‘A Most Violent Year’ o “Mr. Fucking American Dream”

Llegar al país de las oportunidades, buscarse un trabajo y empezar a subir en la escala social a base de esfuerzo, determinación y mucho trabajo. Éste parece ser el caso de Abel Morales (Oscar Isaac), la viva imagen del sueño americano. Hay una escena en la que habla con Julián –transportista de su empresa-, también hispano. Éste le empieza a hablar en español y, a pesar de ser la lengua nativa de ambos, Morales le pide que cambie al inglés. Vemos, pues, que su integración al país es total e incluso parece haber olvidado sus raíces. Su país es Estados Unidos y cree firmemente en los valores que esta nación representa. Morales ha conseguido levantar una empresa de distribución y venta de gasóleo con todas las de la ley. Sin embargo, los camioneros que transportan su gasóleo son asaltados continuamente y no se pueden defender, pero Morales se niega a armarlos. Paralelamente, y aunque él insiste en la honradez con la que lleva su negocio, el fiscal presenta cargos contra su empresa.

El inicio es más bien relajado: se describe una transacción que se prevé importante para la empresa pero del que desconocemos los detalles y si bien al principio puede parecer un drama empresarial carente de emoción, la película muta hacia un thriller que, de la misma manera que la genial ‘Nightcrawler’ (Dan Gilroy, 2014), nos ofrece un discurso claro: no se puede alcanzar el sueño americano jugando limpio. No hay competencia leal. Si una empresa se expande y con sus beneficios perjudica otra empresa, ésta no responde con un mejor servicio, con un mayor esfuerzo para mejorar los resultados, sino con amenazas e invitaciones poco amigables a abandonar el negocio. Porque ese Sueño Americano es sólo un espejismo, y los que quieren llegar a él saben que sólo tienen un camino: desviarse de la legalidad e intentar no ser muy sensible con los demás, porqué sólo ganas si los otros pierden.
La grandeza de ‘A Most Violent Year’ no reside únicamente en su desolador pero realista discurso, pues las interpretaciones de los dos protagonistas, Oscar Isaac y Jessica Chastain ya merecen por sí solas el visionado de la película. Tras interpretar a Llewyn Davis, el músico de folk y enésimo loser salido de las mentes de los Coen, la carrera de Oscar Isaac acabó de despegar y este año ya hemos podido verle con otra gran interpretación en la recomendable ‘Ex Machina’. Isaac convence como el empresario honrado que intenta hacer lo imposible por evitar pasarse al otro lado de la ley, y su contención es tan admirable como los estallidos emocionales, siempre más fáciles de alabar. Las grandes actuaciones de Jessica Chastain ya son habituales des de que despuntara en ‘The Tree of Life’, pero no por ello es menos destacable su papel como contable y esposa de Morales. Los dos actores alcanzan cotas interpretativas tan altas en la última discusión de sus personajes que no desentonarían en ninguna lista de premios.
Si a todo esto sumamos un director que con sus dos primeros largometrajes (‘Margin Call’ y ‘All Is Lost) se ganó buena parte de la crítica, el resultado no es otro que este excelente thriller que empieza de forma serena para después finalizar con un gran clímax que concluye de forma realista y certera y una única sensación tras ver ‘A Most Violent Year’: acabamos de ver cine en mayúsculas.

MIÉRCOLES EN ASIA: ‘Tengoku to Jigoku’, de Akira Kurosawa

[[Crítica de @marckwire21]]
Tengoku to Jigoku‘, más conocida por ‘High and Low‘ o ‘El infierno del odio‘ como se tradujo aquí en España, es una película de 1963 dirigida por el japonés Akira Kurosawa. El brillante director asiático se encontraba casi al final de su carrera con un Óscar ya bajo el brazo por ‘Rashomon‘ y más de 20 títulos a sus espaldas entre los que destacan ‘Yojimbo‘, ‘Los siete samurais‘, ‘Trono de sangre‘ o ‘El idiota‘. Estas dos ultimas junto a ‘Barbarroja‘, ‘Dersu Uzala‘ y la cinta que nos ocupa hoy, ‘El infierno del odio‘, son las cinco adaptaciones de novelas que Kurosawa dirigió en toda su carrera de un total de 32 películas. Poco más de 50 años tenia el realizador japones cuando adaptó este thriller policial -también participó en el guión- basado en la novela escrita por Ed McBain (seudónimo de Salvatore Lombino) en 1959, ‘King´s Ransom‘ (‘El secuestro del rey‘). La fotografía en un perfecto blanco y negro corre a cargo de Asakazu Nakai (‘Throne of blood‘, ‘Dersu Uzala‘, ‘Ran‘) junto a Takao Saito y la banda sonora es obra de Masaru Sato (‘Yojimbo‘, ‘Sanjuro‘).
Un importante directivo perteneciente a una empresa de zapatos, Kingo Gondo (Toshiro Mifune) celebra en su casa una reunión con algunos de sus compañeros para debatir el futuro de la empresa ya que dispone de la mayor parte de acciones de la misma. Al término de esta, recibe una llamada donde le dicen que su hijo ha sido secuestrado exigiéndole un rescate millonario. Las dudas llegan a la mente de Gondo, pues necesita ese mismo dinero para poder hacerse con el control de una empresa en la que ha invertido toda su vida.

Ejemplar y cuidado thriller policíaco exhaustivamente detallado sobre el secuestro del hijo de un gran empresario con brillante dirección de Kurosawa. Podemos dividir las más de 2 horas que dura en dos capítulos. Por desgracia el mejor es el mas corto. Por suerte, es el primero. Durante una hora exacta el director japonés pone todos los elementos en escena. Empieza con un prólogo ideal para dejar claro la personalidad de Gondo (Mifune), un hombre maduro, recto, serio, enteramente dedicado a su trabajo sin un resquicio por el que dejar caer una pizca de humanidad. Así nos lo vende Kurosawa al inicio, pero la evolución del personaje de Gondo en la trama es brutal. La escena cuando prepara él mismo el maletín con todos de pie rodeándole es genial. Toshiro Mifune está realmente creíble enfundado en su traje de la vida, en su uniforme oficial bajo el cual nadie es capaz de llevarle la contraria hasta que los acontecimientos se suceden. Este prólogo nos trae también el momento del secuestro, en nuestras propias narices, sin ni siquiera haber digerido toda la información de la reunión. El ritmo en este ‘primer acto’ es bárbaro, no hay momento de respiro, prólogo, presentación de resto de personajes y nudo argumental. Todo en un escenario, la casa de Gondo. Vemos distintas habitaciones, pero en esa primera hora la cámara no abandona la casa, que además, permanece con todo cerrado por razones que no voy a desvelar. 


Un escenario, 5 personajes, 6 a lo sumo contando solo los importantes, cortinas echadas y nervios a flor de piel a un ritmo incesante. Por si esto no fuera bastante hay un giro brutal en los primeros 30 minutos que descolocara de una manera tangible las ideas que Gondo tenía para rescatar a su hijo e incluso su propia forma de ver la vida. Tenemos a Gondo, el padre, interpretado por Toshiro Mifune, el niño se llama Jun (Toshio Egi) y la madre Reiko (Kyoko Kagawa). A ellos hay que añadirle los integrantes del grupo policial que aparecen en escena de una manera excelente y sorprendente. Pese a ser más de 10, el guión solo da texto a unos pocos que serán los encargados de llevar ante la justicia al secuestrador. Son, al mando el detective jefe Tokura (Tatsuya Nakadai), Arai (Isao Kimura), Bos´n Taguchi (Kenjiro Ishiyama) y Nakao (Takeshi Kato). Solo el primero, el jefe Tokura, será quien disponga de más frases. En total no más de 6 personajes en escena siempre incluido el secretario del señor Gondo, Kawanishi (Tatsuya Mihashi), que sólo está los primeros 40 minutos. De todos quien más destaca es Toshiro Mifune pero quien gana en protagonismo por goleada es la brillantez del conjunto. No, no he citado a dos personajes que quien haya visto la película habrá notado. Es mejor así.

Después de producirse el intercambio entre secuestrador y Gondo en la única escena que la acción se traslada fuera de los muros de su hogar a otro lugar cerrado como es un tren, Kurosawa funde a negro. El plano siguiente es la propia casa del empresario vista de fuera. Ya estamos fuera. Es hora de buscar al asesino. Durante este tramo hay escasas escenas dentro de la casa. La acción pasa a las calles, a la búsqueda del secuestrador exprimiendo para ello todas las posibilidades que van ofreciendo las pistas encontradas. Puedo asegurar y aseguro que hay pocas por no decir ninguna película que muestre tan detalladamente la búsqueda de un criminal de esa manera. Más de 20 personas en parejas de a dos cada una de ellas encargada de un detalle, sacándole jugo a todas las pistas. Increíble la escena en que todos entregan el reporte de lo averiguado. No parece que el ritmo vaya a decaer pero lo hace hasta el punto de no haber un clímax suficientemente bien creado en la captura del secuestrador. Kurosawa alarga innecesariamente escenas que de ser más cortas (discoteca o la propia captura final) podrían haber aligerado la carga del film y hacerlo mas dinámico. Aun con todo eso el arranque del segundo acto es fabuloso y hay escenas muy logradas como la del doble seguimiento en coche con el niño, la de la comisaria con la presentación de los reportes, el famoso humo rosa (efecto imitado años mas tarde por Spielberg en ‘The Schindler’s List‘) o el propio final con ese impresionante cara a cara entre padre y secuestrador mientras se reflejan sus rostros en el cristal.

Excelente thriller policíaco con un alto nivel de detalle en todos sus aspectos, desde personajes hasta planos con segundas lecturas. Una critica lejana a la desestabilización social y de clases provocada por la enorme recuperación económica tras su participación en la 2a Guerra Mundial. Claramente va de menos a más y el clímax de la captura se deja para el final con el cara a cara. Una conversación breve que muestra a un secuestrador poseído por un odio y una envidia capaces de llevar a cualquier ser humano a cometer actos desesperados. Gondo queda estupefacto siendo consciente de los sentimientos del criminal pero sin poder articular palabra ni pensamiento que lo haga comprender totalmente que hizo mal para provocar tanto odio y envidia en él. 

Lo mejor: Su ‘primer acto’ es perfecto. De manual. Como estar viendo una gran obra de teatro en primera fila. Toshiro Mifune de 10.

Lo peor: Pese a tener mas acción que el primero, el segundo acto se diluye por culpa de la duración de algunas escenas. Se pierde el interés en la búsqueda nocturna.

RETROSPECTIVA David Fincher: ‘Panic Room’

[[Crítica de @PauGarcia179]]
Era el año 2002 y había mucha expectación por ver lo nuevo de David Fincher tras sorprender a propios y extraños con ‘Fight Club’, esa obra maestra protagonizada por Edward Norton y Brad Pitt. Finalmente, David Fincher se decidió por dirigir ‘Panic Room’, cuyo libreto lo firma David Koepp, cineasta responsable del guión de ‘Carlito’s Way’ (Brian de Palma, 1993), entre muchos otros. ‘Panic Room’ explica la historia de Meg Altman –recién separada- y de su hija Sarah, que se trasladan a una mansión de Nueva York escandalosamente lujosa. Sin embargo, tres ladrones invaden su hogar y madre e hija se esconden en “la habitación del pánico”, un refugio con cuatro muros de hormigón, línea telefónica independiente y monitores para controlar el resto de la casa. 
La película empieza con unos planos de la ciudad de Nueva York mientras los títulos de crédito se adaptan al paisaje urbano sobrepoblado de irritante publicidad, para pasar inmediatamente a lo importante del asunto: la descripción de la nueva casa. El problema es que ni David Fincher ni el guionista se toman la molestia de describir mínimamente los personajes. No sabemos nada de la supuesta protagonista, la mujer interpretada por Jodie Foster, ni de su hija en la ficción, interpretada aquí con solvencia por una jovencísima Kristen Stewart (bastante antes de dejarse vampirizar accediendo a protagonizar ‘Twilight’ y sus interminables secuelas). Lo único salvable en la descripción de personajes es el momento de peligro en el que Sarah, la hija, recita los títulos de los álbumes de The Beatles en voz alta para mantener la calma, uno de esos detalles que dan vida a los personajes.
El buen hacer de las dos actrices consigue que nos creamos los personajes y que su devenir en la historia nos importe mínimamente. Por otra parte, en la banda de ladrones tenemos al malo malísimo de turno (Dwight Yoakam), al malo que en realidad es bueno que hemos visto en 300 películas antes que esta (Forest Whitaker) y al supuesto líder de la banda, un niñato pijo interpretado por Jared Leto. Más allá de que Whitaker consigue que le creamos como una buena persona, poco hay que destacar en las interpretaciones de los ladrones.
El malo que es bueno, el malo malísimo y el pijo
Con un desarrollo tan pobre e inverosímil, con esa inexistente descripción de personajes (problemas que ya estaban en el guión), ¿qué vio David Fincher en esta historia para querer llevarla a la gran pantalla, después de haber logrado una obra como ‘Fight Club’? La respuesta la podemos encontrar en ciertos billetes de color verde, o quizás (siendo muy benévolos con el director), la voluntad de transformar un guión más bien mediocre en un digno producto audiovisual que cautivara al espectador no con una gran historia ni personajes, sino con su puesta en escena y estilo.
A favor de David Koepp, el guionista, hay que decir que entre las páginas del libreto ya había atisbos de tensión, suspense y atmósfera asfixiante, elementos que Fincher refuerza sobremanera a través de su atractivo estilo y experta puesta en escena. También, suponemos, debió de ser un reto para el director el rodar en prácticamente todo el filme en un mismo lugar, una mansión cuyo lujo y exuberancia encierra un reverso oscuro cuando se revela contra los personajes que en él habitan.
De acuerdo, ‘Panic Room’ es entretenida y se sigue con interés. Pero a pesar de esa tensión bien conseguida, de la solvencia de las interpretaciones y del fascinante estilo de David Fincher, el filme encierra en su excelsa forma el más absoluto de los vacíos, una película hueca de una superficialidad alarmante que la condenan en el limbo de las películas bien realizadas pero que no dejan en el espectador el más mínimo poso o recuerdo tras su visionado.  

RETROSPECTIVA David Fincher: ‘The Game’

[[Crítica de @marckwire21]]
Difícil empresa a la que se enfrentó David Fincher tras reinventar el género thriller cuando dirigió en 1995, ‘Seven‘. Aunque la historia que precede a ‘The Game‘ viene de antes: concretamente casi 4 años antes que el film protagonizado por Pitt y Freeman viera la luz. En 1991 John Brancato y Michael Ferris (‘Terminator 3 y 4‘, ‘Surrogates‘) escribieron el guión original de la película que terminó comprando Metro Goldwyn Mayer para posteriormente ser usado por la productora Propaganda Films. En ella, Kyle MacLachlan y Bridget Fonda iban a ser los protagonistas, dirigidos por Jonhatan Mostow, pero el rodaje que supuestamente iba a comenzar a principios de 1993 sufrió un nuevo cambio unos meses antes ya que, en 1992 el proyecto pasó a manos de Polygram Filmed Entertaiment sin Mostowal mando en la dirección y convertido en productor ejecutivo de la misma. Fue Steve Golin (productor de ‘Being John Malkovich‘, ‘Eternal sunshine of the spotless mind‘, ‘Babel‘) quien compró el guión a MGMy se lo entregó a un Fincher que venía de rodar ‘Alien 3’. La experiencia al frente de la tercera entrega de la famosa saga de ciencia-ficción se resume en esta frase que el director dijo: ‘I thought I’d rather die of colon cancer than do another movie.‘ En su mesa estaban ambas propuestas y el realizador americano decidió empezar con ‘The Game‘ antes que con ‘Seven‘, pero cuando Brad Pitt dio el ok a protagonizar la película, esta obtuvo prioridad.

Este hecho le fue de perlas a ‘The Game‘, pues el éxito de ‘Seven‘ ayudó a incrementar el presupuesto que la productora le tenía asignado inicialmente. El director solicitó la ayuda de Andrew Kevin Walkercon quien terminaba de trabajar para adaptar y pulir detalles del guión original de ‘The Game‘ en el que, entre otras cosas, ambos dieron al personaje de Nicholas Van Orton el matiz perfecto para crear un hombre totalmente apático, cínico y odioso a más no poder. La elección y visto bueno de Michael Douglas para el papel protagonista fue el pistoletazo de salida para empezar a rodar la producción pese a que este al principio se mostrara un poco reticente debido a la escasa fama de la distribuidora por aquel entonces. Un año antes de su estreno, en el Festival de Cannes de 1996, Polygram anunció que Jodie Foster sería la coprotagonista junto a Douglas, pero Fincher se sentía incómodo poniendo a una estrella de su calibre en un rol secundario e incluso pensó en reescribir el papel de Conrad Van Orton y convertirlo en la hija del mismo para que Foster pudiera interpretarlo. Tras hablar con ella se descubrió un problema de fechas ya que la actriz norteamericana iba a rodar próximamente la adaptación de la novela de Carl SaganContact‘ con Zemeckis y le era imposible participar en la película. Tras el no de Foster se preguntó a Jeff Bridges, pero este no aceptó, quizás porque se acababa de estrenar su último trabajo a finales de 1996 ‘The love has two faces‘, y tenía en su mano el papel de The Dude en ‘The Big Lebowski‘. Finalmente sería Sean Penn quien daría vida a Conrad Van Orton. El film se estrenó el 12 de septiembre de 1997. Habían pasado ya seis años desde que Brancato y Ferris escribieran aquel primer guión.
Un inversor económico millonario, irascible, cínico y lleno de manías llamado Nicholas Van Orton (Michael Douglas) recibe durante una reunión con su hermano Conrad (Sean Penn), una invitación exclusiva para participar en CRS, una empresa dedicada al entretenimiento capaz de ofrecer la experiencia definitiva a clientes en busca de sensaciones nuevas. Aunque al principio Nicholas se muestra reacio termina aceptando la invitación de Conrad y se inscribe en el CRS. A partir de ese momento una serie de sucesos extraños empezaran a ocurrir en la vida del arisco millonario donde nada ni nadie es lo que parece ser.

Tras parir ‘Alien 3’, Fincher tuvo gemelas. Dos bellas y hermosas cintas a las que el realizador americano crió y aplicó todos sus conocimientos, aunque no de manera equitativa. Con la llegada de la pubertad y tras ello la madurez, la más joven de ambas rápidamente encontró pareja estable en detrimento de la mayor, que seguía soltera y sin tener claro que hacer con su vida. El éxito personal y sobretodo profesional de ‘Seven‘ sobrevino en una inyección de moral y ánimo para su hermana mayor ayudándole por fin a salir de esa depresión en la parecía estar a punto de abocarse. Una vez la vida de ‘Game‘ se estabilizó tanto a nivel sentimental como profesional pudo al fin, sentirse libre, sentirse película. La sensación que siempre me produce ver este tercer trabajo de Fincher es la de que ‘Seven‘ se llevó todas las buenas ideas o mejor dicho, se benefició de todas las grandes ideas que tanto Fincher como su guionista Andrew Kevin Walker fueron capaces de aplicarle. Para muestra un botón, el giro final, en una es la pieza comercial que la elevó a lo más alto y en la otra es, de largo, la parte menos creíble y el estorbo más grande del film. Ni comparo ni afirmo que sean similares, iguales o que ambas me transmitan las mismas sensaciones. ‘Seven’ es una obra maestra de principio a fin y ‘The Game’…es la hermana fea. No hay más. ‘The Game‘ es Danny de Vito en ‘Twins‘.


Esta pieza de relojería fabricada con esmero por Fincherbasa todo su potencial en el despiste, en mostrar la cantidad justa y necesaria de información para que el espectador no sepa más de lo debido hasta llegar a la escena final. El realizador americano no trata en ningún momento de que empaticemos con Nicholas, al contrario, en ciertos momentos nos causa hasta molestia algunos de su comportamientos. Fincherquiere que acompañemos y nos sintamos tan desorientados como él, que no sepamos más que lo que el propio Van Orton sabe de lo que está pasando. ‘The Game‘ es un thriller que no aspiraba a otra cosa que a estar en la lista de los mejores thrillers de la historia aportando un nuevo giro de tuerca con su final, un simple juego, valga la redundancia, que Fincher rodó como tal. Una vez la maquinaria de situaciones extrañas se pone a funcionar, el personaje de Michael Douglas entra en una espiral donde el tiempo parece no pasar, el drama viene fijado por la relación con su hermano Conrad, extrovertido, despreocupado y al que Nicholas ayudó en el pasado sumado al suicidio de su padre que por desgracia presenció. Todos los factores dramáticos incrementan esa soledad arisca de Van Orton, su trato con todo el mundo sin excepción es de lo mas repulsivo, seco y antipático. Las escenas con la camarera, con su ama de llaves, con su ex-mujer, con el mendigo del callejón, con el hombre que le pide papel en el baño. Típico triunfador que no acepta la derrota, inmerso en su propios pensamientos. El final es la parte más floja aunque todo en la película este enfocado a él, las pocas situaciones y diálogos que se dan en los 20 minutos finales están más que cogidos por los pelos, los ‘y si…’ se multiplican en cualquier conversación cinéfila que salga este film nombrado. El suspense hasta ese punto esta generado más por la potencia de sus imágenes visuales y su banda sonora que por la historia en cuestión y donde el espectador, llegado a ese punto, anda ya más que desorientado, anda agotado. Verdaderamente hay quien la considera la peor película de David Fincher, quizás estén en lo cierto, desde luego las tiene mejores como fueron ‘Seven‘, ‘Fight Club‘ o la actual ‘Gone Girl‘, pero si todas las películas malas tuvieran la elegancia y atención al detalle que tiene esta ‘The Game‘ o mismamente ‘Panic Room‘, yo, me doy por satisfecho. Tramposamente entretenida o entretenidamente tramposa. En cualquier caso, hay que reconocer que el primer visionado es el mejor, los siguientes son inútiles, los pocos detalles nuevos que se descubren son inservibles para renovar la valoración. 

La banda sonora está firmada por el ganador de 3 Oscar de la academia y habitual de Fincher, Howard Shore. Sus oscuras composiciones para ‘The Game‘ son geniales aunque algo repetitivas, el piano pausado incrementa ese mundo solitario de Nicholas Van Orton en las escenas que este se encuentra sólo en la mansión y es el mismo piano con esas notas continuas y alejadas del resto las que en los momentos de suspense lo aísla dejándolo a merced de las circunstancias. Nada estridente y con un pulso firme es una de las piezas de la balanza para que ‘The Game‘ mantenga un tono general que acompañado de la fotografía potente de un primerizo Harry Savides, que venía de estrenarse con ‘Heaven´s Prisoners‘, lleven a muchos de los detractores de este film a despreciarla como les gustaría. Un thriller pulido y perfeccionado durante años como si de un reloj suizo se tratara y quizás sea esto mismo lo que le resta interés, quiero decir, un reloj clásico por muy perfecto que sea no pasa de dar la hora y poco mas, quizás cuando la alarma suene salga un pájaro, o una princesa, o un caballero armado, pero de ahí, no pasa, es un reloj y su función es dar la hora, como la de ‘The Game‘ es embaucar al espectador con un guión donde 2+2 no son 4 sino 25, donde la suma de los factores sí altera el producto. Un simple juego, un juego de transición que Fincher matizó tanto como le fue posible y del que sinceramente nadie podría haber sacado más jugo.

‘The Dark Knight’: la gran tragedia griega del siglo XXI

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
El héroe luminoso ha muerto. Sólo hay un caballero oscuro (protector vigilante), siniestro habitante de la noche: en este segundo acto del épico reboot de la saga de películas de Batman, el hombre murciélago se enfrenta a su némesis por antonomasia: el Joker, villano/terrorista/psicópata ególatra con la voluntad de imponer su propio orden -o, mejor dicho, su propio caos- en la tranquila vida de los gothamitas. Una creación terrorífica e inquietante, maquillaje blanco y carmín corrido mediante, que se encumbra y se vuelve aún más terrorífica y aún más inquietante con la muerte del actor Heath Ledger. Entre atracos perfectos -el de la secuencia inicial es uno de los mejores, sino el mejor, de la historia del cine-, explosiones, épicas bandas sonoras de Hans Zimmer (que, aquí sí, crea su opera magna), y increíblemente orquestadas escenas de lucha, persecución y/o simples diálogos que solo se pueden calificar de magníficos, el héroe no vencido, pero superado por la astuta mente criminal del villano (o su anarquía y falta de planificación, como el propio Joker señala en una de las escenas de la película), debe renacer de sus cenizas y levantarse como único baluarte en pie de la justicia de la jurisdicción cuya protección se otorga.
La película, en un baile de géneros entre el cine político, el thriller psicológico y la acción pura, se aleja del barroquismo de Burtony Schumacher y retrata una estética urbana y realista: Gotham es más Nueva York que nunca. Una proyección que refleja con la sesuda mirada de Nolanla corrupción de altas esferas, el miedo que se ha apoderado de nuestra sociedad y la degeneración democrática de nuestro tiempo. La gran virtud de ‘The Dark Knight‘ es la de ser a la vez un entretenimiento puro orgásmicamente satisfactorio y una película donde las dobles lecturas y los mensajes morales se sitúan en puntos clave de la narración por (curiosamente) el mismo guionista que el año pasado perpetró el libreto de ‘Man of Steel‘.
Poco importa que la sensación de clímax constante que imprime el pirotécnico Christopher Nolan (con una dirección y una fotografía que elevan la película más allá del espectáculo fílmico y visual) a cada épico y epopéyico minuto de la película impida a los protagonistas de esta gran tragedia griega del siglo XXI velar la muerte de otros personajes (en otra demostración del Nolanmás frío y calculador), como tampoco importa que sitúe la venda de la acción adrenalínica y asfixiante ante los espectadores que no pueden reflexionar sobre los grandes dilemas morales que se plantean en ‘The Dark Knight‘, por otro lado resueltos con un bello e imperecedero mensaje: la humanidad del ser humano despierta en las situaciones más límites, y siempre hay redención para el héroe si este está dispuesto a aceptar el castigo de un ente superior entendido como destino y recluirse al éxodo absoluto.

The Dark Knight‘ es, con todos sus fallos y todas sus imperfecciones, una obra oscura pero brillante (sin alcanzar la posición de maestra), y de las más grandes películas de superhéroes de la historia del cine.

RETROSPECTIVA David Fincher: Seven

Crítica de @PaulPorcoRosso
Puede ser que Seven sea el descendiente directo al cine de aquella obra maestra que confeccionó Lynch para el formato doméstico sobre el asesinato de Laura Palmer. No digo que sea porque Fincher se fijó en Twin Peaks para elaborar la que, para mí, es su gran obra maestra, sino porque la atmósfera constante que consiguen crear tanto él como el director de fotografía iraní Darius Khondji (cuyo trabajo hemos visto este año en The Immigrant) es claramente heredado del sentimiento que hizo grande aquella serie de principios de los noventa: el enemigo está en el ambiente. El mal en estado puro está presente no sólo en cada esquina, sino que rodea a los personajes en forma de estado de ánimo, climatología y suciedad. Seven es EL thriller, y también hereda, como todo thriller que se precie un mínimo, de aquella rareza de los ochenta llamada El elemento del crimen que puso en el panorama cinéfilo mundial a un joven e irreverente danés de 28 años, Lars von Trier. Las referencias con las que estoy jugando no son, parafraseando al conde Drácula, cosa de risa, y si así lo dejo escrito es porque así lo creo.
El asesino de la cinta, el llamado Dole (Spacey), resulta tan particular que la película (y con ella la audiencia) se rinde a sus pies y a su pesimista visión sobre el ser humano con apenas 20 minutos en pantalla. Sí, la actuación del que cuatro años más tarde sería el ganador del Oscar por su participación en la superlativa American Beauty es de aúpa, pero lo que hace que Dole se meta en el bolsillo a todo el mundo es el concepto de sus asesinatos. Cada muerte, cada caso, cada aberrante construcción de espacios grotescos y sádicos encierra a la bestia en la que se ha convertido un ser humano como resultado de su vida en una civilización en decadencia, materializada en las calles sucias y abarrotadas de una ciudad eternamente lluviosa sin nombre. Sommerset (Freeman) es el viejo maestro, y Mills (Pitt) es el alumno que, después de una intensa investigación que cambiará su vida para siempre, se convertirá en el propio asesino.
La contribución de Ficher al filme es más que una excelente dirección de actores, que consigue sacar lo mejor de cada uno de ellos (con mención especial a Morgan Freeman, cuyo Sommerset es la fotografía que sale al lado de la definición de ‘detective cansado’ en cualquier diccionario), es la pausa y meticulosidad que le otorga a la cinta en aras de la creación de ambiente. La cámara de Fincher son, mayormente, lo mismo que los ojos analizadores y expertos de Sommerset: cada rocambolesco y barroco espacio al que asistimos es observado con planos reflexivos, casi contemplativos, a veces con la deliciosa partitura de Shore acompañando, a veces con las melodías de Bach, y en general con la música de la realidad. Gritos, sollozos, verdades como puños de Freeman a Pitt y luego de Freeman  a Paltrow.
En definitiva, Seven es toda una obra magna del thriller, con la que muchos autores posteriores han querido reflejarse pero no han podido sino parecer una burda copia barata ante tan mastodóntica producción. Irrepetible y mágica.

Hardy vuelve a la carga

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
The Drop es la primera adaptación al cine de una novela de Dennis Lehane hecha por el mismo autor. Aunque a muchos ese nombre pueda sonarles a desconocido, seguro que han disfrutado de al menos una de sus novelas plasmadas en la gran pantalla: Dennis Lehane es el escritor de los libros en que se basan Mystic River, Shutter Island y Gone Baby Gone (dirigidas las tres con mano de hierro por dos grandes directores asentados y uno emergente). Su temática, como podemos ver, versa siempre en torno al thriller dramático y The Drop no es una excepción.
Según la potente voz en off de Hardy nos informa al principio de The Drop, Brooklyn es el hogar de locales llamados ‘bares de entrega’, sitios en los que de vez en cuando enormes cantidades de dinero sucio pasan de mano en mano lejos de la vista de la policía neoyorkina. Uno de estos bares es el ‘Cousin Marv’s‘, que una noche (que por suerte no es de entrega) es atracado por dos individuos con la cabeza cubierta. La vida aparentemente tranquila de Bob (Hardy) y Marv (Gandolfini), camareros del bar, se verá afectada por la férrea reacción del jefe del local, Chovka (Michael Aronov), un capo de la mafia chechena que les exige que recuperen el dinero. Un día de camino a casa, Bob encuentra en un contenedor un cachorro de pitbull malherido y traba amistad con Nadia (Noomi Rapace), una chica que le ve hurgando en el contendor. El amo del perro, Eric, no tardará en ponerse en contacto con Bob, desencadenando una serie de eventos que no tardarán en cruzar entre sí ambas historias.
Por segunda vez este año (tras el thriller de 2013 “Locke“), el británico Tom Hardy demuestra con su glacial expresión facial que es capaz de actuar mucho mejor que sus músculos y su cara de niño guapo sugieren. Su contenida actuación como camarero de un bar atrapado en una trama de mafia y corrupción en los bajos fondos de Brooklyn no sólo es lo mejor de un thriller plano y cargado de estereotipos, sino que es lo que consigue atrapar al espectador y crear la máxima tensión. Su persuasivo y trabajadísimo acento neoyorkino, aunado con la antes mencionada capacidad del actor para contener sus emociones y a la vez parecer vulnerable, hace el deleite de la audiencia pese a estar asistiendo al desfile de un personaje algo vacío. Incluso le planta cara (interpretativamente hablando) al finado James Gandolfini, quien ofrece un valioso respaldo con no pocos destellos de calidad que recuerdan a su superlativa actuación televisiva en The Sopranos.

El director belga decide abrir varios frentes al perpetrar este thriller dramático. La intriga (que sí está conseguida), que supone un enfrentamiento a tres bandas entre los personajes de Hardy, Gandolfini y Schoenaerts, se mantiene hasta su explosión climática y se resuelve de forma muy satisfactoria con cierto aire a humor negro. Pero el drama no termina de encajar con la trama: la narrativa paralela que usa el director para contar ambas historias no las hace parecer cohesionadas excepto cuando ambas chocan al acercarse el ya nombrado clímax, consiguiendo crear un thriller de esos en los que (me atrevería a decir que al contrario que las tres obras de Lehane llevadas a la gran pantalla) el destino final es más satisfactorio que el camino andado.
No es una opción inválida disfrutar de este tipo de thriller, y es inevitable hacerlo cuando la tensión consigue medirse tan bien como en el nombrado apartado de The Drop, ayudado por la sutil banda sonora de Beltrami y el precioso retrato de Brooklyn de Karakatsanis. Pero resulta que tampoco es un thriller con unos personajes especialmente memorables: aparte de los sobradamente alabados de Hardy y Gandolfini (que se convierten en memorables gracias a sus intérpretes) uno no puede evitar sentirse algo cansado de la mafia este-europea que campa a sus anchas por el cine americano de mafiosos. Aún rehuyendo de la también manida camorra italiana, los jefazos albano-kosovares de Hardy y Gandolfini no pueden evitar ser mucho más que un cliché con piernas que conduce un BMW pagado con dinero negro de la venta de droga, armas, o lo que sea que se dedique la fauna de The Drop.
Valdrá la pena ver cuáles son los pasos siguientes tanto del director de la cinta, Michael R. Roskam, como de las andadas como guionista de Lehane (del que no dudo de sus capacidades en novela) que tiene un estilo aún por pulir. Y, por supuesto, valdrá la pena visionar este entretenido (aunque poco memorable) thriller dramático.

Lo mejor: el personaje creado por Tom Hardy y la fotografía de Karakatsanis.
Lo peor: la no cohesión entre drama y tensión en la trama, y la sensación de que se podría haber hecho algo mayor puliendo el material de Lehane.

Título: The Drop
Director: Michael R. Roskam
Guión: Dennis Lehane
Fotografía: Nicolas Karakatsanis
Año: 2014
Duración: 106 min.
País: Estados Unidos
Productora: Chernin Entertainment / Fox Searchlight Pictures

Reparto: Tom Hardy, Noomi Rapace, James Gandolfini, Michael Esper, Lauren Susan, Erin Drake, Morgan Spector, Chris Sullivan, Michael Aronov, Matthias Schoenaerts, Alex Ziwak, Danny McCarthy, John Ortiz, Elizabeth Rodriguez, James Frecheville