MIÉRCOLES EN ASIA: Oasis, de Lee Chang-dong

[[Crítica de @marckwire21]]


Oasis es, a día de hoy, la mejor película realizada por el director coreano Lee Chang-dong en toda su breve pero interesante filmografía. En ella encontramos grandes títulos como Peppermint Candy, cinta anterior a Oasis e interpretada entre otros por Moon So-ri y Sol Kyung-gu, que son los mismos protagonistas de este drama romántico con toques surrealistas. De las 5 películas rodadas por Chang-dong, recomiendo, al margen de esta joya llamada Oasis y la citada Peppermint Candy, el que de momento es su último trabajo, Poetry, una verdadera delicia de principio a fin. Oasisfue el film que dio fama a este gran contador de historias coreano y por el que recibió innumerables premios, más de 20, siendo 6 de ellos para su actriz principal Moon So-ri. Dolorosa como la vida en ocasiones, Oasis de Lee Chang-dong es un drama romántico repleto de surrealismo, ilusión e insensibilidad humana. La belleza está en el corazón del que ama.
La trama nos lleva a conocer a Jong-du (Sol Kyung-gu), joven afectado de una leve discapacidad psíquica justo el día que sale de la cárcel tras haber sido encerrado por un atropello y fuga. Sus pensamientos, extrañas miradas, comportamientos y motivaciones le llevan a casa del señor que atropelló con la intención de pedir disculpas a los familiares. Una vez allí, el hijo mayor, alarmado y exaltado por la situación echa a Jong-du de la casa. En dicha casa también habita la hija pequeña, Gong-ju (Moon So-ri). Gong-ju también padece una enfermedad como el chico, salvo que la de ella es mucho más grave, sufre parálisis cerebral. Jong-du queda prendado de Gong-ju en cuanto la ve. Ella vive en un desordenado y sucio apartamento cuidada por una vecina a la que su hermano paga regularmente y, al margen de lo que sucede fuera de su bizarra historia de amor y de sus peculiares visiones del mundo, ambos son usados, literalmente, por sus familias para su propio beneficio. Aun así, esa inocencia que les otorga su enfermedad y ese amor que ambos viven, les servirá de barrera para afrontar cualquier contratiempo. Nada podrá conseguir que las ganas de vivir que los dos se han despertado mutuamente cesen jamás.

En mayor o menor medida, todas, y cuando digo todas, es todas, todas las películas tienen ese algo que las hace especiales o únicas, o distintas, sea para bien o para mal. Por suerte en este caso, es para bien. Si hay algo que uno no olvida al ver Oasis es sin duda la tremebunda interpretación de Moon So-ri, digna de Oscar y de cualquier premio o estatuilla que se le quiera entregar, se las merece todas y cada una de ellas. Da igual que uno no esté predispuesto, que haya visto miles de historias de amor dramáticas, o miles de dramas románticos, cualquier actuación parecida a la de Moon So-ri simplemente, no existe. Es capaz, no solo de hacerte dudar si de verdad padece esa parálisis sino que usando nada más que sus ojos conoceréis todos y cada uno de los sentimientos y pensamientos que corren por el cuerpo maltrecho de Gonj-ju. Impresionante. El espectador queda encogido en su asiento, perplejo, con el pensamiento de ¿estará realmente actuando? Solo por su actuación ya vale la pena ver la película. Brutal. El trabajo de Sol Kyung-gu como Jong-du es realmente admirable, pensamientos infantiles, inconscientes, gestos nerviosos o tics continuos que ponen al espectador nervioso al no saber cuál será su próxima reacción respecto a Gong-ju cuando ambos están juntos y a ella su parálisis cerebral la impide moverse como una persona normal. La actuación de Moon So-ri lo eclipsa todo pero son, en esas escenas juntos, cuando vemos el mejor perfil interpretativo de Sol Kyung-gu y las verdaderas intenciones de su personaje.
Chang-dong nos muestra sin abusar de ello lo miserable que puede llegar a ser el ser humano, incluso entre integrantes de una misma familia. Desprecios, insultos, dejadez, ignorancia, prejuicios, el director coreano no se centra únicamente en la enfermedad y sus desgracias sino que va mas allá, no se excede mostrando a Moon So-ri y su parálisis, el realizador está más empeñado en que el espectador entienda y comprenda la historia de amor que tiene delante, una historia de amor pura, amor en su estado más inocente. Chang-dongsabe aplicar humanidad a sus películas y así lo ha demostrado a lo largo de su carrera, con historias que en un principio pueden parecer extrañas o difíciles de suceder pero que tratadas de una forma clara y sin engaños son capaces de hacerte creer todo lo que pasa en ellas. Incluso el surrealismo se da cita en Oasis, con escenas que bien podría haber firmado el propio David Lynch.
El final es una delicia, desprende ganas de sentir, de vivir, de amar, ganas de querer con esa intensidad que ilusiona tanto. 130 minutos que pasan sin dejar que el espectador parpadee: encantadora, sobrecogedora, perfecta e ilusionante, Oasis es dolorosa como la vida misma, como es el amor a veces. Imprescindible.
Lo mejor: la brutal y magnífica interpretación de Moon So-ri.
Lo peor: nada.
Título: Oasis
Director: Lee Chang-dong
Guión: Lee Chang-dong
Fotografía: Yeong-taek Choi
Año: 2002
Duración: 132 min.
País: Corea del Sur
Productora: UniKorea Pictures
Reparto: Sol Kyung-gu, Moon So-ri, Ahn Nae-sang, Ryoo Seung-wan, Chu Kwi-Jung
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Enorme thriller de manufactura española

Crítica de @PaulPorcoRosso
No tengo la suficiente experiencia en el cine español como para hablar de sus grandes thrillers: mi travesía por la producción española de este género empieza con los primeros filmes de Alejandro Amenábar, Tesis y Abre los ojos, pasando por la opera prima de Nacho Vigalondo (Los Cronocrímenes) y termina con producciones más recientes como No habrá paz para los malvados. Sí puedo afirmar con rotundidad que con Celda 211, película que me introdujo de lleno en la filmografía de Daniel Monzón y que fue escrita (como El Niño) por él mismo y Jorge Guerricaechevarría, empezó a cambiar mi concepción sobre el cine español. Cinco años después, Monzón vuelve a ponerse tras la cámara para dirigir a un Luis Tosar más contenido que en su papel como Malamadre y al debutante Jesús Castro en una tensa trama de corrupción policial y drogas en la zona del Estrecho de Gibraltar.
Luis Tosar interpreta a Jesús, un Rust Cohle (True Detective) a la española, léase un hombre que ha convertido su investigación para la unidad antidroga de la policía de Algeciras su joie de vivrey poco o nada queda de una familia que apenas se le menciona. Aunque poca joya le trae el caso que tiene entre manos: una intrincada red de narcotráfico arraigada en lo más profundo del cuerpo de policía. No se puede fiar de nadie: ni de su fiel compañera Eva (interpretada de manera más que solvente por Bárbara Lennie), ni de su jefe Vicente (un Sergi López muy ambiguo al que le es imposible esconder un par de veces el acento catalán), ni incluso a sus compañeros más veteranos como Sergio (Eduard Fernández aportando su clásica media sonrisa y batalla con Tosar a nivel dialéctico sin despeinarse).

Por otro lado, dos jóvenes amigos de Algeciras, Compi(un Jesús Carroza tanto o más killo que en 7 vírgenes) y el Niño (interpretado por el debutante Jesús Castro, de mirada glacial y tez inamovible), empiezan a dedicarse al contrabando de polen de marihuana trasportando 20 kilos poco a poco con la moto acuática del Niñoy con la ayuda de un amigo marroquí nacionalizado español.
Estas dos tramas giran como una espiral descendiente que acabará convergiendo en un final frenético y espectacular, como toda la acción que envuelve tanto a la búsqueda y captura de Tosar por el jefe de la organización de narcotráfico, como la que envuelve a la aventura de El niño en el peligroso mundo de la droga. Tanto el montaje como la dirección de las escenas de acción y reposo investigador es excelso y digno heredero de los mejores thrillers americanos, así como el diseño de producción y la dirección de fotografía de Carles Gusi. Incluso funciona a nivel de guión: el retrato de la vida a lado y lado del Estrecho de Gibraltar tratado con realismo y unos diálogos que apelan al naturalismo se combinan a la perfección con una excelsa selección musical que nos transporta a Algeciras, Gibraltar, y las costas de África.
Podría ser pues un thriller cercano a lo perfecto, pero por desgracia a El Niño le pesa la historia de amor entre el protagonista y una joven marroquí que, aun estando bien contada, rompe totalmente con el ritmo de la historia y transmite menos emociones que la cara incorruptible de Jesús Castro. Aún así, el visionado de la película es una recomendable experiencia que muestra un poco por encima cómo es la vida de un dealer en una frontera que nos queda bien cercana.
Lo mejor: dirección de Monzón, montaje, la selección musical.
Lo peor: la historia de amor metida con calzador.

Título: El Niño
Director: Daniel Monzón
Guión: Daniel Monzón, Jorge Guerricaechevarría
Fotografía: Carles Gusi
Duración: 130 minutos
Año: 2014
País: España
Productora: Ikiru Films / La Ferme! Productions / Maestranza Films / Telecinco Cinema / StudioCanal

Reparto: Luis Tosar, Jesús Castro, Eduard Fernández, Sergi López, Bárbara Lennie, Ian McShane, Luis Motilla, Jesús Carroza, Moussa Maaskri, Meriem Bachir

¡Cuidado! ¡Ñoñería romántica francesa a la vista!

Título: Une Rencontre
Director: Lisa Azuelos
Guión: Lisa Azuelos
Fotografía: Alain Duplantier
Duración: 80 min.
Año: 2014
País: Francia
Productora: Pathé / Bethsabée Mucho
Reparto: Sophie Marceau, François Cluzet, Lisa Azuelos, Alexandre Astier, Arthur Benzaquen, Jonathan Cohen, Niels Schneider
Crítica de @PaulPorcoRosso
Debo empezar esta crítica indicando que no soy el mayor seguidor de cine romántico del planeta. O como mínimo del tipo de cine romántico al que pertenece Une rencontre. Soy el mayor amante de los dramas que se antojan reales, donde los problemas trascienden el chica/o malinterpreta acciones de chico/a (la clase de The Notebook, Titanic y otras del montón) y no abundan las frases que no dejan de ser ñoñerías escritas para sólo un cierto sector de la población que asiste a los cines. Yo disfruto y sufro y me gusta disfrutar y sufrir con unos personajes realistas, con problemas de verdad parecidos a los míos, o como mínimo parecidos a algo que haya visto antes en mi casa o mi entorno, o incluso con locos personajes que aman a su bizarra manera. Los problemas de Adéle en La Vie d’Adéle, de Gosling en Blue Valentine, de DiCaprio en Revolutionary Road, de Adam Sandler en Punch-Drunk Love. Situaciones reales y gente real, personajes alocados y entrañables. Situaciones nuevas, o situaciones viejas bajo el prisma de la mirada de un autor de verdad. Cinema verité. Dejar la cámara encendida y discutir. Parezco Vertov.
Une Rencontre es el cuarto trabajo de largometraje de la directora francesa Lisa Azuelos, conocida por haber “revolucionado” la comedia adolescente francesa con la película LOL (Laughing Out Loud) y por posteriormente haber dirigido ella misma el remake americano (titulado simplemente LOL) protagonizado por Demi Moore y Miley Cyrus. Uso el entrecomillado porqué para el que esto escribe, la de producción francesa (bastante mejor que su hermana americana) no pasa de ser un entretenimiento pasajero algo vacío, y el remake americano un cúmulo de despropósitos de tal magnitud que se puede decir que Miley Cyrus es lo mejor que hay en él. En esta nueva historia de amor ñoño, Pierre (François Cluzet) está felizmente casado desde hace 15 años con Anne (Lisa Azuelos). Una noche, pese a llevar una vida feliz y perfecta, conoce a Elsa (Sophie Marceau) con quien congenia al instante. Abandonan la idea de empezar un romance (él quiere ser fiel a su esposa y ella no se lía con hombres casados), pero vuelven a encontrarse por París al cabo de poco volviendo a sentir una muy fuerte atracción: su aparente falta de interés el uno en el otro provoca conversaciones sin tabús que les enganchan aún más.

La directora se pierde, como en las dos obras antes nombradas, en las ñoñerías socialmente aceptadas que deben enternecer a la demografía de edad que se puede identificar con los personajes. Personajes que, dicho sea de paso (no todo podía ser malo en esta película) son interpretados de forma sensible y genial por un Cluzet que se encuentra en la cumbre de su carrera y la bella Marceau. La directora, que se guarda un pequeño papel con el cual no se la ve cómoda, se rodea de grandes profesionales también tras las cámaras con la contratación de Alain Duplantier, que engalana la película con una buena composición de planos y uso del color. Azuelos llena la segunda parte de la película con cortos pasajes fruto de la imaginación fantasiosa de ambos protagonistas. Recalco el término imaginación. Porque en ellas todo rastro de realidad es borrado en pos del disfrute del espectador que busca el beso, la caricia y la historia de amor cremosa y empalagosa de los personajes. Así, el desarrollo amoroso que hemos venido a buscar, además de empalagoso, es inexistente. Bravo, Lisa. Bravo.


No me gustan las vidas perfectas, y las vidas de Pierre y Anne son perfectas. No me gusta que un cineasta confíe al azar todo el desarrollo de una de sus películas, y Azuelos lo hace. El 90% de Une Rencontre es otra ñoñería como las hay a montones en la historia del cine, un romance perfecto sacado de un cuento de hadas. Parece que alguien tiene que explicarle a Lisa Azuelos que la vida amorosa de las personas es un poco más complicada que como la retrata ella. Supongo que hay un target de gente a la que le interesa este tipo de cine, pero conmigo no ha acertado. Prefiero acercarme al cine a ver la última locura de Nacho Vigalondo o el desvarío holandés Borgman. Sin dudarlo ni un minuto.

Lo mejor: la fotografía, y las actuaciones de sus dos protagonistas.
Lo peor: todo lo demás.

La película de vampiros de Jim Jarmusch

Título: Only Lovers Left Alive
Director: Jim Jarmusch
Guión: Jim Jarmusch
Fotografía: Yorick Le Saux
Año: 2013
Duración: 123 min.
País: Estados Unidos
Productora: Recorded Picture Company / Pandora Films / Faliro House Productions
Reparto: Tilda Swinton, Tom Hiddleston, Mia Wasikowska, John Hurt, Anton Yelchin, Slimane Dazi, Jeffrey Wright
Crítica de @PaulPorcoRosso
¾     Un día va a ser famosa.
¾     Espero que no, es demasiado buena para ello.
Only Lovers Left Alive” no es una película para todos los públicos, para nada. Pero visto su director, tampoco es nada sorprendente: Jim Jarmusch es el cineasta americano independiente por excelencia, y su cine, excéntrico y tremendamente personal, se caracteriza por básicamente dos puntos. El primero, es su huída de las estructuras narrativas convencionales de Hollywood, y el segundo es la confección de guiones (que pueden ser más o menos buenos) donde la historia no es tan importante como la conexión entre sus personajes, que vagan de un sitio para otro sin dejar claro al espectador porqué lo hacen. Así que una película de vampiros en la que él dirige y escribe el guión es cuanto menos una experiencia interesante.
Un vampiro y músico llamado Adam (Tom Hiddleston) habita en la oscuridad de su caserón de dos pisos en un suburbio de la ciudad de Detroit. Duerme de día y compone música y experimenta de noche, y se encuentra en un estado de profunda depresión hasta el punto de pensar en el suicidio. Su amada esposa, Eve (Tilda Swinton) es lo opuesto: vitalista, amante de la cultura, observadora del idílico modo de vida de Tánger, donde reside con un enigmático vampiro escritor amigo suyo. Que Adam y Eve se encuentren será la única forma de salvar a Adam de su espiral de desesperación.
La vuelta de tuerca al subgénero que da Jarmusches hacia la integración de los vampiros al mundo moderno, y la visión del mundo des de los ojos de estos seres. Gentes solitarias, incomprendidas y con una extraña modernidad que han vivido varias vidas y aman tanto el planeta que desprecian a la mayoría de humanos (a los que ellos llaman zombis) por el mal trato que éstos hacen del que es su hogar. Desprecian su incomprensión hacia el mundo cultural y hacia la Historia. Y desprecian a una sociedad que está podrida, igual de podrida que la humanidad en sí misma. Las drogas, las enfermedades fruto del maltrato al medio habiente, el efecto invernadero. Constantes maltratos al mundo que les rodea que es la única cosa por la que existen. Sólo su mutua compañía les salva de la tristeza mayúscula que les provoca la vida humana.
Estos eruditos personajes, vampiros coolbrillantemente interpretados por Hiddlestony Swinton, narran sus experiencias vitales como cronistas que han conocido más de lo que haría un ser humano en diez vidas. Sus relatos, a veces amargos y nostálgicos y otras veces contados des de la angustia más profunda, ofrecen una visión deprimente de una ciudad de Detroit antes florida y rimbombante, y ahora en el olvido más absoluto y doloroso. El uso de la música es primordial en “Only lovers left alive“, es un pequeño oasis de serenidad y belleza en un mundo sórdido y profundamente dramático. Un pequeño respiro del mundo para espectador y personajes: melancolía en un pentagrama que combina con las tinieblas de una Detroit oscura y deprimente perfectamente retratada por Yorick Le Saux.
Por la película transitarán, aparte de Adam y Eve, personajes que intentarán romper el equilibrio que consiguen entre ellos dos (la hermana de Eve, Ava), humanos (o zombis) que usarán para conseguir alimento y caprichos materiales varios, e incluso un sabio vampiro escritor de las novelas de Shakespeare (Kit, el amigo de Eve en Tánger). Todos ellos desaprovechados. Pero es que lo importante en “Only lovers…” es el amor que se profesan Adam y Eve, que soporta el erosivo paso del tiempo y convierte sus existencias en algo más sobrellevable.
Dirán algunos que “Only lovers left alive es la película más pretenciosa sobre vampirismo hipster hecha por el cineasta más hipster, una obra pedante en contra de lo mainstream o el esnobismo hecho película. Pero para mí, es un poema musical tremendamente melancólico. Igual es que soy algo hipster, también.
Lo mejor: dirección, guión y las geniales interpretaciones de Hiddleston y Swinton.
Lo peor: su ritmo lento por momentos soporífero, y los desaprovechados personajes de John Hurty Mia Wasikowska.

NO ESTRENOS: Terrence Malick, filósofo y poeta

Título: The New World (El Nuevo Mundo)

Director: Terrence Malick
Guión: Terrence Malick
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Año: 2005
Duración: 133 min.
País: Estados Unidos
Productora: New Line Cinema
Reparto: Colin Farrell, Q’orianka Kilcher, Christian Bale, Christopher Plummer, Yorick van Wageningen, David Thewlis, August Schellenberg, Noah Taylor, Eddie Marsan, Wes Studi, Raoul Trujillo, Jonathan Pryce

Crítica de @PauGarcia179

Terrence Malick es un director que acostumbra a generar reacciones opuestas entre la gente: hay quienes lo odian y otros que lo admiran profundamentePersonaje peculiar -no da entrevistas ni se deja fotografiar-, tardó dos décadas en estrenar una nueva película después de ‘Days of Heaven’ (1978) y estos veinte años los pasó en Francia alejado de cualquier atención mediática. Por suerte para nosotros, en 1998 volvía a ser noticia con el estreno de ‘The Thin Red Line’, y “sólo” 7 años después llegaba ‘The New World’, la película de la que hoy hablamos. El film de Malick está inspirada en la famosa historia de Pocahontas y el Capitán Smith.
En el siglo XVII, llega a tierras americanas un barco inglés para establecer una colonia en el Nuevo Mundo, Jamestown. En él viaja John Smith, soldado condenado a muerte en Inglaterra pero perdonado por el Capitán Newport. Smith, nombrado capitán, conocerá a Pocahontas y descubrirá el modo de vida de los nativos americanos.
Se ha tergiversado la historia durante siglos,  llamando descubrimiento de América (aunque parezca idiota el tener que recordarlo, el continente ya estaba habitado) a lo que en realidad fue un genocidio en toda regla, eliminando, además, toda la diversidad cultural del continente. En ‘The New World’, a pesar de conservar un título de cariz europeísta, Terrence Malick elabora un bonito homenaje a los nativos de América, con actores amerindios que aprendieron la lengua original (lenguas algonquinas) gracias a algunos de los pocos hablantes que quedan en la actualidad. Malick retrata la forma de vida y de pensamiento de los nativos que ya vivían en aquella tierra mucho antes de que los europeos llegaran con aires imperialistas y deseosos de riquezas.

“They are gentle, loving, faithful, lacking in all guile and trickery. The words denoting lying, deceit, greed, envy, slander, and forgiveness have never been heard. They have no jealousy, no sense of possesion. Real, what I thought a dream.”
(“Son gentiles, amables, fieles, carentes de todo engaño. Las palabras que denotan mentira, engaño, avaricia, envidia, calumnia y perdón nunca han sido escuchadas. No tienen celos, no tiene sentido de posesión. Realidad, lo que pensaba que era un sueño”)
De ritmo lento, ‘The New World’ avanza deteniéndose en los gestos y detalles, en las miradas, los árboles y otros elementos de la naturaleza. Mientras el relato se sitúa en el mal llamado Nuevo Mundo, parece que el paisaje gravado por Malick cobre vida produciendo una sincera fascinación hacia un continente y una cultura donde todo es tan bello, tan lírico, que parece un sueño, como de hecho dice en un momento de la película el Capitán Smith. Llegados a Inglaterra, a pesar de la sublime dirección de Malick, la película pierde magia, aunque quizás es un efecto buscado por el director para contrastar las diferencias entre los dos continentes. 
Terrence Malick ya tenía el guión escrito a finales de los 70, pero hablar de guión en el caso del director de ‘The Tree of Life’ es un poco vago, pues en sus películas un personaje que se considera principal puede quedar en la nada (como Adrien Brody en ‘The Red Thin Line’) y la estructura de la película se construye sobre todo en el montaje, por lo que se entiende que el estreno de sus películas acaben retardándose tanto, pues el hombre debe tener horas y horas de grabación.
Querido Colin, si cambias de expresión tampoco te va a doler la cara…
El montaje final acabó por dar el protagonismo a Colin Farrell (John Smith) que, fiel a su estilo de interpretación, pone la misma cara en toda la película. Q’orianka Kilcher, pese a ser su primera actuación, consigue imprimirle una verosimilitud a su personaje que Farrell no conseguiría ni en 1000 años de preparación. Christopher Plummer actúa bien en las contadas (y recortadas) ocasiones en la que aparece, y Christian Bale hace creíble a su personaje.

Como dijo el propio Malick, ésta es una película de sensaciones. Lo consigue con la asombrosa fotografía de Emmanuel Lubezki (quién ya ganó un Óscar por ‘Gravity’) que, junto con el director, captura y compone unas imágenes increíblemente bellas. Además, los elegantes movimientos con steadycam le dan mayor autenticidad y una magia cinematográfica difícil de describir, como en la escena del niño corriendo, que es la magia de capturar la vida misma. Cabe destacar, además, la gran banda sonora de James Horner, que acompaña y transmite las emociones de los protagonistas. Las voces en off, una constante en el cine de Malick, en esta ocasión favorecen la lírica de la película y no se usan en exceso como en su posterior ‘To the Wonder’ (de igual manera sucede con los movimientos de cámara con steadycam, que mientras aquí resultan elegantes, allí me parecen carentes de encanto)
‘The New World’ es una película mágica y bellísima, que demuestra una vez más la poesía visual de Terrence Malick, un director por encima de los egos de los actores que aquí nos regala otra experiencia sensorial de gran espiritualidad.

Lo mejor: lirismo, fotografía, la interpretación de Kilcher
Lo peor: la “actuación” Colin Farrell

Tom Cruise atrapado en el tiempo

Título: Edge of Tomorrow
Director: Doug Liman
Guión: Dante Harper, Joby Harold, Christopher McQuarrie (basado en el anime de Hiroshi Sakurazaka)
Fotografía: Dion Beebe
Año: 2014
Duración: 113 min.
País: Estados Unidos
Productora: Warner Bros. / Village Roadshow Pictures / 3 Arts Entertainment / Viz Media
Reparto: Tom Cruise, Emily Blunt, Bill Paxton, Brendan Gleeson, Charlotte Riley, Lara Pulver, Jonas Armstrong, Lee Asquith-Coe, Tony Way, Kick Gurry, Dragomir Mrsic, Franz Drameh, Deborah Rosan, Natasha Goulden, Jeremy Piven, Terence Maynard, Noah Taylor, Madeleine Mantock
Crítica de @PaulPorcoRosso
La caída de un meteorito en los Urales rusos es el comienzo de la invasión de la Tierra por unos extraterrestres aparentemente invencibles. Al comandante William Cage (Tom Cruise), un oficial que nunca ha entrado en combate, le obligan participar en la batalla del ejército británico en Francia y resulta muerto. Ese es el principio de un bucle temporal que le obligará a luchar y morir una y otra vez, haciéndose cada vez más hábil y eficaz en la lucha. Rita Vrataski (Emily Blunt), una guerrera encumbrada a heroína por sus acciones en otra batalla, será su único apoyo en el campo de batalla.
El perpetrador de Edge of Tomorrow es Doug Liman, director de películas de acción que oscilan entre la notable primera entrega de Bourne, y las tremendamente olvidables Mr. & Mss. Smith o Jumper. En esta ocasión y con el apoyo de una gran productora y un increíble presupuesto, se aventura en la ciencia ficción post-apocalíptica rememorando la segunda Guerra Mundial y añadiéndole alienígenas y viajes en el tiempo. La principal virtud de Liman en este filme es, amén de un diseño de producción y de criaturas altamente destacable, tomarse la producción en broma y añadiendo el tipo de comedia presente en Groundhog Day. Así, el producto resultante es una de esas obras que hacen que el espectador se entretenga y ría entre escenas de acción orquestadas de manera muy solvente, un magnífico tempo narrativo y una trama que se justifica como ejercicio de diversión sin más, a años luz de distancia del cine reflexivo o filosófico.
Pero, al mismo tiempo, consigue que la acción no acabe con la humanidad de la película, que es uno de los principales problemas de los blockbusters de verano. Eso es sin duda obra de los guionistas, que confeccionan un libreto entre la comedia, la acción y el romance, con un coctel magnífico de referencias. McQuarrie, Harper y Harold referencian obras capitales (y no tan capitales) a modo de miguitas de pan que el espectador descubre con avidez cinéfila y una sonrisa en la cara. Cuando en Oblivion (también protagonizada por Cruise) las referencias se antojaban más bien copias y falta de originalidad, en Edge of Tomorrow el arco argumental de Groundhog Day, la batalla de Normandía de Saving Private Ryan, los centinelas de Matrix, el exoesqueleto de Elysium y la sociedad colmena de The Game of Endercasan a la perfección y se equilibran para no parecer plagios manifiestos de las obras originales, sino divertidos easter eggs que el espectador va recogiendo durante el metraje.
Y para poner la guinda en el pastel está Tom Cruise, el actor de la sonrisa carismática compone uno de los mejores personajes de su carrera, lejos de su típico héroe de acción (aunque también lejos de su personaje en Collateral o en Magnolia) hace valer sus galones . Amén de este Cruise superlativo, el resto del reparto está también en buena forma. En especial, la preciosa Emily Blunt en su papel de dura y experimentada soldado con un atisbo de vulnerabilidad que (como siempre) acabará despertando el bueno de Tom. Da igual el papel que interprete, siempre parece creerse sus líneas: cualidad imprescindible para ser heroína de acción en un filme de estas características. Bill Paxton (Agents of SHIELD) y Brendan Gleeson son un buen aditivo en cualquier película, y aunque aquí rinden al nivel que nos tienen acostumbrados, sus personajes no son nada del otro mundo (más bien los tópicos generales del ejército).
Edge of Tomorrow no es ni tan fría como el tráiler sugería, ni una comedia desenfrenada. ¿Qué es? Pues un blockbuster de ciencia ficción consciente de sus limitaciones, con magníficos efectos especiales y acción espectacular, con un toque de delicioso humor blanco y buenos personajes. No cambia la historia del cine ni revoluciona el celuloide y es hasta previsible, pero es entretenido, atractivo y evasivo al 100%. Porque, durante 113 minutos, los problemas no son nuestros sino de Tom Cruise.
Lo mejor: magnífico espectáculo veraniego de chuches y palomitas, el mejor Tom Cruise en años, y Emily Blunt.
Lo peor: el final made inHollywood que pese a ser malo no elimina la sensación que envuelve a toda la producción.

Que vivan Rian Johnson y el cine negro

Título: Brick
Director: Rian Johnson
Guión: Rian Johnson
Fotografía: Steve Yedlin
Año: 2005
Duración: 119 min.
País: Estados Unidos
Productora: Focus Features
Reparto: Joseph Gordon-Levitt, Lukas Haas, Nora Zehetner, Matt O’Leary, Noah Fleiss, Richard Roundtree, Emilie de Ravin, Meagan Good, Brian J. White, Noah Segan
Crítica de @PaulPorcoRosso

Este es el primer largometraje de Rian Johnson, realizador de la comedia de estafadores The Brothers Bloom, el thriller futurista Looper, y también director de dos de los mejores capítulos de la serie Breaking Bad: The Fly (S03E10) y Ozymandias(S05E14). Su opera prima, rodada por menos de 500000 US$, es una historia detectivesca de intriga con un guión ingenioso e intrincado (escrito por el propio Johnson) con rápidos diálogos, pero con la particularidad de estar ambientada en el escenario atemporal de un instituto.
Brendan Frye (Joseph Gordon-Levitt) es un estudiante de instituto del sur de California, audaz, tremendamente inteligente y solitario que prefiere mantenerse al margen de todo. Cuando su ex-novia Emily (Emilie de Ravin) reaparece en su vida aparentemente con problemas para volver a desaparecer, Brendan se obsesionará por descubrir qué le ha ocurrido a su problemático amor, por el que sus sentimientos son aún muy fuertes. Con la ayuda de su único amigo, The Brain (Matt O’Leary), descubrirá poco a poco los secretos de los alumnos de su instituto y se pondrá en contacto con personajes como Laura (Nora Zehetner), una sofisticada niña rica, el matón Tugger (Noah Fleiss), el yonqui Dode (Noah Segan), la seductora Kara (Meagan Good) y el siniestro y enigmático The Pin (Lukas Haas).
Birck pertenece al llamado cine negro: su argumento y trama bien podrían ser los de una película de Orson Welles o Billy Wilder, incluso de los primeros hermanos Coen, aunque extrapolándolos a un instituto del sur de California y protagonizado por chavales adolescentes. El talento narrativo y sentido del ritmo de Rian Johnson quedan en evidencia en esta su opera prima en la que tira de, a lo mejor, personajes cliché del género (la femme fatale, el protagonista impávido y solitario, el colega freak que le ayuda, el gánster, los matones fríos como el hielo), diálogos punzantes e inverosímiles por la gran inteligencia que encierran sus palabras, y una trama enrevesadísima sobre tráfico de drogas y asesinatos. Su banda sonora, que firma el primo del director, es tensa y acompañante de los momentos más dramáticos de la película.
Yo sin duda lo veo como un homenaje al género, un intenso ejercicio de estilo de un director novel entrando por la puerta grande. Sus personajes, adolescentes que hablan como adultos y en cada frase lanzan dardos envenenados mientras piensan la aguda réplica que darán a la respuesta de su contrincante dialéctico, se asemejan bastante a esos fríos caracteres que dominaban la intriga de sobretodo los 40 y los 50: Boggart, Mitchum y MacMurray en The Maltese Falcon, Out of the Past y Double Indemnity respectivamente. Personajes con un código moral propio e inquebrantable, a prueba de bombas. La fotografía obra de Steve Yedlin se adapta perfectamente a la frialdad y sequedad de los personajes, con calles solitarias y un mundo sin apenas adultos.
Con Brick, da la sensación de estar leyendo una novela de misterio de las que mantienen la intriga y la tensión hasta el final. Un cadáver á la Lynch, un investigador testarudo y tremendamente inteligente, una femme fatal, un gánster poderoso pero frágil, una telaraña indesenredable. Pero con una nueva perspectiva.
Lo mejor: un magnífico Joseph Gordon-Levitt.
Lo peor: como en toda película de cine negro, es algo difícil de seguir al principio por la gran cantidad de personajes.