#reflexionesdecine – TOP 10 de Siempre en VO: los mejores estrenos de primera mitad de año


Atravesamos el ecuador del año y nos dirigimos irremediablemente hacia el principio del fin del verano. Como ya llevamos un buen puñado de estrenos a las espaldas de éste 2014 que ha atravesado su punto medio, en Siempre en VO nos hemos organizado y hemos confeccionado un TOP 10 de los mejores estrenos del año entre enero y julio de 2014. El sistema: ambos hemos hecho nuestro TOP 10 personal, otorgando 10 puntos a la primera, 9 a la segunda y sucesivamente y luego hemos sumado los puntos de las películas. El veredicto es el siguiente*:
*curiosamente ni Herni Enemy (mejores estrenos de la primera mitad del año según @PaulPorcoRosso y @PauGarcia179 respectivamente) ocupan la primera posición.
1 – DAWN OF THE PLANET OF THE APES, de Matt Reeves – 16 puntos
Superando con creces el film de Rupert Wyatt y James Franco, Matt Reeves nos hace creer en el blockbuster perfecto, aquel que a la excelencia técnica se le suma la personalidad del artista.
2 – ENEMY, de Denis Villeneuve – 15 puntos
Después de estrenar el mismo año‘Prisoners’, magnífico thriller, Denis Villeneuve nos regala una maravilla de drama psicológico (y arácnido) con una atmósfera fascinante y un gran Jake Gyllenhaal.
2 – HER, de Spike Jonze – 15 puntos
La respuesta de Spike Jonze a Sofia Coppola. 10 años después de Lost in Translation, Johanssonfascina y enamora a partes iguales a un Joaquin Phoenix excelso (una vez más).
4 – NEBRASKA, de Alexander Payne – 12 puntos
Payne filma en blanco y negro (por primera vez con guión ajeno) esta divertida, conmovedora y quijotesca historia protagonizada por un gran Bruce Dern. Su grandeza reside en hablar de la vida en su totalidad, con momentos dramáticos, cómicos y unos personajes icónicos.
5 – THE GRAND BUDAPEST HOTEL, de Wes Anderson – 10 puntos
Un universo particular, decorados pensados al detalle, travellings laterales, sus peculiares panorámicas y un ácido sentido del humor. La más divertida de las comedias de Wes Anderson.
6 – NOÉ, de Darren Aronofsky – 8 puntos
Epopeya bíblica protagonizada por Russell Crowe. Un viaje a la mente de este primer héroe. Aunque dividió a la crítica, en Siempre en VO disfrutamos del diluvio cinematográfico de Darren Aronofsky.
 
6 – INSIDE LLEWYN DAVIS, de los hermanos Coen – 8 puntos
El enésimo retrato del perdedor de los hermanos Coen cuenta la odisea de Llewyn Davis, un músico de folk a la sombra de Bob Dylan.
6 – NYMPHOMANIAC VOL. II, de Lars von Trier – 8 puntos
Los delirios sexuales del genio danés plasmados con excelencia técnica en los últimos tres capítulos del díptico Nymohimaniac. Otra provocación más del siempre polémico von Trier.
 
9 – THE IMMIGRANT, de James Gray – 7 puntos
El crimen, la família y una maravillosa Marion Cotillard llevan la voz cantante en este drama de James Gray. Pese a ser genial, sobra contención dramática en la primera parte de la película.
10 – 10000 KM, de Carlos Marqués-Marcet – 4 puntos

El original planteamiento, las dos magníficas actuaciones y el verismo de la historia hacen de esta una de las mejores películas del año.
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Sitges 2014 calentando motores con cortos al aire libre

El Festival de Sitges ha programado dos noches de cortometrajes este mes de agosto, para calentar motores de cara a Sitges 2014. El Port de Sitges – Aiguadolç y la Piscina Municipal acogerán dos mini-maratones los días 2 y 8 de agosto respectivamente, que constituyen un preludio veraniego al Festival. Las dos sesiones incluyen ocho y siete cortos, de una duración global de más o menos hora y media cada una. En los dos casos, algunos de los realizadores estarán presentes para introducir sus piezas. Las dos sesiones tienen entrada gratuita.
Sábado 2 de agosto. Auditori del Mar (Port de Sitges – Aiguadolç). 23 h
Curvas, de David Galán. Un hombre conduce su coche por una carretera solitaria. Duración: 6 minutos.
El último onvre bibo, de Daniel Aguirre y Luna Martín. Epopeya minimalista que narra las aventuras de andar por casa del último ser vivo sobre la tierra.
Duración: 9 minutos
La sed animal, de Rafa Dengrá. Marina y Rafa investigan la filmación de un extraño exorcismo ritual de 1956. Duración: 13 minutos.
Elixir, de Javier Lozano. Un sastre humilde y su mujer reciben un duro golpe al perder el hijo que esperaban. La visita de un hombre con una poción extraña y milagrosa marcará inevitablemente el destino del sastre. Duración: 12 minutos.
Timothy, de Marc Martínez. Simon es un niño que tiene que aguantar que Sonia, su matrona, le moleste. Una noche, Simon recibirá una visita inesperada…
Duración: 10 minutos.
El martillo de las brujas, de Sol Charlotte. Nina es una chica que ha crecido escuchando los consejos de sus padres y abuelos para no caer víctima de la brujería. Duración: 6 minutos.
Sinnside, de Miguel Ángel Font. Un cuento macabro protagonizado por siete chicos almas de los cuales serán el plato principal para un grupo de adultos dentro de un raro restaurante. Duración: 13 minutos.
Sequence, de Carles Torrens. ¿Qué ocurre si te levantas un día y te das cuenta de que todo el mundo ha soñado contigo? Duración: 20 minutos.
Duración total: 89 minutos.
Viernes 8 de agosto. Piscina Municipal (Camí de la Fita s/n). 22h
¿Qué significan los símbolos?, de Manuel Bartual. ¡Bienvenido a nuestra agencia de viajes en el tiempo! Acompaña a Carlos durante la visita guiada a nuestras instalaciones. Duración: 8 minutos.
Hambre, d’Efraín Parrilla. Claudio se ha quedado en el paro y pasa los días con su mujer Margarita viendo la televisión. Especialmente, programas del corazón.
Duración: 5 minutos.
Un día especial, de Daniel Padró. Es el día más feliz de la vida de David; está a punto de casarse con la mujer de su vida, Cristina. Duración: 12 minutos.
Candyhearts, de Joan Martín. Un cortometraje de terror que une espectáculos de feria, siniestros vendedores ambulantes y niños. Una combinación casi perfecta. Duración: 15 minutos.
Zona de caza, de Jordi O. Romero. Un mal día hace que María acabe ahogando sus penas en un bar musical. Ahí conoce a Nicolás, que le invita a su casa en el medio de la montaña. Duración: 24 minutos.
Horizonte, de Aitor Uribarri. El mundo tal y como lo conocemos acabó, solo quedan sus cenizas. En un intento desesperado de volver a reunir a la familia, Ana y su madre emprenden un peligroso viaje. Duración: 24 minutos.
Detuned, de Pau Carbó. Una noche al llegar a casa, Álex es atrapado por el poder letal de una red de televisiones y aparatos eléctricos. Duración: 7 minutos.
Duración total: 87 minutos. 

MIÉRCOLES EN ASIA: Hablando de una obra maestra, ‘Oldboy’

Título: Oldeuboi – Oldboy
Director: Park Chan-wook
Guión: Park Chan-wook, Hwang Jo-yoon, Im Joon-hyung (basado en el cómic de Nobuaki Minegishi)
Fotografía: Chung Chung-hoon
Año: 2003
Duración: 120 min.
País: Corea del Sur
Productora: Show East Co. Ltd
Reparto: Choi Min-sik, Yu Ji-tae, Kang Hye-jeong, Ji Dae-han, Oh Dal-su, Kim Byeong-ok, Lee Seung-shin, Yun Jin-seo
Crítica de @PaulPorcoRosso 

Hablar de cine asiático contemporáneo supone inevitablemente acabar hablando de cine surcoreano. Y en el cine surcoreano, el máximo exponente (y lo afirmo sin dudarlo ni un sólo segundo) es Park Chan-wook. Por segunda vez (ya lo hizo con Sympathy for Mr. Vengeance y repetiría el proceso con Sympathy for Lady Vengeance), el director monta todo el relato con la venganza como eje, usándola como respuesta universal a todos los males entre seres humanos. Como animales racionales, transformamos el odio que nos produce el mal de otra persona en un ajuste de cuentas en frío: como más podamos disfrutarlo, mejor. Chan-wook lo sabe, y como buen conocedor de la psique humana, habla sobre ello en su mastodóntica trilogía de la vendetta. Con esta obra (que elevo sin titubeos al estante de maestra), el director gana su Gran Premio del Festival de Cannes, y con él, el ascenso al círculo de realizadores de culto mundial. En este punto culmen de su trilogía de la venganza y obra maestra de su filmografía, el director surcoreano juega con elipsis y flashbacks para dibujar el deambular por la vida de Oh Dae Su (Choi Min-sik), un hombre secuestrado sin un motivo aparente y recluido durante 15 años en una misma habitación, que es soltado de la misma forma que le habían arrestado: sin explicación alguna. A su liberación, recibe una llamada de su captor (Yu Ji-tae), que le obliga a resolver en cinco días o menos la razón de su reclusión y, más importante aún, de su liberación. Sólo contará con la ayuda de dos aliados: un viejo amigo ( y una bella camarera de un bar de sushi, Mi Do (Kang Hye-jeong).
La magia de Oldboy reside en el choque de opuestos. ¿Cómo puede la pura belleza ser el envoltorio de un relato tan insano y retorcido como este? Park Chan-wooknos maravilla con una paleta de colores fascinante, una mezcla de géneros (que van del thriller psicológico a la comedia y de aquí a la acción y al drama) brillante y unos planos cuidadísimos para llegar a un clímax que no es tramposo por una ágil maniobra de guionista pícaro, sino por el engaño visual que ha urdido el director en nosotros los espectadores. Esa manufactura de planos, cuidados uno a uno como si salieran de la mente de un maestro artesano, la simpatía que desprenden los personajes (hasta los más deleznables) y un magistral romance han envenenado al espectador y han plantado unos árboles que no han dejado ver el bosque. Un bosque oscuro y brutal  que se presenta terroríficamente bello. Este bosque oscuro, la esencia de la película, plantea el conflicto ético que revela una realidad monstruosa y siniestra: los acontecimientos más insignificantes de nuestro pasado pueden acabar repercutiendo en el barullo de acontecimientos aparentemente anárquicos que nos afectan en el presente.
En este relato que baila entre lo freudiano y lo shakesperiano, Oh Dae Su, el impávido protagonista interpretado con genial maestría por Choi Min-sik, es un héroe impetuoso y ciclópeo, y su némesis una bestia monumental amparada con cantidades indecentes de dinero y una sed de venganza mayor que la de nuestro protagonista. Durante el mismo año, 2003, el espectador asiduo al cine vio pasar ante sus retinas otro relato de venganza (urdido por otro gran maestro de la narración) llamado Kill Bill. Pero la grandeza de esta cinta escapa a cualquier mesura. La venganza de Park Chan-wook es medida al milímetro, pensada un largo tiempo, disfrutando y saboreando cada momento. El triunfo de lo sutil, exquisito y perfecto. Ver Oldboy es sinónimo de enamorarse del cine en pura esencia, del cine sin concesiones que no interroga con condescendencia, sino con el ímpetu de su pureza.

Brillantez técnica en un drama tenso

Título: O lobo atrás da porta
Director: Fernando Coimbra
Guión: Fernando Coimbra
Fotografía: Lula Carvalho
Año: 2013
Duración: 100 min.
País: Brasil
Productora: Gullane Filmes
Reparto: Milhem Cortaz, Leandra Leal, Fabiula Nascimento, Tamara Taxman, Karine Teles, Antonio Saboia, Thalita Carauta, Paulo Tiefenthaler, Juliano Cazarre
Crítica de @PaulPorcoRosso 

Mi conocimiento sobre el cine brasileño empieza con Ciudad de Dios y termina con Tropa de élite. Dos títulos imprescindibles, sin duda, pero que no han abierto el cine de su país al mercado Europeo, y aún menos al español, y no me insuflaron la suficiente confianza como para culturizarme en la producción cinematográfica del gran país de América del Sur. Fernando Coimbra, director y guionista, es el autor que firma El lobo detrás de la puerta su primer largometraje, demostrando ser un realizador a tener en cuenta en sus próximos trabajos. La historia parte de una premisa bien simple: un matrimonio de clase media baja sufre el secuestro de su hija y en la comisaria declaran cuáles son sus principales sospechosos y todo lo que saben para encontrar a su hija lo más rápido posible. Y si la historia es simple, ni digamos el guión. A nivel de diálogos o motivaciones de sus personajes no es un fuera de serie: todo lo hemos visto antes en algún que otro thriller de secuestros o en algún drama de triángulo amoroso, y si bien tiene un par de escenas impactantes, estas andan perdidas en un mar de mediocridad dramática.
Y entonces, ¿qué tiene de especial este thriller brasileño? La forma tanto técnica como narrativa. Narrativamente, el director y guionista huye de la linealidad: mediante el uso de un montaje brutal (cerca del nivel de Memento, también opera prima) plantea la historia y nos espeta en los morros un flash-back para presentarnos a sus personajes des de sus distintos puntos de vista, las relaciones entre estos y el cómo se ha llegado a las entrevistas en la comisaria. Durante esta vuelta atrás en el tiempo, Coimbrasitúa pistas suficientes como para adivinar cuál será el final de la historia: pone al espectador al frente de la investigación del secuestro, aunque esta se asemeje más a un estudio de personajes que a la investigación del delito en sí. Tan importante es el quién como el porqué. Y al ser una película de relaciones, la química y capacidad interpretativa de los protagonistas es primordial: gracias a Milhem Cortaz y Leandra Leal el affaire amoroso se nos antoja de lo más realista.
Técnicamente, el ingenio de la cinta está en la capacidad del director para interpretar y jugar con el lenguaje cinematográfico. El uso de sombras, posiciones o movimientos de cámara para no mostrar caras de personajes o alejar la cámara de algunas acciones, y largos planos fijos de la escuela Haneke se usan en pos de dar un golpe de efecto final, que será anticipado o no por el espectador dependiendo de lo incisivo que este sea con la historia que el director propone. Pero, pese a su cuidado trabajo visual y talento de Coimbra para narrar las relaciones en pantalla, El Lobo detrás de la puerta no es una innovación en el género thriller, y más que en la intriga por la llegada a buen puerto de la investigación policial (que mantiene una tensión bastante envidiable) se busca profundizar en la relación entre los protagonistas. Una película que pese a demostrar poder hacerlo, no busca los giros inesperados para jugar con la mente del espectador, y puede contar una historia de forma correcta para entretener durante poco más de una hora y media. Si sois capaces de obviar la graciosa musicalidad del idioma en el que hablan los personajes, disfrutaréis (o más bien sufriréis) del drama y la tensión de esta obra de Fernando Coimbra.
Lo mejor: formalidad técnica y conocimiento del lenguaje de Coimbra.
Lo peor: pese a su preciosismo técnico y narrativo, el guión no es nada del otro mundo y se mueve más bien por tópicos.

El Amanecer de los blockbusters veraniegos

Título: Dawn of the Planet of the Apes

Director: Matt Reeves
Guión: Rick Jaffa, Amanda Silver, Mark Bomback
Fotografía: Michael Seresin
Año: 2014
Duración: 130 min.
País: Estados Unidos
Productora: 20th Centurty FOX / Chernin Entertainment
Reparto: Andy Serkis, Jason Clarke, Gary Oldman, Keri Russell, Toby Kebbell, Kodi Smit-McPhee, Enrique Murciano, Kirk Acevedo, Judy Greer
Las secuelas pueden ser una manera de torcer sagas que si se hubieran quedado con la primera película y nada más recordaríamos con cariño y no con odio (como ocurre con la trilogía de The Matrix). Los grandes estudios, en su afán de recaudar más y más dinero, por lo general se olvidan de apostar por autores de calidad para explorar los mundos establecidos por sus primeras partes, y entregan segundas partes más ruidosas, con más acción y con más villanos, normalmente uno o varios peldaños por debajo de la original. Estoy pensando en las segundas partes de Rocky, The Exorcist, Robocop, The Fly y un interminable etcétera. ¿Qué tienen en común todas estas, amén de su ínfima calidad fílmica? Que suponen un cambio de director respecto a sus maravillosas correspondientes primeras partes. Con Rise of the Planet of the Apes, Rupert Wyatt hizo un trabajo muy correcto, retomando el camino de la franquicia original (esa en la que éramos incapaces de apartar la mirada del ‘pecho lobo’ de Charlton Heston mientras maldecía a los humanos y a las guerras*) y enterrando definitivamente en el olvido ese desastroso intento de remake/reboot de Tim Burton. Pero no preocuparse. Matt Reeves aquí es Irvin Kershner, y Dawn of the Planet of the Apes su The Empire Strikes Back.
La acción se sitúa diez años después de los acontecimientos del filme de Wyatt. El virus ALZ-113 ha seguido evolucionando a los simios y matando a una gran cantidad de seres humanos. En San Francisco, una pequeña comunidad inmune a la enfermedad sobrevive como puede con una leve tregua de paz con los simios liderados por Cesar (Andy Serkis), que han hecho de los árboles y el bosque su casa: los humanos no van al bosque, y los simios no van a la ciudad. Un pacto de no agresión que se romperá cuando los humanos manden un grupo encabezado por Malcom (Jason Clarke) para arreglar una presa hidroeléctrica y así conseguir luz para su poblado. Pese a que parece un paso más hacia la tolerancia entre las dos especies, esta intromisión humana en la comunidad simia pondrá a ambos bandos al borde de una Gran Guerra entre las dos especies…

En 1968, la Academia premió a Planet of the Apescon la estatuilla al Mejor Maquillaje. Merecida, evidentemente. Con los medios de finales de los sesenta se consiguieron unas prótesis y unas máscaras tremendamente realistas dignas de mención. Pero 2001: A Space Odyssey (del mismo año y también con la presencia de hombres disfrazados de simios en ella) fue ignorada en las nominaciones a esa categoría por dos razones. Primero, porque que Kubrick hubiera rodado con simios de verdad era una posibilidad, conociendo al director. Y segundo (y más importante por el punto al que quiero ir a parar), la increíble calidad del maquillaje hizo pensar a los académicos que los simios eran reales. Algo similar podría ocurrirle a Dawn…, que cuenta con unos efectos especiales tan espectaculares que consiguen helar la sangre con expresiones faciales simiescas que se antojan reales, así como la física de movimiento del vello corporal. Increíble.
Dawn… es algo así como un western post-apocalíptico (Cesar y sus compañeros simios andan abiertos de piernas, con las manos a los lados, y Matt Reeves nos muestra primerísimos primeros planos de sus ojos, además de la obsesión de todos por las armas) que habla sobre el mal que carcome nuestra sociedad: la intolerancia. La incapacidad de olvidar rencillas del pasado. La hostilidad y desconfianza contra y en otro grupo. Los simios han evolucionado desde Rise…, y su aumento en la capacidad de razonamiento lógico es evidente. La maldad es una cualidad inherente a cualquier mente consciente: aunque esté en los albores de la conciencia. “Ape not kill ape” (“Simio no mata a simio“) es la frase que le suelta Cesar a Koba: mentira. La humanización nos vuelve, valga la paradoja, a la etapa más primitiva de nuestro ascenso evolutivo. La completa escritura del guión sitúa personajes a lo largo del pantone de grises en ambos bandos. Cada simio tiene su correspondiente humano, y viceversa. Koba y Dreyfuss (el algo desaprovechado Gary Oldman) son ambos seres que han perdido mucho en el conflicto, y con ello la fe en el mundo y las ganas de arreglar las cosas con la otra especie. Así como Cesar y Malcom, ambos abanderados por su especie como casi líderes, y con una familia que cuidar.

En respecto a las actuaciones, con esta película Andy Serkis completa otra magnífica interpretación (la enésima) tras el traje de puntos blancos. Su dedicación y comprensión total a y del personaje se hacen evidentes en cada uno de los fotogramas de la película. Como compañero de fatigas del simio protagonista (y principal antagonista de la película), tenemos a Koba, interpretado también con muchísima intensidad por Toby Kebbell. El sector humano se mantiene en la corrección, con mención especial para Clarke, que pide a gritos más papeles protagonistas. En los apartados técnicos, catalogar a Michael Giacchino como el nuevo John Williams es dar un paso demasiado al frente teniendo en el panorama sonoro a genios como Desplat, Zimmer, Shore, Elfman o Vangelis, pero su calidad es innegable y si ya nos emocionó con la banda sonora de Lost, la de Dawn… es un avance de ficha en su brillante futuro en el mundo del cine.
En una época en que los blockbusters de verano están cada vez mejor dirigidos y escritos, Dawn of the Planet of the Apes es el rey de todos ellos. Trasciende a su argumento de un mundo post-apocalíptico para hablar de agresividad e intolerancia entre dos grupos sociales y dentro de estos. Una delicia imperdible. Uno de los mejores estrenos en lo que va de 2014.
Lo mejor: personajes e interpretaciones principales, el trabajado guión, y la cámara de Matt Reeves.
Lo peor: Gary Oldmanestá algo desaprovechado.
* En su versión original la frase era: “Ah, damn you! God damn you all to hell!(se traduciría más o menos como: “¡Malditos! ¡que Dios os mande a todos al infierno!”)

Impresionante blockbuster con alma

Título: Dawn of the Planet of the Apes

Director: Matt Reeves
Guión: Rick Jaffa, Amanda Silver, Mark Bomback
Fotografía: Michael Seresin
Año: 2014
Duración: 130 min.
País: Estados Unidos
Productora: 20th Centurty FOX / Chernin Entertainment
Reparto: Andy Serkis, Jason Clarke, Gary Oldman, Keri Russell, Toby Kebbell, Kodi Smit-McPhee, Enrique Murciano, Kirk Acevedo, Judy Greer

Crítica de @PauGarcia179
El otro día leía un interesante artículo de Cinemanía en el que alertaban del peligro de que los directores más talentosos del momento se pasasen al blockbuster después del caso de Edgar Wright, quién abandonó ‘Ant-man’, el proyecto en el que llevaba cinco años trabajando, por “diferencias creativas” con Marvel. Disney, en su proyecto galáctico de inundar las carteleras de películas de Star Wars hasta que el producto se agote, tiene la intención de estrenar tres secuelas de la antigua trilogía y varios spin-offs, misión para la cual ya ha fichado algunos de los más jóvenes e interesantes cineastas de la actualidad: Josh Trank, Gareth Edwards y Rian Johnson. La pregunta que el artículo lanzaba al aire era, pues: “¿no nos estaremos perdiendo grandes películas con el talento concentrado en productos prefabricados?”. Matt Reeves, director de ‘Cloverfield’ y del remake de ‘Let Me In’, parece responder con un tajante NO a la pregunta con el filme que hoy estrena en nuestro país: ‘Dawn of the Planet of the Apes’

El final de ‘Rise of the Planel of the Apes’ (SPOILER de la precuela) nos dejaba con ese virus que hacía más inteligente a los simios y mataba a los humanos expandiéndose por todo el mundo. Diez años después de aquello, empieza la narración en el nuevo filme de Matt Reeves, con algunos supervivientes humanos y los simios haciéndose con la supremacía del planeta. 
Matt Reeves demuestra que se pueden hacer grandes películas sin tener que bajar la cabeza y resignarse a crear un producto prefabricado mutando, como siempre solemos pensar, en un simple artesano que conjuga las piezas para obtener un correcto producto final. Aunque negásemos los méritos artísticos de Reeves (algo imperdonable, según mi punto de vista), tendríamos que admirar al director “solo” por su impresionante elaboración, planificación y trabajo que hay tras las imágenes de ‘The Dawn of the Planel of the Apes’. Porque estamos hablando de una película protagonizada principalmente por simios proyectados a partir de CGI en base a los movimientos de los actores. En cada escena, en cada plano, vemos la labor de Reeves para que todo esté perfecto, cada detalle, cada personaje, con unas espectaculares escenas de acción que nos hacen olvidar los prejuicios contra el blockbuster y nos hace disfrutar de puro entretenimiento. Pero además, Reeves consigue imprimirle alma a la película y hacer compatible cierta profundidad con la perfección técnica. La personalidad del artista con la maestría del artesano. Porque puede que haya explosiones, ruido y acción a raudales, pero bajo esa superfície hay cierto idealismo por la paz que los amigos ultraconservadores de la Asociación Nacional del Rifle confunden -con mi más sincera preocupación por su estado mental y nivel intelectual- con una  conspiración en contra de la tenencia de armas en Estados Unidos. Aclaramos a nuestros amigos de la NRA (siglas en inglés) que las armas matan, y que, vaya como son las cosas, el diálogo es una alternativa sensata (algo utópica, a estas alturas de la historia de la humanidad) a la lucha armada.

El director, con esta extraña mezcla entre profundidad y comercialidad (que Aronofsky ya probó en ‘Noah’) marca el camino a seguir a los Josh Trank, Rian Johnson y compañía, que se enfrentarán al difícil reto de crear una obra más comercial sin renunciar a su personalidad. Y del éxito en taquilla de ‘Dawn of the Planet of the Apes’ también tendrían que tomar nota las grandes productoras: si dejan espacio para la libertad creativa del cineasta, esto repercutirá positivamente en su beneficios. 
Hablaba de la genialidad de Matt Reeves, pero si hay que destacar otro nombre propio de esta película es sin duda el de Andy Serkis. Es muy fácil decir que es todo CGI, que no tiene tanto mérito como una interpretación normal. Después de ver esta película, cualquier persona en su sano juicio dudaría de esta afirmación, porque la actuación de Serkis es impresionante. Cuando César aparece en pantalla, brilla por encima del resto de personajes, sean simios y humanos, se hace grande y lo vemos, paradójicamente, como el personaje más humano y expresivo de toda la narración. El resto de reparto (Jason Clarke, Gary Oldman, Keri Russell) cumple intentando no resultar invisibles al lado de Andy Serkis.  
The Dawn of the Apes’ es el mejor blockbuster en años,  una extraña película que aúna profundidad con espectáculo y que se revela como inesperada guía sobre como hacer una buena superproducción desmarcándose de los esquemas prefabricados, de los diálogos ridículos, de las situaciones inverosímiles y del más absoluto de los vacíos artísticos.

‘Noah’, de autores adaptando epopeyas bíblicas

Crítica/análisis de @PaulPorcoRosso
Antes de que empecéis a leer, que sepáis que esta crítica/análisis está repletita de spoilers. Aunque spoiler de un libro que fue escrito hace más de dos mil años… Anda que no habéis tenido tiempo de leerlo (o como mínimo informaros), vagos, que sois unos vagos. Que os esperáis a la película para todo.
Siempre he pensado que la Biblia es el libro más completo de la historia de la literatura. No me refiero a su valor de adoctrinamiento y generación de nuevos adeptos para la religión que se tercie, sino que hablo del valor más puramente literario. En la narración abundan fratricidios, parricidios y matricidios, coprofagia, torturas, sexo, incestos, incontables romances, y mensajes de amor y paz, pero también de miedo y desesperación. Su adaptación al cine en manos de un experto autor será siempre cuanto menos una experiencia interesante: ahí están clásicos mastodónticos como Il Vangelo secondo Matteo de Pier Paolo Pasolini(por cierto, ateo declarado) o cualquiera de las épicas adaptaciones de Cecil B. De Mille (míticas por sus reposiciones constantes en Semana Santa), y la más moderna The Passion of the Christ de Mel Gibson (que levantó ampollas en ateos y cristianos).
Noah sigue la estela de todas las películas de Aronofsky, tratando la obsesión de su personaje protagonista. Noé es un hombre obsesionado con cumplir la voluntad de Dios pase lo que pase, no importa quién se interpone en su camino. Aronofsky se pega a la espalda de su protagonista. Le acosa, le interroga. Le trata como un amigo, como un compañero. Como si el largometraje fuera una manera de conocerle mejor, responder las preguntas que siempre se han tenido sobre él. Y el protagonista vive. Siente, padece, sueña. Y escucha los mensajes de su Creador, el único ante el que tiene que responder. Noé es descendiente de los primeros hombres, y respeta las doctrinas que le han transmitido de generación en generación. Vive bajo ese dogma, con la esperanza de que el ente Creador (Aronofsky no usa en ningún momento la palabra “Dios“) le perdone los pecados de su gente y tarde o temprano le deje volver al paraíso. Y eso es efectivamente lo que ocurre. Se le transmite a Noé mediante un sueño poco claro que el mundo está demasiado corrompido, que los hombres no aprecian a su Creador, no intentan redimirse de sus pecados y que la única manera de salvar la humanidad es con agua, porque el agua limpiará sus errores. Pero hay seres que no merecen esta suerte. Como los animales. Todo lo que vuela. Todo lo que se arrastra, repta y serpentea. Elefantes, antílopes, perros. Noé deberá construir un arca de madera enorme de dos pisos con la ayuda de los Ángeles Caídos (que también buscan redención de su Creador), de su sufrida esposa y de sus tres hijos (a los que se les reduce la edad respecto al relato bíblico), y refugiarse en ella junto a su familia cuando el cataclismo acuático llegue.
La primera borrachera de la historia. Por ende, la primera resaca y los
primeros arrepentimientos…
Poco a poco, y con mucha épica de por medio (como la lucha entre Hombres y Ángeles Caídos), Aronofsky retrata las motivaciones de Noé, que solo busca cumplir la voluntad de su Creador. Motivaciones que con el paso del tiempo se convierten en una psicosis paranoide: llega a la conclusión de que nadie merece ser salvado, ni él mismo. Noé sólo ha sido usado para que los animales, que sí respetan la Tierra que les ha otorgado, puedan salvarse, y la humanidad merece extinguirse con el último de los hijos de Noé. Este descenso mental a los infiernos del judío evidencia sus carencias como hombre. Y esa es la parte más importante del relato: Noé es sólo un hombre. Un hombre con fe. No es un héroe, ni un Dios, sólo el hombre adecuado para la tarea que se le encomienda. Vive con la pureza más absoluta intentando redimirse de los errores de sus ancestros. Y eso le convierte en el indicado para el trabajo sucio.

No has visto llover hasta que ves Noah.

Noé no está solo en este relato. Su mujer Emzara, sus hijos CamSem Jafet, y la adoptada Ila le acompañan durante toda la acción. Emzara aguantando sus delirios y apoyándole en todas sus decisiones como mujer sufrida, Ila Sem tratando de mantener su relación pese a la infertilidad de ella, y Jafet pululando por ahí como uno más, pero sin intervenir demasiado en el desarrollo de la trama (es el más joven de los tres). Y CamCam es la encarnación del mal de los Hombres en la familia de Noé. Pero ¿porqué? En realidad, por culpa de NoéNoé, obcecado con el mal de los Hombres y después de haber visto sus rituales y sus actos entre impuros e inhumanos, le entra en la cabeza que ni él mismo debe ser salvado por el Creador (pues se ve reflejado en la maldad humana debido a su obsesión por cumplir los deseos de Dios), y por lo tanto sus hijos no deben tener descendencia. Un golpe demasiado duro para Cam, adolescente en la película, que anhela sobre todas las cosas hallar lo que su hermano Sem ha encontrado: el amor. Y eso genera odio hacia su padre, odio que se incrementa con la ayuda de Tubal Caín (líder de los Hombres y primo de Noé) que lo que busca es el amor de su Creador.

Noé ve los pecados de los Hombres. Como es cercano al infierno en
la Tierra, todo está en llamas.
Está claro que Noé es el máximo protagonista de la cinta, lo que no está tan claro es quién es el antagonista principal. El mismo Noé es el primero: como protagonista, su primera lucha es interna con él mismo, su fe contra su corazón, la obsesión por contentar a su Creador contra el amor que siente por su familia. Otro es Tubal Caín, su némesis externa, más evidente. Este quiere ser Noé, su pecado es la envidia. La envidia y que es el líder de una sociedad que repudia a su Creador por haberles confinado en la Tierra y haberles echado del Paraíso. Descendiente del mismo Caín, ese hombre despreciable que traicionó a su propio hermano, no comprende porque su señor le ha abandonado, porqué no quiere que los suyos se salven. No ve en su forma de vivir la vida una traición al Creador, y eso le sentencia a la muerte por agua. Se va a limpiar su maldad mediante la muerte. Porque Tubal Caín es la maldad personificada. Cuando consigue colarse en el arca y se encuentra con Cam (que acaba de perder a la que hubiera sido su futura mujer por culpa de su padre), este le enseña la maldad al hijo de Noé. Le muestra la venganza, la traición. El método de salvación de la humanidad corrompido por la entrada del Mal en sí mismo.
Matusalén salió de su cueva.
El personaje más misterioso (a la par que importante) del filme es sin duda Matusalén, el abuelo de Noé. Aparece poco, pero cuando lo hace es crucial para hacer avanzar la trama y ayudar a Noé, como un anexo del Creador asentado en la Tierra. Él ayuda a Noé a aclarar sus visiones, le da a este una semilla del paraíso para hacer crecer árboles para construir el arca, y (cuando Emzara se lo pide) le devuelve a Ila la capacidad de engendrar, asegurando así la supervivencia de la humanidad. Tres actos cruciales dignos de un enviado del Creador a la Tierra, ¿no? Un hombre que lleva vivo tanto tiempo acorde con la naturaleza que es capaz de obrar milagros. Gracias a él, además, los Ángeles Caídos (o Vigilantes) ayudan a Noé a construir el arca, y con ello, estos se ganan otra vez la entrada en el cielo. El círculo cerrado: error, penitencia, perdón y redención.

Para los que no conozcan a Aronofsky, igual se quedan sorprendidos con el derroche tanto técnico como narrativo que es Noah, pero a los ya experimentados en su filmografía no les sobresaltará un pelo. La contención no es plato de buen gusto para el autor de Nueva York. Y aquí abundan los montajes nombrados “hip-hop” típicos de su cine, las magníficas partituras de Clint Massell y, como ya he contado ampliamente, su temática habitual. Aronofsky 100%. Bueno. Quizás, la principal diferencia con las anteriores obras del neoyorkino es que el monstruo interior que se concibe dentro del personaje protagonista y le persigue durante toda su vida no conduce en este caso a Noé ni a la locura (como en Black Swan, Pi, Faith in Caos) ni a la muerte (como en Requiem for a Dream, The Wrestler), sino a la redención y por lo tanto eliminación de dicho monstruo.
Otra muestra del poderío visual de Noah.
La confección de este Noé débil en su grandeza tan sumamente humano en esta entrada de los demonios a su psique corre a cargo de un maravilloso Russel Crowerecuperándose del bache que fue Man of Steel con esta medida contención de la sensibilidad que define a la perfección al personaje. Emma Watson, Jenifer Connelly, Logan Lerman, Anthony Hopkins. Todos estos nombres de sobra conocidos cruzan por el metraje y aportan un plus de calidad y credibilidad con sus actuaciones como Ila, Emzara, Cam y Matusalén respectivamente. En realidad sólo Douglas Booth, que interpreta a Sem (el personaje peor definido de la cinta junto a Jafet), se queda un poco atrás en las geniales actuaciones de sus compañeros y compañeras. Y Ray Winstone, que en algunos momentos se pierde en el exceso de un personaje difícil de interpretar. En el apartado visual, la incansable ayuda de Matthew Libatique le sirve como siempre a Aronofskypara devolverle a la superproducción un toque autoral, y dota a las localizaciones, a los escenarios y objetos de una magia propia. Su juego con sombras, contraluces y colores extremos y vivos es otro de los grandes puntos a favor de Noah.
Matthew Libatique se mantiene en el nivel de calidad esperado.
Y más o menos eso es todo lo que tengo que decir sobre esta mastodóntica superproducción de autor. El otro día @PauGarcia179 me comentaba que la “fuga de cerebros” de grandes directores contratados para dirigir películas de la saga de Star Wars que se está retomando ahora con J. J. Abrams, podía significar que nos estábamos perdiendo grandes obras por tener a estos autores dirigiendo blockbusters. No podría estar más en desacuerdo. El fichaje de estos autores (entre los que se encuentran Gareth Edwards, Josh Trank y Rian Johnson) es una muestra de genialidad por parte del CEO de Disney. Por fin los descarados presupuestos de las producciones de verano serán usados para hacer algo digno de su precio. La revolución del blockbuster de calidad ya ha llegado (Dawn of the Planet of the Apes, la increíblemente bien dirigida Godzilla), y se hará fuerte con Star Wars: el modelo Michael Bay ha muerto (más grande, más rápido, más ruidoso). Noahes una película basada en la Biblia, sí. Pero no debe echar para atrás a los que, como yo, son ateos. Ante todo, Noahes cine, y además, cine en mayúsculas. Una de las primeras historias de ciencia ficción de la humanidad, recontada por un autor magnífico.

Título: Noah
Director: Darren Aronofsky
Guión: Darren Aronofsky, Ari Handel
Fotografía: Matthew Libatique
Año: 2014
Duración: 138 min.
País: Estados Unidos
Productora: Paramount Pictures / New Regency
Reparto: Russell Crowe, Jennifer Connelly, Emma Watson, Anthony Hopkins, Ray Winstone, Logan Lerman, Marton Csokas, Dakota Goyo, Douglas Booth