‘Exodus: Gods and Kings’, de Ridley Scott

En 2013 Ridley Scott tuvo que ver como la crítica destrozaba ‘The Counselor’, que partía de un guión del escritor Cormac McCarthy (previamente adaptado a la gran pantalla en ‘The Road’ y ‘No Country For Old Men’) para contar una historia de violencia y narcotráfico en la frontera de Estados Unidos con México. En Siempre en VO no dudamos en alabar en su momento la película de Ridley Scott (curiosamente en un filme donde la autoría del director se diluía entre la magnánima narrativa de McCarthy) pero después del fracaso de ‘The Counselor,’ Ridley Scott volvió a terreno conocido dirigiendo una épica superproducción, la bíblica ‘Exodus: Gods and Kings’

En un año donde ya hemos disfrutado de una adaptación del Antiguo Testamento de la mano de Darren Aronofsky con su particular visión de la historia de Noé (‘Noah’, 2014), es inevitable caer en las comparaciones: aunque Ridley Scott tiene el oficio y la experiencia para crear una obra más espectacular, la película de Darren Aronofsky tenía alma de autor bajo la apariencia de un simple blockbuster. En cierta forma, ‘Exodus: Gods and Kings’ es la película que revaloriza ‘Noah’ y que la hace destacar, aún con sus imperfecciones, entre la avalancha de blockbusters épicos que se producen cada año.

Pero hablemos de Éxodus: aquí se explica la historia de Moisés, de sobra conocida por todos, la cuál dice que liberó a los hebreos de la opresión egipcia. Para interpretar al profeta, Ridley Scott contó con Christian Bale, mientras que Joel Edgerton se ocupó del papel antagonista, el faraón Ramsés. Los dos resultan bastante convincentes, y en realidad son los únicos que tienen algo de interés entre el difuso conjunto de personajes que pueblan esta historia épica. Aaron Paul, el Jesse Pinkman de ‘Breaking Bad’ interpreta a Joshua, un personaje con apenas líneas de diálogos y al que podríamos definir vulgarmente como el perro de Moisés, aunque quizás si el profeta tuviera una mascota de verdad ésta tendría más entidad que Joshua. La pobre Sigourney Weaver, que volvía a trabajar con Ridley Scott 22 años después de ‘1492: The Conquest of Paradise’ y 35 de su obra maestra, ‘Alien’, se encuentra en una tesitura similar y su personaje, la madre de Ramsés, tiene un par de frases y apenas dos minutos en pantalla. Aparte de los actores claramente desaprovechados condenados a interpretar personajes desprovistos de alma, tenemos algunas decisiones de casting difícilmente defendibles. John Turturro es el padre de Ramsés, y al menos el que esto escribe no puede dejar de pensar en su personaje de ‘O’Brother’ o en su cameo en la bolera de ‘The Big Leboswki’. Entre tanta solemnidad es imposible tomarse en serio a John Turturro, y lo mismo sucede con Ewen Bremmer, que interpreta a un científico y que con su absurdo intento de hacerse el gracioso nos hace venir a la cabeza la escena de la entrevista de ‘Trainspotting’. Entre tantos errores de casting y actores desaprovechados, al menos María Valverde, actriz española, tiene más relevancia de la esperada y consigue hacer un buen papel como Séfora. Bien por ella.

Incluso en el caso de Ramsés, interpretado por Joel Edgerton de forma más o menos solvente, su desarrollo dramático es exageradamente poco sutil teniendo en cuenta que la película dura dos horas y media, y que tanto guionista como director podrían haberle dedicado un poco más de tiempo a describir a su personaje, pues pasa de ser un gran amigo de Moisés a odiarle a muerte en cuestión de minutos, convirtiéndose al final en un tirano cuya humanidad solo aparece cuando se preocupa de su hijo. También hay que destacar la forzada aparición del personaje de Aaron, hermano mayor de Moisés, que de pronto, sin que los responsables del film se preocupen por describirlo mínimamente o conferirle un poco de interés, se convierte en un personaje importante en la trama como uno de los hombres de confianza de Moisés.

Pero no todo es malo en la última obra de Ridley Scott, pues como decía al principio hay que reconocer su capacidad para crear un puro espectáculo visual, y la recreación de Egipto, con sus batallas, sus monumentos y sus gentes (contando con un incalculable número de extras) es de lo más acertada y extraordinaria. Además, cierta escena protagonizada por caimanes es terroríficamente impresionante, sin duda uno de los mejores momentos del filme.

El filme dura dos horas y media y se deja ver si no pensamos demasiado en los ridículos personajes y nos conformamos con las espectaculares escenas de acción; una película desprovista de una mínima espiritualidad o profundidad (a diferencia de ‘Noah’) que el espectador olvidará al poco tiempo de salir del cine.

Anuncios

RETROSPECTIVA Ridley Scott: ‘Prometheus’

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
En un planeta que podría ser la Tierra pero desierto, sin el más pequeño indicio de vida, un ser con la piel de un tono azul-grisáceo, de facciones humanas y proporciones perfectas, se sitúa al borde de una catarata y bebe un líquido negro que trae consigo. El líquido provoca la descomposición del ADN de ese ser, que se vierte en el río y se recombina con el agua dando inicio a la evolución de la vida. Una deidad que se sacrifica para la creación de una nueva especie, un jardinero espacial convertido a la vez en semilla y en ente creador.
Y a partir de aquí, ‘Prometheus‘ se deshace, corroída por el ácido que es el desastroso guión de Damon Lindelof. Se convierte en un mero espectáculo visual cuyo guión es un pastiche indigesto de referencias bíblicas, mitología griega y verborrea filosófico-científica: un mero entretenimiento absurdo y decepcionante, vendido como una precuela de ‘Alien‘. Una de las más grandes obras de culto de la ciencia ficción y el terror, magistral y casi-perfecta, mancillada por su propio creador y convertida en una película de acción y ciencia ficción (a su favor hay que decir que no aburre y el diseño de producción es impecable -aunque a veces incluso demasiado-) con más agujeros de guión que un queso emmenthal (donde la coherencia interna brilla por su exasperante ausencia y los enigmas planteados por el guionista sólo son resueltos por más y más enigmas) y un casting horrible en el que sólo destaca un brillante Michael Fassbender que toma el testigo de Ian Holm para interpretar también a un robot.
La frase promocional de ‘Alien‘, “en el espacio nadie puede oír tus gritos”, se sustituye por “con ‘Prometheus‘ podrás oír las risas de Damon Lindelof y Ridley Scott incluso en el espacio”. Lo que en ‘Alien‘ era sucio, aterrador, y con un ambiente enrarecido, en ‘Prometheus‘ es limpio, absurdo (los personajes -contradictorios e indignantes- parecen escritos por un mono cocainómano con síndrome de down), demasiado artificial y con roturas de atmósfera constantes. Una decepción aberrante.

RETROSPECTIVA Ridley Scott: ‘Matchstick Men’

Montaje creado Bloggif
[[Crítica de @PauGarcia179]]
Probablemente exhausto después de hacerse cargo de un proyecto como ‘Black Hawk Down’ (un drama bélico basado en hechos reales), Ridley Scott decidió dirigir una película más sencilla con un presupuesto más ajustado: ‘Matchstick Men’, una historia de estafadores protagonizada por Nicolas Cage, Sam Rockwell y Alison Lohman.

Mucho se ha dicho de la sobreactuación de Nicolas Cage en esta película, pero personalmente pienso que la sobreactuación en este caso era necesaria, pues el actor de ‘Leaving Las Vegas’ interpreta a Roy, un hombre esquizofrénico y obsesivo que recuerda -quizás demasiado- al Jack Nicholson de ‘As Good As It Gets’. Roy y Frank (Sam Rockwell) son dos estafadores que se dedican a vender artilugios para filtrar el agua a precios desorbitados asegurando a sus clientes que si lo compran ganarán algún tipo de premio. Un día Roy se entera, a través de su psiquiatra, que tiene una hija, Angela (Alison Lohman) de 14 años y que quiere conocerlo.
Toda la película se sigue con mucho interés, es indudablemente entretenida y describe de forma genial al personaje interpretado por Nicolas Cage. El actor consigue hacer creíble los tics y también la locura de su personaje y como decía, aunque a veces se pase de rosca con su actuación y pueda parecer sobreactuada, lo cierto es que junto con el director y guionistas crea un gran personaje. También hay que alabar el papel de Alison Lohman, que en el momento del rodaje tenía 22 años y que aquí hace de una adolescente de 14. A pesar de actuar al lado de un actor de la trayectoria (aunque tenga grandes fracasos) de Nicolas Cage, la actriz no se amedrenta y consigue imprimir verismo en su actuación. Y en tercer lugar tenemos a Sam Rockwell, que en la genial (y posterior a ‘Mathstick Men’) ‘Seven Psychopaths’ desplegaba toda su arsenal cómico y que aquí no puede dar todo lo mejor de sí aquí porque el guión se lo impide, y en realidad, aunque el personaje tenga una importancia capital en la trama, uno tiene la sensación de que Ridley Scott lo ha desaprovechado sobremanera.
El trabajo de Scott aquí es, como siempre, competente y correctísimo, y algunos elementos de puesta de escena y montaje para describir el estado mental de Roy resultan ingeniosos y estimulantes, y en este sentido no podemos reprocharle nada a Scott. Sin embargo, identificar su autoría en la dirección resulta más bien difícil. El director, con muchos años de experiencia en el oficio, consigue darle una forma sencilla pero acertada al conjunto, y además dirige a sus actores de forma ejemplar, pues por mucho que echen pestes sobre la actuación de Nicolas Cage, éste supera con nota el reto de interpretar a un personaje tan peculiar, y como ya he señalado, el resto de actores también están realmente bien.
Pese a la corrección del conjunto, hay que decir que la primera mitad del film, en la que predomina la comedia, se sigue con mayor interés que con la segunda, pues al final lo dramático se impone a lo cómico y aunque evidentemente el desenlace puede llegar a sorprender, quedará en los espectadores una sensación agridulce por el devenir de la historia e incluso, por lo manipulador del guión escrito por Nicholas Griffin y Ted Griffin. Aunque Ridley Scott maquille el desenlace con un forzado happy end, el poso que deja no es del todo satisfactorio y el cambio drástico de registro -de cómico a dramático- no le hace un favor al film. ‘Matchstick Men’ es una correcta película que entretiene, mantiene la atención del espectador y le ofrece unas dosis de risas durante la primera mitad del film, que pese al desenlace, su visionado no será para nada una pérdida de tiempo. 


Título: Matchstick Men
Director: Ridley Scott
Guión: Nicholas Griffin & Ted Griffin (Libro: Eric Garcia)
Fotografía: John Mathieson
Año: 2003
Duración: 120 min.
País: Estados Unidos
Productora: Coproducción USA-GB; Warner Bros. Pictures / Scott Free Production
Reparto: Nicolas Cage, Sam Rockwell, Alison Lohman, Bruce McGill, Bruce Altman, Melora Walters, Jenny O’Hara, Steve Eastin, Sheila Kelley, Tim Kelleher

RETROSPECTIVA Ridley Scott: ‘Gladiator’ – Con que esto era el péplum

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
Hace unos meses asistí atónito al grotesco espectáculo fílmico que Paul W. S. Anderson perpetró con su última película, ‘Pompeii‘. Un intento de recuperar el género llamado péplum (aquel en que héroes de los cincuenta como Charlton Heston o Kirk Douglas eran guerreros de falda corta y acero afilado) que quedó en un patético retake de ‘Titanic‘con ínfulas de relato épico y efectos especiales de baratillo. La mejor cura para intentar olvidar el despropósito cinematográfico que fue la reducción a cenizas de Pompeya es sin duda alguna ‘Gladiator‘. La primera película de Ridley Scott del siglo XXI rezuma una épica inabarcable por los cuatro costados durante las dos horas y media que dura el filme, por cada diálogo mínimo de la más corta escena, por cada mirada triste de Crowe (del que destaca su gran despliegue físico) o Nielsen, o por cada lanza de odio de los ojos claros de Phoenix(la más grande interpretación de la película, dotando a Cómodo de una crueldad y impecabilidad enormes).
La potencia del apartado visual y sonoro de ‘Gladiator‘ -maravillosa banda sonora de Zimmer– no podían salir de una mente que no fuera la de Ridley Scott. El retorno del espíritu de esa moda de cine que cosechó éxito histórico y cuyas películas aún hoy en día siguen siendo inmortales de la mano del hombre del inagotable imaginario visual, se apoya en un impresionante arranque (del que se ha dicho que es el mejor retrato de las estrategias del servicio militar romano) que capta la atención del espectador, y en los combates de gladiadores apasionantemente realistas y maravillosamente coreografiados.
Sin embargo (como viene siendo ya clásico en las películas de Scott salvo en contadas excepciones), un guión con excelentes diálogos -que hablan de los valores familiares, la lucha por la justicia y la venganza, y del rechazo al imperialismo y el uso abusivo del poder- no es más que un bello y rimbombante remache para un argumento plano que muestra el blanco y el negro con una ausencia exasperante de grises. Una vez más, la excelencia técnica de Ridley Scott se combina con un guión de mediocre contenido bellamente disfrazado: el resultado es un espectáculo brutalmente entretenido (sus 150 minutos pasan en un suspiro), pero hueco por dentro.
Quizás mi última crítica (que poco o nada tiene que ver con la calidad artística y fílmica de la película de Scott) a esta -algo- sobrevalorada película de gladiadores son esos romanos que, obligados por la tiranía del gigante americano, olvidan el latín -lengua única entendida por los gobernantes de Europa durante siglos- y sólo son capaces de hablar en un inglés perfecto… ¡Señor Scott, aprenda de Mel Gibson!
Lo mejor: la épica que rezuman los diálogos, los primeros 30 minutos, el ritmo, y la actuación de Joaquin Phoenix.
Lo peor: el guión plano, y el excesivo contraste entre bien y mal (la falta de puntos intermedios).

RETROSPECTIVA Ridley Scott: ‘Thelma & Louise’

[[Crítica de @PauGarcia179]]
Cuando pensamos en Ridley Scott siempre nos acordamos de sus grandes obras de ciencia ficción (aunque ‘Blade Runner’ no me parece tan buena) o sus películas más épicas (‘Gladiator’, ‘Kingdom Heaven’), pero también acostumbra a interesarse por historias que no requieren de un presupuesto tan holgado. Es el caso de ‘Thelma & Louise’, cuyo libreto firmado por Callie Khouri se llevó el Óscar y Globo de Oro a Mejor guión original. 
Thelma es un ama de casa atrapada en una rutinaria vida dominada por su marido. Su amiga Louise también se ve aprisionada en su entorno laboral trabajando como camarera. Un fin de semana deciden coger el coche y escapar de la rutina en un viaje en principio liberador. Sin embargo, un hecho dramático torcerá su viaje. 
La película empieza -después de los títulos de crédito con un paisaje de fondo de gran belleza- con una descripción de la monotonía de las vidas de Louise y Thelma. En el caso de Louise, en realidad, únicamente la vemos trabajando de camarera sin muchos indicios de angustia vital o preocupaciones existenciales. 
En un acto de rebeldía –por lo que es el personaje de Geena Davis, se entiende-, Thelma no pide permiso a su marido (como si tuviera el deber de hacerlo) para marcharse de fin de semana con su amiga Louise, aunque, eso sí, le deja una nota y comida preparada a su marido para que solamente tenga que calentarlo en el microondas. Ese intolerable dominio del marido respeto a la mujer se podría haber descrito de forma más realista si no se cayera en la exageración en todo lo relativo al personaje del marido de Thelma. La interpretación de Christopher McDonald, al borde de la sobreactuación, tampoco ayuda a creerse mínimamente un personaje que mejor trazado hubiera denunciado una lamentable realidad aún no resuelta hoy en día. En la misma línea, el personaje del camionero (y lo que le sucede después a su camión, gentileza de las protagonistas) también roza lo exagerado perdiendo parte de la credibilidad necesaria para elaborar un tratado feminista que denuncie la posición dominante del hombre en nuestra sociedad. 
No es cierto, como he leído por alguna parte, que todos los personajes masculinos sean odiosos o machistas, pues ahí está Hal, interpretado por Harvey Keitel, personaje que rompe con los tópicos utilizados para describir a un policía. También está Jimmy, al que da vida Michael Madsen (curiosamente, coincidiría con Keitel el año siguiente en ‘Reservoir Dogs’), que pese a un aislado estallido de violencia, no es un personaje transformado en una simple caricatura machista. Los dos actores lo hacen bien, pero son Geena Davis y Susan Sarandon las que dominan en el terreno interpretativo. Ambas, por cierto, compitieron por el Óscar a Mejor Actriz Principal, aunque al final Jodie Foster se llevó la estatuilla por su papel en ‘The Silence of the Lambs’. 
Ridley Scott filma esta road movie aprovechando al máximo los magníficos paisajes por los que pasan las protagonistas de esta historia, el Oeste americano y especialmente el Grand Canyon, paisajes estos de una belleza abrumadora. El final, por cierto, me recuerda (OJO, semi SPOILER) al de ‘Butch Cassidy and the Sundance Kid’, y como en aquella, manipula al espectador cuando congela la imagen para que no descubramos a nuestros protagonistas avasallados por las balas o con los cuerpos destrozados por la caída. 
Personalmente, hubiera agradecido un metraje no tan alargado; por momentos, el trayecto puede llegar a hacerse un poco repetitivo, pero los paisajes ayudan a hacer más llevadero el viaje. La película tenía todos los números para emocionar al espectador al tiempo que servía de denuncia feminista, pero las exageraciones y algunas salidas de tono –el ciclista jamaicano- restan credibilidad al relato. El desenlace, además, no será del gusto de todos los espectadores, que se quedarán atónitos ante la irreversible decisión de las protagonistas y la consiguiente manipulación a la que serán sometidos por parte del señor Ridley Scott cuando congela ese último fotograma y añade unas imágenes junto a los créditos para mayor tranquilidad del público deseoso de (falsos) happy ends. 

Título: Thelma & Louise
Director: Ridley Scott
Guión: Callie Khouri
Fotografía: Adrian Biddle
Año: 1991
Duración: 128 min.
País: Estados Unidos
Productora: Metro-Goldwyn-Mayer
Reparto: Susan Sarandon, Geena Davis, Harvey Keitel, Michael Madsen, Brad Pitt, Christopher McDonald, Stephen Tobolowsky

RETROSPECTIVA Ridley Scott: ‘Legend’

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
Filme de aventuras ligero (y blando) demasiado infantil para resultar (como ‘The Lord of the Rings‘) plenamente satisfactorio para los adultos, y demasiado tenebrosa para contentar a los niños que busquen saciar la sed de aventuras fantásticas que les autoimpone una mente inherentemente creativa. A este “terreno entre dos tierras” al que pertenece la película tampoco ayuda el jovencísimo Tom Cruise en el papel protagónico del filme: su verdura interpretativa aunada con una edad entre el caballero andante -guerrero clásico de la espada y brujería- y el Atreyu de Neverendig Story -protagonista que busca la identificación del público infantil en detrimento de la violencia- le hacen una elección más que reprochable, y generan en el espectador reflexivo el cuestionarse “¿cuáles debieron ser las otras opciones de casting?“. No tengo la respuesta a la pregunta, pero me aventuro a suponer que no fue el mejor momento de los directores de casting de Scotto del propio Scott, que luego sí acertaron de lleno al contar con Tim Curry (y un estupendo maquillaje) para el papel antagónico.
Tampoco es que la culpa de que ‘Legend‘ no sea más que un ligero filme de aventuras recaiga sólo en Tom Cruise y Scott al permitir que le eligieran. El guión (frío y confuso), de simpleza manifiesta, no resulta suficientemente épico o violento como para ser memorable, y los personajes que por él deambulan son más bien planos y tópicos (princesa preciosa en apuros/malo malísimo/bueno buenísimo). Pero lo que nunca, nunca podremos reprocharle a ‘Legend‘ (el verdadero triunfo de la película) es su imponente imaginario, y una factura técnica impecable. Ridley Scott sigue haciendo gala de su capacidad para crear atmósferas de una apabullante fuerza visual -los planos perfectos se suceden en lo que es un alarde de Alex Thompson al mando de la dirección de fotografía de la película-, una belleza estilística que no casa con la calidad del guión, más acorde con filmes de segunda categoría.

Legend‘ (no nos vamos a engañar ni a machacar gratuitamente la película) funciona correctamente como cuento de hadas para conciliar el sueño (una princesa cae en manos del Mal, y es salvada por un héroe improvisado que sólo podía soñar en grandes hazañas, nunca ser el protagonista de las mismas), y sus escapes cómicos y uso del imaginario habitual de Tierra Media (duendes, magos, demonios, espadachines y bosques encantados -bucólicas evocaciones de remansos de paz mágicos y misteriosos-) se dan cita en una cinta de aventuras que tiene una calidad fílmica manifiestamente inferior a los grandes filmes de Scott, pero sigue siendo un logro visual digno de ser visto. Eso sí, una tarde de verano.

Lo mejor: imaginario, composición de planos. Incluso, la actuación de Tim Curry.
Lo peor: guión, casting y la actuación de Tom Cruise.

RETROSPECTIVA Ridley Scott: ‘Blade Runner’

[[Crítica de @PauGarcia179]]
Hay películas que son consideradas por todo el mundo como obras maestras; te construyes grandes expectativas y cuando la ves, te sorprenden las alabanzas y reniegas de su discutible condición de Obra Maestra, así en mayúsculas. Es mi caso con Blade Runner, que junto con The Deer Hunter y La Dolce Vita, forman mi particular tríptico de blasfemias cinematográficas, películas aparentemente grandiosas que, siempre amparándome en la subjetividad cinéfila, considero sobrevaloradas.

A principios de siglo XXl, la Tyrell Corporation ha construido un robot llamado Nexus 6, comúnmente conocidos como replicantes, que son más ágiles y fuertes que los humanos y al menos tan inteligentes como los ingenieros genéticos que los crearon. Son usados como esclavos guerreros en las luchas de las colonias exteriores. Un día, un grupo de replicantes se rebela y se procede a su destierro de la Tierra. La policía tiene permiso para ejecutar a los replicantes que queden en la Tierra, acción a la que no se llamaba  ejecución, sino retiro.

Como decía, las expectativas estaban por las nubes, y todos sabemos que nada bueno puede salir de esto. Visionar lo que casi todo el mundo considera una obra maestra te condiciona. Al final, en algún caso tus expectativas serán igualadas por tus impresiones finales, en contadísimos casos superarán tus expectativas, y en el mayor de los casos, tus ojos no verán la obra maestra que todos se empeñan en ver. La película, esto es indiscutible, es lenta. Mi inadmisible ignorancia me hizo creer que estaba delante una película de acción con un trasfondo filosófico y reflexivo. Al final había contadas escenas de acción (bien servidas por el señor Scott, todo hay que decirlo) y la reflexión, siempre desde mi humilde opinión, era más bien escasa. Pero lo que es innegable es su completa falta de ritmo, llegando a veces a lo soporífero.


La explicación del principio nos pone en antecedentes para entender toda la película, intuimos que habrá un conflicto moral, y al final, efectivamente, lo hay. Los humanos, desde siempre seres hipócritas, usan a los robots como esclavos para poder vivir en colonias fuera de la Tierra, porque obviamente, la avaricia humana, a estas alturas, ha hecho inviable una vida digna para todos en nuestro planeta de origen. Un detalle interesante que sí me gustaría destacar es la analogía del sueño americano con la aventura interplanetaria. La oportunidad de vivir una vida nueva en otro planeta.se intuye igual de falsa e inviable que el ‘american way of life’. 

La policía de ‘Blade Runner’ es en realidad un grupo de mercenarios, y el personaje de Harrison Ford, uno de sus más estimables ejecutores. Aquí vendría el momento de alabar la ambigüedad de si el personaje es o no un replicante, y lo diría si en algún momento me llegara a importar el personaje. La historia es muy sencilla: un policía tiene que cargarse a cuatro replicantes y se enamora –no sabemos cómo- de otra de las replicantes. Aunque podría dar para un mediometraje, Ridley Scott dilata el metraje mostrándonos una sociedad –y una ciudad- deprimente, decadente, sórdida y a veces artificialmente oscura, que en realidad, se presenta como uno de los elementos más interesantes de la cinta. Con esa ambientación futurista también consigue crear cierta atmósfera, aunque en general provoca más bostezos que fascinación. Sí que hay, justo es reconocerlo, planos de una gran belleza, pero se pierden como “lágrimas entre la lluvia”.

De esta película prácticamente solo sabía que salía Harrison Ford y que había un gran discurso final, y como con las expectativas generales de la cinta, también me ha defraudado. No es un mal discurso, no es horroroso, pero me esperaba muchísimo más. Blade Runner es una cinta importante para entender la ciencia ficción en el cine que en su momento debió de impresionar a críticos y espectadores, pero que a mí me parece una obra muy sobrevalorada con graves problemas de ritmo, menos reflexiva de lo que aparenta y con unos personajes bastante desdibujados con los que nunca se llega a empatizar.

Título: Blade Runner
Director: Ridley Scott
Guión: David Webb Peoples, Hampton Fancher 
Fotografía: Jordan Cronenweth
Año: 1982
Duración: 112 min.
País: Estados Unidos
Productora: Warner Bros. Pictures
Reparto: Harrison Ford, Rugter Hauer, Sean Young, Daryl Hannah, Edward James Olmos, Joana Cassidy, Brion James