RETROSPECTIVA Darren Aronofsky: ‘The Wrestler’

[[Crítica de @marckwire21]]
The Wrestler‘ es la cuarta película del imaginativo director descendiente de polacos, Darren Aronofsky. Se estrenó a finales de 2008 y principios de 2009, dos años más tarde desde su controvertido último trabajo, ‘The Fountain‘. Aronofsky y Mansell. Estos dos nombres deberían ser suficiente razón como para verla, pero estamos ante un caso especial donde sí se aprecia la mano de Aronofsky, pero la de Mansell no pasa más allá de una banda sonora de acompañamiento mínimamente audible y jugosa. La fotografía corre a cargo de Maryse Alberti que recibió el premio por su composición en los Independent Spirit Awards. Pero… poco importa, ya que el propio personaje principal, Robin Ramzinski aka Randy ‘The Ram’ Robinson (El Carnero), empaña cualquier otro trabajo realizado en la película. Mickey Rourke da vida a este luchador de wrestling regalándonos posiblemente la mejor interpretación de su vida, la culminación de una carrera llena de titubeos en la que después de estar relegado al ostracismo tras ser un mito de acción y erótico en los años 80-90 (‘Angel Heart‘, ‘Nine 1/2 Weeks‘ o ‘Wild Orchid‘) resurgió cual ave fénix mostrándonos todos esos matices que hicieron de su carisma e interpretaciones, un ídolo. El papel iba a ser para Nicolas Cage, y por suerte para todos, al final fue Rourke el elegido. Grandioso acierto. Apuntar también que Rourke fue boxeador durante mucho tiempo. Aunque lo parezca, no está basada en ninguna historia real y tampoco es la biografía de ‘The last warrior‘ ni de Hulk Hogan. En un top ten de películas de deportes, es imposible que este film de Aronofsky quedara fuera, por mucho que pasen los años, es la ‘Toro Salvaje del wrestling: épica, desgarradora y enternecedora al mismo tiempo. Premiada en varios festivales sobretodo por su parte actoral donde Rourke hizo su agosto llevándose el BAFTA a mejor actor y una nominación en los Oscar. Que no lo ganara fue culpa de Sean Penn y su interpretación en ‘My name is Harvey Milk, de la cual no puedo opinar porque no la he visto. Marisa Tomei estuvo nominada a mejor actriz secundaria.
The Wrestler‘ nos cuenta el final de la carrera de un luchador de wrestling muy famoso en los años 80, y actualmente en plena decadencia, el cual tiene una vida bastante complicada con una hija “abandonada” por su carrera, enamorado de una stripper entrada en años y los problemas físicos acarreados tras tanto tiempo recibiendo golpes y más golpes en el ring. Mickey Rourke protagoniza el film acompañado de Marisa Tomei dando vida a la stripper Casidy/Pam y Evan Rachel Wood como su hija Stephanie Robinson.


El carácter de Randy es muy diferente al que a priori os podáis imaginar, podríamos sintetizarlo en la frase: tiene un corazón que no le cabe en el pecho. Muestras de ello son las escenas con los niños, con la stripper de la que esta enamorado, con su hija (las escenas más dramáticas), incluso las conversaciones con otros luchadores antes de los combates, denota ser amable, cariñoso, que se “cuida” dada la vida que ha llevado, lleno de amor. Hablamos de un luchador de wrestling, no quiero decir que no tengan sentimientos este tipo de luchadores, pero es muy chocante esa actitud tan tierna en un tipo tan grande de aspecto físico idéntico casi al famoso luchador ochentero antes citado, ‘The last warrior‘. Emociona. La interpretación de Mickey Rourke es brutal, os creeréis que estáis viendo a un autentico luchador de este deporte. ¿Porqué es apodado “el Carnero”? Por su ataque especial, con el que remata a los contrarios, subiendo a la esquina del cuadrilátero y lanzándose con los codos por delante noqueando a cualquier contrincante. Los detalles sobre el mundo del wrestling son reveladores, dando un buen ejemplo en el combate final contra Ayatollah (Ernest Miller), asemejándose a aquellos míticos combates de los 80 que algunos, como yo, vivimos personalmente, ‘The last warrior‘ vs. Hulk Hogan o Los Sacamantecas (The Bushwhackers) vs. El enterrador. Dejando a un lado la nostalgia, como dije, los detalles sobre este mundo son magníficos y ayudan mucho a meterse en situación. Solamente los créditos iniciales son una gran muestra de ello asi como el vídeojuego de Nintendo con The Jam vs Ayatollah o los entresijos y tretas preparadas por los luchadores antes de los combates. Randy viste un plumón, descosido por un brazo, como su cuerpo, como su vida, sucio, con pinta de no haber sido lavado nunca, embutiendo las carnes de una vieja leyenda dispuesta a luchar por esa ultima esperanza de tener una vida normal junto a su adorada stripper y conseguir la reconciliación con su olvidada hija. Pero a veces o casi siempre, la vida, no es como queremos y Randy lo termina por aceptar volviendo a los rings por última vez, donde se siente vivo, donde lo aman… el desenlace final os emocionará.
Los secundarios están más bien como adorno obteniendo mas protagonismo Marisa Tomei (Pam), la stripper de la cual esta enamorado Randy y por la que es capaz de todo que la propia hija de este. Realmente hay ciertos paralelismos entre la vida de la stripper y la vida del luchador, cada uno en su ambiente, cada uno con su estilo de vida, y ambos cansados de darlo todo por su público sin obtener ninguna recompensa después de tantos años frente a ellos. Adoro esa escena en la que Pam sube al escenario para bailar en la barra y se da cuenta que nadie está por ella, que nadie la mira, como cambia su mirada en cuanto ve a Randy entrar en el bar, igualaría esta escena a la vivida por Randy en la convención de fans cuando ve al resto de sus excompañeros a cuál más estropeado. Aun así, Pam se muestra mas indecisa y su tardanza en abrir los ojos será crucial en el destino de Randy. La hija, Evan Rachel Wood (Stephanie) es un adorno interesante, con un par de escenas y poco más consigue transmitir la tristeza encubierta en odio hacia su padre, imposible valorar el trabajo de Evan Rachel Wood ya que no pasa de 10 minutos en pantalla juntando todas sus intervenciones. Destacaría algunas escenas como la conversación con el niño y el “Call of Duty”, la entrada en la charcuteria de un Randy dispuesto a comenzar una nueva vida (los gritos del público hasta antes de pasar la cortina de plástico) o la explosión de rabia en la charcuteria tras la insistencia de un cliente al reconocerlo. Mención especial para el polvo con la rubia, no por la escena en si, sino por la habitación donde luego despierta Randy con los posters de bomberos, impagable. En cuanto a la música y la frustación tras ver a Mansell en los créditos y después escuchar lo inútil de su aportación a la película no queda mucho mas que añadir, la banda sonora no original esta compuesta sobretodo por grupos de rock de los 80 con algún tema mas de The Scorpions, Guns ´N Roses o Cinderella, poco remarcable pero muy acorde con el film. La película arranca con un tema bastante conocido como es el “Bang Your Head” por Quiet Riot, de 1983, canción que es usada también por Randy en sus actuaciones. Al final de la película un grande como Bruce Springsteen acompaña los créditos finales con el tema principal titulado igual que la película, “The Wrestler”. La verdad que realmente no sé hasta que punto hubiera hecho bien una banda sonora autentica y palpable de Mansell, quizás le hubiera dado un enfoque más oscuro, y la película en sí no lo necesita a mi modo de ver ya que Rourke lo abarca todo.


Existen películas en las cuales al igual que en el universo, un día, coinciden varios fenómenos dando lugar a un suceso extraordinario, algo fuera de lo habitual, que llama mecanismo la atención y que por alguna extraña razón, perdura en la memoria de aquellos que tienen la suerte de presenciarlo. Es exactamente, lo que ocurre en esta película. Da igual que no te guste el wrestling, da igual que odies ese deporte convertido en show, da igual que no soportes a Mickey Rourke, todo, absolutamente todo da igual porque, durante aproximadamente 100 minutos, vivirás, sufrirás y padecerás lo que Randy vive, sufre y padece. La historia de una bestia que conmueve.
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‘Mr. Kaplan’, de Álvaro Brechner

[[Crítica de @marckwire21]]
Mr. Kaplan‘ es la segunda película que escribe, produce y dirige Álvaro Brechner, un uruguayo de 38 años afincado en Madrid desde 1999. Su primer largo, la comedia ‘Mal día para pescar‘ en 2009, obtuvo una critica general muy positiva y casi treinta galardones en festivales de todo el mundo. Tras 5 años llega lo difícil para Álvaro. La confirmación. ‘Mr. Kaplan‘ nace fruto de dos fuentes, la novela escrita en 2005 por Marco Schwartz, ‘El salmo de Kaplan‘, y los recuerdos que el director posee de su abuelo, que al igual que el protagonista del film y muchos otros, emigraron a sur-américa durante la guerra buscando esa segunda oportunidad. Producción uruguaya en unión con España y Alemania (Baobab Films y Razor Film) además de contar con la coparticipación del canal de TV franco-alemán, ZDF/ARTE. Candidata con varias nominaciones en los Goya 2014 y representante uruguaya a los Oscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa.

Jacobo Kaplan. Jacobo (Héctor Noguera) es un anciano judío de 76 años nacido en Polonia que emigro a Uruguay en el año 1937 al inicio de la Segunda Guerra Mundial. Siente que no ha hecho nada por lo que pueda ser recordado cuando muera, que ha pasado por la vida sin hacer nada relevante y para colmo su familia lo trata como a un bebe que no puede valerse por si mismo. Cansado de esta situación y tras un comentario de su nieta acerca de un viejo como él al que apodan, ‘El nazi’, que regenta un chiringuito en la playa donde ella para con sus amigos, Jacobo encontrara la manera de redimirse, de sentirse vivo de nuevo y quedar en paz con el mundo, con la humanidad y sobretodo con él mismo.
Pocas cosas se le pueden reprochar al nuevo film de Brechner ya que en todas sus facetas está en su punto. Una comedia simpática, irónica y ágil, con su punto de thriller y un giro bastante dramático como contrapunto que le sirve de firmeza para ganarse el corazón del espectador. Si a alguien se le ocurre ver el tráiler o leer la sinopsis puede que le vengan pensamientos de ‘Amelie‘, ‘Micmacs‘, ese cine de Jean-Pierre Jeunet que también se vió en la argentina ‘Un cuento chino‘ con Ricardo Darín. Y sí, es cierto. La cinta uruguaya tiene ese toque, esa atmósfera de cuento, de fabula visual tan llamativa, gracias mayormente a la fotografía de Álvaro Gutierrez (‘Mal día para pescar‘ o ‘Todos están muertos‘) que muestra un Montevideo años 90 perfecto con una tendencia siempre al color amarillo. La recreación de ese Montevideo 1997 me parece algo fantástico, no se abusa de objetos de aquella época para remarcar constantemente el año, tan solo vemos un pinball y las noticias de aquellos años en una televisión, nada más. Como bien dijo el director antes de empezar la proyección, todos en el reparto habían formado una gran familia, y eso es algo que se nota en las actuaciones. La pareja protagonista esta impecable llevando todo el peso del film en los 98 minutos, Jacobo es el ‘protagonista’ pero su Sancho, como nos lo venden en el poster del film, no es para nada un secundario al uso, es tan o mas protagonista que el propio Jacobo. Wilson (Néstor Guzzini), que así se llama nuestro Sancho, es un ex-policía al que la familia intenta contratar para que sea el chofer de Jacobo y que termina convirtiéndose en el ayudante de este en la caza, captura y traslado de ‘El nazi’ a Israel. Jacobo podría salir metiendo en una coctelera al abuelo de ‘Up‘, al Melvin de ‘Mejor… imposible‘ y al ferretero de ‘Un cuento chino‘. Héctor Noguera no lleva a un nuevo nivel ese perfil de viejo encantadoramente testarudo y cascarrabias, pero aplica unos matices a su personaje durante todo el film muy característicos gracias a su humor seco, cortante y su mirada desafiante. Por otro lado Wilson, el honrado, descuidado y pasota acompañante en esta aventura de Jacobo proporciona esa parte racional, creíble y natural como contrapunto a la ‘locura’ del anciano. Básicamente la película son ellos dos, existe una familia de Jacobo así como una ex-mujer de Wilson, pero realmente son meros complementos inicialmente para ayudarnos a definir la personalidad de ellos dos y sus motivaciones. La banda sonora original esta compuesta por el navarro nominado a un Goya, Mikel Salas (‘Bajo las estrellas‘, ‘El segundo nombre‘ o ‘REC 3‘). 

Comedia, drama y thriller en distintas proporciones se dan cita en ‘Mr. Kaplan‘ intercalándose durante todo el metraje. Brechner abre la función a ritmo de ‘SS Uruguay‘ de Serge Gainsbourg una comedia repleta de diálogos brillantes, y silencios, que mueve ligeramente al drama sin dejar caer todo el peso de la película en él. El punto de thriller que aporta el misterio en torno al Nazi potencia ese ‘viaje’ maravilloso que Jacobo y Wilson empiezan. A ambos la experiencia les abrirá los ojos para enfrentarse a sus miedos y asumir sus errores. El director uruguayo remata con un final enternecedor con ese plano silencioso y largo de la cara de Jacobo tras el equívoco de la puerta. Maravilloso.

Lo mejor: La pareja protagonista formada por Hector Noguera y Néstor Guzzini. Su humor justo y medido sin caer en lo absurdo. Brillantes diálogos.
Lo peor: Algo previsible en algunas escenas.

‘Dos tontos muy tontos’: trilogía en decadencia

[[Crítica de @marckwire21]]
Hace poco más de dos semanas se estrenaba lo nuevo de los hermanos Farrelly, la secuela de su éxito en los años 90, ‘Dumb and Dumber To‘. Protagonizada por la pareja de actores que hizo de aquella cinta un clásico de la comedia en el año 94, Jim Carrey y Jeff Daniels, esta propagación del humor absurdo del que hicieron bandera sus directores con otros títulos también como ‘There’s Something About Mary‘ o ‘Me, Myself & Irene‘, no sólo no está a la altura de trabajos anteriores, sino que infunde un grandioso sentimiento de lástima por todos ellos, actores y directores. El éxito de ‘Dumb & Dumber‘ tras su estreno en 1994 se debió mayormente a su éxito comercial y sobretodo al boca a boca generado por aquellos a los que gustó la película y no paraban de recordar la gran cantidad de escenas y momentos absurdos que acababan de ver. Este tipo de comedia tiene sus detractores pero también una gran masa de fans de todas las edades como se ha podido comprobar con otras grandes cintas cargadas de ese tipo de humor tan concreto y absurdo que el tiempo ha convertido en films de culto como son ya ‘Monty Python and the Holy Grail‘ o ‘Brian´s Life‘ en los años 70, ‘Top Secret‘, ‘Spaceballs‘ o la saga ‘Airplane!‘ en la década de los 80 y las dos partes de ‘Hot Shots‘ a principios de los 90. Los Farrelly junto a Bennett Yellin (tercer guionista) estrenaban tan sólo un año mas tarde que la secuela de ‘Hot Shots‘ su opera prima, ‘Dumb & Dumber‘. 

Jim Carrey venía de su primer exitazo con ‘The Mask‘ en pleno despegue en su carrera y tenía en cartelera otra comedia absurda como era ‘Ace Ventura‘. Daniels por su parte venía de ser el amigo enrollado de Keanu Reeves en ‘Speed‘ y al que aparte de ‘Aracnofobia‘ o ‘Grand Tour: Disaster in Time‘ no se le conocían más que papeles de secundario. Ambos se vieron respaldados por el tremendo éxito comercial de ‘Dumb & Dumber‘ y su repercusión a nivel mundial los consagró como una de las parejas cómicas mas famosas dentro de la comedia, Lloyd y Harry. Raro fue que no se hicieran secuelas en su momento, imagino que Carrey declinaría cualquier oferta para realizarlas dado que su carrera empezaba a consolidarse con mas papeles protagonistas (‘The Truman Show‘, ‘Man on the moon‘) mientras que Daniels ha seguido en papeles secundarios hasta consagrarse en el olimpo de las series con su personaje de Will McAvoy en la producción de HBO, ‘The Newsroom‘.
Antes que la secuela llegó la precuela, lo hizo 7 años después y cuando el humor absurdo ya no gozaba de tanto éxito en el publico. Es más, ya se encargaron de explotarlo al máximo los propios hermanos Farrelly durante toda su carrera y en especial durante la década de los 90 con títulos ‘Vaya par de idiotas‘, ‘There’s Something About Mary‘, ‘Me, Myself & Irene‘ u ‘Osmosis Jones‘. Troy Miller, un veteranisimo productor, guionista y director norteamericano curtido en televisión fue el encargado o mejor dicho, el culpable, de la horrible precuela hecha en 2003. La primera media hora de ‘Jay & Silent Bob strikes back‘ en 2001 es lo mismo que se puede ver en los casi 80 minutos que dura ‘Dumb and Dumberer: When Harry Met Lloyd‘ con muchísima menos gracia y buen gusto. ¿Qué diferencia una copia de escenas a un homenaje? Supongo que el resultado final de las mismas desvía la balanza hacia una opinión u otra. En ‘Dumb and Dumberer: When Harry Met Lloyd‘, Miller demostró que vió la dirigida por los Farrelly y le gustó tanto que no supo encontrar nuevos gags que superaran los mitificados por Carrey y Daniels. Historia made in Disney, infantil a más no poder, sin ese humor gamberro tan característico de su predecesora y con una pareja protagonista pésima. Película enfocada a justificar los carácteres absurdos de sus protagonistas en la cinta noventera. 

Veinte años mas tarde de que New Line Cinema produjera aquella locura escrita por tres amigos, Bobby Farrely, Peter Farrely y Bennett Yellin (guionista de la serie de dibujos) llega su secuela a nuestras pantallas. En esta ocasión los hermanos no participan en el guión, puesto que éste está escrito por Yellin junto a Sean Anders, John Morris y Mike Cerrone (dato a tener en cuenta), pero sí participan en la producción junto a la citada New Line Cinema y Warner Bros con su empresa Cunundrum Entertainment. También regresa la pareja protagonista, Jim Carrey y Jeff Daniels


Innecesaria. Así la definiría. No hay nada salvable en esta reunión de viejos amigos dos décadas después. Si la falta de originalidad y gamberrismo entre otros factores lastraron a la precuela, en esta ‘Dumb and Dumber To‘ lo que ocurre es similar. Una pecaba de corta y esta de excesivamente larga pese a no llegar a los 100 minutos. Esto, en una comedia de este tipo que vive del ritmo y la concatenación de gags absurdos en forma creciente es algo que destroza cualquier atisbo de ser recordada con el tiempo. La repetición de la mayoría de buenos gags llevan a esta secuela a recordar una y otra vez la cinta que originó que esta fuera creada. La nostalgia juegan en contra de ella desde su inicio: mismo argumento prácticamente cambiando unos personajes por otros. 

La aparición de una secuela después de tanto tiempo por enganchar a las nuevas generaciones con este tipo de humor es fallida a todos sus niveles y sus chistes de caca-culo-pedo-pis no provocan risas sino repulsión. Sus protagonistas acusan el paso del tiempo en sus caras por mucho maquillaje que se les ponga. Sus muecas parece forzadas y solo Carrey (al que se le ven las costuras) aguanta el tipo en algunos momentos. Daniels ha olvidado totalmente lo que hizo grande a un personaje como Harry, lo ha olvidado completamente. Una imagen vale mas que mil palabras. Hay un primer plano de Daniels cuando éste imagina como hubiera sido ser padre en el que se puede comprobar de lo que hablo cuando me refiero a que Jeff Daniels ha olvidado como era Harry, su cara totalmente forzada da lástima. 


Nostalgia, añoranza, lástima, uno no para de recordar aquella gran comedia de 1994 cuyos gags tras 20 años siguen sacándome alguna carcajada. Tuve la oportunidad de volver a verla hace escasos días y puedo decir con total seguridad que sigue siendo igual de buena que cuando la vi por primera vez. Ni siquiera el hecho de conocer todos los gags o diálogos absurdos le restan complicidad y humor. Fue la opera prima de unos amigos que coincidieron con el despegue de una de la estrellas cómicas norteamericanas mas reconocidas de las ultimas décadas, algo que no pasa habitualmente. Ahora, tras 20 años, todo, y todos, han cambiado. Quizás los Farrelly debieron darse cuenta cuando estrenaron la nefasta ‘Movie 43‘ pero no, siguieron, y siguieron mal. Una lástima. El reclamo (20 años después) fue bueno pero el sabor del pienso nos ha hecho recordar lo bien que cocinaba la abuela.

RETROSPECTIVA David Fincher: ‘Zodiac’

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
La delgada línea que separa realidad y ficción ya ha sido tratada por Fincher a lo largo de toda su filmografía. ‘The Game‘, ‘Fight Club‘, la recientemente estrenada ‘Gone Girl‘ son claros ejemplos. Pero en todas ellas se sufre de sobre-explicación: la vida real y la reinterpretación de la misma por parte de sus personajes se separan de forma evidente en el clímax de la película, para despejar dudas al espectador y que vuelva a su hogar con la lección aprendida. Todo lo contrario ocurre en ‘Zodiac‘: los hechos reales y las falsas pistas alimentan las dudas de policía, medios de comunicación y sobre todo espectador sobre donde se encuentra y donde termina la estela del verdadero asesino del Zodiaco, creando la sensación más de documento histórico que de experiencia fílmica: los crímenes que este cometió durante casi dos décadas, mantuvieron aterrorizados a los habitantes del norte de California. Pero lo que hizo que entrara en el imaginario colectivo de la ciudad y cautivó a Fincher a la hora de realizar esta película de 2007 fue la relación que el peculiar homicida mantuvo tanto con los inspectores de policía como con la prensa local. El criminal mandaba mensajes en clave con referencias a la ópera, al cine o a la astrología (lo que le hizo ganarse tan reconocible apodo), amenazaba con sembrar escuelas de cadáveres, y llegó a atribuirse un total de 37 crímenes sin resolver repartidos por ciudades de todo el norte de California (de los cuales 7 han sido confirmados como suyos y 6 más se tienen archivados como posibles).
Muchos aseguraron haberle conocido, y cientos de aficionados elaboraron diversas hipótesis sobre la identidad del asesino: algunas aventuran que fue arrestado por otros delitos, otros que el susodicho ya había fallecido. Pero la policía de San Francisco nunca confirmó la veracidad de ninguna de estas versiones. Los sufridos investigadores del caso de este asesino en serie siguieron diversas investigaciones, la más fiable la que apuntaba a Arthur Leigh Allen como principal sospechoso. Todas ellas fueron derrocadas (esta última por diferencias con las huellas dactilares y la caligrafía) y aún a día de hoy permanece como una incógnita a resolver. En esta narración coral, retrato de los veinte años de actividad del asesino del Zodiaco, el personaje de Gyllenhaal (que como todos, completa una superlativa actuación) es lo más parecido al espectador, que encuentra en ‘Zodiac‘ un ensayo sobre la obsesión absorbente que atrapa a todos sin dejarles escapar: no es ni un thriller (aunque es tenso) ni una película de intriga (aunque la tiene), pero la atmósfera fincheriana campa a sus anchas por toda la película y provoca la inmersión inmediata de todo aquél que se atreva a inmiscuirse en el proceso investigativo a seis (a veces ocho) manos. ‘Zodiac‘ es un drama sobre una investigación policial sin rumbo ni fin, así que a lo mejor es más apropiado hablar de ella como una investigación dramática.
Una larga (sobretodo) descripción de cómo se recogen pruebas, y lo enfermizo que es el trabajo policial: lento, cansino, minucioso. Descubrir que todo detalle, por pequeño que sea, puede ser determinante a la hora de evitar la muerte de más personas, y lo fatal que es reencontrar ese detalle tiempo más tarde de cuando se tendría que haber hecho. Conocer de primera mano cuál es la inmensa frustración que supone darse de bruces contra puertas cerradas, puertas tapiadas y calles sin salida. Fincher consigue plasmar con elegancia, profundidad, excelencia técnica y sin emitir juicios morales los principales temas de su filmografía: el miedo a lo desconocido y la fascinación por las zonas oscuras del alma del ser humano con este relato sobre un psycho-killerque extiende el pánico entre la población.
La crónica de una época y el clasicismo narrativo aunados en este primer filme moderno de Fincher se aleja finamente de la pirotecnia de obras como ‘Fight Club‘ o ‘The Game‘ y se convierte en todo lo que ‘La dalia negra‘ de Brian De Palma quiso ser pero no pudo. Otra imperdible obra del realizador americano.

Recomendaciones de Cine de Terror Europeo: #5 – Les Yeux Sans Visage (1960) de Georges Franju

[[Crítica de @marckwire21]]
Hammer fue la principal productora de cine de terror británico durante los años 50 llevando a los monstruos clásicos a la gran pantalla. Precisamente debido a ese gran éxito llegaron films como ‘The Innocents‘ en un intento por desmarcarse del terror clásico hacia el psicológico contando para ello con un gran presupuesto. El cine de terror moderno no llegó a Francia hasta que el productor Jules Borkon decidió aventurarse en dicho mercado otorgando al director Georges Franju , la realización de ‘Les Yeux Sans Visage‘. Criado en el cine mudo junto a George Melies, Franju aceptó no sin ser antes advertido por Borkon en cuanto a la censura reinante en Europa, debía haber poca sangre, ningún animal podía sufrir daños y tampoco podía existir la figura del científico enajenado. Franju para semejante tarea se alió con los escritores Pierre Boileau y Thomas Narcejac, novelistas con trabajos que ya habían sido adaptados al cine con grandisimo éxito como ‘Les Diaboliques‘ en 1955 de Clouzot y ‘Vertigo‘ en 1958 de Hitchcock

Les Yeux Sans Visage‘ es una adaptación de la novela popular escrita por Jean Redon, seudónimo de Frédéric Dard, para una serie de publicaciones de la editorial Fleuve Noir en marzo de 1959, concretamente la número 56 de la colección ‘Angoisse‘. Definitivamente, 1960 es uno de los años mas prolíficos para el thriller donde se llegaron a estrenar junto a esta maravillosa ‘Les Yeux Sans Visage‘ otras obras de culto como la americana ‘Psicosis‘ de Hitchcock y la británica ‘Peeping Tom‘ de Michael Powell. Gran año para el cine. 88 minutos para contarnos la historia del doctor Génessier (Pierre Brasseur), un cirujano parisino de mediana edad, serio y profesional que trabaja en una distinguida clínica de la capital francesa. Mientras, su fría y manipuladora ayudante Louise (Alida Valli), se dedica a raptar chicas con aspecto similar a Christiane (Edith Scob), la hija del doctor, que vive recluida en la habitación mas alta de la mansión, Christiane tiene el rostro cubierto por una mascara debido a un accidente de trafico que le desfiguró la cara por completo y del que acusa directamente a su padre, quién no sólo acepta la culpa sino que intenta redimirse tratando de devolverle un aspecto normal. 

A ratos bellamente pausada, a ratos bellamente explícita y todo sin perder un ápice de interés. Un terror generado a fuego lento y con pocos personajes donde se sugiere mas que se nos cuenta. Algunos planos y escenas son puro lirismo, puro arte, sobretodo en las que aparece Christianne, al inicio en la cama de espaldas mientras conversa con su padre al que odia por dejarla en ese estado y también por los métodos que usa para intentar curarla o cuando vaga por la mansión tras esa máscara tan inexpresiva. Edith Scob era una novata por aquel entonces pero supo aprovechar al máximo las únicas dos ventanas por las que podía transmitir al publico los deseos y sensaciones de Christiane. Pierre Brasseur como el doctor Génessier ofrece un registro que invita a empatizar con su personaje hasta lo mas profundo. Su semblante serio y su voz grave y directa así como el trato con todos los otros personajes que nada saben sobre lo que ocurre (el padre de la primera chica, los miembros del hospital, el niño enfermo) nos confirma que no estamos ante un doctor desquiciado y psicótico, no es un psicópata y mucho menos alguien que mata por placer. Su único propósito es curar a su hija para así poder seguir viviendo sin ese sentimiento de culpa que lo tiente totalmente frustrado y capaz de concentrarse en nada más. 

Una fábula paterno-familiar con alto contenido dramático y algunos momentos realmente escabrosos como la escena de la operación donde no sólo se nos detalla minuciosamente la misma sino que todo lo relacionado a esta y a sus resultados son tratados casi como un documental al uso. La operación es la pedrada en el coche del espectador un jueves por la noche de camino a casa. Ese momento en que uno abre los ojos para no perder detalle de lo que esta ocurriendo. Hay tanto en 88 minutos que desde luego su disfrute aumenta con cada visionado. La idea de poner el quirófano clandestino pasando la habitación que custodian las diferentes jaulas de perros con las que el doctor practica es brillante así como la de acompañar a Louise en sus batidas de caras con la música del veterano y triplemente oscarizado Maurice Jarre, un genio de las bandas sonoras como demuestran sus trabajos en películas tan conocidas como ‘Lawrence de Arabia‘, ‘The Longest Day‘, ‘Jacob’s Ladder‘, ‘Top Secret‘, ‘Ghost‘, ‘A Passage to India‘, ‘Doctor Zhivago‘ o ‘The professionals‘. Y al mando de la fotografía, otro monstruo, Eugen Schüfftan. Schüfftan inició su carrera con Fritz Lang, casi nada, y fue un habitual de directores como Robert Siodmak y Marcel Carné. Además, inventó una técnica con la que mediante espejos era capaz de miniaturizar cualquier personaje dentro de una película (usada en ‘Metropolis‘ en 1927). ‘Les Yeux Sans Visage‘ es toda una película de culto de la que han bebido muchas producciones. En 1961 fue la italiana ‘Atom Age Vampire‘, en 1962 la española ‘Gritos en la noche‘, en 1968 ‘Corruption‘ y en 1988 ‘Faceless‘ incluso si solo nos ceñimos al hecho de transplante de caras tenemos en 1997 ‘Face off‘ y ‘Abre los ojos‘, sin olvidarnos claro, del referente más actual, la brillante producción de Pedro Almodóvar, ‘La piel que habito‘ con una superlativa banda sonora de Alberto Iglesias.

Recomendaciones de Cine de Terror Europeo: #4 – Låt den rätte komma in (Let The Right One In) (2008) de Tomas Alfredson

[[Crítica de @marckwire21]]
Al borde del suicidio. Ahí se encontraba el genero de vampiros antes de llegar la película dirigida por Tomas Alfredson. Mientras que la temática zombie se regeneraba poco a poco con films como ‘Zombies Party‘, ‘a saga ‘28 days later‘ o series como ‘The Walking Dead‘ y ‘Les revenants‘, los vampiros sufrían el fenómeno ‘Crepúsculo‘ en silencio (sólo series como ‘True blood‘ o ‘The vampire diaries‘ se tomaban a los chupasangres de una manera ‘digna’). Va por temporadas, años 60 y la infinidad de versiones de Dracula de Christopher Lee, años 70 los zombies de Romero, años 80-90 el vampirismo se une a la comedia y también llegan cintas como ‘Dracula‘ de Bram Stoker o ‘Entrevista con el vampiro‘ sin olvidar ‘Queen of the damned‘ mientras que los zombies seguían de retiro. Principios del 2000 en adelante los vampiros sufren el arrollador fenómeno teen fan con la saga ‘Crepúsculo‘ y los zombies toman el control. 

Llegados a este punto aparece la fábula de Tomas Alfredson en 2008. Un cuento sutil sobre vampiros ambientado en Estocolmo a principios de los años 80. Ciertamente hay películas que cambian la progresión de un genero, ‘Let the right one in‘ es la ‘Matrix‘ del género de vampiros, es la prueba visible de que hasta un personaje surgido de la imaginación del hombre y tratado con la seriedad necesaria puede llegar a ser tan real como nosotros mismos. Oskar, un niño de 12 años que pasaría por hijo de alguno de los miembros del grupo Abba vive acosado por los matones de su colegio y en su propio hogar no encuentra el consuelo necesario afrontar la situación gracias a una madre totalmente ausente y divorciada del alcohólico de su padre. Oskar pasa las noches soñando con vengarse de los niños de su colegio. Durante una de esas salidas nocturnas conoce a Eli, una niña que hace poco se ha mudado junto a un hombre mayor al edificio donde el vive. Entre ambos surgirá algo mas que amistad, algo mas que amor. 


Basada en la novela de John Ajvide Lindqvist que también escribió el guión y con la portentosa fotografia de Hoyte van Hoytema, ‘Let the right one in‘ es la mejor película sobre vampiros desde ‘Dracula‘ de Bram Stoker o ‘Entrevista con el vampiro‘ y, curiosamente, ambas también son adaptaciones de grandes novelas. El hecho que esté ambientada en una fría Estocolmo llena de nieve como el gran telón de fondo la hace aún más perfecta si cabe. El vampirismo incrustado de esa manera en la sociedad es tan escalofriantemente real que hace olvidar por completo que estamos ante un personaje salido de la fantasía del ser humano. Diálogos medidos, justos y necesarios que transcurren a un ritmo preciso, que no lento, que es muy distinto. Se deja respirar al protagonista, podemos acercarnos a él y sentir lo que Oskar siente por Eli, amor, curiosidad, confianza. A esto ayuda la brillante interpretación de Kåre Hedebrant con esa mirada perdida, esos gestos ante las continuas vejaciones de sus compañeros y como con su mirada nos transmite que su miedo hacia ellos ya es algo contra lo que no puede luchar. A quien debería tenérselo en teoría y en cambio es quien le suministra el valor necesario para revolverse, es Eli. 

Pero… ¿se lo suministra o se lo impone? Ella tiene unas necesidades que Hakan ya no puede solucionar y ha fijado sus ojos en Oskar, se podria entender así, que Eli quiere un nuevo esclavo que la alimente pero su relación con Oskar empieza antes que a Hakan le ocurra lo inevitable. No digo que Eli se enamore de Oskar nada mas verlo pero si distingue en él una inocencia pura, capacidad de sumisión inmediata y por ende altamente manipulable. Oskar, pasa a convertirse en objetivo claro de Eli cuando al poco de mudarse Hakan, no consigue realizar los trabajos que antes realizaba, no antes, antes solo era alguien que Eli esta testando por decirlo de alguna manera. ¿Hakan fue el anterior Oskar? Posiblemente. Cuando una historia tan sencilla se torna tan intensa, interesante y llena de escenas que ya son míticas como son las de Hakan ‘cazando’, Oskar revolviéndose contra uno de los matones, Eli subiendo a ver a Hakan en el hospital, la de la piscina o la del tren, esta termina convirtiéndose en película de culto irremediablemente. Y ante eso estamos, un must see por excelencia, sin peros. Una de las mejores películas de terror de la última década.

MIÉRCOLES EN ASIA: ‘Tengoku to Jigoku’, de Akira Kurosawa

[[Crítica de @marckwire21]]
Tengoku to Jigoku‘, más conocida por ‘High and Low‘ o ‘El infierno del odio‘ como se tradujo aquí en España, es una película de 1963 dirigida por el japonés Akira Kurosawa. El brillante director asiático se encontraba casi al final de su carrera con un Óscar ya bajo el brazo por ‘Rashomon‘ y más de 20 títulos a sus espaldas entre los que destacan ‘Yojimbo‘, ‘Los siete samurais‘, ‘Trono de sangre‘ o ‘El idiota‘. Estas dos ultimas junto a ‘Barbarroja‘, ‘Dersu Uzala‘ y la cinta que nos ocupa hoy, ‘El infierno del odio‘, son las cinco adaptaciones de novelas que Kurosawa dirigió en toda su carrera de un total de 32 películas. Poco más de 50 años tenia el realizador japones cuando adaptó este thriller policial -también participó en el guión- basado en la novela escrita por Ed McBain (seudónimo de Salvatore Lombino) en 1959, ‘King´s Ransom‘ (‘El secuestro del rey‘). La fotografía en un perfecto blanco y negro corre a cargo de Asakazu Nakai (‘Throne of blood‘, ‘Dersu Uzala‘, ‘Ran‘) junto a Takao Saito y la banda sonora es obra de Masaru Sato (‘Yojimbo‘, ‘Sanjuro‘).
Un importante directivo perteneciente a una empresa de zapatos, Kingo Gondo (Toshiro Mifune) celebra en su casa una reunión con algunos de sus compañeros para debatir el futuro de la empresa ya que dispone de la mayor parte de acciones de la misma. Al término de esta, recibe una llamada donde le dicen que su hijo ha sido secuestrado exigiéndole un rescate millonario. Las dudas llegan a la mente de Gondo, pues necesita ese mismo dinero para poder hacerse con el control de una empresa en la que ha invertido toda su vida.

Ejemplar y cuidado thriller policíaco exhaustivamente detallado sobre el secuestro del hijo de un gran empresario con brillante dirección de Kurosawa. Podemos dividir las más de 2 horas que dura en dos capítulos. Por desgracia el mejor es el mas corto. Por suerte, es el primero. Durante una hora exacta el director japonés pone todos los elementos en escena. Empieza con un prólogo ideal para dejar claro la personalidad de Gondo (Mifune), un hombre maduro, recto, serio, enteramente dedicado a su trabajo sin un resquicio por el que dejar caer una pizca de humanidad. Así nos lo vende Kurosawa al inicio, pero la evolución del personaje de Gondo en la trama es brutal. La escena cuando prepara él mismo el maletín con todos de pie rodeándole es genial. Toshiro Mifune está realmente creíble enfundado en su traje de la vida, en su uniforme oficial bajo el cual nadie es capaz de llevarle la contraria hasta que los acontecimientos se suceden. Este prólogo nos trae también el momento del secuestro, en nuestras propias narices, sin ni siquiera haber digerido toda la información de la reunión. El ritmo en este ‘primer acto’ es bárbaro, no hay momento de respiro, prólogo, presentación de resto de personajes y nudo argumental. Todo en un escenario, la casa de Gondo. Vemos distintas habitaciones, pero en esa primera hora la cámara no abandona la casa, que además, permanece con todo cerrado por razones que no voy a desvelar. 


Un escenario, 5 personajes, 6 a lo sumo contando solo los importantes, cortinas echadas y nervios a flor de piel a un ritmo incesante. Por si esto no fuera bastante hay un giro brutal en los primeros 30 minutos que descolocara de una manera tangible las ideas que Gondo tenía para rescatar a su hijo e incluso su propia forma de ver la vida. Tenemos a Gondo, el padre, interpretado por Toshiro Mifune, el niño se llama Jun (Toshio Egi) y la madre Reiko (Kyoko Kagawa). A ellos hay que añadirle los integrantes del grupo policial que aparecen en escena de una manera excelente y sorprendente. Pese a ser más de 10, el guión solo da texto a unos pocos que serán los encargados de llevar ante la justicia al secuestrador. Son, al mando el detective jefe Tokura (Tatsuya Nakadai), Arai (Isao Kimura), Bos´n Taguchi (Kenjiro Ishiyama) y Nakao (Takeshi Kato). Solo el primero, el jefe Tokura, será quien disponga de más frases. En total no más de 6 personajes en escena siempre incluido el secretario del señor Gondo, Kawanishi (Tatsuya Mihashi), que sólo está los primeros 40 minutos. De todos quien más destaca es Toshiro Mifune pero quien gana en protagonismo por goleada es la brillantez del conjunto. No, no he citado a dos personajes que quien haya visto la película habrá notado. Es mejor así.

Después de producirse el intercambio entre secuestrador y Gondo en la única escena que la acción se traslada fuera de los muros de su hogar a otro lugar cerrado como es un tren, Kurosawa funde a negro. El plano siguiente es la propia casa del empresario vista de fuera. Ya estamos fuera. Es hora de buscar al asesino. Durante este tramo hay escasas escenas dentro de la casa. La acción pasa a las calles, a la búsqueda del secuestrador exprimiendo para ello todas las posibilidades que van ofreciendo las pistas encontradas. Puedo asegurar y aseguro que hay pocas por no decir ninguna película que muestre tan detalladamente la búsqueda de un criminal de esa manera. Más de 20 personas en parejas de a dos cada una de ellas encargada de un detalle, sacándole jugo a todas las pistas. Increíble la escena en que todos entregan el reporte de lo averiguado. No parece que el ritmo vaya a decaer pero lo hace hasta el punto de no haber un clímax suficientemente bien creado en la captura del secuestrador. Kurosawa alarga innecesariamente escenas que de ser más cortas (discoteca o la propia captura final) podrían haber aligerado la carga del film y hacerlo mas dinámico. Aun con todo eso el arranque del segundo acto es fabuloso y hay escenas muy logradas como la del doble seguimiento en coche con el niño, la de la comisaria con la presentación de los reportes, el famoso humo rosa (efecto imitado años mas tarde por Spielberg en ‘The Schindler’s List‘) o el propio final con ese impresionante cara a cara entre padre y secuestrador mientras se reflejan sus rostros en el cristal.

Excelente thriller policíaco con un alto nivel de detalle en todos sus aspectos, desde personajes hasta planos con segundas lecturas. Una critica lejana a la desestabilización social y de clases provocada por la enorme recuperación económica tras su participación en la 2a Guerra Mundial. Claramente va de menos a más y el clímax de la captura se deja para el final con el cara a cara. Una conversación breve que muestra a un secuestrador poseído por un odio y una envidia capaces de llevar a cualquier ser humano a cometer actos desesperados. Gondo queda estupefacto siendo consciente de los sentimientos del criminal pero sin poder articular palabra ni pensamiento que lo haga comprender totalmente que hizo mal para provocar tanto odio y envidia en él. 

Lo mejor: Su ‘primer acto’ es perfecto. De manual. Como estar viendo una gran obra de teatro en primera fila. Toshiro Mifune de 10.

Lo peor: Pese a tener mas acción que el primero, el segundo acto se diluye por culpa de la duración de algunas escenas. Se pierde el interés en la búsqueda nocturna.