreverente con varios chistes inspirados y que gustará sobre todo a los fans del de Conneticut. Y sí, Ryan Reynolds también se lleva lo suyo.
Lo mejor: los primeros treinta minutos de bromas y gags inspiradísimos, el deje de MacFarlanecomo actor de comedia, el retake del baile de Giovanni Ribisi, y el cameo de Christopher Lloyd (a wether experiment!).
Lo peor: pierde fuerza pronto, las bromas se vuelven más escatológicas, y se da más importancia al romance que a la comedia.

Sueños rotos con vistas a la Estatua de la Libertad

Título: The Immigrant
Director: James Gray
Guión: James Gray, Ric Menello
Fotografía: Darius Khondji
Año: 2013
Duración: 117 min.
País: Estados Unidos
Productora: Kingsgate Films / Worldview Entertainment / Keep Your Head Productions
Reparto: Marion Cotillard, Joaquin Phoenix, Jeremy Renner, Angela Sarafyan, Anoni Corone, Dylan Hartigan, Dagmara Dominczyk
Crítica de @PaulPorcoRosso
James Gray escribe y dirige su quinto largometraje, The Immigrant, en el que colabora una vez más con el habitual en su filmografía Joaquin Phoenix. The Immigrant es un relato sobre el sentido de la familia en el que el crimen y la religión están muy presentes. Es la historia de una inmigrante polaca, Ewa (Marion Cotillard), que huye junto a su hermana Magda de Polonia por los estragos que ha causado en el país la primera Guerra Mundial y emigran a los Estados Unidos, concretamente a la ciudad de Nueva York. Al llegar a Ellis Island ponen en cuarentena a Magda (enferma de tuberculosis), y deportan a Ewa de vuelta a Polonia. Bruno (Phoenix), un americano que se encuentra en Ellis Island le ofrece a Ewa la entrada al país a cambio de que trabaje en un cabaret. Poco a poco, su trabajo requerirá cada vez menos escrúpulos…
The Immigrant es cine de alta categoría, sin dudarlo. Una historia conocida, pero con un bellísimo envoltorio y un sabor completamente nuevo: Gray mantiene durante gran parte del metraje un ritmo moderado con situaciones controladas y contención magnífica. No hay ningún sobresalto, ni elementos electrizantes que den el “sí debo” a entrar en la lista de las mejores películas del año. Digo el “sí debo”, porque el “sí quiero” se presupone y se evidencia en los últimos 35-40 minutos de película: el desenlace contiene la mayor parte de carga dramática del metraje, y es lo que hace pasar la película de una experiencia interesante a un altísimo notable drama de época. El final, mediante el uso de un espejo, muestra a dos personajes dirigiéndose a direcciones que sabemos que son opuestas pero se nos enseñan como una misma en el plano. Dos caminos que llevan al mismo sitio: a la decadencia, a la pobreza, a la depresión. Huir o quedarse, qué más da: un sueño americano roto, una desilusión tras otra, ilusos que creen que “la Tierra de las oportunidades y el hogar de los valientes” es el país de las esperanzas. No hay sueños posibles en la isla de Ellis, es más: allí es donde se rompen.
The Immigrant es una película eminentemente interior, muy teatral. Darius Khondji mediante la fotografía consigue yuxtaponer amarillos anaranjados con grises negreceos. Luces, sombras y siluetas que funcionan a la perfección en espacios pequeños y estrechos, pero no tanto en exteriores. Eso sí, tanto en interior como en exterior el magnífico trabajo de sus actores remarca la descarga dramática del autor. Marion Cotillard sufre, como su personaje, y cautiva con su mirada perdida puesta en su hermana y la isla de Ellis; y Joaquin Phoenix confirma una vez más que es uno de los actores más preparados de la actualidad. Después de amenazar con dejar el cine en 2008 con el mockumentary de Casey Affleck, Phoenix ha demostrado ser capaz de encadenar recital interpretativo con recital interpretativo (Her, The Master, ahora The Immigrant). También es destacable Jeremy Renner, un buen actor con malas elecciones de papeles, aunque su personaje en esta película es sólo un escalón más hacia el clímax dramático. The Immigrant no se cuela en las listas de lo mejor del pasado año por la dura competencia y un arranque medido a fuego muy lento. Pero una cosa es segura: es cine del grande. Del que debería aspirar a premios.
Lo mejor: el reparto y sus actuaciones, la fotografía, ese plano final.
Lo peor: poca fuerza del personaje de Renner, a la película le falta “desatarse” en su primera mitad.

P. S.: ¿Qué es el título que le han puesto en España a una película que podría haberse titulado perfectamente como La Inmigrante? Una carcajada en la cara de James Gray, una broma de mal gusto del traductor, una traducción de alguien que no ha ni atendido ni entendido al filme. Un insulto a la película y a sus guionistas, porque precisamente la isla de Ellis es donde todos los sueños se tuercen y se hacen pedazos.

La película de vampiros de Jim Jarmusch

Título: Only Lovers Left Alive
Director: Jim Jarmusch
Guión: Jim Jarmusch
Fotografía: Yorick Le Saux
Año: 2013
Duración: 123 min.
País: Estados Unidos
Productora: Recorded Picture Company / Pandora Films / Faliro House Productions
Reparto: Tilda Swinton, Tom Hiddleston, Mia Wasikowska, John Hurt, Anton Yelchin, Slimane Dazi, Jeffrey Wright
Crítica de @PaulPorcoRosso
¾     Un día va a ser famosa.
¾     Espero que no, es demasiado buena para ello.
Only Lovers Left Alive” no es una película para todos los públicos, para nada. Pero visto su director, tampoco es nada sorprendente: Jim Jarmusch es el cineasta americano independiente por excelencia, y su cine, excéntrico y tremendamente personal, se caracteriza por básicamente dos puntos. El primero, es su huída de las estructuras narrativas convencionales de Hollywood, y el segundo es la confección de guiones (que pueden ser más o menos buenos) donde la historia no es tan importante como la conexión entre sus personajes, que vagan de un sitio para otro sin dejar claro al espectador porqué lo hacen. Así que una película de vampiros en la que él dirige y escribe el guión es cuanto menos una experiencia interesante.
Un vampiro y músico llamado Adam (Tom Hiddleston) habita en la oscuridad de su caserón de dos pisos en un suburbio de la ciudad de Detroit. Duerme de día y compone música y experimenta de noche, y se encuentra en un estado de profunda depresión hasta el punto de pensar en el suicidio. Su amada esposa, Eve (Tilda Swinton) es lo opuesto: vitalista, amante de la cultura, observadora del idílico modo de vida de Tánger, donde reside con un enigmático vampiro escritor amigo suyo. Que Adam y Eve se encuentren será la única forma de salvar a Adam de su espiral de desesperación.
La vuelta de tuerca al subgénero que da Jarmusches hacia la integración de los vampiros al mundo moderno, y la visión del mundo des de los ojos de estos seres. Gentes solitarias, incomprendidas y con una extraña modernidad que han vivido varias vidas y aman tanto el planeta que desprecian a la mayoría de humanos (a los que ellos llaman zombis) por el mal trato que éstos hacen del que es su hogar. Desprecian su incomprensión hacia el mundo cultural y hacia la Historia. Y desprecian a una sociedad que está podrida, igual de podrida que la humanidad en sí misma. Las drogas, las enfermedades fruto del maltrato al medio habiente, el efecto invernadero. Constantes maltratos al mundo que les rodea que es la única cosa por la que existen. Sólo su mutua compañía les salva de la tristeza mayúscula que les provoca la vida humana.
Estos eruditos personajes, vampiros coolbrillantemente interpretados por Hiddlestony Swinton, narran sus experiencias vitales como cronistas que han conocido más de lo que haría un ser humano en diez vidas. Sus relatos, a veces amargos y nostálgicos y otras veces contados des de la angustia más profunda, ofrecen una visión deprimente de una ciudad de Detroit antes florida y rimbombante, y ahora en el olvido más absoluto y doloroso. El uso de la música es primordial en “Only lovers left alive“, es un pequeño oasis de serenidad y belleza en un mundo sórdido y profundamente dramático. Un pequeño respiro del mundo para espectador y personajes: melancolía en un pentagrama que combina con las tinieblas de una Detroit oscura y deprimente perfectamente retratada por Yorick Le Saux.
Por la película transitarán, aparte de Adam y Eve, personajes que intentarán romper el equilibrio que consiguen entre ellos dos (la hermana de Eve, Ava), humanos (o zombis) que usarán para conseguir alimento y caprichos materiales varios, e incluso un sabio vampiro escritor de las novelas de Shakespeare (Kit, el amigo de Eve en Tánger). Todos ellos desaprovechados. Pero es que lo importante en “Only lovers…” es el amor que se profesan Adam y Eve, que soporta el erosivo paso del tiempo y convierte sus existencias en algo más sobrellevable.
Dirán algunos que “Only lovers left alive es la película más pretenciosa sobre vampirismo hipster hecha por el cineasta más hipster, una obra pedante en contra de lo mainstream o el esnobismo hecho película. Pero para mí, es un poema musical tremendamente melancólico. Igual es que soy algo hipster, también.
Lo mejor: dirección, guión y las geniales interpretaciones de Hiddleston y Swinton.
Lo peor: su ritmo lento por momentos soporífero, y los desaprovechados personajes de John Hurty Mia Wasikowska.

Tom Cruise atrapado en el tiempo

Título: Edge of Tomorrow
Director: Doug Liman
Guión: Dante Harper, Joby Harold, Christopher McQuarrie (basado en el anime de Hiroshi Sakurazaka)
Fotografía: Dion Beebe
Año: 2014
Duración: 113 min.
País: Estados Unidos
Productora: Warner Bros. / Village Roadshow Pictures / 3 Arts Entertainment / Viz Media
Reparto: Tom Cruise, Emily Blunt, Bill Paxton, Brendan Gleeson, Charlotte Riley, Lara Pulver, Jonas Armstrong, Lee Asquith-Coe, Tony Way, Kick Gurry, Dragomir Mrsic, Franz Drameh, Deborah Rosan, Natasha Goulden, Jeremy Piven, Terence Maynard, Noah Taylor, Madeleine Mantock
Crítica de @PaulPorcoRosso
La caída de un meteorito en los Urales rusos es el comienzo de la invasión de la Tierra por unos extraterrestres aparentemente invencibles. Al comandante William Cage (Tom Cruise), un oficial que nunca ha entrado en combate, le obligan participar en la batalla del ejército británico en Francia y resulta muerto. Ese es el principio de un bucle temporal que le obligará a luchar y morir una y otra vez, haciéndose cada vez más hábil y eficaz en la lucha. Rita Vrataski (Emily Blunt), una guerrera encumbrada a heroína por sus acciones en otra batalla, será su único apoyo en el campo de batalla.
El perpetrador de Edge of Tomorrow es Doug Liman, director de películas de acción que oscilan entre la notable primera entrega de Bourne, y las tremendamente olvidables Mr. & Mss. Smith o Jumper. En esta ocasión y con el apoyo de una gran productora y un increíble presupuesto, se aventura en la ciencia ficción post-apocalíptica rememorando la segunda Guerra Mundial y añadiéndole alienígenas y viajes en el tiempo. La principal virtud de Liman en este filme es, amén de un diseño de producción y de criaturas altamente destacable, tomarse la producción en broma y añadiendo el tipo de comedia presente en Groundhog Day. Así, el producto resultante es una de esas obras que hacen que el espectador se entretenga y ría entre escenas de acción orquestadas de manera muy solvente, un magnífico tempo narrativo y una trama que se justifica como ejercicio de diversión sin más, a años luz de distancia del cine reflexivo o filosófico.
Pero, al mismo tiempo, consigue que la acción no acabe con la humanidad de la película, que es uno de los principales problemas de los blockbusters de verano. Eso es sin duda obra de los guionistas, que confeccionan un libreto entre la comedia, la acción y el romance, con un coctel magnífico de referencias. McQuarrie, Harper y Harold referencian obras capitales (y no tan capitales) a modo de miguitas de pan que el espectador descubre con avidez cinéfila y una sonrisa en la cara. Cuando en Oblivion (también protagonizada por Cruise) las referencias se antojaban más bien copias y falta de originalidad, en Edge of Tomorrow el arco argumental de Groundhog Day, la batalla de Normandía de Saving Private Ryan, los centinelas de Matrix, el exoesqueleto de Elysium y la sociedad colmena de The Game of Endercasan a la perfección y se equilibran para no parecer plagios manifiestos de las obras originales, sino divertidos easter eggs que el espectador va recogiendo durante el metraje.
Y para poner la guinda en el pastel está Tom Cruise, el actor de la sonrisa carismática compone uno de los mejores personajes de su carrera, lejos de su típico héroe de acción (aunque también lejos de su personaje en Collateral o en Magnolia) hace valer sus galones . Amén de este Cruise superlativo, el resto del reparto está también en buena forma. En especial, la preciosa Emily Blunt en su papel de dura y experimentada soldado con un atisbo de vulnerabilidad que (como siempre) acabará despertando el bueno de Tom. Da igual el papel que interprete, siempre parece creerse sus líneas: cualidad imprescindible para ser heroína de acción en un filme de estas características. Bill Paxton (Agents of SHIELD) y Brendan Gleeson son un buen aditivo en cualquier película, y aunque aquí rinden al nivel que nos tienen acostumbrados, sus personajes no son nada del otro mundo (más bien los tópicos generales del ejército).
Edge of Tomorrow no es ni tan fría como el tráiler sugería, ni una comedia desenfrenada. ¿Qué es? Pues un blockbuster de ciencia ficción consciente de sus limitaciones, con magníficos efectos especiales y acción espectacular, con un toque de delicioso humor blanco y buenos personajes. No cambia la historia del cine ni revoluciona el celuloide y es hasta previsible, pero es entretenido, atractivo y evasivo al 100%. Porque, durante 113 minutos, los problemas no son nuestros sino de Tom Cruise.
Lo mejor: magnífico espectáculo veraniego de chuches y palomitas, el mejor Tom Cruise en años, y Emily Blunt.
Lo peor: el final made inHollywood que pese a ser malo no elimina la sensación que envuelve a toda la producción.

Welcome to New York: apogeo y caída de un maníaco sexual

Título: Welcome to New York
Director: Abel Ferrara
Guión: Abel Ferrara, Christ Zois
Fotografía: Ken Kelsh
Año: 2014
Duración: 124 min.
País: Estados Unidos
Productora: Wild Bunch / Forbes / Belladonna Productions
Reparto: Gérard Depardieu, Jacqueline Bisset, Eddy Challita, John Patrick Barry, Drena De Niro, Amy Ferguson, Paul Calderon, Ronald Guttman, Anh Duong, Anna Lakomy
Crítica de @PaulPorcoRosso
Welcome to New York es la nueva película del realizador de películas como Teniente Corrupto, El Rey de Nueva York o Jekill and Hyde, el siempre controvertido Abel Ferrara. Protagonizado por Gérard Depardieu y Jacqueline Bisset el filme, que no se estrenará en cines de España, y sólo se podrá ver por internet en todas las plataformas VOD (Video On Demand) como filmin, está inspirado por los hechos protagonizados en 2011 por el entonces director del FMI y político fracés Dominique Strauss-Kahn. Sí se ha estrenado en un cine de barrio de Cannes al mismo tiempo pero al margen del Festival que se está celebrando en estos momentos. Así pues la polémica está servida, y sólo falta el veredicto del público.
Strauss-Kahn, renombrado en el filme como Sr. Devereaux (Gérard Depardieu) fue acosado de agredir sexualmente a una camarera del hotel Sofitel de Nueva York, detenido, juzgado y absuelto por la vía penal, y que llegó a un acuerdo monetario con la demandante en la vía civil, y que pudo regresar a Francia después de dimitir de su cargo y vivir unos meses confinado en un carísimo apartamento del que no podía salir que su entonces mujer Anne Sinclair, en el filme Simone (Jacqueline Biset), alquiló en un exclusivo barrio de la Gran Manzana.
Aunque en el piso de Nueva York no le va mejor de cómo le iría dentro cárcel. Ferrara se atreve a imaginar a un Strauss-Kahn que, recluso en cuatro paredes de pladur con apenas una terraza para respirar aire fresco, tiene que lidiar con sus problemas domésticos, con duros diálogos con su mujer (una Jaquelline Bisset que aguanta muy bien el tipo ante un inconmensurable Depardieu) y brillantes soliloquios internos sobre su imposible redención y su falta de sentimiento de culpa.
Es un filme con el esquema ‘rise and fall‘ típico de Scorsese, pero con el estilo personal de Abel Ferrara. Con su ritmo pausado, como cocida a fuego lento, retrata la personalidad monstruosa de un hombre que pasa de tenerlo todo (es uno de los más poderosos del planeta, o que manipula el mayor flujo de dinero) a perderlo, por culpa de una obsesión, o de su mente enferma. Ferrara junto con la magnífica ayuda de Depardieu, que aquí completa su más exigente y mejor de sus papeles, interpreta a Strauss-Kahn como una bestia a la que por nada del mundo podríamos llamar ser humano. Le deshumaniza, retratándole emitiendo sonidos guturales de manera constante, durante el sexo, mientras camina, mientras come, bebe, habla.
Igual su único fallo es una excesiva duración que percute de forma evidente en el ritmo del filme, cosa que no es casual: Ferrarabusca el malestar, que nos sintamos acosados sexualmente por Devereaux, que le temamos. Alarga los planos y las escenas para que a cada segundo que pasa odiemos más al monstruo. Es de entender pues, que Strauss-Kahn esté decidido a demandar a Ferrara y a los productores de la cinta: el director nos muestra su opinión sobre el tema de una manera muy tajante, nada velada.
Welcome to New York es sin duda un filme provocador en el sentido más estricto de la palabra, y gustará a muy pocos paladares. Es un filme nacido y creado para la división de opiniones y el malestar de los espectadores.
Lo mejor: Depardieu y la creación del monstruo.
Lo peor: capaz de provocar bostezos al espectador no concienciado de lo que va a ver.