‘Inside Llewyn Davis’, un gato sin nombre, y una vida muy triste

Los hermanos Coen retratan en su nueva película su eterna pasión por las dos constantes más reconocibles de su filmografía: la música y las road-movies. Ya rindieron homenaje a la música en O Brother! (Odisea ambientada en el sur de los Estados Unidos en los años 30 de la que hizo crítica @PauGarcia179), y las road-movies son usadas por ellos más que como un género en sí, como un modo para mostrar el camino recorrido por sus personajes no sólo en cuerpo sino también en alma. En Inside Llewyn Davis, además, el director de fotografía Bruno Debonnel juega con la iluminación y una coloración grisácea e invernal que hará las delícias de cualquier amante del campo técnico del cine.
Llewyn Davis (Oscar Isaac) es un cantante de folk que vive sin casa fija en el barrio de Greenwich Village de Nueva York a principios de los años sesenta. Sobrevive cantando en pequeños garitos del barrio a cambio de la voluntad del público y gracias a la ayuda que los pocos conocidos que tiene le prestan. Al no encontrar éxito en la Gran Manzana, decide embarcarse en un viaje hacia Chicago para poder tocar ante el dueño de un prestigioso club musical.
Llewyn (interpretado por un glacial pero increíblemente expresivo Oscar Isaac), el protagonista (con permiso del gato atigrado cuyo nombre es mejor no conocer), es una hoja movida por el viento, un pobre fracasado que pasa los inviernos de sofá en sofá, sin una casa en la que acabar con el tedio de su desastrosa existencia. Un hombre incapaz de lidiar con los vaivenes de un negocio que no le comprende (o que no quiere comprenderle), y cuyo máximo triunfo será haber sido el telonero de Bob Dylan, un modo de contar su historia y dejar paso a aquél que será leyenda. En definitiva, un hombre triste, sin ataduras, y a la vez capaz de cortar con el amor, la genética, e incluso cualquier ciudad que sirva de fondo para su deprimente existencia.
No podemos evitar sentir pena por el pobre hombre que busca un espacio propio en medio de un mundo de dificultades interpuestas por la misma vida. O a lo mejor por sus actos. En este sentido, Inside Llewyn Davis establece un paralelismo con O Brother!: ya no por el hecho de una música que hace avanzar toda la trama, si no por el trasfondo de Odisea que contiene el relato (con easter egg incluido).
Inside Llewyn Davis es el nombre, también, del disco que Llewyn ha grabado en solitario. Un disco de folk que gira y da vueltas, y es triste y antiguo, un reflejo de la vida del cantautor. Un vinilo que se repite una y otra vez, cuya cara A es la vida, y el reverso, la muerte. Un LP que se nos lee mediante la adiamantada aguja de los hermanos de Minesota. Inside Llewyn Davis es la película que a muchos directores les gustaría tener en su filmografía, pero que en la de estos monstruos del cine supone una obra algo menor.
Lo mejor: Oscar Isaac, el gato hermafrodita, una historia que da para reflexionar.
Lo peor: en mi parecer no llega a la altura de las grandes obras de los Coen, y su humor negro se convierte casi en macabro.


Título: Inside Llewyn Davis
Director: Joel Coen, Ethan Coen
Guión: Joel Coen, Ethan Coen
Fotografía: Bruno Delbonnel
Duración: 105 min.
Año: 2013
País: Estados Unidos
Productora: StudioCanal / Scott Rudin Productions / Mike Zoss Productions

Reparto: Oscar Isaac, Carey Mulligan, John Goodman, Ethan Phillips, Garrett Hedlund, Justin Timberlake, Max Casella, F. Murray Abraham, Jeanine Serralles, Stark Sands, Jerry Grayson, Robin Bartlett, Adam Driver
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RETROSPECTIVA Darren Aronofsky: Pi: Faith in Chaos

Después de un par de cortometrajes, Darren Aronofsky consiguió llevar a cabo su primer largometraje, ‘Pi: Faith in Chaos’. La película, que contaba con un presupuesto de 60.000$, fue financiada gracias a las inversiones de amigos y familiares del director, a quiénes prometió devolverles 150$ (habían invertido 100$) si el film recaudaba dinero. Finalmente, Aronofsky ganó el Premio a Mejor Director en el Festival de Sundance y recaudó más de 3.000.000 de dólares, por lo que no tuvo problemas para devolver el dinero a sus peculiares inversores. 
Max Cohen, es un brillante matemático judío que intenta decodificar el sistema numérico que rige el mercado bursátil, pero sus investigaciones llamarán la atención de una firma de Wall Street y una secta judía, y éstas no pararán de acosar al matemático, que adolece, además, de constantes y brutales jaquecas.
A pesar de que su mentor le advierte, a través de una historia de Arquímedes, que para tener éxito en su búsqueda debe descansar y no obsesionarse, el protagonista parece hacer justamente lo contrario y cada vez se muestra más cerrado en sí mismo, más solitario,  más antisocial. Convencido que todo se puede representar a través de los números, olvida su naturaleza humana y vive solo para las matemáticas, completamente enloquecido.
Sean Gullete hizo un gran trabajo como el matemático Max Cohen

En su ópera prima, el director de ‘Black Swan (2010) transmite una atmósfera agobiante que lo siente el protagonista pero lo acabamos sintiendo también nosotros. Sin duda, la fotografía en blanco y negro de Matthew Libatique ayuda a crear ese ambiente opresivo como el piso del protagonista, con su ordenador y otros aparatos y ese lavabo tan sucio y desagradable. Mención aparte merece la música electrónica a cargo de Clint Mansell, pues también tiene buena parte de la culpa de conseguir esa atmósfera de la que hablaba. Además, el trabajo de Sean Gullette como el obsesivo matemático es digno de alabar: la locura la transmite como si fuera algo completamente real. 

Lo anteriormente explicado es probablemente lo mejor de la película, pues ‘Pi: Faith in Chaos’, al menos para el que esto escribe, es “sólo” un arriesgado ejercicio de estilo del director, sin que la historia pueda llegar a calar en el espectador, absorto en una experiencia sensorial y cinematográfica que no transmite ningún tipo de emoción. Sí consigue mostrar la locura del protagonista, puede incluso que intente caricaturizar los fanáticos religiosos y criticar el materialismo de los tiburones de Wall Street, pero yo no consigo ver aquí grandes reflexiones sobre la vida, la fe o el conocimiento que la temática de la película parece indicar; quizás, es simple y llanamente que mi mente no es capaz de decodificar lo que el director quiere expresar. 
No es la mejor película de Aronofsky, no es ‘Black Swan’, pero afortunadamente no es algo tan absurdo y pretencioso como ‘The Fountain‘. Con mucho menos presupuesto y con los pies en el suelo, el cineasta consiguió una obra superior a la protagonizada por Hugh Jackman y Rachel Weisz. ‘Pi: Faith in Chaos’ es, resumiendo, una valiente e interesante ópera prima con una agobiante atmósfera y una gran interpretación del actor principal, que se confunde con el personaje llegando a transmitir como nadie la obsesión y la locura de quién busca lo inalcanzable.    

Lo mejor: la atmósfera y la interpretación del actor protagonista
Lo peor: que no me transmita nada y al final incluso me deje algo indiferente

Título: Pi: Faith in Chaos (Pi: Fe en el Caos)
Director: Darren Aronofsky
Guión: Darren Aronofsky
Fotografía: Matthew Libatique
Año: 1998
Duración: 85 min.
País: Estados Unidos
Productora: Harvest Film Works Truth & Soul / Planttain Films  
Reparto: Sean Gullette, Mark Margolis, Ben Shenkman, Pamela Hart, Stephen Pearlman, Samia Shoaib, Ajay Naidu, Kristyn Mae-Anne Lao, Lauren Fox

‘Rush’, Brühl, y la Fórmula 1 de los 70’s

Título: Rush
Director: Ron Howard
Guión: Peter Morgan
Fotografía: Anthony Dod Mantle
Año: 2013
Duración: 123 min.
País: Estados Unidos
Productora: Universal Pictures / Exclusive Media Group / Cross Creek Pictures / Imagine Entertainment
Reparto: Chris Hemsworth, Daniel Brühl, Alexandra Maria Lara, Olivia Wilde, Pierfrancesco Favino, Natalie Dormer, Christian McKay, Stephen Mangan, David Calder, Alistair Petrie, Julian Rhind-Tutt, Colin Stinton, Joséphine de la Baume, Jamie Sives, Jay Simpson, Lee Asquith-Coe
Rush es la nueva película del director Ron Howard, premiado por la Academia como mejor director por su película A Beautiful Mind, que trata la rivalidad entre James Hunt y Niki Lauda, dos pilotos de Fórmula 1 de los años setenta. Estos dos están interpretados por Chris Hemsworth y Daniel Brühl, que se han llevado alabanzas por parte de la crítica por su trabajo en dicha película.
La película nos sitúa poco tiempo antes del fatal accidente, ocurrido en la segunda vuelta del Gran Premio de Alemania en Nürburgring el 1 de agosto de 1976. Lauda perdió (debido a la intensa lluvia que asolaba al circuito) el control de su Ferrari y se estrelló contra el muro de la curva Berwek. El monoplaza se incendió al instante y en medio del caos fue envestido por otro piloto. El corredor austríaco pasó un minuto en ese infierno con ruedas, atrapado y sin poder salir, hasta que cinco espectadores, un policía y los pilotos Ertl, Edwards y Merzario le socorrieron. El veredicto médico fue casi una sentencia de muerte para Niki Lauda: quemaduras de primer grado en cabeza y manos, varios huesos rotos, e intoxicación por inhalación de gases. Pero la perseverancia y amor por la victoria del piloto hicieron que huyera de las garras de la parca, y consiguió volver a las pistas tras sólo 46 días de recuperación.
Los reales Lauda (izq.) y Hunt (der.)
Pese a una enérgica y brutalmente disfrutable segunda parte del metraje (que se inicia con la carrera del accidente), la película es un poco como una mona, vestida con la seda de la mejor interpretación en toda la carrera de Daniel Brühl (gracias a su trabajo en el personaje), y maquillada con la deliciosa fotografía de A. Dod Mantle. La presentación de los personajes es caótica y algo lenta, y su primer encuentro (en 1970 en la Fórmula 3) tampoco aclara el porqué de su sana rivalidad. Digo sana porque si algo podemos extraer de este relato, es el hecho de que un ‘enemigo’ nos fuerza a alcanzar los límites de nuestro cuerpo y mente, y por eso deja de serlo un poco.
En resumen, Ron Howard es un amante de los héroes. No me refiero a héroes en el sentido épico de la palabra, si no a hombres corrientes que realizan grandes hazañas, superándose a sí mismos y sin desfallecer ante las adversidades. Para el director esta es una característica que debe poseer todo protagonista de sus películas, individuos que nunca aceptan la derrota. Así era Niki Lauda, y así lo ha conseguido retratar el director norteamericano.
Lo mejor: la recreación de la carrera que acabó con el accidente de Lauda, y la actuación de Daniel Brühl.
Lo peor: la primera hora de película parece una competición para ver cuál de los dos (Hemsworth o Brühl) tiene el miembro viril más grande. No hay rivalidad real, sólo chiquilladas.

‘The Wolf of Wall Street’, el arte de vender bolígrafos, y un esquema que funciona

Título: The World of Wall Street (El lobo de Wall Street)
Director: Martin Scorsese
Guión: Terence Winter (basado en la autobiografía de Jordan Belfort)
Fotografía: Rodrigo Prieto
Año: 2013
Duración: 179 min.
País: Estados Unidos
Productora: Paramount Pictures / Red Granite Pictures / Appian Way Productions / Sikelia Productions / Emjag Productions
Reparto: Leonardo DiCaprio, Jonah Hill, Matthew McConaughey, Jean Dujardin, Kyle Chandler, Rob Reiner, Jon Bernthal, Jon Favreau, Ethan Suplee, Margot Robbie, Cristin Millioti, Katarina Cas, Joanna Lumley, Spike Jonze
Barrio de Queens, Nueva York, 1952. Un niño de 10 años observa des de su ventana cómo los chavalines de su edad juegan a la pelota y corren y saltan persiguiéndose unos a otros. Su asma crónico le hace permanecer en casa. Un buen día, sus padres deciden llevarle al cine para reducir el hastío de esas tardes de reclusión. Hoy, año 2014, este niño asmático ha crecido y se llama Martin Scorsese. Pese a una entrada cinematográfica al nuevo milenio no tan digna como sus tres décadas de cine puro, uno de los grandes directores del cine moderno y posmoderno vuelve a intentarlo en su quinta colaboración con Leonardo DiCaprio, su nuevo actor fetiche (tras Robert De Niro con el que hizo ocho películas), y el guión del ya mítico Terence Winter (escritor y productor de The Sopranos y Broadwalk Empire), basado en la autobiografía de Jordan Belfort, broker en una firma de Wall Street.
¿Qué esconderá ahí Margot Robbie? Si Jordan Belfort anda buscando,
será el dorado…
The Wolf of Wall Street sigue un esquema archiconocido en las películas de Scorsese: historia del ascenso, apogeo y vertiginosa caída sin frenos de un criminal, narrada con voz en offy en primera persona. Saliendo de la nada, y usando sólo su mano izquierda y toneladas de ambición, consigue que el dinero le caiga de los cielos, y con él, el poder. Poder para hacer lo que sea: prostitutas, cocaína, alcohol, langostas, caviar. Poder para llevar una vida en la más estricta ostentación, y sin remordimientos por conseguir ese poder de forma ilegal. Henry Hill siempre quiso ser un gánster, y el crimen de Jordan Belfortfue querer ser millonario, a costa de cualquier práctica ilícita que fuera capaz de realizar des de la comodidad de la cuadragésima planta de uno de los edificios más altos de Nueva York
Vamos, que el bueno de Marty no ha inventado nada nuevo: formalmente nos remite a Goodfellas (1990) y Casino(1995), y todos sabemos que no hay Scorsesecomo el de Goodfellas para atrás. Pero por suerte, añade a su historia un tono de comedia desatada (a la vez denuncia del lado oscuro del mundo de los brokers) que tiene como showrunners a un magnífico DiCaprio al borde de la sobreactuación, y a un Jonah Hillque aguanta las réplicas de Leo, tira de histrionismo, y se convierte en el verdadero rey de la función.
Bueno, el rey de la función, con el permiso del señor Martin Scorsese. Porque éste, a sus 71 años de edad, rueda de forma enérgica, con múltiples travellings de factura impecable, y mucho cine en las venas. Como si fuese 1973 y Martyacabara de estrenar Mean Streets. Por 3 horas (que se hacen largas, pero sin aburrir), el cine vuelve a ser cine, ahora que Scorsese vuelve a ser Scorsese.
Cuando Jonah Hill y Leonardo DiCaprio se enteraron de sus respectivas
 nominaciones al Oscar.
Aunque a simple vista parece que el hecho de que el mismo Jordan Belfort (el de verdad, no Leo) se haya llevado más o menos 1 millón y medio de US$ por los derechos de su novela diluye en cierta medida el sentido de denuncia que Scorseseintenta imprimir en el filme, en el fondo podría ser una continuación del humor, negrísimo, del que hace gala Martinen esta película. Que Jordan esnife cocaína sobre el culo de una prostituta eslava sifilítica es más que divertido (cuando deberíamos compadecernos de la pobre alma en pena que debe arrastrarse cual sabandija hasta llegar a su Ferrari blanco). Pero mucho más divertido es pensar que el lobo, que robó (no hay mejor palabra) más de 150 millones de US$ a los pobres corderitos, no cumplió más de dos años y medio de condena, y es ahora un gurú financiero en negociaciones de protagonizar un reality show. La cuadratura del círculo virtuoso, ¿no creen? El sueño americano elevado a la enésima paradoja.
Lo mejor: reparto de lujo entre los que cabe destacar los 10 minutos (escena del almuerzo) de Matthew McConaughey (otra vez, sí), y la bestia de Jonah Hill, y los geniales discursos de Belfort frente a la multitud de pequeños lobitos que esperan la arenga de su líder ansioso de sangre.
Lo peor: abusiva duración del metraje, que lleva consigo un poco de andada en círculos después de la hora y media.

Lo Mejor de 2013 según Siempre en VO

Después de tres meses desde que @PauGarcia179 y @PaulPorcoRosso iniciáramos este blog para escribir nuestras opiniones sobre las películas que vamos viendo, llega 2014, y ahora toca hacer balance de lo mejor (y en unos días de lo peor) que hemos visto este año. También añadimos un anexo con tres películas que hemos dejado fuera del TOP10 por poco, y dos apuestas de cara al 2014. En nuestras listas sólo encontraréis películas cuya fecha de producción es el 2013, esto es: se quedan fuera grandes películas como Zero Dark Thirty, The Master o Spring Breakers que, aunque estrenadas este 2013, entraron en la carrera de los premios del 2012.
Antes de enumerar las mejores películas de 2013, debemos aclarar (aunque sea algo obvio) que éstas listas son confeccionadas en base a una opinión sumamente personal, totalmente subjetiva. Cada uno vemos el cine de una manera muy diferente y no nos afecta a todos por igual debido a nuestra divergencia de opiniones, experiencias personales y maneras de ver el mundo: no tenemos la verdad absoluta ni pretendemos tenerla, sólo ofrecer (en un afán por organizar nuestras preferencias) cuál es nuestra visión del 2013 cinematográfico. Para comentar nuestras listas (y aportar las vuestras propias) siempre tenéis la sección de comentarios del blog.


@PAULPORCOROSSO
1. La Grande Bellezza, de Paolo Sorrentino
La imposibilidad de alcanzar, o ni siquiera de rozar, la “grande bellezza” en un mundo roto y superficial, y, paradójicamente, nos la muestra durante algo más de dos horas. El fin de la fiesta, y, a la vez, el inicio de la más grande de todas. Sorrentino nos habla en ella de todo y de nada. Obra maestra de 2013.
2. Her, de Spike Jonze
La flamante ganadora del Globo de Oro al Mejor Guión es una mezcla única entre ciencia ficción y romance, un filme sensible de aires indies, una bella locura de amor electrónico, la quintaesencia del sentimiento. Contiene la mejor escena de sexo de la historia del cine, y la mejor actuación vocal del año.
3. Prisoners, de Denis Villeneuve
Thriller dramático tensísimo que podria haber firmado el mismísimo Fincher poseído por el espíritu de Dennis Lehane. Un tour de force de sus protagonistas, una carta de presentación al público americano para Denis Villeneuve.
4. Nymphomaniac Vol.I (y II), de Lars von Trier
Cinco capítulos de los delirios sexuales de Trier, a culminar con tres más este 24 de enero. Calidad técnica, provocación, Bach, pesca con mosca, el plano de la gota, la fellatio, Uma Thurman, un poco de sexo, y, ante todo, genio.
5. Dallas Buyers Club, Jean-Marc Vallée
Biografía necesaria de Ron Woodroof, un sentido homenaje sin sermones a la vida de un gran cabrón convertido en gran hombre.
6. 12 years a slave, de Steve McQueen
El retrato definitivo sobre la esclavitud en Estados Unidos, realizada por uno de los mejores directores británicos (e incluso del mundo entero) contemporáneos. Reparto de lujo y actuaciones de muchísima altura en el filme más triste del año.
7. Stoker, de Park Chan-wook
Derroche de clase en cuanto a diseño, banda sonora e imagen, un filme para dejarse perder y para encontrarse. Brillantes Goode y Wasikowska.
8. American Hustle, de David O. Russell
Soberbias interpretaciones, una banda sonora al mejor nivel de Elfman, y la gracia natural para contar una historia (esta vez real) de O. Russell se unen en una para divertir y entretener a partes iguales. Aún con la falta de crudeza, una de las mejores películas del año.
9. Only God Forgives, de Nicholas Winding Refn
Relato denso y kitsch, cine de autor al máximo exponente aliñado con violencia, corrupción, venganza y perdón dentro de la família. El ejercicio de estilo del director de Drive abucheado en el festival de Cannes, y creador de división de opiniones.
10. Why don’t you play in hell?, de Sion Sono
Locura insana de declaración de amor al cine. Artes marciales, tiroteos, peleas con katanas, ritmo altísimo e in crescendo, y litros de sangre falsa. Imprescindible obra del poeta japonés.


EXTRA
Se han quedado a las puertas de este TOP 10 World’s End, la hilarante mezcla de comedia y ciencia ficción de la trilogía del Cornetto de Edgar Wright; The Spectacular Now, un bello retrato del fin de la adolescencia de James Ponsoldt; y La Vie d’Adele, el análisis del amor a diferentes edades gran triunfadora de Cannes 2013 de Abdel Kechiche

Mis dos grandes apuestas para el 2014 son:

– Gone Girl, de David Fincher, otro thriller que se prevé tenso.
– How to catch a monster, debut en la dirección y guión de Ryan Gosling. Curiosidad máxima para ver qué es capaz de hacer tras la cámara uno de los actores de moda.


@PAUGARCIA179
1. A Propósito de Llewyn Davis, de Joel y Ethan Coen
Los hermanos Coen ofrecen un riguroso retrato de Llewyn Davis, un músico fracasado, a la vez que consiguen representar el ambiente de popularización del folk de los años 60. Pese a ser una historia más bien triste, hay destellos del humor característico de los Coen.
2. Blue Jasmine, de Woody Allen
Crítica de la clase alta de un Woody Allen en plena forma en una película que cuenta con la soberbia interpretación de Cate Blanchett. Drama con toques de humor.
3. Caníbal, de Manuel Martín Cuenca
Perturbadora película dirigida de forma sobria, con una fotografía excelente y unas grandes interpretaciones de Antonio de la Torre y Olivia Melinte.
4. Dallas Buyers Club, de Jean-Marc Vallée
Basada en la vida de Ron Woodroof, electricista drogadicto y homófobo de Dallas diagnosticado de SIDA en 1986. Pese a que le dieron menos de un mes de vida, Woodroof, interpretado magistralmente por Matthew McConaughey, decidió luchar por su vida, buscando medicamentos y tratamientos alternativos.  
5. La gran belleza, de Paolo Sorrentino
Sorrentino narra el vacío deambular de Jep Gambardella, escritor de un solo libro reconvertido en periodista, por las fiestas, los lujos y los excesos de Roma, como otrora hiciera Federico Fellini en ‘La dolce vita’. Al contrario que el protagonista, Sorrentino sí encuentra y captura en su película la gran belleza.
6. New World, de Park Hoon-jung
El director surcoreano narra, sin escatimar en escenas crudas y violentas, la historia de una banda criminal surcoreana y de Lee, un detective infiltrado en ésta. 
7. Her, de Spike Jonze
Original, divertida y fresca película que se mueve entre el romance y la ciencia-ficción con grandes interpretaciones de Joaquin Phoenix y Scarlett Johansson.
8. 12 Años de Esclavitud, de Steve McQueen
Duro, realista y conmovedor drama sobre la esclavitud en la América de 1850 dirigido por un británico que cuenta con un gran reparto. Gran película a pesar de la convencionalidad buscada para entrar en los estándares de los Óscar.
9. Gravity, de Alfonso Cuarón
Escalofriante thriller espacial de obligado visionado en los cines 3D para sentir la experiencia que Cuarón nos intenta transmitir. A pesar de cierta trama de drama personal totalmente prescindible, gran película con muy buena interpretación de Sandra Bullock.
10. Short Term 12, de Destin Cretton
Grace es una joven que trabaja como supervisora en Short Term 12, un centro de acogida de adolescentes en situación de vulnerabilidad. Las grandes actuaciones de Brie Larson y John Gallagher Jr., la verosimilitud de lo que se cuenta y una historia real como la vida misma hacen de Short Term 12 una de las mejores películas indie del año.
EXTRA
Se quedan fuera del Top 10 películas destacables como El consejero, la original provocación de Ridley Scott y Cormac McCarthy, posiblemente la película más infravalorada del año, así como el impactante documental sobre las orcas y los parques acuáticos, Blackfish (Gabriela Cowperthwaite.) Finalmente, también es justo destacar otro documental tanto o más espeluznante que Blackfish, The Act of Killing, sobre los escuadrones de la muerte en Indonesia. 

Mis apuestas para 2014:

– Calvary, lo nuevo de John Michael McDonagh, director de The Guard y hermano del dramaturgo y también cineasta Martin McDonagh (Escondidos en Brujas, Siete Psicópatas). 
– Inherent Vice, de Paul Thomas Anderson, quién no necesita mucha presentación.

‘Carrie’, la obsesión por los remakes, y el bullying

Título: Carrie
Director: Kimberly Peirce
Guión: Roberto Aguirre-Sacasa, Lawrence D. Cohen (basado en la novela de Stephen King)
Fotografía: Steve Yedlin
Año: 2013
Duración: 100 min.
País: Estados Unidos
Productora:Metro-Goldwyn-Meyer (MGM) / Screen Gems
Reparto: Chloë Grace Moretz, Julianne Moore, Gabriella Wilde, Portia Doubleday, Judy Weinstein, Karissa Strain, Barry Shabka Henley, Demetrius Joyette, Cynthia Preston, Arlene Mazerolle, Karissa Strain, Evan Gilchrist, Eddie Max Huband, Tyler Rushton Skyler Wexler
En una época en que el maltrato juvenil está al orden del día, era de imperiosa necesidad rehacer (o como mínimo recordar) el clásico del cine de terror con el que empezó la carrera como escritor de Stephen King, y fue llevada a la gran pantalla por Brian De Palma hace la friolera de 38 años. El remake (que aquí nos ocupa) cuenta con un reparto femenino de altura: Chloë Grace Moretz y Julianne Moore en los papeles principales.
Porque, en el fondo, es de lo que va Carrie. Carrie (Moretz) es una chica diferente a todas las demás, que lleva toda la vida luchando para integrarse en una sociedad evolucionada. Pero su madre Margaret (Moore), en contraposición con el mundo exterior que fascina a Carrie, y haciendo gala de un grotesco fanatismo religioso, sólo hace que cortar las alas de su hija y no dejarla crecer al ritmo de la sociedad. Igual que sus compañeras de instituto: sólo le avasallan con burlas y jugarretas de mal gusto al verla como un bicho raro. Carrie intentará dar la vuelta a la tortilla al descubrir que tiene poderes telequinéticos…
Carrie (Moretz) siendo acosada por  Chris (Portia Doubleday).
Vamos a ser francos: el filme está bastante lejos de llegar a ser tan memorable como lo fue el original. Su mayor traba es, primero, la dirección absolutamente impersonal de Peirce, que esgrime una puesta en escena fría (hasta robando algún plano de la película de 1976), y desaprovecha posibilidades de mejorar la película basando su adaptación en el filme de De Palma y no en el libro de King. Como consecuencia, el cambio en la personalidad de Carrie es algo vago, con agujeros y con poca coherencia. Lo que funciona en la trama es el corazón de la versión de De Palma, Peirce en vez de arriesgarse, no aporta novedad alguna narrativamente hablando.
Pero sí hay ciertas cosas del filme que debemos reconocerle a su directora Kimberly Peirce, como por ejemplo el no mancillar la cinta original del señor De Palma. Porque ya sabemos que esto, cuando hablamos de un remake, es lo más común (en ese Hall of Shame‘ del cine quedan las segundas versiones de Straw Dogs, Abre los ojos o Karate Kid, para nombrar unos pocos). Y, es que, si una cosa ya estaba bien, ¿para qué tocarla?
El reparto es el punto más fuerte de esta película.
Es una pregunta para la cual no hay respuesta, la innecesaridad de esta tercera adaptación del clásico de Stephen King salta a la vista, pero puede justificarse en tres pilares. Primero, la película de De Palma tenía una visión muy masculina, y sin duda ha quedado algo anticuada. Segundo, 38 años no pasan en balde. Así que esta nueva versión de Carrie es una “puesta a punto”, en cuanto al aumento de comprensión hacia el lado femenino (que Peirce sabe plasmar mejor que De Palma), y como renovación de chapa y pintura, una puerta abierta a los especialistas de efectos especiales que aquí se han dado un buen festín.
Y por último, la acertadísima elección de reparto para los papeles principales es de verdadera genialidad por parte del director de casting: ahí es dónde reside el máximo reconocimiento que, sin duda, debemos otorgarle. Julianne Moore y Chloë Grace Moretzsoportan el peso de la película sin esfuerzo alguno y no desmerecen ante sus predecesoras del filme original.
Aún con todas sus virtudes, filme innecesario del cual sólo me queda por decir: si no has visto aún la película original de 1976… ¿a qué estás esperando?
Lo mejor: las actuaciones.
Lo peor: torpona, alguna escena algo vergonzante y, en definitiva, innecesaria.

Falling in love is like a socially acceptable form of insanity

Título: Her
Director: Spike Jonze
Guión: Spike Jonze
Fotografía: Hoyte van Hoytema
Año: 2013
Duración: 109 min.
País: Estados Unidos
Productora: Sony Pictures Wolrldwide Acquisitions (SPWA) / Annapruna Pictures
Reparto: Joaquin Phoenix, Scarlett Johansson, Amy Adams, Rooney Mara, Olivia Wilde, Chris Pratt, Sam Jaeger, Portia Doubleday, Katherine Boecher, Alia Janine
El actor, director, productor y guionista norteamericano Spike Jonze es el autor del relato sobre el amor futurista que llega el 28 de febrero de 2014 a las salas de cine de España, Her, filme que encontramos en muchas listas de lo mejor del año 2013, y en todas las papeletas para llevarse alguna nominación al Oscar. Cuenta con el apoyo de un reparto impresionante, con Joaquin Phoenixen la cabeza, y una larga plantilla de mujeres con nombres tan importantes como Amy Adams, Rooney Mara o Scarlett Johanson.
Nuestro protagonista Theodore, encarnado por un brutalmente natural Joaquin Phoenix en otra demostración de su potencial interpretativo, es un escritor solitario (adjetivo que puede que en cierto modo engloba a la sociedad que retrata Jonze), un ‘bicho raro’ en una sociedad avanzada, amante de los libros y el papel en una realidad volcada en la electrónica, que se profesa melancólico hacia el amor perdido de su amada Catherine (Rooney Mara con el justo tiempo que le dan los flashbacks). Debido a un esquivo estilo de vida que le impide engrosar su círculo de amistades, que consta de una vecina suya, Amy (Amy Adams) y del recepcionista de la empresa donde trabaja, Paul (Chris Pratt), decide hacerse con un OS llamado Samantha (voz de Scarlett Johanson) basado en el modelo de Inteligencia Artificial, con el que poco a poco trabará una relación romántica…
La primera “cita”.
La cinta es una mezcla (por momentos mucho más optimista) del capítulo de Black MirrorBe Right There‘ (salvando las distancias) con la atmósfera melancólica de la deliciosa Lost in Translation: incluso donde Jonze decide situar la acción, la ciudad de Los Angeles en un punto indeterminado del futuro, parece inspirada en la apariencia actual de cierta ciudad del este asiático. Un escenario impersonal, perfecto para mostrar la incapacidad de comunicación del protagonista con la sociedad, el olvido en el que está sumido, su pérdida amorosa. Un escenario que, a medida que avanza la película, se va mostrando más bello para el espectador, más colorista, más luminoso, para mostrar cómo Theodore consigue reemplazar su roto corazón con la cálida e increíblemente sexy voz de Scarlett Johanson.
Este bello retrato sobre el nacimiento y ascenso del romance entre hombre y Inteligencia Artificial tiene, para mí, un punto culmen que sobresale encima de todos los demás: una de las mejores(si no la mejor) escena de sexo en la historia del cine, en la que el orgulloso director retira todo rastro de imagen para que nos concentremos en el sonido. Sonido que, en la vida amorosa de Theodore, lo es todo. Durante esta historia de amor, él siente su tacto, y ella ve, oye, y siente, y le prepara una preciosa banda sonora para la vida (que se atribuye, pero es en realidad obra de Arcade Fire).
Skyline de LA futurístico, y en el centro, Joaquin Phoenix.
Pero durante este idilio, en la mente del espectador se siembra desde el primer momento la duda moral sobre el uso de los Sistemas Operativos (OS, de ahora en adelante), consigue que se pregunte qué hay de real en la relación entre Theodore y Samantha (¿hasta qué punto puede amar una máquina?). Esa duda momentánea, esa pérdida de esperanza del protagonista hacia la mitad del metraje, ¿responde a la desconfianza del espectador respecto al OS que, aunque algo tarde, se materializa en Theodore?, ¿o es sólo un paso natural en cualquier relación personal (sea ésta con una máquina o no)?
Así pues, Her, bajo la íntima batuta de Spike Jonze, encuentra su sitio entre la grandilocuencia dramática de Gravity, la trascendencia histórica de 12 years a slave, y la locura sana de American Hustle, y se cuela en las apuestas para los grandes premios (el pasado domingo ya ganó el Globo de Oro al Mejor Guión). Transforma un ambiente deprimente en un bello retrato de las relaciones interpersonales y con la electrónica: una mezcla única de ciencia ficción y romance, un filme sensible de aires indies, una bella locura, la quintaesencia del sentimiento amoroso.
Lo mejor: dirección artística, fotografía, Joaquin Phoenix, la VOZ.
Lo peor: más de tres meses de espera para verla en nuestro país. Que está “destruyendo” la industria cinematográfica: ¿la piratería o este delay tan molesto?