‘A Most Violent Year’ o “Mr. Fucking American Dream”

Llegar al país de las oportunidades, buscarse un trabajo y empezar a subir en la escala social a base de esfuerzo, determinación y mucho trabajo. Éste parece ser el caso de Abel Morales (Oscar Isaac), la viva imagen del sueño americano. Hay una escena en la que habla con Julián –transportista de su empresa-, también hispano. Éste le empieza a hablar en español y, a pesar de ser la lengua nativa de ambos, Morales le pide que cambie al inglés. Vemos, pues, que su integración al país es total e incluso parece haber olvidado sus raíces. Su país es Estados Unidos y cree firmemente en los valores que esta nación representa. Morales ha conseguido levantar una empresa de distribución y venta de gasóleo con todas las de la ley. Sin embargo, los camioneros que transportan su gasóleo son asaltados continuamente y no se pueden defender, pero Morales se niega a armarlos. Paralelamente, y aunque él insiste en la honradez con la que lleva su negocio, el fiscal presenta cargos contra su empresa.

El inicio es más bien relajado: se describe una transacción que se prevé importante para la empresa pero del que desconocemos los detalles y si bien al principio puede parecer un drama empresarial carente de emoción, la película muta hacia un thriller que, de la misma manera que la genial ‘Nightcrawler’ (Dan Gilroy, 2014), nos ofrece un discurso claro: no se puede alcanzar el sueño americano jugando limpio. No hay competencia leal. Si una empresa se expande y con sus beneficios perjudica otra empresa, ésta no responde con un mejor servicio, con un mayor esfuerzo para mejorar los resultados, sino con amenazas e invitaciones poco amigables a abandonar el negocio. Porque ese Sueño Americano es sólo un espejismo, y los que quieren llegar a él saben que sólo tienen un camino: desviarse de la legalidad e intentar no ser muy sensible con los demás, porqué sólo ganas si los otros pierden.
La grandeza de ‘A Most Violent Year’ no reside únicamente en su desolador pero realista discurso, pues las interpretaciones de los dos protagonistas, Oscar Isaac y Jessica Chastain ya merecen por sí solas el visionado de la película. Tras interpretar a Llewyn Davis, el músico de folk y enésimo loser salido de las mentes de los Coen, la carrera de Oscar Isaac acabó de despegar y este año ya hemos podido verle con otra gran interpretación en la recomendable ‘Ex Machina’. Isaac convence como el empresario honrado que intenta hacer lo imposible por evitar pasarse al otro lado de la ley, y su contención es tan admirable como los estallidos emocionales, siempre más fáciles de alabar. Las grandes actuaciones de Jessica Chastain ya son habituales des de que despuntara en ‘The Tree of Life’, pero no por ello es menos destacable su papel como contable y esposa de Morales. Los dos actores alcanzan cotas interpretativas tan altas en la última discusión de sus personajes que no desentonarían en ninguna lista de premios.
Si a todo esto sumamos un director que con sus dos primeros largometrajes (‘Margin Call’ y ‘All Is Lost) se ganó buena parte de la crítica, el resultado no es otro que este excelente thriller que empieza de forma serena para después finalizar con un gran clímax que concluye de forma realista y certera y una única sensación tras ver ‘A Most Violent Year’: acabamos de ver cine en mayúsculas.

‘Inside Out’, viaje al centro de la mente

Una crítica de @TRuibal




“¿Cómo funciona la mente humana? ¿Qué hay dentro de nuestra cabeza? ¿Por qué somos como somos?”. La insondable profundidad de nuestra psique es, sin duda, el mayor misterio sin resolver sobre nosotros mismos. Tenemos teorías, convenciones y pocos, muy pocos, hechos objetivos, un caos que la cinta que hoy nos ocupa reúne y llena de color (y de verosimilitud). La nueva película de Pixar‘Inside Out’, gran éxito de taquilla en Estados Unidos y recibida con entusiasmo en Cannes, tiene su semilla en el momento en el que la hija de su co-director, Peter Docter (Monstruos, S.A., Up), pasó al cumplir los 11 añosa ser una niña mucho más introvertida, como le sucede paralelamente en la cinta a la pequeña Riley, al mudarse de su idílica Minnesota natal a una gris jungla de asfalto como San Francisco.



Pero la travesía por los sentimientos y emociones de la niña comienza mucho antes; desde su nacimiento se nos presenta un cosmos mental que hace que Riley sea Riley, personificado en las cinco emociones primarias: Alegría, Tristeza, Asco, Ira y Miedo. Cada una de ellas toma el mando de su cabeza según las situaciones que se presentan, desarrollando así diferentes facetas de su personalidad. Así pues, y sin querer desvelar más detalles del argumento, la crisis emocional queRiley vive al verse sacudida su vida por la inesperada mudanza se traduce en su mundo interior al perderse Alegría y Tristeza en la profundidad de la mente de la joven, lejos de la “Central” desde la que gestionan sus emociones.

El estallido de la acción inicia una “aventura-para-volver-a-casa”, desarrollada en paralelo a los apuros que el resto de emociones pasan para lidiar con la difícil situación de Riley, formando un cuadro muy al estilo de Pixar, que aúna imaginación, un gran sentido del humor y entornos y personajes llenos de colorcon referencias a conceptos psicológicos: los sueños presentados como unos estudios de cine, el subconsciente como una cárcel… conceptos didácticos pero cargados de ironía y guiños al público adulto. Esa conjunción entre realidad y fantasía marca de la casa, que consigue llegar por igual a públicos de todas las edades.



Pero como en todas las grandes películas del estudio de animación, su ‘target’ real es el niño que todos llevamos dentro, y ahí reside la mayor genialidad de la cinta: apelar a esa figura y recordarnos de un modo muy melancólico lo que se queda en el camino cuando crecemos, la pérdida de la inocencia y la aceptación de la tristeza como proceso vital.

‘Inside Out’ es, en conclusión, un nuevo canto a la vida de Pixar, desgarrado pero lleno de vida,alegre pero lleno de morriña. Un golpe en la mesa de la productora, que desde ‘Up’ no nos brindaba una nueva propuesta a su altura y ahora nos deleita y sorprende de nuevo. ¿Es esta odisea por la mente humana la mejor película de la compañía? Juzguen ustedes, pero sin duda forma parte ya, junto a juguetes, peces, robots y globos, del particular Monte del Olimpo de Pixar.

NO ESTRENOS: ‘Extraterrestre’, de Nacho Vigalondo

[[Crítica de @PauGarcia179]]

Con un puñado de cortometrajes (con el famoso ‘7:35 de la madrugada nominado a los Óscar) y un notable largometraje (‘Los cronocrímenes’), Nacho Vigalondo volvía al formato largo con ‘Extraterrestre’, una comedia de ciencia-ficción protagonizada por Julián Villagrán y Michelle Jenner. Nos encontramos, probablemente, ante la peor película de Vigalondo, lo cuál no quiere decir que sea un filme prescindible, pero sí es cierto que está lejos de mantener el nivel mostrado en ‘Los cronocrímenes’. El filme, por cierto, estuvo en la selección oficial del Festival de Toronto, así que tampoco me hagan mucho caso cuando digo que no la recomiendo.  

Julio se despierta en la cama de Julia después de una notable borrachera sin recordar nada de lo que pasó la noche anterior. La incomodidad de la situación se hace patente entre los dos personajes y cuando parece que Julio se va a ir de la casa para poner fin a esa tensión, los dos protagonistas se dan cuenta que hay un ovni en el cielo. 

Lo de Jason Reitman diciendo de Vigalondo “el Woody Allen de la ciencia-ficción” debe ser por este plano
La premisa es curiosa, el desarrollo mínimamente interesante y el filme se deja ver sin demasiado esfuerzo. Hay algunos (pocos) momentos divertidos y también aparecen Carlos Areces y Raúl Cimas para sumar comicidad al conjunto, aunque no lo consiguen del todo. No estamos, pues, ante una película desternillante. Los elementos de ciencia-ficción se utilizan como mero contexto de fondo, sin aportar nada realmente interesante a la trama. Paradójicamente, lo que mueve al espectador a seguir viendo el largometraje es precisametne esa curiosidad por los ovnis (curiosidad nunca saciada), pero el filme se centra en los pocos personajes que aparecen en el film. Esto no tiene por qué ser negativo, al contrario, pero sucede que las interpretaciones no pasan de aceptables y los momentos divertidos no hacen gracia (al menos yo me encontré incapaz de reírme), de modo que algunos de los hechos ocurridos supuestamente graciosos se tornan únicamente inverosímiles, sin lugar para la risa. Así, mientras el espectador puede estar más atraído por la historia de fondo (los ovnis que aparecen en el cielo), el filme se centra en una historia romántica que ni nos creemos ni, sintiéndolo mucho, nos importa en ningún momento

Como decía al principio, la película tiene elementos interesantes; está lejos de ser un absoluto desastre, pero no hay que esperar algo como ‘Los cronocrímenes’, porque no tiene nada que ver con la presente película. El filme está cuidado visualmente, los movimientos de cámara son elegantes y se nota que el director ha desactivado el piloto automático y se ha detenido a pensar mínimamente el aspecto visual de la película; el cineasta sabe hacer una buena planificación, como después confirmaría en ‘Open Windows’. Los efectos especiales, aunque escasos, no desentonan y Vigalondo tiene el acierto de no confundir lo verosímil con lo espectacular, lo cuál se agradece. Además, el cineasta no alarga demasiado el metraje, algo que casi siempre va en favor de todo film.

‘Extraterrestre’ es algo así como una ‘Monsters’ española con menos presupuesto pero en clave comedia (fallida) y menos poética y romántica que el filme dirigido por Gareth Edwards. Una historia romántica con unos extraterrestres de fondo (que no aparecen en el film, por si alguien esperaba lo contrario) que se puede ver sin estrujarse el cerebro pero cuyo desarrollo dramático es torpe, poco creïble y por momento bastante imbécil sin llegar a ser gracioso. No se llega a empatizar con los personajes por las limitadas actuaciones (sin llegar a ser bochornosas) y por lo arbitrario de sus acciones y decisiones. La película es menos friki (y peor) que ‘Los cronocrímenes’ y también menos entretenida (y peor) que ‘Open Windows’, pero tanto por algunos atisbos de talento en esta citna como en lo demostrado en su siguiente largometraje, aun podemos tener fe en que Nacho Vigalondo continúe haciendo buenas películas.

‘Kingsman: The Secret Service’, This is not that kind of movie

[[Critica de @PauGarcia179]]

Matthew Vaughn, que empezó en esto del cine produciendo películas como ‘Lock & Stock’ y ‘Snatch’ (ambas recomendables y dirigidas por Guy Ritchie), se ha labrado una interesante carrera como director de productos comerciales como ‘Kick-Ass’ o ‘X-Men: First Class’ (ambas, según mi opinión, mejores que sus respectivas secuelas) y ahora llega a nuestras carteleras ‘Kingsman: The Secret Service’, protagonizada por Colin Firth y Taron Edgerton. El film vuelve a ser una adaptación cinematográfica de un cómic, y Vaughn escribe el guión junto a su colaboradora habitual, Jane Goldman.  
El veterano Harry Hart propone a un joven macarra (hijo de un amigo muerto con el que está en deuda) como nuevo espía de Kingsman, una agencia secreta independiente. El joven tendrá que competir con los otros candidatos a través de un duro entrenamiento mientras un loco megalómano amenaza el futuro de la humanidad.
En más de una ocasión, los protagonistas repiten la frase “This is not that kind of movie” haciendo referencia a las antiguas películas de James Bond, pero también se entiende como una declaración de intenciones de los responsables del film que le dicen indirectamente al espectador que lo que están viendo no es el insulso, convencional y aburrido filme de acción que podemos encontrar en las carteleras cada semana. Y efectamente, ‘Kingsman: The Secret Service’ no es ese tipo de películas, para bien o para mal.
Y es que las escenas de acción aquí buscan ser lo menos realista posible (vendría a ser la antítesis del estilo de Michael Mann) y se sirven con música rockera de fondo como invitando al espectador a disfrutar de la violencia. Las aceleraciones, ralentizaciones y adrenalíticos movimientos de cámara son una constante en el filme y motivo de deleite para el espectador, más allá del realismo o del componente ético (o la falta  de él) que conlleva el disfrute de la violencia cinematográfica. Cuando uno se dispone a visionar una película de Tarantino, o un film como ‘Abierto hasta el amanecer’ (‘From Dusk Till Dawn’, 1997, Robert Rodríguez), ya sabe lo que se va a encontrar (violencia a raudales, obviamente), pero cuando va a ver ‘Kingsman: The Secret Service’, al menos el que esto escribe (sí amigos, al ver la película olvidé completamente que el director era el responsable de ‘Kick-Ass’, donde ya había momentos bastante sanguinarios) uno no se espera encontrar semejante orgia de violencia desenfrenada. La escena de la Iglesia, es de lo más bestia que servidor ha visto en una pantalla de cine. Es el tipo de violencia que repugna a Michael Haneke (aunque a mí me repugna más su debut en el cine, sinceramente) y aquí cada cual decidirá si se lo pasa bien o no viendo este tipo de escenas.
En cualquier caso, ‘Kingsman: The Secret Service’ no es sólo un entramado de secuencias de acción, ni mucho menos, porque bien podemos disfrutar del sentido de humor del filme aderezado con un siempre agradable acento inglés, un hilarante Samuel L. Jackson con un defecto en la pronunciación o la presencia en el reparto de actores siempre brillantes como Colin Firth o Michael Caine (aunque éste último aparezca más bien poco, todo hay que decirlo). También es destacable la ausencia de Colin Firth (principal tirón comercial en el apartado actoral) durante ciertos momentos del filme, y conviene alabar la valentía y la capacidad del director para conseguir que la película no se resienta de la desaparición de su estrella y también el buen hacer del joven Taron Edgerton, que si bien no puede competir con Colin Firth en cuánto a presencia en pantalla, salva los muebles de manera competente durante la ausencia de su compañero de reparto.
‘Kingsman: The Secret Service’ no es perfecta, si nos paramos a buscar sus errores los encontraremos fácilmente, pero es tan deliciosamente divertida y gamberraque no vale la pena analizarla tan fríamente con estándares cinematográficos aplicables al resto de películas. Es un filme comercial cuya presencia en la cartelera se agradece para descansar, de vez en cuando, de la seriedad y trascendencia de otras películas cuyo valor artístico, eso sí, está fuera de toda duda.

Resumiendo, ‘Kingsman: The Secret Service’ is not that kind of movie. 


Título: Kingsman: The Secret Service
Director: Matthew Vaughn
Guión: 
Matthew Vaughn, Jane Goldman (Cómic: Mark Millar, Dave Gibbons)

Fotografía: 
George Richmond
Año: 2014
Duración: 129  min.
País: Reino Unido
Productora:
Twentieth Century Fox Film Corporation / Marv Films / TSG Entertainment

Reparto: Colin Firth, Taron Egerton, Samuel L. Jackson, Mark Strong, Michael Caine, Sofia Boutella, Sophie Cookson, Mark Hamill

‘Inherent Vice’, la irresistible nueva película de Paul Thomas Anderson

[[Crítica de @PauGarcia179]]
Consciente de las decepciones que me llevo al ver una película cuyas expectativas tengo por las nubes, decidí hacer un ejercicio mental de lo más complicado: intentar convencerme de que de una película de Paul Thomas Anderson en la que adapta una genial novela del escurridizo Thomas Pynchon con Joaquin Phoenix de protagonista, no tiene porqué salir una obra maestra. Es la primera vez que Thomas Pynchon deja que se adapte una de sus novelas, y pondría la mano en el fuego que James Franco, que parece querer adaptar al cine toda la literatura norteamericana (ya ha adaptado a Cormac McCarthy, a William Faulkner un par de veces y ahora hará lo propio con John Steinbeck), intentó, sin éxito, convencer a Thomas Pynchon (si es que existe en realidad…) para adaptar alguna de sus novelas.
Aunque intenté equilibrar mis expectativas, no me había preparado para evitar comparaciones con la novela de Pynchon (que desde aquí aprovecho para recomendar) y durante el visionado de ‘Inherent Vice’ me encontré buscando las diferencias con el libro. Mal asunto. Al final de la película, aunque había disfrutado del trayecto, el filme me había dejado un poso de decepción por los cambios introducidos por Paul Thomas Anderson. Después de un día de reflexión, me di cuenta de lo estúpido que había sido al quedar decepcionado, pues esperar que se adapte a la gran pantalla una novela de forma casi literal no sólo no es justo, sino totalmente ridículo. Si la película tiene que ser igual a la novela, mejor nos quedamos con la novela. Así que lección aprendida/nota mental: evitar comparaciones con la novela original, se disfrutará mucho más la película. 
Después de este rollo introductorio, pasamos a la crítica: Paul Thomas Anderson vuelve a confiar en Joaquin Phoenix para protagonizar su nueva película dos años después de la recomendable ‘The Master’, y ahora interpreta a Larry “Doc” Sportello, un detective fumeta en la California de finales de los sesenta. Su ex novia, Shasta Fay Hepworth se presenta un día en su casa y le pide ayuda: Sloane, la mujer de su amante, Mickey Wolfmann, planea junto a su “guía espiritual” el secuestro de Wolfmann, un pez gordo del sector inmobiliario. A partir de aquí, seguiremos los titubeantes pasos de Doc Sportello con tal de resolver el asunto planteado por su ex novia, de la que aún sigue enamorado. 
Y así, entre canuto y canuto Doc Sportello se abrirá camino entre dentistas, masajistas que quizás se exceden en su trabajo, sicarios que dicen ser prestamistas, ex convictos nazis, promotores inmobiliarios, psiquiatras, músicos de surf, policías violadores de derechos humanos con ínfulas de actores y un sinfín de personajes que desfilarán por la pantalla sin saber del todo su función en el embrollo en que se convierte esta trama criminal. Porque, hay que decirlo ya, Paul Thomas Anderson no resuelve todas las subtramas ni se molesta en aclarar al espectador todo el asunto de Mickey Wolfmann y Glen Charlock, tampoco explica demasiados detalles del Colmillo Dorado y oye, ni falta que hace, porque lo que importa aquí, al menos desde mi punto de vista, es el hilarante trayecto de un  buen tipo aun enamorado de su ex novia, un viaje por Los Angeles en el que protagoniza multitud de secuencias para el recuerdo y en las que Phoenix demuestra porque es uno de los mejores actores actuales. El resto de actores, que tienen una importancia claramente menor en comparación con Doc Sportello, también ofrecen grandes actuaciones, quizás destacando entre ellos a Josh Brolin como Bigfoot o Katherine Waterspon como Shasta Fay Hepworth. 
‘Inherent Vice’ es una irresistible experiencia fílmica en la que es preferible dejarse llevar a intentar seguir las contadísimas pistas que deja el guión de Paul Thomas Anderson; es una rara mezcla entre ‘The Big Sleep’ (Howard Hawks, 1946) y ‘The Big Lebowski’ (Hermanos Coen, 1998) y también un retrato de una época, la América en plena Guerra del Vietnam post Charlie Manson, en la que el movimiento hippie empezaba a agonizar. Sin duda, una gran película que, como la novela de la que parte, no desmerece un segundo acercamiento para disfrutar, en el caso del film, de la magia cinematográfica del gran Paul Thomas Anderson.

‘Calvary’, El buen pastor


[[Crítica de @TRuibal]]


Killing a priest on a Sunday… that’ll be a good one.

Retratar una sociedad compleja, transversal y con una extensa gama de claroscuros ha sido siempre uno de los más grandes desafíos de la narrativa. Del bullicioso Londres de Dickens a la Roma de dioses caídos que Paolo Sorrentino nos muestra en ‘La Gran Belleza’, un “aquí y ahora” puede trascender cualquier barrera cultural y pasar a formar parte del imaginario colectivo. Y precisamente esto es lo que busca la cinta que hoy nos ocupa.
En ‘Calvary’, (que nos llega, qué sorpresa, casi un año después de su estreno, aún habiendo cosechado el Premio del Jurado Ecuménico en la Berlinale 2014), John Michael McDonagh sitúa metafóricamente el monte Calvario, lugar en el que Jesucristo fue crucificado, en un remoto pueblo irlandés, en eterna lucha entre una majestuosa y cruda naturaleza, filmada con la confianza de quien sabe que paisajes de tanta potencia visual no necesitan mayor aderezo, y las desilusionadas vidas de sus habitantes, todos ellos víctimas y verdugos de sus pequeñas realidades.
El deambular de este rebaño tiene como piedra angular a James Lavelle, pastor de la comunidad y figura omnipresente en la cinta. Magistralmente interpretado por un Brendan Gleeson que derrocha carisma y compasión, en un papel que hace patente que Gleeson se entiende a la perfección con McDonagh. Actor y cineasta repiten la sociedad iniciada en esa suerte de “western irlandés” que es ‘The Guard’ (pésimamente traducida en nuestro país como ‘El Irlandés’), y que se alargará como mínimo en otro trabajo, ‘The lame shall enter first’, todavía en fase de preproducción.

Desencadena la acción un largo plano fijo en el que el padre Lavelle es amenazado de muerte por un miembro de su comunidad, que busca castigar a un “pastor íntegro” por los terribles abusos que sufrió en su infancia a manos de un cura pederasta, ya fallecido. Siete días es todo el tiempo con el que contará el párroco para poner las cosas en orden antes de enfrentar su fatal destino.
Uno de los grandes méritos de la película es precisamente la tensión narrativa que consigue crear esta sorprendente amenaza que, aparte de marcar el tempo del film, nos ayuda a comprender el interés del protagonista en dedicar el poco tiempo con el que cuenta a, en vez de intentar salvar su alma, salvar la de sus feligreses. Interpretados por un extenso reparto a buen nivel en líneas generales, en el que encontramos un socarrón doctor cargado de cinismo, un joven inadaptado al que le gusta Dolly Parton, una adultera masoquista o un millonario petulante que necesita presumir de un dinero que no sabe disfrutar. A James le apena y le frustra ser testigo directo de la vanidad y el rencor de sus parroquianos, encontrando únicamente amor en su hija (la angelical pelirroja Kelly Reilly), incapaz aún de comprender que entrase en el seno de la Iglesia tras morir la madre de ésta.

La variedad de situaciones y personajes provoca algún breve altibajo durante el desarrollo de la cinta, en el que el nivel de interés de la misma decae ligeramente, pero esto no tumba una propuesta firme que tiene bien claro hacia dónde va en todo momento. McDonagh sabe mezclar con elegancia drama, comedia y algunas dosis de ‘thriller’ para someter a Irlanda a una deconstrucción, muy lejos de visiones idílicas como las de ‘El hombre tranquilo’.

‘Calvary’, a través de la particular crucifixión de un hombre que simboliza todo lo que la Iglesia debería ser, dibuja un país marcado por el catolicismo como seña de identidad, el vínculo popular que supone el alcohol, la aceptación del IRA como un estamento de la sociedad, el desarraigo de su carácter terrenal celta… todo pasa por los ojos de un resignado padre Lavelle que, pese a todo, quiere a su rebaño.

Como habréis podido apreciar, escribe esta crítica un nuevo rostro de la página. Mi nombre es Tomás Ruibal y, tras haber finalizado mis estudios de Producción Audiovisual en la EMAV de Barcelona, busco adentrarme en el mundo del cine por todos los flancos. Llego pues a ‘Siempre en V.O.’, con ganas de aprender y de compartir mi amor por el séptimo arte con todos vosotros.
Podéis seguirme en Twitter en mi perfil, @TRuibal, y ver los dos cortos que hasta ahora he realizado con ‘Hazte Fun’, productora en ciernes, en nuestro canal de YouTube: https://www.youtube.com/channel/UCLSgy0thHmbGNhA8t03l4-g.

NO ESTRENOS: ‘Frozen River’, de Courtney Hunt

[[Crítica de @PauGarcia179]]
Es curioso como el cine ha dado gran cantidad de películas ambientadas en la frontera entre México y Estados Unidos (la excelente ‘The Three Burials of Melquíades Estrada’, por ejemplo), pero son pocas las localizadas en la frontera entre Estados Unidos y Canadá. ‘Frozen River’ es una de ellas. Ópera prima de Courtney Hunt, se llevó el premio a Mejor Película en el Festival de Sundance de 2008 y obtuvo dos nominaciones en los Óscar a Mejor actriz principal (Melissa Leo) y a Guión original. 
El primer plano de ‘Frozen River’ es precisamente la imagen del río helado (río Lawrence) que da nombre al film. A continuación aparecen diversos planos de la frontera entre Estados Unidos y Canadá que nos da pistas sobre la temática de la película: la inmigración y el cruce de la frontera. El sueño americano, la prometida igualdad de oportunidades en la tierra donde todas las personas que se esfuerzan y trabajan duro pueden escalar socialmente hasta llegar a una elevada posición social y económica. Obviamente, al poco de observar la realidad del país norteamericano, todas estas ilusiones se tornan irreales. 
Ray (Melissa Leo) vive modestamente en un pueblo del estado de Nueva York, cerca de la reserva mohawk y de la frontera con Canadá. Un día, su marido, un adicto al juego, desaparece y Ray se ve obligada a cuidar ella sola de sus hijos. Al poco tiempo conoce a Lila (Misty Upham), nativa americana y contrabandista que se dedica a cruzar la frontera con inmigrantes sin papeles. 
La realización y la fotografía parecen encaminadas a pasar desapercibidas, seguramente con el propósito de que el espectador se centre en los personajes, rechazando así cualquier atisbo de esteticismo en la composición de planos o iluminación, más allá de los paisajes inherentemente bellos del río helado. La directora consigue tejer una historia interesante que mantendrá nuestra atención durante buena parte de la película aunque, sorprendentemente, el interés puede ir decreciendo hacia al final, cuando se supone que debe haber un mayor impacto emocional. 
Paradójicamente, el momento más emotivo del film (me refiero al de la pareja pakistaní, para el que haya visto la película) lo protagoniza un personaje que no llega ni a secundario y cuya subtrama (si se puede considerar así) no tiene mayor importancia que una simple anécdota. Después de esta escena, el desenlace que intenta tocar la fibra del espectador (sin evidente manipulación, lo cual es de agradecer) se torna superfluo e insignificante, y acabamos el filme ligeramente decepcionados, pues había muchos elementos que nos anunciaban un gran film pero que después no se ha acabado de materializar. 
El cine ‘indie’ rural, negando el sueño americano 

‘Frozen River’ parece formar parte de una corriente de películas de cine independiente ambientadas en la América rural (como las recomendables ‘Winter’s Bone’ o ‘Shotgun stories’) que de alguna manera niegan o pervierten el sueño americano. Con la primera de las mencionadas también comparte el hecho de ser una película protagonizada y dirigida por mujeres, lo cual lamentablemente cobra relevancia por lo excepcional que resulta la situación en el arte cinematográfico. La negación del sueño americano que comentaba la podemos encontrar resumida en un diálogo entre los dos personajes protagonistas: Lila le cuenta a Ray que los llamados “cabezas de serpiente” pagan para traer inmigrantes sin papeles y éstos, a cambio, tienen que trabajar para ellos con tal de pagar la deuda. Ray le responde, sorprendida: “¿¿Para venir aquí?? No me jodas.” Ray, viviendo modestamente en uno de los países más ricos del planeta, es consciente de la mentira del sueño americano, y por eso no puede creerse el esfuerzo a veces inútil hecho por estas personas. Es una situación no muy diferente a la que podemos encontrar en la migración en Europa. Muchas personas se pasan años viviendo en pésimas condiciones para llegar a Ceuta o Melilla y desde ahí acceder a Europa, pero cuando después llegan a suelo europeo (si consiguen llegar), se dan cuenta de que la situación en el continente europeo no es tan perfecta como parecía.  
En cualquier caso, esa interesante conversación entre Lila y Ray nos da pistas sobre lo que podría haber sido la película: una exploración de las mafias que obligan a trabajar en condiciones pésimas y con trabajos moralmente cuestionables. Lamentablemente, la directora no se detiene a describir esa situación más allá de un par de líneas de diálogo entre las dos protagonistas, y la imagen que nos ofrece de la frontera no es lo suficientemente amplia para que nos podamos hacer una idea de esta atroz realidad. Otro aspecto que se presentaba estimulante pero que no ha acabado de funcionar es el retrato de la comunidad mohawk, de la que solo se solo se explican unas pocas pinceladas sin mayor profundidad, además del hecho de que los personajes mohawks que aparecen son trabajadores del casino o contrabandistas. 
‘Frozen River’ es una aceptable película con una gran interpretación de Melissa Leo que funciona como retrato de una mujer en una situación desesperada de la que surgen amistades improbables; es un film que se deja ver pero que no acaba teniendo suficiente hondura emocional ni presentando un retrato amplio y acertado tanto de la comunidad mohawk como de la situación de la frontera entre Canadá y Estados Unidos.
Título: Frozen River
Director: Courtney Hunt
Guión: Courtney Hunt

Fotografía: Reed Dawson Morano
Año: 2008
Duración: 97  min.
País: Estados Unidos
Productora: Sony Pictures Classics
Reparto: Melissa Leo, Misty Upham, Charlie McDermott, Michael O’Keefe, Mark Boone Junior