RETROSPECTIVA David Fincher: Seven

Crítica de @PaulPorcoRosso
Puede ser que Seven sea el descendiente directo al cine de aquella obra maestra que confeccionó Lynch para el formato doméstico sobre el asesinato de Laura Palmer. No digo que sea porque Fincher se fijó en Twin Peaks para elaborar la que, para mí, es su gran obra maestra, sino porque la atmósfera constante que consiguen crear tanto él como el director de fotografía iraní Darius Khondji (cuyo trabajo hemos visto este año en The Immigrant) es claramente heredado del sentimiento que hizo grande aquella serie de principios de los noventa: el enemigo está en el ambiente. El mal en estado puro está presente no sólo en cada esquina, sino que rodea a los personajes en forma de estado de ánimo, climatología y suciedad. Seven es EL thriller, y también hereda, como todo thriller que se precie un mínimo, de aquella rareza de los ochenta llamada El elemento del crimen que puso en el panorama cinéfilo mundial a un joven e irreverente danés de 28 años, Lars von Trier. Las referencias con las que estoy jugando no son, parafraseando al conde Drácula, cosa de risa, y si así lo dejo escrito es porque así lo creo.
El asesino de la cinta, el llamado Dole (Spacey), resulta tan particular que la película (y con ella la audiencia) se rinde a sus pies y a su pesimista visión sobre el ser humano con apenas 20 minutos en pantalla. Sí, la actuación del que cuatro años más tarde sería el ganador del Oscar por su participación en la superlativa American Beauty es de aúpa, pero lo que hace que Dole se meta en el bolsillo a todo el mundo es el concepto de sus asesinatos. Cada muerte, cada caso, cada aberrante construcción de espacios grotescos y sádicos encierra a la bestia en la que se ha convertido un ser humano como resultado de su vida en una civilización en decadencia, materializada en las calles sucias y abarrotadas de una ciudad eternamente lluviosa sin nombre. Sommerset (Freeman) es el viejo maestro, y Mills (Pitt) es el alumno que, después de una intensa investigación que cambiará su vida para siempre, se convertirá en el propio asesino.
La contribución de Ficher al filme es más que una excelente dirección de actores, que consigue sacar lo mejor de cada uno de ellos (con mención especial a Morgan Freeman, cuyo Sommerset es la fotografía que sale al lado de la definición de ‘detective cansado’ en cualquier diccionario), es la pausa y meticulosidad que le otorga a la cinta en aras de la creación de ambiente. La cámara de Fincher son, mayormente, lo mismo que los ojos analizadores y expertos de Sommerset: cada rocambolesco y barroco espacio al que asistimos es observado con planos reflexivos, casi contemplativos, a veces con la deliciosa partitura de Shore acompañando, a veces con las melodías de Bach, y en general con la música de la realidad. Gritos, sollozos, verdades como puños de Freeman a Pitt y luego de Freeman  a Paltrow.
En definitiva, Seven es toda una obra magna del thriller, con la que muchos autores posteriores han querido reflejarse pero no han podido sino parecer una burda copia barata ante tan mastodóntica producción. Irrepetible y mágica.
Anuncios

Sueños rotos con vistas a la Estatua de la Libertad

Título: The Immigrant
Director: James Gray
Guión: James Gray, Ric Menello
Fotografía: Darius Khondji
Año: 2013
Duración: 117 min.
País: Estados Unidos
Productora: Kingsgate Films / Worldview Entertainment / Keep Your Head Productions
Reparto: Marion Cotillard, Joaquin Phoenix, Jeremy Renner, Angela Sarafyan, Anoni Corone, Dylan Hartigan, Dagmara Dominczyk
Crítica de @PaulPorcoRosso
James Gray escribe y dirige su quinto largometraje, The Immigrant, en el que colabora una vez más con el habitual en su filmografía Joaquin Phoenix. The Immigrant es un relato sobre el sentido de la familia en el que el crimen y la religión están muy presentes. Es la historia de una inmigrante polaca, Ewa (Marion Cotillard), que huye junto a su hermana Magda de Polonia por los estragos que ha causado en el país la primera Guerra Mundial y emigran a los Estados Unidos, concretamente a la ciudad de Nueva York. Al llegar a Ellis Island ponen en cuarentena a Magda (enferma de tuberculosis), y deportan a Ewa de vuelta a Polonia. Bruno (Phoenix), un americano que se encuentra en Ellis Island le ofrece a Ewa la entrada al país a cambio de que trabaje en un cabaret. Poco a poco, su trabajo requerirá cada vez menos escrúpulos…
The Immigrant es cine de alta categoría, sin dudarlo. Una historia conocida, pero con un bellísimo envoltorio y un sabor completamente nuevo: Gray mantiene durante gran parte del metraje un ritmo moderado con situaciones controladas y contención magnífica. No hay ningún sobresalto, ni elementos electrizantes que den el “sí debo” a entrar en la lista de las mejores películas del año. Digo el “sí debo”, porque el “sí quiero” se presupone y se evidencia en los últimos 35-40 minutos de película: el desenlace contiene la mayor parte de carga dramática del metraje, y es lo que hace pasar la película de una experiencia interesante a un altísimo notable drama de época. El final, mediante el uso de un espejo, muestra a dos personajes dirigiéndose a direcciones que sabemos que son opuestas pero se nos enseñan como una misma en el plano. Dos caminos que llevan al mismo sitio: a la decadencia, a la pobreza, a la depresión. Huir o quedarse, qué más da: un sueño americano roto, una desilusión tras otra, ilusos que creen que “la Tierra de las oportunidades y el hogar de los valientes” es el país de las esperanzas. No hay sueños posibles en la isla de Ellis, es más: allí es donde se rompen.
The Immigrant es una película eminentemente interior, muy teatral. Darius Khondji mediante la fotografía consigue yuxtaponer amarillos anaranjados con grises negreceos. Luces, sombras y siluetas que funcionan a la perfección en espacios pequeños y estrechos, pero no tanto en exteriores. Eso sí, tanto en interior como en exterior el magnífico trabajo de sus actores remarca la descarga dramática del autor. Marion Cotillard sufre, como su personaje, y cautiva con su mirada perdida puesta en su hermana y la isla de Ellis; y Joaquin Phoenix confirma una vez más que es uno de los actores más preparados de la actualidad. Después de amenazar con dejar el cine en 2008 con el mockumentary de Casey Affleck, Phoenix ha demostrado ser capaz de encadenar recital interpretativo con recital interpretativo (Her, The Master, ahora The Immigrant). También es destacable Jeremy Renner, un buen actor con malas elecciones de papeles, aunque su personaje en esta película es sólo un escalón más hacia el clímax dramático. The Immigrant no se cuela en las listas de lo mejor del pasado año por la dura competencia y un arranque medido a fuego muy lento. Pero una cosa es segura: es cine del grande. Del que debería aspirar a premios.
Lo mejor: el reparto y sus actuaciones, la fotografía, ese plano final.
Lo peor: poca fuerza del personaje de Renner, a la película le falta “desatarse” en su primera mitad.

P. S.: ¿Qué es el título que le han puesto en España a una película que podría haberse titulado perfectamente como La Inmigrante? Una carcajada en la cara de James Gray, una broma de mal gusto del traductor, una traducción de alguien que no ha ni atendido ni entendido al filme. Un insulto a la película y a sus guionistas, porque precisamente la isla de Ellis es donde todos los sueños se tuercen y se hacen pedazos.