RETROSPECTIVA Hermanos Coen: Larry Gopnik y la cuadratura del círculo virtuoso

Rodada íntegramente en Minnesota, los hermanos Coenbuscaban como localización para esta película un vecindario similar al de St. Louis Park de mediados de la década de los sesenta. A caballo entre la fábula autobiográfica y la reinterpretación del Libro de Job, A Serious Man no fue en su momento un éxito rotundo (sin llegar a ser tampoco un fracaso), debido a su escasa promoción y su estreno muy limitado. Vuelve a colaborar por décima vez con los Coen (tras su ausencia en Burn After Reading) el director de fotografía Roger Deakins. En los cines, se acompañó de un cortometraje previo, que lleva una estrecha relación simbólica con el filme en sí. En los títulos de crédito finales aparece la frase: “Ningún judío resultó herido durante la realización de esta película”.
En un tiempo indefinido en un pueblo de Polonia, una pareja de judíos dejan entrar a su casa al rabino Groshkover, hasta que empiezan a sospechar que éste ha muerto y le ha sustituido un dybbuk (demonio judío). En el año 1967, y en el medio-oeste americano, Larry Gopnik (Michael Stuhlbarg) ve como su vida se derrumba de golpe y porrazo: siempre ha sido un hombre bueno, un marido fiel, un padre ejemplar, y un profesor brillante, pero un buen día su mujer le deja y le confiesa que tiene un amante, que le convence para dejar el domicilio conyugal y se mude a un hotel, recibe anónimos que le acusan de traición a la Universidad donde trabaja, su hermano jugador se va a vivir con él… Todo se desmorona a una velocidad vertiginosa, al mismo tiempo que esta gran broma divina nos arranca sonrisas y carcajadas a partes iguales.
Michael Stuhlbarg la divertida mezcla entre Joaquin Phoenix y Tony
Shalhoub
Podría hablar del maravilloso cast de actores, de la preciosa fotografía de Deakins, del magnífico guión, o de los divertidos anacronismos musicales presentes en el filme, típicos del que cuenta una historia pero mezcla varias. Pero no, en A Serious Man lo verdaderamente importante es el humor del que los hermanos Coen hacen gala. Un humor que me gusta llamar (sin ánimo de ofender a ningún lector) “humor judío”. El “humor judío” es la respuesta de un pueblo históricamente muy culto a una trayectoria llena de grandes putadas. Siempre se ha relacionado el humor con la inteligencia de manera muy directa: es difícil manejar sarcasmo e ironía sin un mínimo de raciocinio, y ambas virtudes de la comedia son dominadas por Joel y Ethan con absoluta maestría. Para el pueblo judío, que Moisés muera justo antes de llegar a la Tierra Prometida es una gran broma cósmica: humor negro a nivel de deidad. Para los Coen, cabe sumar a esa divinidad humorística el héroe, que en sus películas se nos presenta como medio genio, pero a la vez medio loco, y un perdedor al fin y al cabo.
…there’s a storm coming like nothing you’ve ever seen and not a one
of you is prepared for it.
” –Take Shelter, 2011
Así es exactamente cómo se forma la comedia alrededor de Larry Gopnik: un brillante profesor de física (medio genio), pero a la vez con la inteligencia emocional de una patata (medio loco), revive el mito bíblico de Job (revisitado y actualizado), para acabar siendo, al fin y al cabo, un perdedor como todos los demás.
Lo mejor: imperdible obra maestra, la más infravalorada de las grandes películas de los hermanos Coen. La fotografía, el guión, los tres diferentes rabinos que se cruzan con Gopnik. Todo.
Lo peor: puede que le cueste un poco arrancar, y que el cortometraje previo deje al espectador con cara de tonto. Dale una oportunidad y disfruta.

P.S.: aquí tenéis mi lista enFilmaffinity de lo mejor del año 2009, en la que A Serious Man ocupa el imponente primer lugar.


Título: A Serious Man
Director: Joel y Ethan Coen
Guión: Joel y Ethan Coen
Fotografía: Roger Deakins
Año: 2009
Duración: 105 min.
País: Estados Unidos
Productora: Focus Features / Working Title Films

Reparto: Michael Stuhlbarg, Richard Kind, Fred Melamed, Sari Lennick, Adam Arkin, Aaron Wolff, Jessica McManus, Simon Helberg, George Wuyner, Fyvush Finkel
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Un servidor se sube al tren de Bong Joon-ho

Título: Snowpiercer
Director: Bong Joon-ho
Guión: Bong Joon-ho, Kelly Masterson (basado en la novela gráfica de Jaques Lob y Jean-Marc Rochette: Le Transperceneige)
Fotografía: Hong Kyung-pyo
Año: 2013
Duración: 125 min.
País: Corea del Sur
Productora: Coproducción Corea del Sur-EEUU; Moho Films / Opus Pictures
Reparto: Chris Evans, Song Kang-ho, Tilda Swinton, Jamie Bell, Octavia Spencer, Ewen Bremmer, Ko Ah-sung, John Hurt, Ed Harris, Alison Pill, Luke Pasqualino, Steve Park, Adnan Haskovic, Clark Middleton, Paul Lazar
Snowpiercer supone el primer filme en inglés del director surcoreano Bong Joon-ho, con sólo siete filmes en su haber, pero toda una reputación ganada a pulso. El realizador de las grandes obras Memories of Murder y The Host, cuenta en este filme con la ayuda de un plantel de actores de renombre de muchos rincones del mundo: Chris Evans, Jamie Bell, Song Kang-ho, John Hurt o Ed Harris son unas de las muchas caras conocidas que plagan el metraje.
Es el año 2014, y el calentamiento global ha llegado a un punto crítico, tan crítico que científicos de todo el mundo trabajan en una solución rápida al problema. Rápidamente encuentran una sustancia que lanzada a la atmosfera hará disminuir la temperatura hasta la perfecta para la vida, pero debido al poco tiempo con el que se ha trabajado, el experimento sale mal y el mundo se ve sumido en temperaturas típicas de una nueva era de hielo. Los pocos supervivientes de la Tierra viven todos en el Snowpiercer, un tren de movimiento eterno que atraviesa todo el mundo en un recorrido de exactamente un año de duración.
El desolador paisaje de una Tierra helada por los propios actos humanos.
Qué suerte tenemos de que Bong Joon-ho, paseara una tarde de 2004 por Seoul (durante la preproducción de The Host) hasta entrar en su tienda de comics habitual. Digo qué suerte, porque allí fue donde encontró la novela grafica del francés Jean-Marc Rochette, Le Trasperceneige, cuya historia le atrapó e hizo que su amigo y compañero de profesión Park Chan-wook leyera hasta quedar convencido de comprar los derechos para Bong. Qué suerte tenemos también de que el encargado de llevarla al cine, el mismo Bong, no la haya convertido en un panfleto pro-yanqui de tres al cuarto (pese a la batalla que ha mantenido con Weinstein, empeñado en recortar metraje), sino en una cinta de ciencia ficción distópica alejada de los cánones, uno de esos raros blockbusters de autor (el año pasado tuvimos Pacific Rim de del Toro, hay quién le gustó más, hay quien menos).
Snowpiercer atestigua que el mercado cinematográfico surcoreano está en alza. ¡Y de qué manera! El portentoso plantel de cineastas nacidos y criados en Corea del Sur poco o nada tienen que envidiar a cineastas de talla mundial estadounidenses: Na Hong-jin, Kim Ki-duk, Kim Ji-woon o los mismos Park Chan-wook (quién figura como productor de la pieza) y Bong Joon-ho son cinco de los muchos que hay en un mercado aún por descubrir aquí en occidente.
Fotograma de la (maravillosa) lucha con hachas.
Pero vamos al filme. Lo realmente interesante de Snowpiercer, más allá de ser un filme de impecable factura técnica (decorados, efectos especiales, maquillaje, vestuario, todo funciona a la perfección), ciencia ficción distópica de la más pura y acción excelentemente bien rodada, la idea de gente clasificada por su extracción social luchando por su supervivencia es macabra y a la vez maravillosa. El filme destaca sobre todo por la crudeza de sus imágenes, y unas actuaciones portentosas de todo el plantel, entre los que destacaría al siempre magnífico (y actor fetiche de Bong) Song Kang-ho, a un sorprendente Chris Evans, y una histriónica Tilda Swinton que transmite una mezcla extraña de odio y simpatía hacia su personaje.
Con su retorcido sentido del humor (negro, negrísimo), la belleza poética en la representación de sangre y violencia, su magnífico diseño de producción, y una dirección frenética, la personalidad del realizador no se ve manchada ni lo más mínimo. Su narrativa se mantiene intacta, y consigue impactar con imágenes duras al espectador, haciéndole reflexionar sin pretender dar un sermón. De Bong Joon-ho nos teníamos que esperar lo mejor, y las expectativas se cumplen.
Lo mejor: la escena en el vagón de las saunas y la de la lucha con hachas (deudora en cierta manera de Park Chan-wook y el plano-secuencia de Oldboy), amén del perfeccionismo técnico del filme.
Lo peor: flaquea un poco al final en un derroche de sensiblería. Aún así, el viaje merece mucho la pena.

NO ESTRENOS: El Cant dels Ocells (la película, no la canción)

Título: El Cant dels Ocells
Director: Albert Serra
Guión: Albert Serra
Fotografía: Jimmy Gimferrer, Neus Ollé (B&W)
Año: 2008
Duración: 98 min.
País: Espanya
Productora: Andergraun Films / Eddie Saeta / TV3
Reparto: Victòria Aragonés, Lluís Carbó, Mark Peranson, Lluís Serrat Batlle, Lluís Serrat, Montse Triola

Albert Serra es un director catalán de indiscutible humildad (“El mundo es mejor gracias a mí” o “Yo soy un bien de la humanidad”) que ha demostrado en numerosas ocasiones su admiración por las grandes leyendas del cine (“Hay un director que aún es peor que Kubrick: se llama Francis Ford Coppola“) y su respeto por los actores (“Os sugiero que enviéis a los actores a Guantánamo por el bien de la Academia y de la humanidad”. Ganó el Premio Leopardo de Oro en el Festival de cine de Locarno por ‘Historia de la meva mort’ pero es más conocido por las perlas que va soltando, aunque para ser sincero yo me río bastante con sus entrevistas. Tampoco hay que tomarse en serio todo lo que dice, estoy seguro que es un buen tipo con un gran sentido del humor.

La película de la que hoy hablamos, ‘El Cant dels Ocells’ es, según palabras del propio director, “en cierto sentido bastante simple, cuenta lo que dicen esas tres frases de la Biblia: unos Reyes Magos que llegan a un sitio, que parece ser el Portal de Belén, y se van.”

‘El Cant dels Ocells’ está rodada en blanco y negro y con luz natural, lo cuál es toda una declaración de intenciones. El filme está compuesto por planos fijos sin apenas movimiento de cámara (alguna panorámica, pero poco más) que duran mucho más de lo que estamos acostumbrados, lo cuál no es malo, pero llega un punto en el que el espectador ya se ha cansado de ver más de lo mismo con los personajes alejándose eternamente de la pantalla. Podría recordar, por lo que tiene de viaje por un desierto, a la notable ‘Gerry’ de Gus Van Sant (película que mejoraría si Van Sant prescindiera de cierto travelling de seguimiento de 10 minutos y otro circular alrededor de Casey Affleck), pero mientras ésta puede ser lenta pero no aburrida, la obra de Albert Serra es deliberadamente pesada y tediosa, como queriendo desafiar al espectador para ver si aguanta todo el film. 
Pero no todo es tan malo en ‘El Cant dels Ocells’. Albert Serra nos presenta los tres reyes más simpáticos y campechanos de la historia (bueno, quizás no tanto como nuestro querido monarca, que se va tranquilamente a cazar elefantes y se disculpa con su pueblo como un niño de 10 años) que a mí me hacen mucha gracia. Me encantan sus conversaciones, absolutamente marcianas y surrealistas, que me hacen estallar en sonoras carcajadas. No estoy seguro de si el humor es algo buscado por el director, si me río por su patetismo o si es que tengo un extraño sentido del humor, pero yo la verdad es que pasé un buen rato escuchando a estos tres reyes, que son tan mágicos o sabios como el mismísimo tonto del pueblo. 
Ese viaje de nuestros afables monarcas se combina con otros tediosos planos fijos de María, José… y una pobre oveja. Toda la parte en la que se muestra la rutina de José y María, no aparece el niño Jesús, sólo aparece esta adorable oveja, y durante el visionado del filme  me pregunto absurdamente si Albert Serra nos ofrecerá un golpe de surrealista genialidad convirtiendo al niño Jesús en oveja, pero me llevo una enorme decepción en el momento de la emotiva adoración cuando aparece el niño Jesús, en perfecta forma humana. Otra cosa curiosa es que José le habla a María en hebreo, y ésta le responde en catalán, sin que ello suponga ningún problema de incomunicación, evidentemente, porque al fin y al cabo, el hebreo y el catalán son tan parecidos entre sí como el cine de Michael Bay y el del mismo Albert Serra (aunque preferiré mil veces, y ahora lo digo con total sinceridad y ni una gota de sarcasmo, el cine de Serra al pseudocine de Bay). Pero no hay ningún tipo de explicación artística o simbólica en la decisión de utilizar el hebreo, es solo un capricho de un director demasiado convencido de su grandeza.


‘El Cant dels Ocells’
es una obra radical, pero su autor confunde radicalidad con genialidad. Tiene imágenes de gran belleza (más por el paisaje que por otra cosa), momentos cómicos y una escena de la adoración de gran emotividad (gracias a la música de Pau Casals), pero todo esto no es suficiente para levantar una película que intenta ser mística y acaba siendo absolutamente delirante y paródica. 
Lo mejor: las hilarantes conversaciones de los reyes, la fotografía en blanco y negro, la música de Pau Casals y el intento de hacer algo genial y radical (aunque sólo consigue lo último)
Lo peor: el capricho del hebreo, el tedio que produce, el fallido intento de darle un aire de mística o espiritualidad 

La sangre-CGI y el torso de un hombre desnudo, de Zackdominal Snyder

Título: 300: Rise of an Empire
Director: Noam Murro
Guión: Zack Snyder, Kurt Johnstad (basado en la novela gráfica ‘Xerxes’ de Frank Miller)
Fotografía: Simon Duggan
Año: 2014
Duración: 102 min.
País: Estados Unidos
Productora: Atmosphere Entertainment MM / Cruel & Unusual Films / Hollywood Gand Productions / Legendary Pictures / Warner Bros. Pictures
Reparto: Sullivan Stapleton, Eva Green, Rodrigo Santoro, Lena Headey, Jack O’Connell, Andrew Tiernan, David Wenham, Callan Mulvey, Andrey Pleavin, Yigal Naor, Ashraf Barhom, Vincent Walsh, Steven Cree, Trayan Milenov-Troy, Andrei Claude, Peter Ferdinando, Mark Killeen, Peter Mensah
300: Rise of an Empire es la continuación de 300, película basada en un cómic que narraba bajo el prisma de la mirada de Frank Miller la batalla de las Termópilas entre 300 espartanos (+1) y el ejército Persa de Xerxes. Empire no es ni una precuela, ni una secuela, ni un spin-off de 300, sino todo a la vez, pues narra hechos del antes, del durante, y del después de la batalla de la Termópilas. Es la siempre interesante versión de Miller sobre las segundas Guerras Médicas.
Si de 300 se habló de novedad por su estilo más próximo al cómic, lo que se le puede echar en cara a Empire es la falta de originalidad: vuelven las mismas texturas, vuelve la cámara lenta, vuelven las batallas de hombres buenos contra seres muy malvados. Hasta la estructura es parecida a la de 300, y algunos secundarios recuerdan a los de la película de 2006. Lo único que es realmente sorprendente es que tras la cámara no se encuentre Zack Snyder (que se encarga del guión y de la producción del filme), sino el novato Noam Murro. Novato que o bien saca un cálco perfecto del estilo de Snyder por su propia voluntad, o bien lo hace bajo las directrices del propio Snyder que aboga por la continuidad. Ambas opciones igual de válidas que ‘aburridas‘.
‘You fight harder than you fuck’, es la respuesta de Artemisa al acoso
mediante espada de Temístocles. Sin duda la mejor frase del filme.

Empire es un combate de boxeo, con sus dos respectivas esquinas. En el lado azul (el rojo quedó reservado a los espartanos que aquí hacen su escueta aunque importante e impresionante aparición), los atenienses, liderados por Temístocles, ateniense de corazón y bravura espartanos, el más habilidoso con la espada, magnífico estratega y héroe de la batalla de Maratón, y ante todo un patriota de verdad, de los que ya no quedan. De los que aman a su patria por encima de todas las cosas y están dispuestos a morir por la causa de una Grecia pura y libre. No tan carismático como Leónidas, dicho sea de paso, empresa a la que tampoco ayuda el actor que le interpreta, Sullivan Stapleton.
Y en el lado negro (repiten ocho largos años después), los persas, liderados por un Xerxes que, al contrario que en 300, es visto como una marioneta de la verdadera maestra de ceremonias de la velada: Artemisa, comandante nacida en Grecia, con sangre griega pero criada bajo el implacable yugo de la sed de venganza y el Imperio Persa del rey Darío. Es lo que podríamos llamar una perra sucia y rastrera, que lucha por sus propios intereses de sed de venganza y ansia de un mayor poder. Un Rodrigo Santoro que repite pero no sorprende y una Eva Green, que hará las delicias del espectador palomitero a la busca del destape que esta actriz siempre acaba protagonizando, son los encargados de interpretar al Rey Dios (o Dios Rey, no sé muy bien cómo va la cosa) Xerxes y a la tirana Artemisa.
Sullivan, quítate el casco y enfádate con Eva.
Un combate que se antoja sin cuartel (y esta vez pasado por agua) y que promete, en definitiva, más sangre-CGI, más sudor, más torsos desnudos mostrando potentes abdominales de gimnasio, más cámara lenta, más Xerxes, y más de todo. Menos originalidad, claro está. Empire no es una de esas secuelas en las que se vende “más y mejor”. En Empire se vende “más (y punto)”.
Lo mejor: Eva Green, que aporta una actuación seria y muy disfrutable, haciendo de mala malísima. La escena de sexo que, aunque spoileada por casi todos los medios, divierte y sorprende por su brutalidad.
Lo peor: no dejo de tener la sensación de que este filme sería mucho mejor videojuego que película.

P.S.: Ya conocéis por mi crítica de Man of Steel mi brutal animadversión por Zack Snyder.

Un arácnido viaje a la gélida y deprimente Toronto

Título: Enemy
Director: Denis Villeneuve
Guión: Javier Gullón (Novela: José Saramago)
Fotografia: Nicolas Bolduc
Año: 2013
Duración: 90 min.
País: Canadá
Productora: Coproducción Canadá-España; Rhombus Media / Roxbury Pictures / Mecanismo Films

Reparto: Jake Gyllenhaal, Mélanie Laurent, Isabella Rossellini, Sarah Gadon, Jane Moffat, Tim Post, Laurie Murdoch, Darryl Dinn
Después de ‘Incendies’ (2010), Denis Villeneuve estuvo tres años sin rodar nada, pero en 2013 volvió a la actualidad cinematográfica dirigiendo su primera película de producción estadounidense, ‘Prisoners’, un buen thriller que recuerda al mejor Fincher protagonizado por Hugh Jackman y Jake Gyllenhaal. El mismo año estrenaba ‘Enemy’, la película que hoy nos ocupa, que me parece una propuesta mucho más interesante. 
Adam Bell es un profesor de historia, inestable y con una vida un poco monótona que descubre a un actor en una película idéntico a él. Obsesionado, intentará encontrarle para encontrar respuestas. ‘Enemy’ se basa en ‘El hombre duplicado’, de José Samarago, y parte de una premisa lo suficientemente potente como para atraer a muchos espectadores. No voy a hablar mucho sobre lo qué creo que cuenta, porqué podría estar equivocado y es mejor que cada cuál saque sus propias interpretaciones. 
La primera escena de la película, relatada en tono onírico, ya nos introduce en un ambiente sórdido y de gran tensión, que probablemente absorberá a tantos espectadores como otros se pregunten qué diablos están haciendo en esa sala de cine pudiendo hacer otras cosas en esta bonita tarde de primavera. Pero si has entrado en esa sala de cine renunciando a ver la última película de Marvel y con la mente abierta para prepararse para la rareza que te dispones a visionar, ‘Enemy’ puede ser una gran experiencia. 
Porque ‘Enemy’ es muy extraña. Pocas personas la van entender al primer visionado, pero no hace falta entenderla a la primera, basta con dejarse llevar en esta experiencia. Es una película que se mueve de lo onírico a la realidad a la mente del protagonista (¿qué protagonista?) sin saber exactamente donde estamos ni qué está sucediendo realmente. En una entrevista en Dirigido por, el cineasta canadiense comentaba que aunque no lo parecía, había tenido muy en cuenta su película preferida, ‘2001: A Space Odyssey’ (Stanley Kubrick, 1968), en el sentido de que no se entiende tras el primer visionado. Sin duda, lo ha conseguido: al menos yo, tras el primer visionado, no la he entendido del todo aunque he puesto todos mis sentidos concentrados en desentrañar esa red que es ‘Enemy’. Porque ‘Enemy’ es una red, como las que tejen las arañas, en la que el director te caza y te atrapa en esa deprimente y fría Toronto (si alguna vez viajo a Canadá, creo que me voy a abstener de visitarla), te hipnotiza y te sumerge en una historia atípica con una atmósfera inquietante y fascinante al mismo tiempo. Villeneuve trata al espectador como una persona que usa la cabeza para pensar, no te trata por tonto, no te da respuestas fáciles y falsas de esas que forman el universo paralelo de los ‘happy endings’. Lanza preguntas al aire para que pienses sobre lo que has visto y desees incluso volver a ver la película para fijarte en cada uno de los detalles que Villeneuve va tejiendo por el camino, aunque no se vean a primera vista. Saldrás de la sala y aún seguirás pensando en ‘Enemy’, en las arañas y en Toronto. 


Además de una historia potente, una atmósfera fascinante y una dirección elegante, en ‘Enemy’ también disfrutamos de la magnífica actuación de Jake Gyllenhaal (que repetía com Villeneuve tras ‘Prisoners’) que interpreta de forma soberbia a los dos (?) personajes protagonistas. 
‘Enemy’ es una historia extraña, estimulante y compleja, que te deja con mucho que pensar y con ganas de adentrarte de nuevo en la telaraña que Villeneuve ha tejido para atraparte en esa gélida Toronto. Habrá quien diga que es pretenciosa, pues yo digo bienvenida la pretenciosidad. En el cine hay espacio para las historias sencillas (que no mediocres) de Alexander Payne y para la ambición (o pretenciosidad, dirían algunos) de gente como Terrence Malick y ahora, Denis Villeneuve

Condenados a sufrir el eterno retorno del cine Zombi

Título: The Returned (Retornados)
Director: Manuel Carballo
Guión: Hatem Khraiche
Fotografía: Javier Salmones
Año: 2013
Duración: 98 min.
País: España
Productora: Coproducción España-Canadá; Castelao Pictures / Ramaco Media
Reparto: Emily Hampshire, Kris Holden-Ried, Shawn Doyle, Claudia Bassols, Emily Alatalo, Paulino Nunes, Melina Matthews, Jamie Lyle, Stephen Chambers
Basta ya. Maldigo el momento en el que, por H o por B, Danny Boyle decidió rodar 28 days later, y, un poco más tarde Zach Snyder hizo lo propio con el remake de Dawn of the dead. Desde entonces, el número de películas de temática zombi se ha incrementado insólitamente, explotando hasta la saciedad el subgénero cuyo máximo exponente es George A. Romero, neoyorkino autor de los grandes clásicos zombi.
No digo que no hayan salido buenas producciones (me encantaron The Battery, 28 weeks later, la antes nombrada Dawn of the dead), pero resulta que debido al éxito de estos, y juntado al hecho de que son películas que pueden rodarse con un presupuesto muy bajo, ya no sólo la cantidad de largometrajes abruma, sino que los caminantes se han apoderado de literatura (conocida por todos es la obra de Max Brooks), de la televisión (In the flesh, The Walking Dead, Dead Set…) e incluso de los cortometrajes: es la opción fácil para cualquier cineasta. Yo creo que ya ha llegado el momento de parar, ¿no?
Los zombis y su creador (George A. Romero).
La producción de The Returned (española) corre a cargo de la factoría filmax, concretamente del director Manuel Carballo, autor de las (muy) flojas El último justo y La posessión de Emma Evans, que cuenta con la participación de Emily Hampshire, actriz canadiense de mediocre trayectoria que apareció en Cosmopolis y en My Awkward Sexual Adventure.
El argumento, que parece tomado de la serie In the flesh(no parece, es), cuenta la historia de una sociedad post-apocalíptica, en la cual la humanidad convive con los llamados ‘retornados’, gente de apariencia normal que fue infectada por el virus zombi, y sólo una inyección diaria de una proteína derivada del virus evita que se transformen. Kate (Emily Hampshire) es una trabajadora en la unidad de investigación intentando encontrar una vacuna definitiva (o una manera de fabricar la proteína sintéticamente) para erradicar la epidemia, movida, además, por una razón sentimental: su novio Álex (Kris Holden-Ried) es un ‘retornado’. Cuando el Gobierno anuncia la escasez de proteína y la paralización de investigaciones, internan a los ‘retornados’ en un centro militar de alta seguridad. Pero Kate y Álex no quieren separarse.
La proteína en discordia.
Al César lo que es del César: la película no es excesivamente mala. Sabe prescindir de los zombis, y aún así crear tensión al estilo thriller, y los actores y actrices (la mayoría desconocidos para mí) cumplen con su papel dramático con soltura. Además, la fotografía está cuidada, como todos los apartados técnicos: la única virtud que comparten todos los filmes de Carballo. Pero tiene en su contra muchos puntos: el guión tomado de una mezcla entre Les Revenants y In the flesh, giros de guión sin mucho efecto por el tratamiento calmado que se les da, esos flashbacksdel principio, unos personajes no muy definidos, y el abuso de una banda sonora muy marcada.
En definitiva, The Returned no cambia el subgénero zombi, ni aporta nada al thriller o al drama. Tampoco molesta a la vista, pero es más de lo mismo.
Lo mejor: tanto actuaciones como el cuidado aspecto técnico.
Lo peor: la poca originalidad del guión, los flashbacks de vergüenza ajena del inicio del filme, el final alargado.

NO ESTRENOS: ‘Easy A’

Título: Easy A
Director: Will Gluck
Guión: Bert V. Royal (basado libremente en ‘La Letra Escarlata’ de Nathaniel Hawthorne)
Fotografía: Michael Grady
Año: 2010
Duración: 93 min.
País: Estados Unidos
Productora: Olive Bridge Entertainment / Screen Gems
Reparto: Emma Stone, Amanda Bynes, Cam Gigandet, Stanley Tucci, Penn Badgley, Lisa Kudrow, Malcolm McDowell, Patricia Clarkson, Thomas Haden Church, Alyson Michalka, Dan Byrd, Juliette Goglia, Johanna Braddy, Chyna, Stacey Travis, Jake Sandvig
Parece que sea la semana del cine para adolescentes (todo un subgénero en sí mismo) en Siempre en VO. Bien, vale la pena recuperar esas películas con las que crecimos. En esta ocasión hablamos de una de las más recientes, Easy A. El director, Will Gluck, es el autor de “perlas” como Fired Up! (en España, Guerra de Cheerleaders) o Friends with Benefits(Con derecho a roce), aunque lo más destacable de su filmografía es su reciente incorporación al mundo de la televisión, la sitcom de Michael J. Fox(The Michael J. Fox Show) de la que es creador y guionista junto a Sam Laybourne. En Easy A, cuenta con muchas caras conocidas como Stanley Tucci, Patricia Clarkson, Amanda Bynes, y la protagonista, Emma Stone, que se lanzó al estrellato con su participación en el filme.
Olive (Emma Stone) es una chica del montón en su instituto. Sale con su amiga, no se mete con nadie, es una buena estudiante, y la relación con sus padres es impecable. Un día, le dice a su amiga que ha perdido la virginidad con un chico universitario. Una pequeña mentira que en pocos minutos se extiende por todo el instituto. Olive, en vez de desmentir el rumor, lo engrosa sin percatarse de que este podría volverse en su contra…
I got a pocket, got a pocket full of  sunshine…
Easy A juega tres bazas interesantísimas combinadas con savoir-faire, y la jugada le sale redonda al director Will Gluck. La primera es Emma Stone, que demostró en esta película su desparpajo y ganas de comerse la cámara en todo momento. Como máxima protagonista del filme, da rienda suelta a su maravillosa expresividad facial y su facilidad para la comedia, y se suelta la melena (tanto metafórica como literalmente) para divertir y transmitir. Esta es la actuación que la puso en el mapa.
Su segunda baza es un guión ingenioso y divertido. El libreto de Bert V. Royal, conocido dramaturgo estadounidense, es una versión estudiantil adaptada a la modernidad de los tiempos de la novela “La Letra Escarlata” de Nathaniel Hawthorne. Por desgracia, entre las divertidísimas escenas entre los padres y Olive, sus soliloquios ante la webcam o el divertidísimo fin de semana indoor de la susodicha, acechan los temidos clichés del género que por suerte afloran lo menos posible.
I want my life to be like an 80’s movie, preferably one with a really
awsome musical number for no apparent reason. But no, no, John Hughes
did not direct my life.

Y por último, el simpatiqueo del cine para adolescentes, la evocación a películas clásicas de tiempos ya pasados, películas que seguramente el público que recibirá Easy A no habrá visto (de algunas no conocerá ni su existencia), y que son una gran inspiración de situaciones, y homenajes (algunos velados, otros directísimos) perfectamente situados a lo largo de la trama.
Puede que Easy A no pase a la historia como sí lo han hecho las películas que en ella se homenajean, pero es una disfrutable comedia adolescente de nuestro tiempo.
Lo mejor: sin duda alguna, la actuación de Emma Stone, que acabó de situarla en el panorama de la nueva ola de “actrices a tener en cuenta”. Otro punto muy a favor son todas las escenas en las que sale Stanley Tucci.
Lo peor: aunque intenta rehuir de ellos, todo homenaje/remember de películas ochenteras de adolescentes tiene sus clichés, que por suerte no se apoderan de la película.
P.S.: llegué a la película (no la había visto hasta este fin de semana) gracias a un podcast del blog The Ranking Club. Des de aquí recomiendo a todos los que me leéis (también somos un pequeño club) que si tenéis alguna hora perdida la dediquéis a escuchar alguna publicación: Nacho Toribio y sus invitados rezuman cine y además saben de lo que hablan.