‘Inherent Vice’, la irresistible nueva película de Paul Thomas Anderson

[[Crítica de @PauGarcia179]]
Consciente de las decepciones que me llevo al ver una película cuyas expectativas tengo por las nubes, decidí hacer un ejercicio mental de lo más complicado: intentar convencerme de que de una película de Paul Thomas Anderson en la que adapta una genial novela del escurridizo Thomas Pynchon con Joaquin Phoenix de protagonista, no tiene porqué salir una obra maestra. Es la primera vez que Thomas Pynchon deja que se adapte una de sus novelas, y pondría la mano en el fuego que James Franco, que parece querer adaptar al cine toda la literatura norteamericana (ya ha adaptado a Cormac McCarthy, a William Faulkner un par de veces y ahora hará lo propio con John Steinbeck), intentó, sin éxito, convencer a Thomas Pynchon (si es que existe en realidad…) para adaptar alguna de sus novelas.
Aunque intenté equilibrar mis expectativas, no me había preparado para evitar comparaciones con la novela de Pynchon (que desde aquí aprovecho para recomendar) y durante el visionado de ‘Inherent Vice’ me encontré buscando las diferencias con el libro. Mal asunto. Al final de la película, aunque había disfrutado del trayecto, el filme me había dejado un poso de decepción por los cambios introducidos por Paul Thomas Anderson. Después de un día de reflexión, me di cuenta de lo estúpido que había sido al quedar decepcionado, pues esperar que se adapte a la gran pantalla una novela de forma casi literal no sólo no es justo, sino totalmente ridículo. Si la película tiene que ser igual a la novela, mejor nos quedamos con la novela. Así que lección aprendida/nota mental: evitar comparaciones con la novela original, se disfrutará mucho más la película. 
Después de este rollo introductorio, pasamos a la crítica: Paul Thomas Anderson vuelve a confiar en Joaquin Phoenix para protagonizar su nueva película dos años después de la recomendable ‘The Master’, y ahora interpreta a Larry “Doc” Sportello, un detective fumeta en la California de finales de los sesenta. Su ex novia, Shasta Fay Hepworth se presenta un día en su casa y le pide ayuda: Sloane, la mujer de su amante, Mickey Wolfmann, planea junto a su “guía espiritual” el secuestro de Wolfmann, un pez gordo del sector inmobiliario. A partir de aquí, seguiremos los titubeantes pasos de Doc Sportello con tal de resolver el asunto planteado por su ex novia, de la que aún sigue enamorado. 
Y así, entre canuto y canuto Doc Sportello se abrirá camino entre dentistas, masajistas que quizás se exceden en su trabajo, sicarios que dicen ser prestamistas, ex convictos nazis, promotores inmobiliarios, psiquiatras, músicos de surf, policías violadores de derechos humanos con ínfulas de actores y un sinfín de personajes que desfilarán por la pantalla sin saber del todo su función en el embrollo en que se convierte esta trama criminal. Porque, hay que decirlo ya, Paul Thomas Anderson no resuelve todas las subtramas ni se molesta en aclarar al espectador todo el asunto de Mickey Wolfmann y Glen Charlock, tampoco explica demasiados detalles del Colmillo Dorado y oye, ni falta que hace, porque lo que importa aquí, al menos desde mi punto de vista, es el hilarante trayecto de un  buen tipo aun enamorado de su ex novia, un viaje por Los Angeles en el que protagoniza multitud de secuencias para el recuerdo y en las que Phoenix demuestra porque es uno de los mejores actores actuales. El resto de actores, que tienen una importancia claramente menor en comparación con Doc Sportello, también ofrecen grandes actuaciones, quizás destacando entre ellos a Josh Brolin como Bigfoot o Katherine Waterspon como Shasta Fay Hepworth. 
‘Inherent Vice’ es una irresistible experiencia fílmica en la que es preferible dejarse llevar a intentar seguir las contadísimas pistas que deja el guión de Paul Thomas Anderson; es una rara mezcla entre ‘The Big Sleep’ (Howard Hawks, 1946) y ‘The Big Lebowski’ (Hermanos Coen, 1998) y también un retrato de una época, la América en plena Guerra del Vietnam post Charlie Manson, en la que el movimiento hippie empezaba a agonizar. Sin duda, una gran película que, como la novela de la que parte, no desmerece un segundo acercamiento para disfrutar, en el caso del film, de la magia cinematográfica del gran Paul Thomas Anderson.
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‘Calvary’, El buen pastor


[[Crítica de @TRuibal]]


Killing a priest on a Sunday… that’ll be a good one.

Retratar una sociedad compleja, transversal y con una extensa gama de claroscuros ha sido siempre uno de los más grandes desafíos de la narrativa. Del bullicioso Londres de Dickens a la Roma de dioses caídos que Paolo Sorrentino nos muestra en ‘La Gran Belleza’, un “aquí y ahora” puede trascender cualquier barrera cultural y pasar a formar parte del imaginario colectivo. Y precisamente esto es lo que busca la cinta que hoy nos ocupa.
En ‘Calvary’, (que nos llega, qué sorpresa, casi un año después de su estreno, aún habiendo cosechado el Premio del Jurado Ecuménico en la Berlinale 2014), John Michael McDonagh sitúa metafóricamente el monte Calvario, lugar en el que Jesucristo fue crucificado, en un remoto pueblo irlandés, en eterna lucha entre una majestuosa y cruda naturaleza, filmada con la confianza de quien sabe que paisajes de tanta potencia visual no necesitan mayor aderezo, y las desilusionadas vidas de sus habitantes, todos ellos víctimas y verdugos de sus pequeñas realidades.
El deambular de este rebaño tiene como piedra angular a James Lavelle, pastor de la comunidad y figura omnipresente en la cinta. Magistralmente interpretado por un Brendan Gleeson que derrocha carisma y compasión, en un papel que hace patente que Gleeson se entiende a la perfección con McDonagh. Actor y cineasta repiten la sociedad iniciada en esa suerte de “western irlandés” que es ‘The Guard’ (pésimamente traducida en nuestro país como ‘El Irlandés’), y que se alargará como mínimo en otro trabajo, ‘The lame shall enter first’, todavía en fase de preproducción.

Desencadena la acción un largo plano fijo en el que el padre Lavelle es amenazado de muerte por un miembro de su comunidad, que busca castigar a un “pastor íntegro” por los terribles abusos que sufrió en su infancia a manos de un cura pederasta, ya fallecido. Siete días es todo el tiempo con el que contará el párroco para poner las cosas en orden antes de enfrentar su fatal destino.
Uno de los grandes méritos de la película es precisamente la tensión narrativa que consigue crear esta sorprendente amenaza que, aparte de marcar el tempo del film, nos ayuda a comprender el interés del protagonista en dedicar el poco tiempo con el que cuenta a, en vez de intentar salvar su alma, salvar la de sus feligreses. Interpretados por un extenso reparto a buen nivel en líneas generales, en el que encontramos un socarrón doctor cargado de cinismo, un joven inadaptado al que le gusta Dolly Parton, una adultera masoquista o un millonario petulante que necesita presumir de un dinero que no sabe disfrutar. A James le apena y le frustra ser testigo directo de la vanidad y el rencor de sus parroquianos, encontrando únicamente amor en su hija (la angelical pelirroja Kelly Reilly), incapaz aún de comprender que entrase en el seno de la Iglesia tras morir la madre de ésta.

La variedad de situaciones y personajes provoca algún breve altibajo durante el desarrollo de la cinta, en el que el nivel de interés de la misma decae ligeramente, pero esto no tumba una propuesta firme que tiene bien claro hacia dónde va en todo momento. McDonagh sabe mezclar con elegancia drama, comedia y algunas dosis de ‘thriller’ para someter a Irlanda a una deconstrucción, muy lejos de visiones idílicas como las de ‘El hombre tranquilo’.

‘Calvary’, a través de la particular crucifixión de un hombre que simboliza todo lo que la Iglesia debería ser, dibuja un país marcado por el catolicismo como seña de identidad, el vínculo popular que supone el alcohol, la aceptación del IRA como un estamento de la sociedad, el desarraigo de su carácter terrenal celta… todo pasa por los ojos de un resignado padre Lavelle que, pese a todo, quiere a su rebaño.

Como habréis podido apreciar, escribe esta crítica un nuevo rostro de la página. Mi nombre es Tomás Ruibal y, tras haber finalizado mis estudios de Producción Audiovisual en la EMAV de Barcelona, busco adentrarme en el mundo del cine por todos los flancos. Llego pues a ‘Siempre en V.O.’, con ganas de aprender y de compartir mi amor por el séptimo arte con todos vosotros.
Podéis seguirme en Twitter en mi perfil, @TRuibal, y ver los dos cortos que hasta ahora he realizado con ‘Hazte Fun’, productora en ciernes, en nuestro canal de YouTube: https://www.youtube.com/channel/UCLSgy0thHmbGNhA8t03l4-g.

NO ESTRENOS: ‘Frozen River’, de Courtney Hunt

[[Crítica de @PauGarcia179]]
Es curioso como el cine ha dado gran cantidad de películas ambientadas en la frontera entre México y Estados Unidos (la excelente ‘The Three Burials of Melquíades Estrada’, por ejemplo), pero son pocas las localizadas en la frontera entre Estados Unidos y Canadá. ‘Frozen River’ es una de ellas. Ópera prima de Courtney Hunt, se llevó el premio a Mejor Película en el Festival de Sundance de 2008 y obtuvo dos nominaciones en los Óscar a Mejor actriz principal (Melissa Leo) y a Guión original. 
El primer plano de ‘Frozen River’ es precisamente la imagen del río helado (río Lawrence) que da nombre al film. A continuación aparecen diversos planos de la frontera entre Estados Unidos y Canadá que nos da pistas sobre la temática de la película: la inmigración y el cruce de la frontera. El sueño americano, la prometida igualdad de oportunidades en la tierra donde todas las personas que se esfuerzan y trabajan duro pueden escalar socialmente hasta llegar a una elevada posición social y económica. Obviamente, al poco de observar la realidad del país norteamericano, todas estas ilusiones se tornan irreales. 
Ray (Melissa Leo) vive modestamente en un pueblo del estado de Nueva York, cerca de la reserva mohawk y de la frontera con Canadá. Un día, su marido, un adicto al juego, desaparece y Ray se ve obligada a cuidar ella sola de sus hijos. Al poco tiempo conoce a Lila (Misty Upham), nativa americana y contrabandista que se dedica a cruzar la frontera con inmigrantes sin papeles. 
La realización y la fotografía parecen encaminadas a pasar desapercibidas, seguramente con el propósito de que el espectador se centre en los personajes, rechazando así cualquier atisbo de esteticismo en la composición de planos o iluminación, más allá de los paisajes inherentemente bellos del río helado. La directora consigue tejer una historia interesante que mantendrá nuestra atención durante buena parte de la película aunque, sorprendentemente, el interés puede ir decreciendo hacia al final, cuando se supone que debe haber un mayor impacto emocional. 
Paradójicamente, el momento más emotivo del film (me refiero al de la pareja pakistaní, para el que haya visto la película) lo protagoniza un personaje que no llega ni a secundario y cuya subtrama (si se puede considerar así) no tiene mayor importancia que una simple anécdota. Después de esta escena, el desenlace que intenta tocar la fibra del espectador (sin evidente manipulación, lo cual es de agradecer) se torna superfluo e insignificante, y acabamos el filme ligeramente decepcionados, pues había muchos elementos que nos anunciaban un gran film pero que después no se ha acabado de materializar. 
El cine ‘indie’ rural, negando el sueño americano 

‘Frozen River’ parece formar parte de una corriente de películas de cine independiente ambientadas en la América rural (como las recomendables ‘Winter’s Bone’ o ‘Shotgun stories’) que de alguna manera niegan o pervierten el sueño americano. Con la primera de las mencionadas también comparte el hecho de ser una película protagonizada y dirigida por mujeres, lo cual lamentablemente cobra relevancia por lo excepcional que resulta la situación en el arte cinematográfico. La negación del sueño americano que comentaba la podemos encontrar resumida en un diálogo entre los dos personajes protagonistas: Lila le cuenta a Ray que los llamados “cabezas de serpiente” pagan para traer inmigrantes sin papeles y éstos, a cambio, tienen que trabajar para ellos con tal de pagar la deuda. Ray le responde, sorprendida: “¿¿Para venir aquí?? No me jodas.” Ray, viviendo modestamente en uno de los países más ricos del planeta, es consciente de la mentira del sueño americano, y por eso no puede creerse el esfuerzo a veces inútil hecho por estas personas. Es una situación no muy diferente a la que podemos encontrar en la migración en Europa. Muchas personas se pasan años viviendo en pésimas condiciones para llegar a Ceuta o Melilla y desde ahí acceder a Europa, pero cuando después llegan a suelo europeo (si consiguen llegar), se dan cuenta de que la situación en el continente europeo no es tan perfecta como parecía.  
En cualquier caso, esa interesante conversación entre Lila y Ray nos da pistas sobre lo que podría haber sido la película: una exploración de las mafias que obligan a trabajar en condiciones pésimas y con trabajos moralmente cuestionables. Lamentablemente, la directora no se detiene a describir esa situación más allá de un par de líneas de diálogo entre las dos protagonistas, y la imagen que nos ofrece de la frontera no es lo suficientemente amplia para que nos podamos hacer una idea de esta atroz realidad. Otro aspecto que se presentaba estimulante pero que no ha acabado de funcionar es el retrato de la comunidad mohawk, de la que solo se solo se explican unas pocas pinceladas sin mayor profundidad, además del hecho de que los personajes mohawks que aparecen son trabajadores del casino o contrabandistas. 
‘Frozen River’ es una aceptable película con una gran interpretación de Melissa Leo que funciona como retrato de una mujer en una situación desesperada de la que surgen amistades improbables; es un film que se deja ver pero que no acaba teniendo suficiente hondura emocional ni presentando un retrato amplio y acertado tanto de la comunidad mohawk como de la situación de la frontera entre Canadá y Estados Unidos.
Título: Frozen River
Director: Courtney Hunt
Guión: Courtney Hunt

Fotografía: Reed Dawson Morano
Año: 2008
Duración: 97  min.
País: Estados Unidos
Productora: Sony Pictures Classics
Reparto: Melissa Leo, Misty Upham, Charlie McDermott, Michael O’Keefe, Mark Boone Junior

Foxcatcher, de Bennett Miller (II)

[[Crítica de @marckwire21]]

Foxcatcher‘ es un drama aséptico basado en hechos reales que brilla sobre todo, gracias a sus tres protagonistas. Antes que nada querría avisar que la película gana unos enteros si no se conoce la historia de lo ocurrido, mi humilde recomendación personal es que si vais a ver ‘Foxcatcher‘ no leáis nada sobre la verdadera historia en Wikipedia, la disfrutareis mucho mas. Podéis estar tranquilos por los spoilers, que en esta crítica, no los hay. Producida por Sony PicturesAnnapurna Pictures en colaboración con Likely Story, Media Rights Capital y distribuida en España por Vértigo Films, Bennet Miller vuelve a estar este año en la carrera hacia los Oscar con 5 nominaciones, mejor actor, mejor actor secunadario, director, maquillaje y guión original. Tras recibir otros cinco por ‘Truman Capote‘ en 2005, de los cuales solo gano uno el tristemente fallecido P. Seymour Hoffman (único y último en su carrera) a mejor actor, Miller recibió de nuevo en 2011 otras seis nominaciones por el también drama deportivo basado en hechos reales e interpretado por Brad Pitt, ‘Moneyball‘. Lamentablemente, tampoco ganó en ninguna categoría.


Duros traspiés los que el director neoyorquino ha tenido que afrontar y sacarle provecho para el enfoque de esta nueva apuesta por la estatuilla llamada, ‘Foxcatcher‘ porque, no nos engañemos, es carne de Oscar mucho antes de rodar la primera escena. La historia es la siguiente: el campeón ganador de la medalla olímpica de oro en 1984, Mark Schultz (Channing Tatum), es invitado una tarde para sorpresa de este que no sabe ni quien es, por el millonario magnate John du Pont (Steve Carrell). Este le propone instalarse allí con su hermano mayor Dave Schultz (Mark Ruffalo), y usar sus instalaciones de último nivel para preparar bien un equipo que compita al máximo en los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988, Du Pont quiere ganarse el respeto de los de su ‘especie’ y mas que nada la aprobación de su madre (Vanessa Redgrave), mientras que Mark encuentra la posibilidad de despegarse deportivamente de su hermano y superarlo en éxitos. La negación de Dave al inicio provocará fisuras irreparables entre los tres y con ello, la inesperada tragedia.



El guión original es de E. Max Frye y Dan Futterman. Frye llevaba sin aparecer por Hollywood desde 2003 y en cuyo currículum vemos flojas producciones como ‘Ten Minutes Older: The Cello‘, ‘Something Wild‘ o ‘Where the Money Is‘, y donde solo destaca un episodio para ‘Band of Brothers‘ en 2001. Futterman por su parte, con el que Miller ya trabajó en el guión de ‘Truman Capote‘ fue nominado a mejor guión adaptado y para esta ocasión, el dúo de escritores aplica junto a la puesta en escena de su director un tono serio y alejado del deporte que convierte toda la atmósfera en un clima diferente y distinto al que se puede ver en cualquier película que mezcle hechos reales deportivos y drama. La banda sonora con esa selectiva partitura de lentas y puntuales pulsaciones de piano es de Rob Simonsen, ganador del BMI TV Music Award por la música de la serie ‘Blue Bloods‘. Simonsen junto a Mychael Danna, su compañero de trabajo desde 2004, ganaron el Oscar a mejor música por su composición para el film ‘Life of Pi‘ y junto a el ha co-participado en ‘Surf’s Up‘, ‘Fracture‘ ,’Moneyball‘, ‘(500) Days of Summer‘, ‘Dollhouse‘, ‘The Way Way Back‘ o ‘The Spectacular Now‘ entre otros. La fotografía básica es del australiano Greig Fraser, que gracias al conciso diseño de producción y a las caracterizaciones de los personajes transmite muy bien la sensación de la época que se nos cuenta, 1984 en adelante. Desde su trabajo en ‘Bright Star‘ de 2009, a Greig Fraser, no paran de encargarle cada vez mejores proyectos como se puede comprobar en su currículum: ‘The Boys Are Back‘, ‘Let Me In‘, ‘Scenes from the Suburbs‘, ‘Killing Them Softly‘ o ‘Zero Dark Thirty‘. Además de en ‘Foxcatcher‘ este año, es el encargado de la fotografía también en el remake de reciente estreno ‘The Gambler‘ y se rumorea que hará lo propio en el futuro film de ‘Star Wars‘ que dirigirá Gareth Edwards.


Aunque la historia cuente con la baza del wrestling olímpico y los hermanos Schulz, el verdadero totem rompecabezas y la pieza clave de Bennet Miller como apuesta descarada para meterse en los Oscar, es el gran papel (y la impresionante caracterización) de Steve Carell que le ha valido la nominación a mejor actor. Su cambio de registro interpretando a un personaje dramático tan controvertido y polémico es verdaderamente impactante. Lejos de la serie ‘The Office‘, Steve Carell no se ha prodigado en grandes producciones ni tampoco se le conocía otro registro que el cómico, es mas, todas las películas que ha rodado hasta ahora, son comedias. Esto solo hace que alimentar el morbo por ver a un Carell serio, de mirada extraña, andar corvado y singular, totalmente opuesto al que nos tenia acostumbrados y al que además, le llueven las buenas criticas por su interpretación. Curiosamente su próximo proyecto es ‘Freeheld‘, un drama médico junto a una de las actrices de moda del momento, Julianne Moore. Channing Tatum está perfecto en su interpretación contenida de un Mark Schultz sumergido en constantes dilemas y pensamientos aguantando hasta no poder más. Esta futura promesa del cine se estrenó en 2005 con el film deportivo ‘Coach Carter‘, recientemente lo hemos visto en la popular comedia ‘21 Jump Street‘ y su secuela, también en ‘G.I. Joe: Retaliation‘ o ‘White House Down‘. Pronto podremos verlo repitiendo protagonismo en la esperada ‘Jupiter Ascending‘, también en ‘The Hateful Eight‘ de Tarantino y como Gambito, en la película que se prepara de este personaje de Marvel. Ruffalo, Hulk para los amigos, tiene un papel tan secundario como el de Tatum pero se sobrepone al de este gracias al brillante (nominación al Oscar inclusive) y serio registro que aplica a su personaje y lo alejado que lo mantiene su director de la acción principal hasta el tramo final. Ruffalo, que lleva actuando en películas desde 1994, ahí es nada, es una estrella consagrada y hace poco le vimos en la espléndida tv-movie sobre el SIDA en los años 80, ‘The Normal Heart‘, junto a Julia Roberts y Jim Parsons; para 2015 estrenará la comedia ‘Red Light Winter‘ al lado de Kirsten Dunst, el thriller ‘Spotlight‘ junto con Rachel McAdams y Michael Keaton, y la esperadísima ‘Avengers: Age of Ultron‘, repitiendo como Hulk.



Con una sobriedad y una seriedad más patente respecto a ‘Moneyball‘ este nuevo abordamiento dramático del deporte en su filmografía centra todo su potencial sobre todo en el trío protagonista que ponen el contrapunto de intensidad e interés a un trasfondo deportivo rodado como simple telón de fondo dejando a un lado la épica deportiva nada más que para concatenar la historia y hacernos participes de los hechos que llevaron a los hermanos Schulz y al magnate millonario, escritor, filántropo John du Pont, hacia un momento trágico y crucial en sus vidas, un hecho que los cambiaría para siempre. ‘Foxcatcher‘ es un drama deportivo pausado con miradas criticas a varios otros temas como el abandono financiero de las federaciones americanas a deportes poco conocidos como el wrestling en aquellos años, al poder económico tras el deporte como cuando se menciona que el gobierno ruso esta detrás de la preparación de sus atletas, a las relaciones e intenciones no declaradas entre los tres, y también a esa casta de millonarios conservadores y acomodados que viven de las herencias de sus antepasados, consentidos, podridos de dinero y sin saber que hacer con él, una comprada y farsa vida para una mente inestable que con el paso de los años solo hace que empeorar. Al margen de la escena final tan seca e increíble no por lo raro sino por lo imprevisible de la misma (aunque su director ya nos avisa con esa otra escena donde Du Pont entra en el gimnasio con ‘el objeto’ en la mano ante la pasividad de los 5 o 6 que están ahí entrenando) me ha gustado el momento en que la madre entra a comprobar a que se dedica su hijo y como entrena a su equipo, las caras de Dave y el resto son de una vergüenza colectiva asumida brillante o la conversación que tienen cara a cara madre e hijo, cuando le deja el trofeo en el regazo, también la ´liberación’ de los caballos, las escenas deportivas y la preparación de actores para las mismas es perfecta, la celebración del millonario vitoreado por sus ‘pupilos’ al que dejan ganar de una manera cómico-vergonzosa es una muestra más del poder que tenía sobre cuanto le rodeaba gracias a su dinero, el falso documental sobre Team Foxcatcher (el momento Ruffalo….) y nunca mejor dicho lo de falso, la escena del helicóptero, los primeros planos de Carrell y las interpretaciones tanto de este como las del propio Ruffalo, que casi se podría decir que tienen el mismo número de frases. En su contra diré que a falta de un poco más de ritmo en el ecuador de la película, existen puntos sin definir como entre otros esa obsesión inicial con los pájaros a los que remite Du Pont varias veces, la compra del tanque y ametralladora o  los años en que se viven las acciones mas importantes, en ese sentido hay bastante desinformación respecto a cuando se suceden los hechos exactamente. Miller dirige este buen drama psicológico con tres personajes que viven y entienden la vida de un modo diferente realizando un trabajo mas serio que sus anteriores producciones, demostrando que cada vez tiene mas pulido su estilo y que pronto dará con la tecla que le haga no solo llevarse nominaciones sino conseguir su tan deseada estatuilla que adorne la repisa de la chimenea por Navidad.

#reflexionesdecine – Las 6 películas que más me hicieron llorar la primera vez que las vi

Hoy, las #reflexionesdecine corren a cargo de @PaulPorcoRosso

En mi día a día no soy un tío extremadamente sensible. Pero cuando entro en una sala de cine (o apago las luces del salón de mi casa y pongo un DVD en el reproductor, el cine de la gente pobre) algún chip cambia en mi cerebro y soy capaz de llorar a moco tendido. Aunque, como con todo, depende tanto del momento anímico como del lugar donde estemos viendo la película. Anímicamente (y eso, que yo sepa, aún no hay ninguna ley escrita que lo defina a la perfección) hay días que los sentimientos están a flor de piel y la lágrima es más fácil que nunca. Y nuestra situación geográfica a la hora de ver un drama intenso también influye: la diferencia entre compartir Hercon tus compañeros de butaca a verla en tu casa en pantalla pequeña está en el vínculo que se crea entre tú y el personaje de Joaquin Phoenix. En la intimidad del hogar nos sentimos más protegidos, y llegar a entrar en la película es más fácil que estando en una sala gigante de 150 butacas con el irrespetuoso de la fila 6 que se ha olvidado de apagar el móvil, la bastarda de la fila 9 que rebusca en el fondo del bote de palomitas como si buscara un anillo de diamantes, o la parejita de la fila 12 que tiene que decirse al principio de cada escena lo mucho que se quiere mediante sonoros besos.
En esta #reflexionesdecine voy a hacer memoria e intentar enlistar las 6 películas con las que más he llorado la primera vez, sin contar revisiones. Ya os aviso ahora: hay un tonel de spoilers en la lista, así que si la leéis enterita y os destripo alguna película ya estabais avisados. Los filmes que componen la lista no son mis dramas favoritos (aunque hay alguno de ellos en la lista), sólo películas con las que no pude aguantar y rompí a llorar como una madalena inconsolable.
6. Blue Valentine (2010)

El nacimiento del amor y la decadencia de la relación entre Ryan Gosling y Michelle Williams es un acierto del autor Cianfrance en todos los sentidos. Su montaje, intercalando momentos del apogeo romántico con los de pérdida de la esperanza amorosa, sumado a la fotografía, la selección musical y las tremebundas interpretaciones de los dos personajes protagonistas suman todos los puntos necesarios para una película cerca de la perfección.
El momento: Gosling se aleja con los ojos abnegados de lágrimas, de su hija y su ahora ex-mujer hacia un futuro incierto.
5. Melancholia (2011)

Lars von Trier tiene un máster suma cum laude en dramas intensos. Podría haber en esta lista grandiosas películas suyas (casi todas me han hecho soltar alguna lagrimilla), pero la que más me ha hecho sufrir es, sin duda, su particular visión del apocalipsis. Aunque todos sabemos que la película no va sólo sobre un planeta gigante engullendo a la Tierra… Si queréis saber más, a mi crítica os remito.
El momento: Tristán e Isoldasuenan de fondo, y Gainsbourg y Dunst esperan pacientemente al fin del mundo. El planeta Melancholia arrasa con todo.
4. 12 años de esclavitud (2013)

El tercer filme de Steve McQueen, su proyecto más mainstream, combina un reparto estelar y en estado de suma gracia con la que se ha convertido en temática habitual de su cine: la esclavitud. Pero por primera vez, la trata sin tapujos ni rodeos: en 1850 un respetado músico de jazz de origen afroamericano es secuestrado y vendido como esclavo en los campos de algodón de América. Su agonía de 12 años es retratada con su magia habitual (pero menos planos fijos y primerísimos primeros planos) por el prometedor artista inglés con el mismo nombre que el héroe de acción de ataño.
El momento: cada latigazo de Fassbendera una sufrida Lupita N’yongo es a la vez una lágrima y un paso de la chica hacia su (a mi parecer) merecido Oscar a mejor actriz de reparto.
3. Amour (2012)

Ninguna película de Michael Haneke había conseguido hacerme llorar hasta el día en que vi Amour. Soy un gran fan de (casi) toda la filmografía del genio austríaco, pero sus películas más que provocarme lloros incontrolables me mantienen en una tensión asfixiante y me provocan una sensación de vacío desasosegante cuando llegan los títulos de crédito. En Amour, George y Anne (unos superlativos Trintignanty Villa) son dos octogenarios que ven su amor puesto a prueba cuando Anne tiene un infarto y como consecuencia se le paraliza un costado.
El momento: Anne ha perdido el habla e intenta pronunciar algunas palabras. George, desesperado, empieza a cantar ‘Sur le pont d’Avignon‘ y Anne lo sigue hasta que sus ojos se inundan de lágrimas.
2. El Pianista (2002)

Polanski consiguió retratar con acierto los años previos a los campos de exterminio mediante este drama mastodóntico ambientado en el guetto arrasado de Varsovia, retratado con una fotografía espectacular de Pawel Edelman (aunque para los académicos no tanto como la de Camino a la perdición). El Pianista es un hombre que lo pierde todo poco a poco por la desdicha de la guerra, un sufrido náufrago humano en una ciudad asolada por los obuses interpretado por Adrien Brody. Sin duda, el polémico Polanski dio con la tecla acertada: Oscar para él y Oscar para Adrien Brody en la que es la mejor actuación de su carrera.
El momento: un cansado y desmejorado Adrien Brody interpreta una Balada de Chopin ante la atenta mirada de un oficial alemán.
1. Viaje a Darjeeling (2007)

Otro gran maestro para el drama (aunque en sus películas siempre se las ingenia para combinarlas con su estilo particularísimo y su humor entre irónico y sarcástico) es Wes Anderson, el cual sitúo en el punto más alto de esta lista. Muchos son los momentos del filme que apelan a la melancolía en esta historia de tres hermanos que no se soportan a la búsqueda de su madre perdida en la India, y pese a los numerosos momentos de alta comicidad, esta película (una de mis favoritas) termina con un sentimiento agridulce: como la vida misma.
El momento: uno de los “cuentos” de Schwartzman: los tres hermanos intentan llevarse el coche de su difunto padre del taller el mismo día del entierro.

RETROSPECTIVA David Fincher: ‘The Curious Case of Benjamin Button’

Crítica de @PauGarcia179
David Fincher dirigía en 2008 ‘The Curious Case of Benjamin Button’, historia basada en un relato de Francis Scott Fitzgerald con guión de Eric Roth (autor de los libretos de ‘Forrest Gump’, y ‘Munich’, entre otros). Tras rodar ‘Zodiac’, una de sus mejores películas, Fincher se atrevía con un proyecto difícil que, según el que esto escribe, acabaría llevando a buen puerto, aunque no esté al nivel de ‘Seven’, ‘Fight Club’ o la reciente ‘GoneGirl’La película cuenta con una premisa curiosa, intrigante y atractiva: Benjamin Button es un hombre extraordinario que nació siendo anciano y que con los años rejuvenece en vez de envejecer como el resto de mortales. A partir de esta premisa y como excusa argumental, la película describe la vida de Button, sus particularidades debido a su extraña condición pero también como un ser humano cualquiera. En ese sentido, David Fincher consigue dotar a su historia de una gran verosimilitud a pesar del elemento fantástico que da pie a la película.
Aunque pocas veces se ha visto un protagonismo tan absoluto del personaje principal, lo cierto es que el filme consigue capturar la vida de muchos personajes del film que no llegan ni a secundarios, pero que Fincher sabe imprimirles magia y verdad en sus pocos momentos estelares. De la misma forma, es realmente sobrecogedor el inicio del relojero que homenajea con un gran reloj en marcha atrás a los jóvenes muertos en la guerra (“para volver al pasado y que regresen a sus vidas”), o una de las secuencias que conecta las casualidades de distintas vidas cruzadas y que nos viene a remarcar la aleatoriedad que gobierna nuestras vidas. A estas alturas parece redundante señalar la excelencia técnica de David Fincher y su impecable realización, pero nunca está de más alabar el que es sin duda uno de los grandes contadores de historias del cine actual. El metraje puede resultar alargado (dura nada menos que 2h y 47 minutos), y el ritmo no es el mismo que, por ejemplo, ‘Gone Girl’, pero si el espectador conecta con la historia, quedará hipnotizado ante este despliegue de detalles y vida en fotogramas.

Al contrario que ‘Panic Room’, que indignaba por su superficialidad, aquí David Fincher se pone trascendental y entrega una película de gran profundidad que reflexiona sobre el paso del tiempo sirviéndose como excusa de la condición de Benjamin Button, y aunque el filme expresa la certeza que aunque el reloj vaya adelante o hacia atrás (en el caso de Benjamin Button), los años pasan y no vuelven, quedan muestras de optimismo que llenan de esperanza los corazones de los espectadores. No es casualidad que el filme acabe con una imagen del gran reloj del principio de la película, que en realidad sirve de resumen de la tesis que acompaña el filme. 

A todo esto no podemos olvidar mencionar la fantástica labor de la dirección artística y de maquillaje, pues al contrario que en otras películas (estoy pensando en ‘Jersey Boys’), se refleja la vejez de forma auténtica en los actores que no tienen la edad de los personajes que interpretan, especialmente cuando el paso del tiempo se tiene que reflejar en su aspecto físico. La banda sonora, a cargo de Alexandre Desplat, también se erige como uno de los aciertos de la película, pues acompaña la narración de forma asombrosa y refuerza, cuando debe, los momentos más emotivos.

Con ésta su séptima película, David Fincher ofrece un relato emotivo, reflexivo y cargado de vida, profundidad y sentimiento que se aleja de la historia criminal -su aparente especialidad- demostrando al mundo que sabe contar otro tipo de historias,.

RETROSPECTIVA Darren Aronofsky: ‘The Wrestler’

[[Crítica de @marckwire21]]
The Wrestler‘ es la cuarta película del imaginativo director descendiente de polacos, Darren Aronofsky. Se estrenó a finales de 2008 y principios de 2009, dos años más tarde desde su controvertido último trabajo, ‘The Fountain‘. Aronofsky y Mansell. Estos dos nombres deberían ser suficiente razón como para verla, pero estamos ante un caso especial donde sí se aprecia la mano de Aronofsky, pero la de Mansell no pasa más allá de una banda sonora de acompañamiento mínimamente audible y jugosa. La fotografía corre a cargo de Maryse Alberti que recibió el premio por su composición en los Independent Spirit Awards. Pero… poco importa, ya que el propio personaje principal, Robin Ramzinski aka Randy ‘The Ram’ Robinson (El Carnero), empaña cualquier otro trabajo realizado en la película. Mickey Rourke da vida a este luchador de wrestling regalándonos posiblemente la mejor interpretación de su vida, la culminación de una carrera llena de titubeos en la que después de estar relegado al ostracismo tras ser un mito de acción y erótico en los años 80-90 (‘Angel Heart‘, ‘Nine 1/2 Weeks‘ o ‘Wild Orchid‘) resurgió cual ave fénix mostrándonos todos esos matices que hicieron de su carisma e interpretaciones, un ídolo. El papel iba a ser para Nicolas Cage, y por suerte para todos, al final fue Rourke el elegido. Grandioso acierto. Apuntar también que Rourke fue boxeador durante mucho tiempo. Aunque lo parezca, no está basada en ninguna historia real y tampoco es la biografía de ‘The last warrior‘ ni de Hulk Hogan. En un top ten de películas de deportes, es imposible que este film de Aronofsky quedara fuera, por mucho que pasen los años, es la ‘Toro Salvaje del wrestling: épica, desgarradora y enternecedora al mismo tiempo. Premiada en varios festivales sobretodo por su parte actoral donde Rourke hizo su agosto llevándose el BAFTA a mejor actor y una nominación en los Oscar. Que no lo ganara fue culpa de Sean Penn y su interpretación en ‘My name is Harvey Milk, de la cual no puedo opinar porque no la he visto. Marisa Tomei estuvo nominada a mejor actriz secundaria.
The Wrestler‘ nos cuenta el final de la carrera de un luchador de wrestling muy famoso en los años 80, y actualmente en plena decadencia, el cual tiene una vida bastante complicada con una hija “abandonada” por su carrera, enamorado de una stripper entrada en años y los problemas físicos acarreados tras tanto tiempo recibiendo golpes y más golpes en el ring. Mickey Rourke protagoniza el film acompañado de Marisa Tomei dando vida a la stripper Casidy/Pam y Evan Rachel Wood como su hija Stephanie Robinson.


El carácter de Randy es muy diferente al que a priori os podáis imaginar, podríamos sintetizarlo en la frase: tiene un corazón que no le cabe en el pecho. Muestras de ello son las escenas con los niños, con la stripper de la que esta enamorado, con su hija (las escenas más dramáticas), incluso las conversaciones con otros luchadores antes de los combates, denota ser amable, cariñoso, que se “cuida” dada la vida que ha llevado, lleno de amor. Hablamos de un luchador de wrestling, no quiero decir que no tengan sentimientos este tipo de luchadores, pero es muy chocante esa actitud tan tierna en un tipo tan grande de aspecto físico idéntico casi al famoso luchador ochentero antes citado, ‘The last warrior‘. Emociona. La interpretación de Mickey Rourke es brutal, os creeréis que estáis viendo a un autentico luchador de este deporte. ¿Porqué es apodado “el Carnero”? Por su ataque especial, con el que remata a los contrarios, subiendo a la esquina del cuadrilátero y lanzándose con los codos por delante noqueando a cualquier contrincante. Los detalles sobre el mundo del wrestling son reveladores, dando un buen ejemplo en el combate final contra Ayatollah (Ernest Miller), asemejándose a aquellos míticos combates de los 80 que algunos, como yo, vivimos personalmente, ‘The last warrior‘ vs. Hulk Hogan o Los Sacamantecas (The Bushwhackers) vs. El enterrador. Dejando a un lado la nostalgia, como dije, los detalles sobre este mundo son magníficos y ayudan mucho a meterse en situación. Solamente los créditos iniciales son una gran muestra de ello asi como el vídeojuego de Nintendo con The Jam vs Ayatollah o los entresijos y tretas preparadas por los luchadores antes de los combates. Randy viste un plumón, descosido por un brazo, como su cuerpo, como su vida, sucio, con pinta de no haber sido lavado nunca, embutiendo las carnes de una vieja leyenda dispuesta a luchar por esa ultima esperanza de tener una vida normal junto a su adorada stripper y conseguir la reconciliación con su olvidada hija. Pero a veces o casi siempre, la vida, no es como queremos y Randy lo termina por aceptar volviendo a los rings por última vez, donde se siente vivo, donde lo aman… el desenlace final os emocionará.
Los secundarios están más bien como adorno obteniendo mas protagonismo Marisa Tomei (Pam), la stripper de la cual esta enamorado Randy y por la que es capaz de todo que la propia hija de este. Realmente hay ciertos paralelismos entre la vida de la stripper y la vida del luchador, cada uno en su ambiente, cada uno con su estilo de vida, y ambos cansados de darlo todo por su público sin obtener ninguna recompensa después de tantos años frente a ellos. Adoro esa escena en la que Pam sube al escenario para bailar en la barra y se da cuenta que nadie está por ella, que nadie la mira, como cambia su mirada en cuanto ve a Randy entrar en el bar, igualaría esta escena a la vivida por Randy en la convención de fans cuando ve al resto de sus excompañeros a cuál más estropeado. Aun así, Pam se muestra mas indecisa y su tardanza en abrir los ojos será crucial en el destino de Randy. La hija, Evan Rachel Wood (Stephanie) es un adorno interesante, con un par de escenas y poco más consigue transmitir la tristeza encubierta en odio hacia su padre, imposible valorar el trabajo de Evan Rachel Wood ya que no pasa de 10 minutos en pantalla juntando todas sus intervenciones. Destacaría algunas escenas como la conversación con el niño y el “Call of Duty”, la entrada en la charcuteria de un Randy dispuesto a comenzar una nueva vida (los gritos del público hasta antes de pasar la cortina de plástico) o la explosión de rabia en la charcuteria tras la insistencia de un cliente al reconocerlo. Mención especial para el polvo con la rubia, no por la escena en si, sino por la habitación donde luego despierta Randy con los posters de bomberos, impagable. En cuanto a la música y la frustación tras ver a Mansell en los créditos y después escuchar lo inútil de su aportación a la película no queda mucho mas que añadir, la banda sonora no original esta compuesta sobretodo por grupos de rock de los 80 con algún tema mas de The Scorpions, Guns ´N Roses o Cinderella, poco remarcable pero muy acorde con el film. La película arranca con un tema bastante conocido como es el “Bang Your Head” por Quiet Riot, de 1983, canción que es usada también por Randy en sus actuaciones. Al final de la película un grande como Bruce Springsteen acompaña los créditos finales con el tema principal titulado igual que la película, “The Wrestler”. La verdad que realmente no sé hasta que punto hubiera hecho bien una banda sonora autentica y palpable de Mansell, quizás le hubiera dado un enfoque más oscuro, y la película en sí no lo necesita a mi modo de ver ya que Rourke lo abarca todo.


Existen películas en las cuales al igual que en el universo, un día, coinciden varios fenómenos dando lugar a un suceso extraordinario, algo fuera de lo habitual, que llama mecanismo la atención y que por alguna extraña razón, perdura en la memoria de aquellos que tienen la suerte de presenciarlo. Es exactamente, lo que ocurre en esta película. Da igual que no te guste el wrestling, da igual que odies ese deporte convertido en show, da igual que no soportes a Mickey Rourke, todo, absolutamente todo da igual porque, durante aproximadamente 100 minutos, vivirás, sufrirás y padecerás lo que Randy vive, sufre y padece. La historia de una bestia que conmueve.