NO ESTRENOS: El fin de la Guerra Fría por John McTiernan

Título: The Hunt for Red October
Director: John McTiernan
Guión: Donald E. Stewart (basado en la novela homónima de Tom Clancy)
Fotografía: Jan De Bont
Año: 1990
Duración: 132 min
País: Estados Unidos
Productora: Paramount Pictures
Reparto: Sean Connery, Alec Baldwin, Scott Glenn, Sam Neill, Tim Curry, Peter Firth, Stellan Skarsgaard, Richard Jordan, Fred Dalton Thompson, Tomas Arana, James Earl Jones
Crítica de @PaulPorcoRosso

La noche del 9 de noviembre al 10 de noviembre de 1989 fue la caída del muro de Berlín, y con ella se iniciaba el fin de la Guerra Fría y la desaparición de la URSS. El filme The Hunt for Red October, oportunista y conciliador a partes iguales, fue estrenado a mediados de 1990, y trataba quién era el enemigo en estos tiempos tumultuosos. John McTiernan, uno de los más grandes directores de acción de los años ochenta y noventa, perpetrador de hitos del cine como Die Hard o Predator (películas que encumbraron a Bruce Willis y Arnold Schwarzenagger en el más alto pedestal de héroes de acción) es también el realizador de este magnífico thriller de espionaje.
En plena Guerra Fría, el Red October, un submarino nuclear al mando de un prestigioso general de la Unión Soviética, el capitán Ramius (Sean Connery), se interna en el Océano Atlántico con rumbo fijo a los Estados Unidos desacatando las órdenes de sus jefes. La CIA, preocupada por si su pretensión es atacar el país, encarga al agente Jack Ryan (Alec Baldwin), un analista y biógrafo, a que se ponga en contacto con él para conocer sus verdaderas intenciones. The Hunt for Red October es la primera adaptación al cine de los libros de Tom Clancy, y una muy buena película de espionaje y acción.
Primero de todo, es de justicia destacar la imponente banda sonora compuesta por el griego Basil Poledouris, con momentos cumbre como los títulos de crédito inicales, o los finales, y la sobrecogedora escena del canto del himno soviet. Una maravilla sonora. También la acertada elección de actores, como Alec Baldwin para el papel del analista más famoso de la CIA (pese a su escaso protagonismo), Sam Neill, James Earl Jonesy un jovencísimo Stellan Skarsgardes otro gran triunfo de la película de McTiernan. Pero el verdadero acierto es hacer una película de Jack Ryan con poco Jack Ryan.
Porque aquí, y que me disculpen Alec Baldwin y Tom Clancy, Jack Ryan no es más que un invitado. El verdadero protagonista es un excelso Sean Connery otra vez en la cumbre de su carrera, que interpreta al complejo capitán Marko Ramius, soberbio e indiscutible. Amén de las actuaciones y el apartado sonoro, la barroca composición de planos del director de fotografía (que más tarde se convertiría en director) Jan De Bont convierte The Hunt for Red October en una película claustrofóbica y sobrecargada visualmente, cosa que ayuda de manera brutal a la entrada en el argumento. Además, el tratamiento espectral de la luz y el color convierte el filme en una magnífica experiencia a nivel visual.
La película pero, tiene un fallo que impide que se convierta en una obra maestra. El pulso narrativo de McTiernan, con un profundo desarrollo del nudo de la historia, se tuerce en un apresurado desenlace. Además, también está la poca profundización en los personajes (sólo Raimus está bien definido) y algún agujero de guión resuelto con la “suerte” de Jack Ryan. Igual todo es obra de McTiernan: como su dirección, sólida y fría, sus personajes son fríos y calculadores, incluso faltos de dimensión humana. Una pena.
Eso sí, dentro del subgénero bélico de submarinos, e incluso del de espionaje, The Hunt for Red October es una de las TOP. Una entretenidísima y tensa película de acción con la Guerra Fría como telón de fondo.
Lo mejor: Sean Connery, y el himno de las fuerzas soviéticas cantado en las profundidades del océano dentro del Red October. Piel de gallina.
Lo peor: el apresurado final, y algún que otro agujero de guión.
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NO ESTRENOS: La venganza de una novia: ‘Kill Bill (Vol.1 + Vol.2)’

Título: Kill Bill: Volume 1 / Kill Bill: Volume 2
Director: Quentin Tarantino
Guión: Quentin Tarantino
Fotografía: Robert Richardson
Año: 2003 / 2004
Duración: 110 min. + 137 min.
País: Estados Unidos
Productora: Miramax Films / A Band Apart
Reparto: Uma Thurman, Lucy Liu, Daryl Hannah, Vivica A. Fox, Sonny Chiba, Chiaki Kuriyama, Michael Bowen, Julie Dreyfus, Michael Parks, David Carradine, Michael Madsen, Gordon Liu (AKA Chia Hui Liu), Bo Svenson, Jeannie Epper, Stephanie L. Moore, Shana Stein, Caitlin Keats, Christopher Allen Nelson, Samuel L. Jackson, Laura Cayouette

Crítica de @PaulPorcoRosso
Pensada como una película pero divida en dos por su extensa duración, Kill Bill es un díptico amado por crítica y público de todo el mundo (menos Carlos Boyero, claro). Tras las cámaras y la confección del guión, un genio que no necesita apenas presentación, un autor irreverente que revolucionó el cine a principios de los años 90: Quentin Tarantino. Con sólo tres películas en su filmografía se embarca en un proyecto extremadamente personal y, por qué no decirlo, algo arriesgado como es Kill Bill, un díptico sobre la venganza que homenajea al género western de Leone y Pekinpah, y a las películas kung fu de serie B de los setenta. De acuerdo: su opera prima está cerca de ser una obra maestra, y con Pulp Fiction(recordemos su SEGUNDA película) se ganó el apoyo de todo crítico y del público, encumbrando a filme y director muy merecidamente al Olimpo del cine, pero Kill Bill es algo arriesgado aún para el director más asentado.
El día de su boda, una asesina profesional de la que no sabemos el nombre hasta el segundo volumen, interpretada por Uma Thurman, sufre el ataque de algunos de los miembros de su propia banda, la Deadly Viper Assasination Squad, a las órdenes de Bill (David Carradine), el jefe de la organización criminal. La Novia logra sobrevivir al ataque, quedando en coma. Despierta cuatro años después en un hospital, y dominada por un gran deseo de venganza sobre la banda y Bill en particular… A partir de aquí, con un juego de flashbacks y combinando diferentes técnicas artísticas cual funambulista, Tarantino cuenta su historia de venganza.
Deadly Viper Assasination Squad
El primer volumen me deja bastante frío. No lo voy a negar (seria de necios no hacerlo): contiene momentos de enorme cine y maestría directiva, cómo el capítulo primero entero; acción desmedida pero muy bien coreografiada; y litros y litros de sangre falsa (amén de la pelea con más asiáticos muertos y desmembrados de toda la historia del cine occidental), pero en general, los personajes son planos y nada incisivos. Igual es pedirle mucho a una película de este tipo, pero teniendo en cuenta que el perpetrador es Tarantino, no puedo evitar sentir una profunda decepción. Excesiva (incluso para un filme del de Knoxville), visualmente cargante y sin la frescura de diálogos propia de su autor, el Volumen 1, lejos de ser una obra de gran cine, no es más que una preparación para lo que se avecina en el Volumen 2.
Ya sabemos qué hizo Jules al dejar su trabajo en Pulp Fiction
Ahora, una sorpresa mayúscula en el segundo volumen de Kill Bill: sí, recupera esos diálogos ‘tarantinianos’ de sus otras tres películas, deja a un lado la acción y hace lo que se le pide que haga. Magia con la cámara. Magia para narrar la matanza en Two Pines, magia para crear al complejo Bill, magia para darle ritmo. La coreografía de batallas excesivas, silencios y collages autorales de la primera, se sustituyen por diálogos rápidos e irreverentes, estilo, estructura, y pulso narrativo. En ambas, la banda sonora denota una vez más el buen gusto Tarantino para la composición de collages tanto en lo visual como en lo auditivo. Ese Twisted Nerve, el Woo Hoo de las The 5.6.7.8’s, A Satisfied Mind de Johnny Cash: títulos de canciones que el de Tenessee ha incorporado a la cultura popular como hizo con Little Green Bag (Reservoir Dogs) o Misirlou (Pulp Fiction).

En el sector interpretativo, la película es más que completa. Empezando por Uma Thurman (nominada a los Globos de Oro por los dos volumenes), pasando por todos los miembros del Deadly Viper Assasination Squad (en especial Michael Madsen), y acabando por el magnífico Bill de David Carradine, todos cumplen a altos niveles. En la primera parte, como pueden, y en la segunda, respaldados por un magnífico guión obra del gran hacedor de cine de Tenessee.
En resumen, Kill Bill cosas de lo mejor (volumen 2) y de lo peor (volumen 1) de su filmografía. De todas formas, es obligado ver el díptico entero para comprender un poquito más a este director que tanto gusta.
Lo mejor: el Volumen 2, David Carradine y su Bill, la música de Morricone.
Lo peor: el Volumen 1.

Un blockbuster dirigido como los ángeles (pero un blockbuster al fin y al cabo)

Título: Godzilla
Director: Gareth Edwards
Guión: Max Borenstein, David S. Goyer, Frank Darabont (historia de Dave Callaham)
Fotografía: Seamus McGarvey
Año: 2014
Duración: 123 min.
País: Estados Unidos
Productora: Legendary Pictures / Warner Bros.
Reparto: Aaron Johnson, Ken Watanabe, Elizabeth Olsen, David Strathairn, Bryan Cranston, Sally Hawkins, Juliette Binoche, CJ Adams, Richard T. Jones, Al Sapienza, Patrick  Sabongui, Godzilla
Gareth Edwards es el director de la nueva reinterpretación de Godzilla, el monstruo gigante más querido por el público, que hizo su primera aparición en 1954 con la película Japón bajo el terror del monstruo, considerada de culto. En las manos de este realizador (cuya anterior y única película es la deliciosa Monsters) está la responsabilidad de ofrecerle al rey de los monstruos un filme digno de su título, contando sólo con el precedente de Roland Emmerich.
Joe Brody (Bryan Cranston) es el jefe de seguridad de una importante Central Nuclear en Japón, donde trabaja con su mujer (Juliette Binoche) y vive una vida tranquila con su hijo. Un día, lo que parece ser una catástrofe natural sacude la central, matando a un gran número de trabajadores incluida la mujer de Joe. Catorce años después, Joe sigue obsesionado con aquel desastre, estando convencido de que no fue un desastre de la naturaleza, sino que ‘algo’ provocó la muerte de su mujer. Su hijo Ford (Aaron Johnson), un militar que acaba de volver del servicio casado con Elle (Elizabeth Olsen) y con un hijo de cinco años, volverá a Japón para intentar encauzar la relación con su padre, descubriendo el terrible secreto que el gobierno esconde…
Una de las escenas con más poderío visual del filme de Edwards.
Para mí, el principal ‘pero’ que se le puede poner a Godzillaes un pecaminoso guión pobre, sinónimo de paso del libreto por muchas manos distintas. El concepto de vivir un ataque monstruoso a la civilización moderna pero visto des del punto de vista del drama humano es muy interesante, pero el tratamiento que se le da en el filme es des del tópico y el cliché. Esto es: el científico que todo el mundo toma por loco pero acaba por tener razón, el matrimonio que se separa durante la catástrofe y termina por juntarse después de pasar cada uno su independiente calvario, el militar desobedeciendo órdenes directas con un plan descabellado que acabará por salvar a la humanidad… Amén de material de relleno y las siempre odiosas casualidades espacio-temporales. Los personajes principales son poco humanos, nada realistas, y sus interpretaciones tampoco son nada del otro mundo. Sólo Ken Watanabe y Bryan Cranston se creen el papel y dotan de algo de profundidad a sus sosos personajes.
Eso sí, es varios quintales superior a esa aberración lagártica que fue el Godzilla de Roland Emmerich(aunque ese estaba más estilizado y menos rechoncho…), que aún que la recuerdo con cariño por haberla visto con menos de diez años, no puedo sino avergonzarme de haber dicho alguna vez (cuando no tenía mis gustos cinéfilos bien definidos) “qué chula es esta peli de Godzilla“. Pero he aquí el problema. Emmerichno se tomaba en serio su propio filme, sabía qué material tenía y hizo un blockbuster, malo, sí, pero sin pretensiones. Gareth Edwards intenta profundizar en el drama humano del momento pero el, como ya he dicho antes, terrible guión impide que Godzilla se convierta en ‘algo más’ que un blockbustermuy bien dirigido y digno entretenimiento con su tensión medida y su disfrute momentáneo.
Sí que está un poco entradete en kilos, eh…
Porque, eso sí es innegable, visualmente es espectacular. Tanto por los efectos especiales que nos sumergen en la orgía destructiva de un lagarto gigante y dos bestias raras con dimorfismo sexual, como por la belleza formal de la dirección de Edwards y la brutal fotografía de Seamus McGarvey. El poderío visual de escenas como el lanzamiento de los militares sobre San Francisco, la de las vías del tren, o la del Golden Gate, es una maravilla comparable a algunos momentos del anterior filme (y opera prima) del director británico al que, por cierto, ya le han ofrecido la segunda parte de Godzilla y dirigir un spin-off de Star Wars.
En definitiva, debemos alegrarnos por los ecos de Spielbergy la honda superación del desastre de finales de los noventa, y, aunque lo he disfrutado cual crío aún con sus fallos, llorar un poco por un Godzilla que podría haber sido bastante mejor de lo que realmente vemos.
Lo mejor: la orgía destructiva en San Francisco de los últimos 40-45 minutos, el apartado visual de la cinta. Yo me lo he pasado MUY bien.
Lo peor: un guión muy flojo a brochazo y rodillazo de tópico y cliché, producto de la escritura que ha pasado de mano en mano hasta tres veces.

Welcome to New York: apogeo y caída de un maníaco sexual

Título: Welcome to New York
Director: Abel Ferrara
Guión: Abel Ferrara, Christ Zois
Fotografía: Ken Kelsh
Año: 2014
Duración: 124 min.
País: Estados Unidos
Productora: Wild Bunch / Forbes / Belladonna Productions
Reparto: Gérard Depardieu, Jacqueline Bisset, Eddy Challita, John Patrick Barry, Drena De Niro, Amy Ferguson, Paul Calderon, Ronald Guttman, Anh Duong, Anna Lakomy
Crítica de @PaulPorcoRosso
Welcome to New York es la nueva película del realizador de películas como Teniente Corrupto, El Rey de Nueva York o Jekill and Hyde, el siempre controvertido Abel Ferrara. Protagonizado por Gérard Depardieu y Jacqueline Bisset el filme, que no se estrenará en cines de España, y sólo se podrá ver por internet en todas las plataformas VOD (Video On Demand) como filmin, está inspirado por los hechos protagonizados en 2011 por el entonces director del FMI y político fracés Dominique Strauss-Kahn. Sí se ha estrenado en un cine de barrio de Cannes al mismo tiempo pero al margen del Festival que se está celebrando en estos momentos. Así pues la polémica está servida, y sólo falta el veredicto del público.
Strauss-Kahn, renombrado en el filme como Sr. Devereaux (Gérard Depardieu) fue acosado de agredir sexualmente a una camarera del hotel Sofitel de Nueva York, detenido, juzgado y absuelto por la vía penal, y que llegó a un acuerdo monetario con la demandante en la vía civil, y que pudo regresar a Francia después de dimitir de su cargo y vivir unos meses confinado en un carísimo apartamento del que no podía salir que su entonces mujer Anne Sinclair, en el filme Simone (Jacqueline Biset), alquiló en un exclusivo barrio de la Gran Manzana.
Aunque en el piso de Nueva York no le va mejor de cómo le iría dentro cárcel. Ferrara se atreve a imaginar a un Strauss-Kahn que, recluso en cuatro paredes de pladur con apenas una terraza para respirar aire fresco, tiene que lidiar con sus problemas domésticos, con duros diálogos con su mujer (una Jaquelline Bisset que aguanta muy bien el tipo ante un inconmensurable Depardieu) y brillantes soliloquios internos sobre su imposible redención y su falta de sentimiento de culpa.
Es un filme con el esquema ‘rise and fall‘ típico de Scorsese, pero con el estilo personal de Abel Ferrara. Con su ritmo pausado, como cocida a fuego lento, retrata la personalidad monstruosa de un hombre que pasa de tenerlo todo (es uno de los más poderosos del planeta, o que manipula el mayor flujo de dinero) a perderlo, por culpa de una obsesión, o de su mente enferma. Ferrara junto con la magnífica ayuda de Depardieu, que aquí completa su más exigente y mejor de sus papeles, interpreta a Strauss-Kahn como una bestia a la que por nada del mundo podríamos llamar ser humano. Le deshumaniza, retratándole emitiendo sonidos guturales de manera constante, durante el sexo, mientras camina, mientras come, bebe, habla.
Igual su único fallo es una excesiva duración que percute de forma evidente en el ritmo del filme, cosa que no es casual: Ferrarabusca el malestar, que nos sintamos acosados sexualmente por Devereaux, que le temamos. Alarga los planos y las escenas para que a cada segundo que pasa odiemos más al monstruo. Es de entender pues, que Strauss-Kahn esté decidido a demandar a Ferrara y a los productores de la cinta: el director nos muestra su opinión sobre el tema de una manera muy tajante, nada velada.
Welcome to New York es sin duda un filme provocador en el sentido más estricto de la palabra, y gustará a muy pocos paladares. Es un filme nacido y creado para la división de opiniones y el malestar de los espectadores.
Lo mejor: Depardieu y la creación del monstruo.
Lo peor: capaz de provocar bostezos al espectador no concienciado de lo que va a ver.

¡Que viene el lobo! ¡Que viene el lobo!

Título: Big Bad Wolves
Director: Aharon Keshales, Navot Papushado
Guión: Aharon Keshales, Navot Papushado
Fotografía: Giora Bejach
Año: 2013
Duración: 110 min.
País: Israel
Productora: United Channel Movies
Reparto: Lior Ashkenazi, Tzachi Grad, Rotem Keinan, Doy Glickman, Menashe Noy, Dvir Benedek
Crítica de @PaulPorcoRosso
A mediados de octubre de 2013, Quentin Tarantino(como ya es costumbre) apareció en todas las revistas, webs y blogs relacionados con el cine con motivo de su ya tradicional “Lista de las 10 mejores del año”. No quedó exenta de polémica, principalmente por la inclusión de películas como Lone Ranger(que también gustó bastante a @PauGarcia179), Kick-Ass 2 o la indie Drinking Buddies (tanto una como la otra me parecieron bastante buenas). Pero más importante que la lista es, como siempre, el cine más ‘indie’ que nos recomienda el genio de Tennessee. Tarantino dijo que Big Bad Wolves era, no sólo la mejor película que se había visto en el Festival Internacional de Cine de Busan, sino también la mejor del año, cosa que ha ido de perlas para la distribución de un filme que, de no ser por él, habría seguido habitando en la inopia.
Una serie de brutales asesinatos, perpetrados por un pedófilo a niñas menores de edad, ponen en contacto a tres hombres: Gidi (Tzachi Grad), el padre de la última víctima en busca de venganza; Miki (Lior Ashkenazi), un detective de policía que opera totalmente fuera de la ley, y Dror (Rotem Keinan), el principal sospechoso de los homicidios, un profesor de religión que ha sido arrestado y liberado por una negligencia policial.
La belleza formal de planos como este también le dan un valor añadido al
filme israelí.
Es una fábula de terror, un cuento infantil ambientado en la realidad más cruda y más dura de la que nosotros los espectadores seremos participes de primera fila. Es totalmente comprensible el porqué a Tarantinole gusta tanto este filme: se puede establecer un magnífico paralelismo con su opera prima Reservoir Dogs. La película israelí consigue mezclar a la perfección la violencia brutal de los actos de los personajes con diálogos rápidos, inteligentes y divertidos: eso que al de Knoxville se le da tan y tan bien.
También es fácil comparar Big Bad Wolves con una película de su mismo año, Prisoners, en el sentido de que somete al espectador y a sus protagonistas en un dilema moral donde la cordura y el razonamiento serán sus mayores aliados. Pero aquí la cordura brilla por su ausencia: todos son a su manera grandes lobos malos que actúan por su sed de venganza y ganas de cazar… ¿Es Dror una víctima inocente, o un castigado merecido? Deberás recorrer todo el camino, opresivo y tortuoso, que es Big Bad Wolves para descubrir la respuesta a la pregunta. Y te aseguro que habrá valido la pena.
Lo mejor: las grandes actuaciones del trío protagonista, la dirección a cuatro manos, y las trazas de comedia negrísima del guión.
Lo peor: se hace un poco repetitiva por las constantes interrupciones que sufre Gidi.

Ryan, Jack Ryan (Shadow Recruit)

Título: Jack Ryan: Shadow Recruit (AKA Shadow One)
Director: Kenneth Branagh
Guión: Adam Cozad, David Koepp (con los personajes de las novelas de Tom Clancy)
Fotografía: Haris Zambarloukos
Año: 2014
Duración: 105 min.
País: Estados Unidos
Productora: Paramount Pictures / Skydance Productions
Reparto: Chris Pine, Kevin Costner, Kenneth Branagh, Keira Knightley, Colm Feore, Gemma Chan, David Paymer, Nonso Anozie, Karen David, Lee Asquith-Coe
Crítica de @PaulPorcoRosso
Jack Ryan: Shadow Recruit supone la quinta llegada del James Bond americano, John Patrick Ryan, a las grandes pantallas, esta vez interpretado por Chris Pine, que ocupa el lugar que antes había sido de Harrison Ford(dos veces), Alec Baldwin y Ben Affleck. Tras la cámara se encuentra Kenneth Branagh (que también tiene un papel en la película), experto en adaptaciones de Shakespeare al cine, que parece haber abandonado su cine más “modesto” por el puro blockbuster (sus últimas películas son Thor, Jack Ryan y su próximo proyecto es Cenicienta para Disney).
Jack Ryan (Chris Pine) es un veterano de Afganistán con una doble vida: es un ejecutivo de Wall Street, y, a la vez, un analista de la CIA. También tiene una relación estable con Cathy Muller (Keira Knightley), la doctora que le ayudó con una lesión de guerra, de quien tiene que esconder su trabajo en la CIA. Él mismo va a descubrir un complot planeado para hundir la economía norteamericana y sembrar el caos en todo el mundo, y será el encargado de impedirlo, descubriendo la verdad para así salvar la vida de millones de personas y entrando en el mundo del espionaje…
Mucho ‘Kremlin‘ y mucho vodka…
Branagh tras la cámara realiza un trabajo competente, bastante entretenido, con un estilo más frenético que el de las películas de los noventa. Ah, pero sin modernas, sobrecargadas y molestas trampas digitales, y que le devuelve al cine un thriller de espionaje que se había perdido pero que ahora en 2014 se ha recuperado con este título y Captain America 2 (bastante más recomendable a todos los niveles). El trío protagónico masculino cumple con los estandartes del género: Costner y Branagh, curtidos en mil batallas, no suponen un problema a superar para Chris Pine que, otra vez más al frente de un reboot, hace gala de su carisma y humaniza un poco a su personaje. Keira Knightley, en cambio, con su desatada expresividad no acaba de cumplir con su cometido. Con todo esto, pero, quizás su mayor virtud (más que el valor de ocio, la dirección o la vuelta del buen espionaje) sea mostrar a un espía más humano y vulnerable de lo que estamos acostumbrados, que es, más que un héroe con tintes sobrehumanos, un freak bastante hábil.
… En definitiva, mucho ruso (este de aquí arríba, falso).
Eso sí, el guión no es gran cosa. Abundan las decisiones absurdas, y donde esté la planta de Harrison Ford o las miradas de sex-symbol de Alec Baldwin, que se quite todo lo demás. Pero si nos hemos puesto a ver otra vez una adaptación del mítico personaje de Tom Clancy, ¿qué puede chafarnos la diversión? A estas alturas ya nada: Jack Ryan: Shadow Recruit es otra cinta más de pura evasión al servicio de engrosamiento de traseros mediante ingesta de palomitas: bueno buenísimo (otra vez americano) contra malo malísimo (otra vez ruso), y el terror post-11-S como telón de fondo. Adictiva, sí. Disfrutable, sí. ¿Fácilmente olvidable? También.
Lo mejor: espionaje a la vieja usanza y el carisma de Chris Pine.
Lo peor: como siempre, los malos son los rusos, y hay decisiones de guión cogidas con pinzas.

P.S.: ¿alguien más ha notado el esquema de elección de actores que sigue Branagh, tan parecido al de Thor? Como héroe, un joven a media asentación en el mundo del cine (HemsworthPine); como chica del héroe, una joven más que asentada en el mundo del cine (PortmanKnightley); y como mentor, una vieja gloria (HopkinsCostner).

NO ESTRENOS: ‘La piel que habito’. La menos Almodovariana de las películas de Almodóvar

Título: La piel que habito
Director: Pedro Almodóvar
Guión: Pedro Almodóvar (basado en una novela de Thierry Jonquet)
Fotografía: José Luis Alcaine
Año: 2011
Duración: 117 min.
País: España
Productora: El Deseo S.A.
Reparto: Antonio Banderas, Elena Anaya, Marisa Paredes, Jan Cornet, Blanca Suárez, Bárbara Lennie, Eduard Fernández, Roberto Álamo, José Luis Gómez, Fernando Cayo, Susi Sánchez
Crítica de @PaulPorcoRosso
La decimoctava película del genio manchego, nominada a 16 premios Goya (de los cuales se llevó sólo cuatro) y ganadora del BAFTA a mejor película de habla no inglesa, La piel que habito, es un proyecto que Almodóvar reescribió en varias ocasiones basándose en la novela de Thierry Jonquet Tarántula. Definida por él mismo como “una película de terror sin sustos ni gritos”, fue un éxito a nivel mundial, recaudando más de 20 millones de euros. Cuenta la historia de Robert Ledgard (Antonio Banderas), que vive en El Cigarral, residencia personal que usa a su vez como clínica de cirugía plástica. Actualmente, sólo tiene un paciente, Vera Cruz (Elena Anaya), que vive encerrada en su habitación de la que ni entra ni sale, y es vigilada día y noche por el propio Robert y Marilia (Marisa Paredes), la mujer que cuidó desde niño a Robert y profesa hacia él una fidelidad perruna. El doctor está probando en Vera una nueva piel, ignífuga, usándola así como cobaya humana. Pero nada es lo que parece.
Todos habitamos una piel que nos hace parecer algo por fuera, y por la que nos podemos reconocer a nosotros mismos al vernos en un espejo, y la gente nos reconoce. Pero ¿qué somos realmente bajo esa piel? ¿Somos lo que parecemos y aparentamos, dóciles y humanizados seres humanos, o monstruos implacables preparados para saltar a la yugular de nuestras presas o atacantes? Almodóvar empieza esbozando una película que, por su primera media hora, bien podría ser un producto del surrealismo más loco, o bien fruto de un absurdo imaginario popular. Lo vemos todo, pero entendemos poco o nada: una chica vestida con un mono peculiar de color carne hace yoga encerrada en una habitación; una mujer, ama de casa, que bien podría ser carcelera vigila y se encarga de cuidar a la chica; un doctor da conferencias ante multitudes de la comunidad científica.
Es un tapiz del que no sabemos el inicio, ni el final, sólo el presente. Un presente frío y bizarro. Sólo la irrupción de un personaje de lo más desconcertante, el hombre-tigre (o el tigre-hombre), obliga al director a deshacer el camino y dibujar trazo por trazo, línea por línea, cicatriz por cicatriz, todo lo que nos ha llevado hasta ese momento brutal. Como siempre, Almodóvar crea su historia (en este caso, adapta) a partir de personajes excesivos, a los que consigue dotar de vida y ensamblar en su guión cual piezas en un puzle.
La piel que habito es un drama bien disfrazado de thriller. Una historia sobre un verdugo que es a la vez víctima, y una víctima que es a la vez verdugo. Es un interrogatorio de Almodóvarsobre la venganza, el perdón y la crueldad humana. Es muy buen cine de uno de los grandes autores españoles.
Lo mejor: la interpretación de Elena Anaya, la estética, el tratamiento de la luz, el guión.
Lo peor: la atmósfera es muy opresiva en algunos momentos, y en otros no está tan bien conseguida. Falta cohesión.