‘Nightcrawler’, de Dan Gilroy

[[Una crítica a dos voces de @AdriNaranjo2 y @PaulPorcoRosso]]
Teniendo la suerte de poder cubrir este pase con dos redactores, surgió la opción de dar una visión positiva y otra negativa, pero siendo ambas impresiones tan parejas, hemos creído más conveniente, original y divertido convertir esta crítica en un diálogo. Esperamos que lo disfruten tanto leyendo como nosotros haciéndolo.

Adrià Naranjo: Una de las cosas que más me ha sorprendido de ‘Nightcrawler’ ha sido el planteamiento inicial y la manera en la que conocemos al protagonista (Gyllenhaal). No me sorprende haber leido que “es el ‘Drive’ del año”; tiene ese mismo empezar misterioso.

Pol Llongueras: Ciertamente. Dan Gilroy define de forma genuina al personaje principal de la película: Louis Bloom, un hombre que coge lo que quiere como y cuando quiere. Un pobre perdedor que se dedica al robo y al allanamiento, pero que busca triunfar en el ámbito laboral. Insaciable, sucio y loco, pero también muy y muy inteligente, con mucha visión comercial.

AN: La idea de empezar de cero siempre es esperanzadora, y más en los tiempos que corren. Esta podria haber sido una historia en la que toda una generación se viera reflejada, pero el protagonista está tan rematadamente loco que todo punto de conexión desaparece por completo. Es interesante que un psicópata de este tipo acabe en el mundo de la televisión y el sensacionalismo.

PL: Como también es acertado el título de la película (y la profesión a la que decide dedicarse Bloom tras presenciar un rescate policial en un accidente de tráfico): ‘Nightcrawler’ (n. del t.: crawl = arrastrarse, rebajarse). Sabandijas que se arrastran por la noche en busca de gráficas y violentas imágenes que sacien las morbosas mentes de los norteamericanos y los amorales productores de telenoticias sensacionalistas.

AN: Que alguien con la cabeza de Bloom no tenga ningún tipo de escrúpulo no sorprende, pero cuando aparece Nina (Rene Russo) podemos averiguar que realmente no existe moral alguna en el fabuloso mundo de “las noticias de la mañana” en los Estados Unidos. Es escalofriante ver como la comercializacion de la desgracia ajena ha monopolizado el mundo de los telediarios del país americano.

PL: El perverso guión (escrito por el mismo Gilroy) está nominado al Oscar a Mejor Guión Original, pero, pese a ser un trabajo muy sólido, no creo que consiga la victoria. Recordemos que se mide con el de Iñárritu, Giacobone, Dinelaris y Bo (‘Birdman’), el de Linklater (‘Boyhood’) o el de Wes Anderson (‘Grand Hotel Budapest’).

AN: Ciertamente este año todo lo que esté nominado con ‘Birdman’ y ‘Boyhood’ tendrá las cosas muy difíciles. Esto no quita que es sorprendente que ‘Nightcrawler’ sólo haya obtenido una nominación. Seguramente será un tema puramente de gusto personal, pero a mí me ha parecido que la obra de Gilroy está un par de peldaños por encima como ‘Foxcatcher’ o ‘American Sniper’. Pero tampoco será la primera vez que una producción de este tipo se aleja del radar de Hollywood.

PL: Como por ejemplo, para la espléndida actuación de Gyllenhaal o a la estilizada fotografía de Elswit: es una delicia ver cómo Bloom se arrastra por el sucio y violento L.A. nocturno con mucho grano (buscando el estilo sucio de los setenta), e iluminado por la luz de los neones y las farolas, cabalgando con su Mustang cantón de color rojo.


AN: Otra cosa que este novel director deja clara, es que ha basado todo su trabajo en tres pilares: personaje, personaje y personaje. No se puede entender nada si no comprendemos la tormentosa psique del desquiciante Louis Bloom que, por cierto, esconde un oscuro parecido con el Javier Bardem de ‘No Country for Old Man‘. Los personajes con matices Asperger hace tiempo que aparecen en el cine como curiosos (‘The Theory of Everything‘ o ‘A Beautiful Mind‘) o como cómicos (‘Big Bang Theory‘); pero Gilroy lleva este trastorno psicológico al lugar más oscuro; al que acojona y hace que uno se replantee la propia condición humana.

PL: El sadismo de Bloom nos provoca risa nerviosa (en el mejor de los casos) o miedo profundo (en el peor) dependiendo de los valores éticos o morales que esté rompiendo en ese momento. Una creación tan asombrosa como la propia película, que termina con una persecución asfixiante por los barrios bajos del nido de víboras que es, y siempre será, hogar del Louis Bloom de turno.

AN: Un elemento que me ha enamorado ha sido la manera en la que el guión y los demás departamentos logran enlazar el contenido con el continente. La película habla de la atracción por el morbo que tiene el ser humano y la atroz industria que mueve los hilos de este sentimiento. Pero es genial que los aspectos formales del filme también tengan una intención dirigida a lo morboso: los claroscuros de la fotografía, los planos cortos y, como no podía ser de otra manera, la pregunta “¿de qué más será capaz este hombre?” que se instala inmediatamente en la cabeza del espectador.

PL: Completamente de acuerdo. Da la impresión que Gilroy busca advertir sobre en qué clase de basura nos estamos volviendo. Además, todo se acompaña del beat mecánico y persistente de la partitura de James Newton Howard (un habitual de Shyamalan), que si bien sirve de correcto copiloto en el viaje a la locura general de todos los personajes del filme, no es especialmente memorable.


AN: Sea como sea, mis sensaciones han sido muy positivas al salir de la sala y creo que mantendré esta opinión durante mucho tiempo. No estoy seguro si, como algunos auguran, ‘Nightcrawler‘ se convertirá en un clásico, pero sí considero que va a quedar en la memoria de los que vayan a verla. Una película muy completa y que entretiene y fascina a partes iguales.

PL: Gilroy mezcla un enorme personaje, una potente crítica al sensacionalismo y un manejo de la tensión (envidiable para un novato tras las cámaras) con maestría, y le sale un filme muy notable. Tendremos que estar atentos a su avance por la indústria.
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#reflexionesdecine – Las 6 películas que más me hicieron llorar la primera vez que las vi

Hoy, las #reflexionesdecine corren a cargo de @PaulPorcoRosso

En mi día a día no soy un tío extremadamente sensible. Pero cuando entro en una sala de cine (o apago las luces del salón de mi casa y pongo un DVD en el reproductor, el cine de la gente pobre) algún chip cambia en mi cerebro y soy capaz de llorar a moco tendido. Aunque, como con todo, depende tanto del momento anímico como del lugar donde estemos viendo la película. Anímicamente (y eso, que yo sepa, aún no hay ninguna ley escrita que lo defina a la perfección) hay días que los sentimientos están a flor de piel y la lágrima es más fácil que nunca. Y nuestra situación geográfica a la hora de ver un drama intenso también influye: la diferencia entre compartir Hercon tus compañeros de butaca a verla en tu casa en pantalla pequeña está en el vínculo que se crea entre tú y el personaje de Joaquin Phoenix. En la intimidad del hogar nos sentimos más protegidos, y llegar a entrar en la película es más fácil que estando en una sala gigante de 150 butacas con el irrespetuoso de la fila 6 que se ha olvidado de apagar el móvil, la bastarda de la fila 9 que rebusca en el fondo del bote de palomitas como si buscara un anillo de diamantes, o la parejita de la fila 12 que tiene que decirse al principio de cada escena lo mucho que se quiere mediante sonoros besos.
En esta #reflexionesdecine voy a hacer memoria e intentar enlistar las 6 películas con las que más he llorado la primera vez, sin contar revisiones. Ya os aviso ahora: hay un tonel de spoilers en la lista, así que si la leéis enterita y os destripo alguna película ya estabais avisados. Los filmes que componen la lista no son mis dramas favoritos (aunque hay alguno de ellos en la lista), sólo películas con las que no pude aguantar y rompí a llorar como una madalena inconsolable.
6. Blue Valentine (2010)

El nacimiento del amor y la decadencia de la relación entre Ryan Gosling y Michelle Williams es un acierto del autor Cianfrance en todos los sentidos. Su montaje, intercalando momentos del apogeo romántico con los de pérdida de la esperanza amorosa, sumado a la fotografía, la selección musical y las tremebundas interpretaciones de los dos personajes protagonistas suman todos los puntos necesarios para una película cerca de la perfección.
El momento: Gosling se aleja con los ojos abnegados de lágrimas, de su hija y su ahora ex-mujer hacia un futuro incierto.
5. Melancholia (2011)

Lars von Trier tiene un máster suma cum laude en dramas intensos. Podría haber en esta lista grandiosas películas suyas (casi todas me han hecho soltar alguna lagrimilla), pero la que más me ha hecho sufrir es, sin duda, su particular visión del apocalipsis. Aunque todos sabemos que la película no va sólo sobre un planeta gigante engullendo a la Tierra… Si queréis saber más, a mi crítica os remito.
El momento: Tristán e Isoldasuenan de fondo, y Gainsbourg y Dunst esperan pacientemente al fin del mundo. El planeta Melancholia arrasa con todo.
4. 12 años de esclavitud (2013)

El tercer filme de Steve McQueen, su proyecto más mainstream, combina un reparto estelar y en estado de suma gracia con la que se ha convertido en temática habitual de su cine: la esclavitud. Pero por primera vez, la trata sin tapujos ni rodeos: en 1850 un respetado músico de jazz de origen afroamericano es secuestrado y vendido como esclavo en los campos de algodón de América. Su agonía de 12 años es retratada con su magia habitual (pero menos planos fijos y primerísimos primeros planos) por el prometedor artista inglés con el mismo nombre que el héroe de acción de ataño.
El momento: cada latigazo de Fassbendera una sufrida Lupita N’yongo es a la vez una lágrima y un paso de la chica hacia su (a mi parecer) merecido Oscar a mejor actriz de reparto.
3. Amour (2012)

Ninguna película de Michael Haneke había conseguido hacerme llorar hasta el día en que vi Amour. Soy un gran fan de (casi) toda la filmografía del genio austríaco, pero sus películas más que provocarme lloros incontrolables me mantienen en una tensión asfixiante y me provocan una sensación de vacío desasosegante cuando llegan los títulos de crédito. En Amour, George y Anne (unos superlativos Trintignanty Villa) son dos octogenarios que ven su amor puesto a prueba cuando Anne tiene un infarto y como consecuencia se le paraliza un costado.
El momento: Anne ha perdido el habla e intenta pronunciar algunas palabras. George, desesperado, empieza a cantar ‘Sur le pont d’Avignon‘ y Anne lo sigue hasta que sus ojos se inundan de lágrimas.
2. El Pianista (2002)

Polanski consiguió retratar con acierto los años previos a los campos de exterminio mediante este drama mastodóntico ambientado en el guetto arrasado de Varsovia, retratado con una fotografía espectacular de Pawel Edelman (aunque para los académicos no tanto como la de Camino a la perdición). El Pianista es un hombre que lo pierde todo poco a poco por la desdicha de la guerra, un sufrido náufrago humano en una ciudad asolada por los obuses interpretado por Adrien Brody. Sin duda, el polémico Polanski dio con la tecla acertada: Oscar para él y Oscar para Adrien Brody en la que es la mejor actuación de su carrera.
El momento: un cansado y desmejorado Adrien Brody interpreta una Balada de Chopin ante la atenta mirada de un oficial alemán.
1. Viaje a Darjeeling (2007)

Otro gran maestro para el drama (aunque en sus películas siempre se las ingenia para combinarlas con su estilo particularísimo y su humor entre irónico y sarcástico) es Wes Anderson, el cual sitúo en el punto más alto de esta lista. Muchos son los momentos del filme que apelan a la melancolía en esta historia de tres hermanos que no se soportan a la búsqueda de su madre perdida en la India, y pese a los numerosos momentos de alta comicidad, esta película (una de mis favoritas) termina con un sentimiento agridulce: como la vida misma.
El momento: uno de los “cuentos” de Schwartzman: los tres hermanos intentan llevarse el coche de su difunto padre del taller el mismo día del entierro.

RETROSPECTIVA David Fincher: ‘Zodiac’

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
La delgada línea que separa realidad y ficción ya ha sido tratada por Fincher a lo largo de toda su filmografía. ‘The Game‘, ‘Fight Club‘, la recientemente estrenada ‘Gone Girl‘ son claros ejemplos. Pero en todas ellas se sufre de sobre-explicación: la vida real y la reinterpretación de la misma por parte de sus personajes se separan de forma evidente en el clímax de la película, para despejar dudas al espectador y que vuelva a su hogar con la lección aprendida. Todo lo contrario ocurre en ‘Zodiac‘: los hechos reales y las falsas pistas alimentan las dudas de policía, medios de comunicación y sobre todo espectador sobre donde se encuentra y donde termina la estela del verdadero asesino del Zodiaco, creando la sensación más de documento histórico que de experiencia fílmica: los crímenes que este cometió durante casi dos décadas, mantuvieron aterrorizados a los habitantes del norte de California. Pero lo que hizo que entrara en el imaginario colectivo de la ciudad y cautivó a Fincher a la hora de realizar esta película de 2007 fue la relación que el peculiar homicida mantuvo tanto con los inspectores de policía como con la prensa local. El criminal mandaba mensajes en clave con referencias a la ópera, al cine o a la astrología (lo que le hizo ganarse tan reconocible apodo), amenazaba con sembrar escuelas de cadáveres, y llegó a atribuirse un total de 37 crímenes sin resolver repartidos por ciudades de todo el norte de California (de los cuales 7 han sido confirmados como suyos y 6 más se tienen archivados como posibles).
Muchos aseguraron haberle conocido, y cientos de aficionados elaboraron diversas hipótesis sobre la identidad del asesino: algunas aventuran que fue arrestado por otros delitos, otros que el susodicho ya había fallecido. Pero la policía de San Francisco nunca confirmó la veracidad de ninguna de estas versiones. Los sufridos investigadores del caso de este asesino en serie siguieron diversas investigaciones, la más fiable la que apuntaba a Arthur Leigh Allen como principal sospechoso. Todas ellas fueron derrocadas (esta última por diferencias con las huellas dactilares y la caligrafía) y aún a día de hoy permanece como una incógnita a resolver. En esta narración coral, retrato de los veinte años de actividad del asesino del Zodiaco, el personaje de Gyllenhaal (que como todos, completa una superlativa actuación) es lo más parecido al espectador, que encuentra en ‘Zodiac‘ un ensayo sobre la obsesión absorbente que atrapa a todos sin dejarles escapar: no es ni un thriller (aunque es tenso) ni una película de intriga (aunque la tiene), pero la atmósfera fincheriana campa a sus anchas por toda la película y provoca la inmersión inmediata de todo aquél que se atreva a inmiscuirse en el proceso investigativo a seis (a veces ocho) manos. ‘Zodiac‘ es un drama sobre una investigación policial sin rumbo ni fin, así que a lo mejor es más apropiado hablar de ella como una investigación dramática.
Una larga (sobretodo) descripción de cómo se recogen pruebas, y lo enfermizo que es el trabajo policial: lento, cansino, minucioso. Descubrir que todo detalle, por pequeño que sea, puede ser determinante a la hora de evitar la muerte de más personas, y lo fatal que es reencontrar ese detalle tiempo más tarde de cuando se tendría que haber hecho. Conocer de primera mano cuál es la inmensa frustración que supone darse de bruces contra puertas cerradas, puertas tapiadas y calles sin salida. Fincher consigue plasmar con elegancia, profundidad, excelencia técnica y sin emitir juicios morales los principales temas de su filmografía: el miedo a lo desconocido y la fascinación por las zonas oscuras del alma del ser humano con este relato sobre un psycho-killerque extiende el pánico entre la población.
La crónica de una época y el clasicismo narrativo aunados en este primer filme moderno de Fincher se aleja finamente de la pirotecnia de obras como ‘Fight Club‘ o ‘The Game‘ y se convierte en todo lo que ‘La dalia negra‘ de Brian De Palma quiso ser pero no pudo. Otra imperdible obra del realizador americano.

‘The Dark Knight’: la gran tragedia griega del siglo XXI

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
El héroe luminoso ha muerto. Sólo hay un caballero oscuro (protector vigilante), siniestro habitante de la noche: en este segundo acto del épico reboot de la saga de películas de Batman, el hombre murciélago se enfrenta a su némesis por antonomasia: el Joker, villano/terrorista/psicópata ególatra con la voluntad de imponer su propio orden -o, mejor dicho, su propio caos- en la tranquila vida de los gothamitas. Una creación terrorífica e inquietante, maquillaje blanco y carmín corrido mediante, que se encumbra y se vuelve aún más terrorífica y aún más inquietante con la muerte del actor Heath Ledger. Entre atracos perfectos -el de la secuencia inicial es uno de los mejores, sino el mejor, de la historia del cine-, explosiones, épicas bandas sonoras de Hans Zimmer (que, aquí sí, crea su opera magna), y increíblemente orquestadas escenas de lucha, persecución y/o simples diálogos que solo se pueden calificar de magníficos, el héroe no vencido, pero superado por la astuta mente criminal del villano (o su anarquía y falta de planificación, como el propio Joker señala en una de las escenas de la película), debe renacer de sus cenizas y levantarse como único baluarte en pie de la justicia de la jurisdicción cuya protección se otorga.
La película, en un baile de géneros entre el cine político, el thriller psicológico y la acción pura, se aleja del barroquismo de Burtony Schumacher y retrata una estética urbana y realista: Gotham es más Nueva York que nunca. Una proyección que refleja con la sesuda mirada de Nolanla corrupción de altas esferas, el miedo que se ha apoderado de nuestra sociedad y la degeneración democrática de nuestro tiempo. La gran virtud de ‘The Dark Knight‘ es la de ser a la vez un entretenimiento puro orgásmicamente satisfactorio y una película donde las dobles lecturas y los mensajes morales se sitúan en puntos clave de la narración por (curiosamente) el mismo guionista que el año pasado perpetró el libreto de ‘Man of Steel‘.
Poco importa que la sensación de clímax constante que imprime el pirotécnico Christopher Nolan (con una dirección y una fotografía que elevan la película más allá del espectáculo fílmico y visual) a cada épico y epopéyico minuto de la película impida a los protagonistas de esta gran tragedia griega del siglo XXI velar la muerte de otros personajes (en otra demostración del Nolanmás frío y calculador), como tampoco importa que sitúe la venda de la acción adrenalínica y asfixiante ante los espectadores que no pueden reflexionar sobre los grandes dilemas morales que se plantean en ‘The Dark Knight‘, por otro lado resueltos con un bello e imperecedero mensaje: la humanidad del ser humano despierta en las situaciones más límites, y siempre hay redención para el héroe si este está dispuesto a aceptar el castigo de un ente superior entendido como destino y recluirse al éxodo absoluto.

The Dark Knight‘ es, con todos sus fallos y todas sus imperfecciones, una obra oscura pero brillante (sin alcanzar la posición de maestra), y de las más grandes películas de superhéroes de la historia del cine.

#reflexionesdecine – Mis 7 películas de terror favoritas

Hoy, las #reflexionesdecine corren a cargo de @PaulPorcoRosso

Mi plan para la noche del 31 de octubre era bien sencillo: un pack de seis cervezas, un par de pizzas congeladas, una bolsa de patatas, mi grupo de amigos, un televisor, cuatro películas de terror y diez horas de sustos y risas por delante. No soy muy dado a ver cine de terror, pero cuando lo hago, lo hago bien. Las películas escogidas: The Green Inferno (me la perdí en la edición de Sitges del año pasado y la curiosidad me puede para ver qué nos trae el Oso Judío), The Sacrament (un Halloween sin Ti Westy su narrativa casi asiática no es un Halloween completo), Slither (para celebrar el triunfo de Gunn en las riendas de Guardians of the Galaxy) y Martyrs (para venerar a la nueva ola de cine de terror francés -que no conozco para nada, pero queda bien decirlo). El resultado: el sueño nos vence antes de llegar al cachondeo de James Gunn y abandonamos hasta el año que viene.
Pero estas cintas y mi plan magnífico para celebrar el sinónimo americano de Tots Sants (yo cuando era pequeño comía castañas y panellets y veía El Sexto Sentido) no son lo importante ahora. Aprovechando que acabamos de pasar la noche del treinta-y-uno de octubre y que nada apetece más cuando hace un poco de frío que pasar miedo en un sofá, me lanzo a escribir esta lista de mis siete películas de terror favoritas. *Aclaración: es una lista de las películas de terror que más me gustan, node las que me han dado más miedo: en esa lista la primera sería The Descent (2007)*
7. Braindead (Tu madre se ha comido a mi perro) (1992)

Hablar de Braindead (una de las primeras películas del que todo el mundo conoce como el director de El Señor de los anillos) es hablar de una de las mejores comedias terroríficas de todos los tiempos, hecha por y para desquiciados (y a mucha honra, oiga). Es gore por excelencia: priman el cutrerío (sobretodo), el humo para crear ambientes sórdidos, el pus verde, los corazones al aire, los destripamientos, las amputaciones, y los litros y litros de sangre más falsa que un euro con la cara de Popeye. Películas como The Evil Dead (la de 2012, no jodamos), The Human Centipede II, A Serbian Film o las seis secuelas de Saw (cuya primera parte es una más que cojonuda cinta de intriga) han desprestigiado un género que toca la cumbre cuando se trata a sí mismo de parodia: si existe el ‘gorexplotation’, Braindead es su reina madre. Además de todo esto, la película con el cachondo título-spoiler de la traducción española Tu madre se ha comido a mi perro tiene una doble lectura como una historia de relaciones materno-filiales obsesivas llevada al extremo. Una delicia imperdible para los fans del género o para todos aquellos que busquen iniciarse en él.
6. Los pájaros (1963)

Así como soy de los que piensa que con el tiempo Psicosisse ha ido quedando como una obra casi maestra del suspense más que como la película que en los sesenta “hizo salir a la gente de las salas aterrorizada” por lo terrorífico y sanguinario de su propuesta (mi único comentario va a ser el cliché: eran otros tiempos y la gente era más impresionable), veo en Los pájarosuna intensa producción que lejos de perder su tensión e incluso miedo con el tiempo, se ha mantenido como baluarte atemporal del cine de terror del hombre con la silueta más reconocible de la historia del celuloide. Violenta (sobre todo para su época), espectacularmente bien dirigida, y lo que es peor, ambigua, juega a saltar a la comba con el miedo inherente al ser humano a lo inexplicable, tanto con su final abierto como con el montaje en ciertas escenas o la irracionalidad de los ataques perfectamente sincronizados de los pájaros. Muchos intentaron interpretarla, y Hitchcockse mantuvo incorruptible ante las demandas de espectadores y críticos a explicar sobre qué iba exactamente Los pájaros. Nunca lo sabremos del cierto, y yo prefiero que sea así.
5. Posesión infernal (1981)

Un grupo de jóvenes se disponen a pasar un fin de semana en una cabaña en el bosque. Están todos los arquetipos del adolescente americano, y se disponen a darlo todo en una fiesta sin fin que de seguro va a acabar en bacanal. O no, porque ajenos a todo, han leído un libro maldito (ni más ni menos que El Necronomicón de Lovecraft) en voz alta que ha despertado a las más malvadas criaturas del averno… Sólo leyendo esta sinopsis, el filme podría no ser más que un cúmulo de despropósitos, pero la dirección de un inspiradísimo Raimi (sí, el director de tres Spiderman) fabrica una creciente tensión que hiela la sangre, ya sea por esas acometidas de la cámara a la casa que habitan los protagonistas (como si nosotros los espectadores cuestionáramos la película que estamos viendo y con ello no hiciéramos más que dañar a los personajes, preciosa perla meta-cinematográfica) o por esos planos POV para inspeccionar las habitaciones (que mantienen los nervios alerta, como si en cada esquina acechara el mal en sí mismo). Por desgracia, Sam Raimi nunca ha vuelto a dirigir así. Bueno, igual con la mítica Darkman.
4. La cabaña en el bosque (2012)

¡Vaya par se fueron a juntar! Joss Whedon, cachondo de profesión, y Drew Goddard, un apasionado del terror, conforman un dúo magnífico que toma prestada la sinopsis de la antes nombrada (y venerada por un servidor) Posesión infernal, la estrujan y le dan un par de vueltas y crean esta maravilla irónica, divertida, multireferencial y (cuando le da la gana) tensa y terrorífica que es The Cabin in the woods. No en vano la han catalogado como la Scream de la generación 2000 (categoría que también le atribuyo), pues es en todo rato un filme que se cachondea des del respeto (o más bien desde la veneración) del género del que mama directamente, y traba múltiples e inacabables referencias a grandes filmes del terror como ya hiciera el éxito mundial de Wes Craven. Aquel, recordemos, dio pie a tres secuelas que acabaron por restarle méritos a la original. Ésta se ha ganado a todo aquél que la ha visto (a sabiendas siempre que iba a ver una rareza) y ha catapultado a Goddard hacia la adaptación de Los Seis Siniestros. A ver cómo va eso.
3. La matanza de Texas (1974)

Este clásico y primerizo film del slasher (género en el que se desmiembran uno a uno un grupo de adolescentes pardillos) ha dado pie a mil-y-un remakes, secuelas, precuelas e historias de orígenes sin el más mínimo interés, pero también fue el precursor de Halloween de Carpenter y alguna otra obra magna del género (Scream). Aun habiendo perdido capacidad de sorpresa y aterrorizar con los años, la atmósfera inquietante se mantiene incorruptible en esta pieza impresionante del horror, y la dirección firme de un (por entonces) novato Tobe Hooper (director de otros clásicos como Poltergeist o Phantasma II) la eleva por encima de un género que tuvo su cumbre en los inicios. Porque todo, y digo TODO el slashersiguiente se ha querido reflejar en La matanza de Texas. ¿El resultado? Sé lo que hicisteis el último verano, Triangle, Viernes 13, varios Jeepers Creepers: terribles películas que se encuentran lejos (muy, muy lejos) de igualar La matanza de Texas.
2. La Cosa (El enigma de otro mundo) (1982)

Sometida también a un terrible remake/precuela hace pocos años, esta obra maravillosa de Carpenter(para mí, su greatest hit) es un despliegue de terror, drama y tensión en un filme que, sí, se acerca más a la ciencia ficción que al horror, pero que no deja de tener sus momentos algo gore y terroríficos. El trabajo de Rob Bottin en los efectos visuales (los mejores de la lista) fue una referencia en el cine de terror de la época, la actuación de un carismático Kurt Russelles magnífica y la impecable dirección de Carpenterson las grandes bazas de este clásico de los ochenta. La angustia que sienten los atrapados personajes de la estación polar se trasmite al espectador y despierta en él la incertidumbre ante la gran duda de los personajes: ¿quién es realmente quién?
1. El Resplandor (1980)
Lo primero que se me viene a la cabeza cuando pienso en El Resplandor es el adjetivo “irrepetible”. Esta indiscutible obra maestra del género de terror no se puede dejar de admirar tanto por los escalofríos que hoy tras treinta-y-cuatro años de su estreno original aún produce como por la belleza técnica y dominio extremo del lenguaje cinematográfico del que hace gala (como es costumbre en todas sus producciones sin excepción) el maestro Stanley Kubrick. Una evidencia más de la grandeza del realizador neoyorkino: pocas películas (por no decir ninguna) han conseguido producir un miedo tan real sin refugiarse en las penumbras o las luces tintineantes. Todo en El Resplandor es perfecto (y extraño): desde la actuación superlativa de un desquiciado y perturbado Jack Nicholson que se asoma al abismo de la locura y no sobreactúa (o la de Shirley Duvall, que reivindico desde aquí pese a su terrible, terrible doblaje), pasando por el complejo mapa del Hotel Overlook (un personaje más), hasta ese final desconcertante. Ah, no se lo pierdan: El Resplandor ganó el Razzie al Peor director de 1980. Increíble pero cierto.

‘Interstellar’, de Christopher Nolan

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
Descubrir los misterios del Universo, saltar al interior de un agujero negro, ir más allá de donde ha ido cualquier otro ser humano, explorar páramos de soledad y buscar un planeta habitable para salvar a la humanidad. Pero a la vez sufrir por la gente que se deja atrás en el proceso, el abandono en pos de un bien mayor, lo que se quiere hacer contra lo que se tiene que hacer. Épica y grandilocuencia (música de Hans Zimmer a tope mediante) contra intimidad y familia. La frialdad del raciocinio científico contra el calor de las emociones humanas y íntimas. Estas son las dicotomías que (enmarcadas en un futuro dónde es constante el contraste entre lo viejo y lo nuevo que conviven en perfecta harmonía) presenta Nolan en su última (gran) película, ‘Interstellar‘: ciencia ficción des de la óptica más realista del cine desde ‘Contact‘ (aunque sin su moralina sobre la fe), y antes desde ‘2001: A Space Odyssey‘ (pero sin la frialdad pretendida que imprime Kubrick en una de sus obras maestras), pero con el inigualable sentido del espectáculo visual y la técnica propias del cine de Nolan -el cambio de director de fotografía de Pfister a van Hoytema es imperceptible-, uno de los únicos directores del cine actual que son apuestas seguras en cuanto a entretenimiento absoluto (y casi seguras en cuanto a disfrute intelectual).
Cómo ha cambiado la carrera de Nolan, que empezó con dos historias sesudas (ambas de introspección mental del protagonista) y sin avisar se pasó a la pirotecnia sonora y visual (con enormes resultados), poniendo su magnífico savoir-faire al servicio del espectáculo y el disfrute del espectador. ‘Interstellar‘ es la culminación de este gran Nolan, un Nolan que sólo le debe a él mismo, a sus riesgos y a sus ambiciones, la grandeza de esta space opera a la vez íntima y epopéyica, deudora de la gran ciencia ficción de la historia del cine. Lo único que flojea (un mínimo casi imperceptible y que destaco a título totalmente personal) son ciertos elementos algo tópicos del guión en lo referente al drama familiar de un imponente McConaughey.
Igual no se puede hablar de ‘Interstellar‘ como una película innovadora (curiosamente, adjetivo que va acompañado de casi todas -sino todas- las películas anteriores de Nolan) dentro de su género, pero es el encuentro entre el drama familiar del cine de Spielberg, la ciencia ficción reflexiva de Kubrick, y el discurso científico de Carl Sagan: uno de los títulos imperdibles del año. ¿Perfecta? No. ¿Brillante, intensa y fantástica? Lo afirmo sin duda alguna. Casi tres horas de cine puro que pasan en un suspiro: la mejor película del británico desde ‘Insomnia‘. 

RETROSPECTIVA David Fincher: Seven

Crítica de @PaulPorcoRosso
Puede ser que Seven sea el descendiente directo al cine de aquella obra maestra que confeccionó Lynch para el formato doméstico sobre el asesinato de Laura Palmer. No digo que sea porque Fincher se fijó en Twin Peaks para elaborar la que, para mí, es su gran obra maestra, sino porque la atmósfera constante que consiguen crear tanto él como el director de fotografía iraní Darius Khondji (cuyo trabajo hemos visto este año en The Immigrant) es claramente heredado del sentimiento que hizo grande aquella serie de principios de los noventa: el enemigo está en el ambiente. El mal en estado puro está presente no sólo en cada esquina, sino que rodea a los personajes en forma de estado de ánimo, climatología y suciedad. Seven es EL thriller, y también hereda, como todo thriller que se precie un mínimo, de aquella rareza de los ochenta llamada El elemento del crimen que puso en el panorama cinéfilo mundial a un joven e irreverente danés de 28 años, Lars von Trier. Las referencias con las que estoy jugando no son, parafraseando al conde Drácula, cosa de risa, y si así lo dejo escrito es porque así lo creo.
El asesino de la cinta, el llamado Dole (Spacey), resulta tan particular que la película (y con ella la audiencia) se rinde a sus pies y a su pesimista visión sobre el ser humano con apenas 20 minutos en pantalla. Sí, la actuación del que cuatro años más tarde sería el ganador del Oscar por su participación en la superlativa American Beauty es de aúpa, pero lo que hace que Dole se meta en el bolsillo a todo el mundo es el concepto de sus asesinatos. Cada muerte, cada caso, cada aberrante construcción de espacios grotescos y sádicos encierra a la bestia en la que se ha convertido un ser humano como resultado de su vida en una civilización en decadencia, materializada en las calles sucias y abarrotadas de una ciudad eternamente lluviosa sin nombre. Sommerset (Freeman) es el viejo maestro, y Mills (Pitt) es el alumno que, después de una intensa investigación que cambiará su vida para siempre, se convertirá en el propio asesino.
La contribución de Ficher al filme es más que una excelente dirección de actores, que consigue sacar lo mejor de cada uno de ellos (con mención especial a Morgan Freeman, cuyo Sommerset es la fotografía que sale al lado de la definición de ‘detective cansado’ en cualquier diccionario), es la pausa y meticulosidad que le otorga a la cinta en aras de la creación de ambiente. La cámara de Fincher son, mayormente, lo mismo que los ojos analizadores y expertos de Sommerset: cada rocambolesco y barroco espacio al que asistimos es observado con planos reflexivos, casi contemplativos, a veces con la deliciosa partitura de Shore acompañando, a veces con las melodías de Bach, y en general con la música de la realidad. Gritos, sollozos, verdades como puños de Freeman a Pitt y luego de Freeman  a Paltrow.
En definitiva, Seven es toda una obra magna del thriller, con la que muchos autores posteriores han querido reflejarse pero no han podido sino parecer una burda copia barata ante tan mastodóntica producción. Irrepetible y mágica.