RETROSPECTIVA Hermanos Coen: ‘True Grit’

Desde ‘No Country For Old Men’ (2007), los hermanos Coen no han hecho nada más que obras maestras, con películas tan diferentes entre sí como la hilarante ‘Burn After Reading’ (2008) o la peculiar ‘A Serious Man’ (2009). Hoy analizamos ‘Valor de Ley’ (2010), una adaptación de la novela de Charles Portis que ya fue adaptada por Henry Hathaway en 1969 y con John Wayne como protagonista, mientras esperamos la nueva película de los Coen, ‘Inside Llewyn Davis’ (2013), que ya ha ganado varios premios en los distintos festivales por los que ha pasado.
Mattie Ross busca que se haga justicia con el asesino de su padre, Tom Chaney, que huyó para librarse de la horca. Las autoridades, sin embargo, no están muy dispuestas a darle caza, por lo que Mattie Ross tendrá que contratar los servicios del impacable Rooster Cogburn para llevarlo a Chaney delante de un tribunal que lo condene a la horca.
La película no empieza con un ritmo desenfrenado, y ya desde el inicio aparece la protagonista de esta historia, Mattie Ross, interpretada de forma asombrosa por Hailee Steinfeld, quién ganó varios premios por su papel en este filme. Mattie Ross, pese a tener solo 14 años, es un personaje con carácter, que no le tiembla el pulso a la hora de tratar con pistoleros o de negociar con comerciantes. También es justo destacar la genial interpretación de Jeff Bridges, que vuelve a colaborar con los hermanos Coen después de la brillante ‘The Big Lebowski’ (1999), en la que nos dejó una gran interpretación de un personaje inolvidable para la historia del cine, ‘The Dude’.  Por el contrario, Matt Damon está correcto sin más, y Josh Brolin (que también repite con los Coen tras ‘No Country For Old Men’) cumple, aunque su papel es menos importante de lo que se puede esperar. 
No es ‘The Dude’, es Jeff Bridges haciendo de Rooster Cogburn 

El tono de ‘True Grit’ no es ni tan despreocupado como la simpática ‘O Brother, Where Art Thou?’ (2000) ni tan sombría como la oscarizada ‘No Country For Old Men’), está en un término medio y hay lugar para la risa -aunque tampoco a carcajadas- pero también para la seriedad que requiere la gravedad de ciertas situaciones de la película. Es una gran aventura, con un falso clímax que rompe la previsibilidad de la trama, con algunos momentos de ese humor negro tan característico de los Coen
Personalmente, cierta aparición prácticamente milagrosa con música épica me chirría un poco, no es propio de los Coen y no es nada creíble. También es cierto que si tuviésemos que medir la calidad de una película -y sobretodo, de un western- por su verosimilitud, entonces tendríamos que decir que la gran ‘Stagecoach’ (John Ford, 1939) es una película horrible, porque es totalmente inverosímil que en cierta persecución, a los indios no se les ocurriese disparar a los caballos para dar caza a la diligencia. Además, aunque como concepto el final es muy bueno, creo que no hacía falta (SPOILER, SPOILER, HUYAN, HUYAN, HUYAN INMEDIATAMENTE DE AQUÍ) mostrar en pantalla que los años habían pasado con una actriz adulta del personaje de Mattie Ross, era totalmente injusto e innecesario y se podría haber expresado lo mismo con una voz en off, ya que, al menos para mi,  su aparición rompía todos los esquemas y no podía ser otra actriz la que interpretara al personaje de Mattie Ross, porque Mattie Ross es Hailee Steinfeld.

A pesar de estos pequeños detalles, hay que decirlo, ‘True Grit’ es otra gran película de esos maestros que son Joel y Ethan Coen (y ya van…), con las dosis justas de humor, seriedad y aventura. Unas brillantes interpretaciones, una gran fotografía del siempre eficiente Roger Deakins (habitual de los Coen), unos paisajes de gran belleza y una historia potente que atrapa son los ingredientes que hacen de ‘True Grit’ una película que no te puedes perder si te gusta el cine de calidad.


Título: ‘True Grit’ (Valor de Ley)
Director: Joel Coen, Ethan Coen
Guión: Joel Coen, Ethan Coen (Novela: Charles Portis)
Fotografía: Roger Deakins
Año: 2010
Duración: 110  min.
País: Estados Unidos
Productora: Paramount Pictures / Skydance Productions / Scott Rudin Productions
Reparto: Jeff Bridges, Hailee Steinfeld, Matt Damon, Josh Brolin, Barry Pepper, Paul Rae, Ed Corbin, Domhnall Gleeson

‘Captain Phillips’, Greengrass,y el renacimiento de Hanks

Título: Captain Phillips (Capitán Phillips)
Director: Paul Greengrass
Guión: Billy Ray (adaptado del libro de Richard Phillips y Stephan Talty)
Fotografía: Barry Ackroyd
Año: 2013
Duración: 135 min.
País: Estados Unidos
Productora: Michael De Luca Productions / Scott Rudin Productions / Trigger Street Productions
Reparto: Tom Hanks, Barkhan Abdi, Mahat M. Ali, Barkhad Abdirahman, Faysal Ahmed, Michael Chernus, Catherine Keener, David Warshofsky, Corey Johnson, Chris Mulkey, Yul Vazquez, Max Martini, Omar Berdouni, Mohamed Ali
Tenía que llegar Paul Greengrass, el realizador británico de docucine, para adaptar el desarrollo del secuestro real de un barco carguero por parte de unos piratas somalíes. Como ya es típico, rehúye de sentimentalismos y drama familiar, y se centra en los hechos y el desarrollo de una trama interesante, contando en este filme con la increíble presencia de Tom Hanks.
En marzo de 2009 se encontraron en el cuerno de África dos grupos de personas de mundos muy diferentes en una situación límite. Por una parte, los marineros tripulantes del carguero Maersk Alabama, liderados por el capitán Richard Phillips (Tom Hanks), un hombre tranquilo y sencillo, preocupado por entregar la carga a tiempo y volver a casa a encauzar su situación familiar, y por la otra, un grupo de pescadores somalíes empujados a convertirse en piratas por un señor de la guerra que les pone un fusil de asalto en las manos, y aunque inexpertos, les obliga a intentar un abordaje suicida por conseguir un botín del que no podrán disfrutar un solo centavo. Es pues, Capitán Phillips, la odisea real del hombre que da el nombre a la película, que fue secuestrado por dichos piratas, y rescatado por parte del gobierno de los Estados Unidos.


Captain Phillips impresiona, hasta nos mantiene en una alta tensión en ciertos momentos del largo y algo pesado metraje que acusa de una brutal falta de ritmo en la segunda parte del filme: los enfrentamientos entre capitán y pirata somalí se suceden de forma algo repetitiva, y hace que (como mínimo un servidor) pierda todo interés. Esta segunda parte, además, culmina en un rescate americanizado algo petulante, pero, no voy a mentir, resultón. Además, y por si todo esto no fuera poco, la dirección de Greengrasses excesivamente nerviosa e inquieta culpa de una cámara en mano que sólo consigue el mareo típico de un grumete de agua dulce en su primera misión al alta mar.
Captain Phillips, eso sí, tiene tres puntos a favor que la pasan de película mediocre a interesante espectáculo. Primero el elenco, con el descubrimiento de Barkhad Abdi (que interpreta a Muse), y la vuelta del mejor Hanks, ese que hacía ya tiempo que no veíamos: él se entrega en cuerpo, alma, sudor, y sangre, y Greengrass le convierte en protagonista absoluto del filme (eso sí, quizás reverenciándole en demasía). Segundo, la mano del director británico en el diseño de secuencias de acción. Sobre todo en el primer tercio de película la planificación consigue una tensión creciente y hasta un temor de lo que se viene encima del barco carguero. Y tercero y último, el no posicionamiento de la historia, mérito del guionista Billy Ray, que sólo nos escupe la verdad y deja que el espectador juzgue por sí mismo: no señala a los somalíes como “malos de la película”, ni justifica sus actos, señalando tenuemente a los responsables reales.

En resumen, Captain Phillips es la peor versión de Greengrass, que sigue siendo un buen cine, aliada con el mejor Hanks, que da como resultado algo sustancialmente mejor que la acción vacua de Ronald Emmerich, pero descaradamente inferior al brillante espectáculo que ofrece el directo en Bloody Sunday o United 93.
También podéis revisar la crítica que realizó @PauGarcia179 durante la Fiesta del Cine de esta misma película pinchando aquí.
Lo mejor: Tom Hanks. Simple y llanamente.
Lo peor: el decaimiento de la tensión (trepidante en los primeros 45 minutos) a medida que avanza la película.

‘The Sacrament’: el Edén según Ti West

Título: The Sacrament
Director: Ti West
Guión: Ti West
Fotografía: Brandon Trost
Año: 2013
Duración: 95 min.
País: Estados Unidos
Productora: Worldview Entertainment / Arcade Pictures
Reparto: Amy Seimetz, Joe Swanberg, Kate Lyn Sheil, AJ Bowen, Kentucker Audley, Gene Jones, Shaun Clane, Shawn Parsons, Donna Biscoe, Cal Johnson, Derek Roberts.
Eli Roth produce la nueva película dirigida y con el guión de Ti West, The Sacrament. Éste es un filme de terror sobre el ser humano y la naturaleza de las sectas, y fue la clausura del Festival de Sitges en 2013. Es inevitable su comparación con el filme de Kevin Smith basado en el personaje de Fred Phelps, Red State, que ya ganó el premio a la Mejor Película en Sitges 2011.
Dos cineastas (AJ Bowen y Joe Swanberg) están tratando de documentar la búsqueda de un amigo (Kentucker Audley) de su hermana (Amy Seimetz), que los lleva a la comunidad “Eden Parish”, al parecer un paraje idílico del que sus habitantes están enamorados y llevan una vida sencilla y sin lujos. Se entrevistarán con diversos habitantes y hasta con el hombre que está al  mando del  lugar: Father (Gene Jones), hasta descubrir el terrible secreto que esconden… La película está basada en los hechos acaecidos en Jonestown, la comuna de Guyana dirigida por Jim Jones.
El subgénero found footage o metraje encontrado consiste, para el que no lo sepa, en que la película se nos presenta como un material encontrado por alguna entidad gubernamental o como un material histórico. Las dos principales características son el realismo máximo, al cual se intenta llegar mediante la cámara no estabilizada, y el hecho de presentar imágenes no editadas posteriormente. Son ejemplos de found footage Proyecto de la bruja de Blair, REC, y la saga de Paranormal Activity. Lo más común es encontrar este subgénero sólo en filmes de terror, aunque los hay también en la ciencia ficción (Chronicle, de Josh Trank) y en la comedia (Project X, de Nima Nourizadeh). Por norma general, este subgénero tiende a mezclarse con el mockumentary, que narra un hecho histórico falso, usando actores que interpretan un personaje, en formato de documental, pudiendo ser por tanto, posteriormente editado (adicción de banda sonora).
Espectacular interpretación de Gene Jones.
En general hay una cierta reticencia en el mundo cinéfilo hacia los filmes de este tipo, a causa la enorme cantidad de ellos que han aparecido en los últimos 15 años, ya sea por el bajo coste de las producciones o por el realismo que se le da al relato, pero es que éste de Ti West, le da una nueva dimensión al subgénero evitando los “sustos cutres” que lo plagan y sustituyéndolos por ritmo, ritmo y más ritmo.
El realizador americano, colega de Eli Roth, consigue crear una atmósfera de terror y tensión alucinantes sólo con el simple uso del guión, y de una banda sonora que no hace más que aumentar el pánico al que nos somete el director. En The Sacrament se nos muestra la verdadera naturaleza humana, el límite del fanatismo religioso y las atrocidades que puede cometer, y el monstruo en el que se puede llegar a convertir un ser humano demente y enfermo. Es extremadamente destacable la increíble actuación de Gene Jonescomo The Father, el jefe de la Eden Parish. Extremadamente recomendable para los, como yo, fans del subgénero found footage, y también para los que deseen un filme tenso, con ritmo, y con cierta intriga.
Lo mejor: el ritmo, que consigue una tensión en aumento que desemboca en unos 25-30 minutos de escándalo.
Lo peor: es una película notable, pero le falta algo para ser una obra maestra. Si no se usara el mockumentary/found footage, podria ser perfecta.

‘The Hangover III’, la ultima resaca

Título: The Hangover Part III (R3sacón)
Director: Todd Phillips
Guión: Todd Phillips, Craig Mazin (basado en los personajes de Scott Moore y Jon Lucas)
Fotografía: Lawrence Sher
Año: 2013
Duración: 100 min.
País: Estados Unidos
Productora: Legendary Pictures / Green Hat Films / Warner Bros.
Reparto: Bradley Cooper, Ed Helms, Zach Galifianakis, Ken Jeon, Justin Bartha, John Goodman, Heather Graham, Melissa McCarthy, Jeffrey Tambor, Gillian Vigman, Sasha Barrese, Jamie Chung, Mike Epps
Se acabaron las fechorías por parte del ‘Wolfpack’. Eso es. ‘The Hangover III‘ es la tercera y última parte de las aventuras y desdichas del grupo formado por Ed Helms(Stu), Bradley Cooper (Phil), Zach Galifianakis (Alan), y un Justin Bartha (Doug) que, como siempre, brilla por su ausencia. Es un resacóndiferente al que nos tenía acostumbrados Todd Phillips en sus dos predecesoras, pero eso, a priori, no es significativamente malo, ni bueno tampoco: sólo da a sus personajes un nuevo fondo sobre el que trabajar, el de la comedia de acción (con ciertos aires a road movie que tan buen resultado le ha dado siempre a Phillips). Este es el Resacón de los otros dos resacones.
En esta última aventura, Alan (Galifianakis) acaba de perder a su padre (Jeffrey Tambor) de un ataque al corazón. A consecuencia de esto, su madre insta a Doug (Bartha), Phil (Cooper) y Stu (Helms) para que se lo lleven a una institución mental en Arizona. Por el camino, serán secuestrados por Marshall (John Goodman), el tipo propietario de las drogas que el “Doug negro” (Mike Epps) le vendió a Alan en 2009 (The Hangover), que clama venganza por ese hecho…

Momento Beatles en The Hangover Part III
¿Qué significa que “este es el Resacón de los otros dos resacones”? Bien, volvamos al año 2009. El 5 de junio se estrenaba en las salas de los Estados Unidos este fenómeno que conquistó a la cartelera (recaudó casi 14 veces su presupuesto de 35 millones US$) y los corazones de los espectadores: el wolfpack se emborrachaba, se drogaba, iba de putas, robaba un coche de policía, mostraba poco respeto por el tigre de Mike Tyson, y, además, gustaba. Cuando, 2 años más tarde llegó The Hangover Part II, Todd Phillips repitió fórmula (¡ahora en Tailandia!), y volvió a conquistar la taquilla. Los números engañan, pues esta entrega de las peripecias de Alan, Stu y Phil, aún superando la recaudación de su predecesora por unos 110 millones US$, no fue tan rentable (7 veces su presupuesto). Además, fue algo criticada, evidente y justificadamente, por la repetición de esquema y hasta algunos gags reminiscentes de la primera parte.
Así pues, The Hangover III significa un tipo de “limpieza” del organismo para Phillips, un cambio de fórmula en aras de satisfacer a un público que, a priori, parecía estar harto de ver a los mismos personajes pasar por situaciones tan similares una vez y otra. Es la resaca que nos han traído sus dos predecesoras: el Resacón de los resacones. El acierto del director y guionista es hacer que todo el peso de la comedia se pose sobre los hombros de Galifianakis y Ken Jeon, convirtiendo a Helms y Cooper en meros compañeros de viaje para la maduración del personaje de Galifianakis, y por consiguiente, algo abandonados en muchos gags. Merece una mención especial Melissa McCarthy, que protagoniza algunas de las mejores escenas del filme.

Este Alan, siempre dando la nota
En ciertos momentos, la película peca de sentimentalismo hacia una trilogía que termina (constantes referencias a las dos aventuras del trío protagónico), y hay una sospechosa cantidad de maltratos animales (pollos forzados al canibalismo y el consumo de cocaína,  uno de estos pollos asesinado como cierto personaje en One Flew Over the Cuckoo’s Nest, decapitación de una jirafa…), que aparecen como sátira posiblemente hacia las quejas de la PETA sobre el mono fumador de la segunda parte, a la que, por cierto, The Hangover Part III es claramente superior. Esto, no obstante, no impide disfrutar una vez más de las locuras de Alan y su manada en la que parece será su última resaca.
Lo mejor:el prólogo, el epílogo, y la escena post-créditos, el exceso del que echa mano Todd Phillips para recordarnos que, al fin y al cabo, esto es Resacón. Ah, y ¡una banda sonora magnífica!
Lo peor:a mi parecer no se aprovecha del todo la presencia del siempre carismático John Goodman.

‘Partes de una familia’: Vejez, desamor, burguesía

Título: Partes de una familia
Director: Diego Gutiérrez
Guión: Diego Gutiérrez
Fotografía: Diego Gutiérrez
Año: 2012
Duración: 83 min.
País: México
Productora: Coproducción México-Holanda; IMCINE / CONACULTA /FOPROCINE / Diego Gutiérrez / Bonanza Films
Reparto: Documental
Gina y Gonzalo viven en una inmensa casa en los límites de la Ciudad de México. Con el tiempo, su amor se ha desvanecido, y su casa se ha convertido en una prisión, sobretodo para Gina. Su hijo, Diego Gutiérrez cuenta y dirige la historia.

Gutiérrez explica las miserias de sus padres, burgeses encerrados en su propiedad que no soportan la inactividad en la que viven. Mientras Gonzalo se refugia en los caballos, las memorias y los libros, Gina pasa su tiempo con las tareas mundanas de su casa, “su mundo”, como dice Gonzalo en un fragmento de la película.

En su momento, Gina y Gonzalo , como ellos mismos explican, se querían, pero ahora ya nada queda de ese amor. Viven sus últimos días juntos por inercia, y mientras Gonzalo asegura que le gusta como vive, pues puede hacer lo que quiere y no tiene la presión del trabajo o del jefe, Gina repite delante de la cámara una y otra vez que está harta de esta vida. Pese a estar tan alejada de su marido no se atreve a dar el paso, coger las maletas y abandonar esa prisión que tiene por casa. Cada día se levanta y piensa que ya basta, que podrá arreglarselas sola, pero finalmente baja la cabeza, se calla y se refugia en su rutina, en su casa, su única vía de escape. Especialmente preocupante es una de las anécdotas que cuenta Gina sobre el cáncer que sufrió y la indiferencia y desprecio de su marido, que a estas alturas de la vida ni le habla ni se digna a comer con ella.
Gonzalo, satisfecho de su carrera y de sus títulos como médico, prepara unas memorias, como si alguien pudiese interesarse por su vida burguesa y autocomplaciente. Se enorgullece de su pasado, le gusta rememorarlo. A Gina también le gusta rememorarlo, por eso guarda aún la ropa que le regalaron sus padres, y aunque admite que ahora no se compraría estas ropas por el asunto ecológico, no puede desprenderse de esos vestidos que tanto le recuerdan esos tiempos felices que hace ya tantos años que quedaron atrás.

La escena cuando Diego Gutiérrez les pregunta si pueden decirse algo bonito el uno al otro resume perfectamente el distanciamiento y el desamor que ha ido aumentando con el paso de los años. Por otra parte, y en contraposición a Gina, una de las sirvientas, Lore, le cuenta a Diego Gutiérrez que no se casó porque tenía miedo a que su matrimonio saliera mal, y -sin decirlo explícitamente—, a que acabara como el de Gina y Gonzalo y tuviera que soportar lo que soporta Gina. Toda su familia le insistía para que se casara, pero ella se mantenía firme: prefería vivir sola e independiente.

Un aspecto que se refleja en la película, aunque no tengo muy claro que sea intención del director, es el extremo e irritante estado de ‘sobrebieniestar’ que vive la pareja, especialmente claro en el caso de Gina, que dice que no quiere vivir 100 años, quiere “vivir hasta que pueda cuidarse de sí misma”, algo curioso si tenemos en cuenta que en la casa trabajan 4 sirvientes que les preparan la comida, les lavan y planchan la ropa (incluso tienen un teléfono para comunicarse con los sirvientes ¡en la misma casa!) y Gina no puede dignarse ni a levantarse a buscar su maldito café.

Es una historia muy triste, que transmite el vacío de esta pareja de burgueses, que pese a tener dinero- o quizás por culpa de él-, pese a tener una propiedad enorme y el jardín que Gonzalo siempre había querido, no pueden ser felices. Son esclavos de su rutina, luchando por mantenerse ocupados, para permanecer activos, porque si no lo hacen, si se ponen a pensar en como son sus vidas, quizás no tengan fuerzas para seguir adelante. Ya no hay amor, ahora solo hay silencios, miradas tristes e indiferentes y un pasado que recordarán con nostalgia hasta el fin de sus días.

‘Partes de una família’ es una película real como la vida misma, con una gran implicación emocional tanto para el director, Diego Gutiérrez, como para los protagonistas del documental, que al ver el filme y sus propias miserias probablemente decidirán dar un cambio a sus vidas para no hacerse más daño y vivir sus últimos días en paz y en armonía.

Lo mejor: el retrato que hace Gutiérrez del distanciamiento y el desamor de sus padres
Lo peor: que toda la película sea jodidamente real

‘The Company You Keep’: antítesis de thriller

Título: Pacto de silencio (The Company You Keep)

Director: Robert Redford
Guión: Lem Dobbs (Novela: Neil Gordon)
Fotografía: Adriano Goldman
Año: 2012
Duración: 125 min.
País: Estados Unidos
Productora: Sony Pictures Classics / Voltage Pictures / Wildwood Enterprises / Kingsgate Films / Brightlight Pictures / TCYK North Productions
Reparto: Robert Redford, Shia LaBeouf, Nick Nolte, Julie Christie, Richard Jenkins, Chris Cooper, Susan Sarandon, Sam Elliott, Anna Kendrick, Brendan Gleeson, Terrence Howard, Brit Marling, Stephen Root, Stanley Tucci, Jackie Evancho

Roberd Redford vuelve a dirigir dos años después de ‘La conspiración’ (‘The Conspirator’, 2010) y en esta ocasión se reserva además el papel protagonista. Lem Dobbs (‘Haywire’ de Steven Soderbergh, 2011) se encarga del guión, basado en la novela de Neil Gordon.

Jim Grant (Robert Redford), un exitoso abogado, parece tener algo que ver con los activistas más radicales en contra de la Guerra del Vietnam que treinta años antes intentaron robar el Banco de Michigan, matando a un guardia de seguridad en el intento de atraco. Por otra parte, Ben Sheppard (Shia LaBeouf), periodista del “Albany Sun Times” iniciará una investigación para sacar una buena historia después de la detención de Sharon Solarz (Susan Sarandon), detenida por el asesinato del guardia de seguridad. 
‘Pacto de Silencio’ (‘The Company You Keep’) te mareará con una sucesión de diálogos interminable, sin un momento de respiro para asimilar la información. Ni por asomo llega a la confusión de ‘The Big Sleep’ (Howard Hawks, 1949), se puede llegar a comprender toda la trama, pero se agradecería un momento de pausa para no fatigar al espectador. El problema es que aquí los diálogos no tienen ninguna gracia (con alguna excepción), como sí la tenían los diálogos de ‘The Big Sleep’
La dirección de Robert Redford es correcta, pero plana e impersonal. Viendo la historia que cuenta es lógico, porque la realización está hecha de forma que no pensemos en ella y nos centremos únicamente en la historia y los diálogos, porque si empezáramos a intentar apreciar los matices, detalles, planos y movimientos de cámara de la dirección de Redford nos perderíamos muchos datos acerca de la historia.
La premisa es muy buena, pero en toda la película no hay tensión, no se respira emoción, no se puede considerar un thriller porque aunque vamos siguiendo la trama, no nos sentimos realmente intrigados y preocupados por los personajes. La historia nunca se nos presenta como algo especialmente interesante pese a que vayamos siguiéndola a la espera de ver un buen final (porque a veces un buen final, aunque la película sea mediocre, consigue dejarnos con un buen sabor de boca.) Desgraciadamente, no hay buen final, no es potente, ni tampoco sorprende sobremanera, es como toda la película: correcta y funcional sin más, sin emoción, sin sorpresas, y, lamentablemente, sin nada que resulte especialmente interesante como para recomendar fervientemente el filme. 
Propongo prohibir la escena de la clase y el amigo universitario
Un aspecto que me ha molestado especialmente es el de los lugares comunes, particularmente la primera escena de Richard Jenkins, que aunque su interpretación es correcta, lo cierto es que eso de que cierto personaje vaya a ver a su amigo el profesor universitario en su clase, se espere a que termine y le sorprenda con una frase ingeniosa está más que trillado, tengo la sensación de haberlo visto en muchas películas y es una escena que debería ser prohibida por repetición. 
Redford, que además de dirigir y coproducir también protagoniza este film junto con Shia Labeaf, reúne a un reparto espectacular, con secundarios de lujo como Nick Nolte, Richard Jenkins, Susan Sarandon, Brendan Gleeson y Terrence Howard, entre otros, aunque los tres primeros aparezcan en contadas ocasiones. La mayoría de actores, si bien solo aparezcan en un par de escenas, lo hacen bien, Shia Labeauf convence como periodista y Redford actúa como dirige, de forma correcta, sin entusiasmar. 
Estamos, pues, ante una película con una dirección eficaz pero sin personalidad, que cuenta con un reparto espectacular y algunas frases en contra de la Guerra del Vietnam y de la pérdida de los ideales que nunca están de más, pero sin muchas más razones para ponerse a ver una película que no consigue emocionar ni transmitir la tensión del momento.

‘Leviathan’: Fascinante, absorbente e hipnótico experimento cinematográfico

Título: Leviathan

Director: Lucien Castaing-Taylor, Verena Paravel
Guión: Lucien Castaing-Taylor, Verena Paravel
Fotografía: Lucien Castaing-Taylor, Verena Paravel
Año: 2012
Duración: 87 min.
País: Reino Unido
Productora: Coproducción Reino Unido-Francia-EEUU: Arrete Ton Cinema / Cinereach
Reparto: Documental; Declan Conneely, Johnny Gatcombe, Adrian Guillette, Brian Jannelle, Clyde Lee, Arthur Smith

Es difícil expresar con palabras las sensaciones que transmite ‘Leviathan’, pues es un documental fundamentalmente visual, donde lo importante son las imágenes que se suceden en la pantalla. Aquí los diálogos se reducen, prácticamente, a un intercambio de gritos entre pescadores que no son de gran importancia para la película. 

Cuando vas a ver ‘Leviathan’, debes saber que vas a ver algo realmente especial, diferente, original. Debes desaprender todas las convenciones del cine y del documental. Olvida los diálogos, la construcción de personajes, el guión. Todos estos elementos no existen en esta maravillosa aventura cinematográfica. ‘Leviathan’ va más allá del cine y del documental, es una experiencia fascinante, absorbente e hipnótica.

Des del principio de la película, proyectada en el Festival de Cine Independiente de Barcelona, no podía quitar los ojos de la pantalla, tenía miedo incluso a parpadear para perderme fotogramas de esta genialidad que tiene por nombre ‘Leviathan’Las primeras imágenes conforman un juego de luces y colores absolutamente asombroso. El movimiento del agua, las gaviotas que sobrevuelan el mar, son imágenes de una belleza inigualable. 


‘Leviathan’ ofrece un retrato de la actividad pesquera, con un realismo que pone los pelos de punta, como cuando vemos los peces salir de las redes sobre la superficie del barco, moviéndose en un último intento por escapar de ahí o cuando ya  están muertos y el desplazamiento del barco los acercan y alejan de la cámara fija, de manera que vemos los peces muertos que cuando se aproximan, llegan incluso a tocar la cámara, que todo lo graba, y nosotros lo sentimos como si estuviéramos allí.   

También somos testigos de como los pescadores, con la frialdad adquirida por la repetición y cotidianidad de su trabajo, parten los peces, les sacan las partes que no interesan para que, previo paso por las cocinas y otras etapas intermedias, podamos disfrutar del pescado, sin pensar en las vidas arrebatadas y el proceso que lo ha llevado hasta nuestros platos. 


Además, aparte de los peces, el mar y las gaviotas, la cámara también graba los propios pescadores, y son precisamente estas imágenes las que no consiguen captar todo nuestro interés, ya que deseamos que aparezca el mar o las gaviotas que lo sobrevuelan, pues si pudiéramos, estaríamos todo el rato mirando las gaviotas sin que nunca nos aburriéramos de ellas. 


Son 87 minutos que pasan volando, casi una hora y media de sensaciones que se clavan en nuestros corazones, de imágenes que no se olvidan. ‘Leviathan’ es un crudo retrato realista pero de una belleza inaudita de la actividad pesquera, un viaje fascinante a las mismas aguas donde el Pequod de Melville persiguió a Moby Dick

Por una vez coincido con @PaulPorcoRosso, que como a mí también le fascinó ‘Leviathan’