‘A Most Violent Year’ o “Mr. Fucking American Dream”

Llegar al país de las oportunidades, buscarse un trabajo y empezar a subir en la escala social a base de esfuerzo, determinación y mucho trabajo. Éste parece ser el caso de Abel Morales (Oscar Isaac), la viva imagen del sueño americano. Hay una escena en la que habla con Julián –transportista de su empresa-, también hispano. Éste le empieza a hablar en español y, a pesar de ser la lengua nativa de ambos, Morales le pide que cambie al inglés. Vemos, pues, que su integración al país es total e incluso parece haber olvidado sus raíces. Su país es Estados Unidos y cree firmemente en los valores que esta nación representa. Morales ha conseguido levantar una empresa de distribución y venta de gasóleo con todas las de la ley. Sin embargo, los camioneros que transportan su gasóleo son asaltados continuamente y no se pueden defender, pero Morales se niega a armarlos. Paralelamente, y aunque él insiste en la honradez con la que lleva su negocio, el fiscal presenta cargos contra su empresa.

El inicio es más bien relajado: se describe una transacción que se prevé importante para la empresa pero del que desconocemos los detalles y si bien al principio puede parecer un drama empresarial carente de emoción, la película muta hacia un thriller que, de la misma manera que la genial ‘Nightcrawler’ (Dan Gilroy, 2014), nos ofrece un discurso claro: no se puede alcanzar el sueño americano jugando limpio. No hay competencia leal. Si una empresa se expande y con sus beneficios perjudica otra empresa, ésta no responde con un mejor servicio, con un mayor esfuerzo para mejorar los resultados, sino con amenazas e invitaciones poco amigables a abandonar el negocio. Porque ese Sueño Americano es sólo un espejismo, y los que quieren llegar a él saben que sólo tienen un camino: desviarse de la legalidad e intentar no ser muy sensible con los demás, porqué sólo ganas si los otros pierden.
La grandeza de ‘A Most Violent Year’ no reside únicamente en su desolador pero realista discurso, pues las interpretaciones de los dos protagonistas, Oscar Isaac y Jessica Chastain ya merecen por sí solas el visionado de la película. Tras interpretar a Llewyn Davis, el músico de folk y enésimo loser salido de las mentes de los Coen, la carrera de Oscar Isaac acabó de despegar y este año ya hemos podido verle con otra gran interpretación en la recomendable ‘Ex Machina’. Isaac convence como el empresario honrado que intenta hacer lo imposible por evitar pasarse al otro lado de la ley, y su contención es tan admirable como los estallidos emocionales, siempre más fáciles de alabar. Las grandes actuaciones de Jessica Chastain ya son habituales des de que despuntara en ‘The Tree of Life’, pero no por ello es menos destacable su papel como contable y esposa de Morales. Los dos actores alcanzan cotas interpretativas tan altas en la última discusión de sus personajes que no desentonarían en ninguna lista de premios.
Si a todo esto sumamos un director que con sus dos primeros largometrajes (‘Margin Call’ y ‘All Is Lost) se ganó buena parte de la crítica, el resultado no es otro que este excelente thriller que empieza de forma serena para después finalizar con un gran clímax que concluye de forma realista y certera y una única sensación tras ver ‘A Most Violent Year’: acabamos de ver cine en mayúsculas.
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NO ESTRENOS: ‘Extraterrestre’, de Nacho Vigalondo

[[Crítica de @PauGarcia179]]

Con un puñado de cortometrajes (con el famoso ‘7:35 de la madrugada nominado a los Óscar) y un notable largometraje (‘Los cronocrímenes’), Nacho Vigalondo volvía al formato largo con ‘Extraterrestre’, una comedia de ciencia-ficción protagonizada por Julián Villagrán y Michelle Jenner. Nos encontramos, probablemente, ante la peor película de Vigalondo, lo cuál no quiere decir que sea un filme prescindible, pero sí es cierto que está lejos de mantener el nivel mostrado en ‘Los cronocrímenes’. El filme, por cierto, estuvo en la selección oficial del Festival de Toronto, así que tampoco me hagan mucho caso cuando digo que no la recomiendo.  

Julio se despierta en la cama de Julia después de una notable borrachera sin recordar nada de lo que pasó la noche anterior. La incomodidad de la situación se hace patente entre los dos personajes y cuando parece que Julio se va a ir de la casa para poner fin a esa tensión, los dos protagonistas se dan cuenta que hay un ovni en el cielo. 

Lo de Jason Reitman diciendo de Vigalondo “el Woody Allen de la ciencia-ficción” debe ser por este plano
La premisa es curiosa, el desarrollo mínimamente interesante y el filme se deja ver sin demasiado esfuerzo. Hay algunos (pocos) momentos divertidos y también aparecen Carlos Areces y Raúl Cimas para sumar comicidad al conjunto, aunque no lo consiguen del todo. No estamos, pues, ante una película desternillante. Los elementos de ciencia-ficción se utilizan como mero contexto de fondo, sin aportar nada realmente interesante a la trama. Paradójicamente, lo que mueve al espectador a seguir viendo el largometraje es precisametne esa curiosidad por los ovnis (curiosidad nunca saciada), pero el filme se centra en los pocos personajes que aparecen en el film. Esto no tiene por qué ser negativo, al contrario, pero sucede que las interpretaciones no pasan de aceptables y los momentos divertidos no hacen gracia (al menos yo me encontré incapaz de reírme), de modo que algunos de los hechos ocurridos supuestamente graciosos se tornan únicamente inverosímiles, sin lugar para la risa. Así, mientras el espectador puede estar más atraído por la historia de fondo (los ovnis que aparecen en el cielo), el filme se centra en una historia romántica que ni nos creemos ni, sintiéndolo mucho, nos importa en ningún momento

Como decía al principio, la película tiene elementos interesantes; está lejos de ser un absoluto desastre, pero no hay que esperar algo como ‘Los cronocrímenes’, porque no tiene nada que ver con la presente película. El filme está cuidado visualmente, los movimientos de cámara son elegantes y se nota que el director ha desactivado el piloto automático y se ha detenido a pensar mínimamente el aspecto visual de la película; el cineasta sabe hacer una buena planificación, como después confirmaría en ‘Open Windows’. Los efectos especiales, aunque escasos, no desentonan y Vigalondo tiene el acierto de no confundir lo verosímil con lo espectacular, lo cuál se agradece. Además, el cineasta no alarga demasiado el metraje, algo que casi siempre va en favor de todo film.

‘Extraterrestre’ es algo así como una ‘Monsters’ española con menos presupuesto pero en clave comedia (fallida) y menos poética y romántica que el filme dirigido por Gareth Edwards. Una historia romántica con unos extraterrestres de fondo (que no aparecen en el film, por si alguien esperaba lo contrario) que se puede ver sin estrujarse el cerebro pero cuyo desarrollo dramático es torpe, poco creïble y por momento bastante imbécil sin llegar a ser gracioso. No se llega a empatizar con los personajes por las limitadas actuaciones (sin llegar a ser bochornosas) y por lo arbitrario de sus acciones y decisiones. La película es menos friki (y peor) que ‘Los cronocrímenes’ y también menos entretenida (y peor) que ‘Open Windows’, pero tanto por algunos atisbos de talento en esta citna como en lo demostrado en su siguiente largometraje, aun podemos tener fe en que Nacho Vigalondo continúe haciendo buenas películas.

‘Kingsman: The Secret Service’, This is not that kind of movie

[[Critica de @PauGarcia179]]

Matthew Vaughn, que empezó en esto del cine produciendo películas como ‘Lock & Stock’ y ‘Snatch’ (ambas recomendables y dirigidas por Guy Ritchie), se ha labrado una interesante carrera como director de productos comerciales como ‘Kick-Ass’ o ‘X-Men: First Class’ (ambas, según mi opinión, mejores que sus respectivas secuelas) y ahora llega a nuestras carteleras ‘Kingsman: The Secret Service’, protagonizada por Colin Firth y Taron Edgerton. El film vuelve a ser una adaptación cinematográfica de un cómic, y Vaughn escribe el guión junto a su colaboradora habitual, Jane Goldman.  
El veterano Harry Hart propone a un joven macarra (hijo de un amigo muerto con el que está en deuda) como nuevo espía de Kingsman, una agencia secreta independiente. El joven tendrá que competir con los otros candidatos a través de un duro entrenamiento mientras un loco megalómano amenaza el futuro de la humanidad.
En más de una ocasión, los protagonistas repiten la frase “This is not that kind of movie” haciendo referencia a las antiguas películas de James Bond, pero también se entiende como una declaración de intenciones de los responsables del film que le dicen indirectamente al espectador que lo que están viendo no es el insulso, convencional y aburrido filme de acción que podemos encontrar en las carteleras cada semana. Y efectamente, ‘Kingsman: The Secret Service’ no es ese tipo de películas, para bien o para mal.
Y es que las escenas de acción aquí buscan ser lo menos realista posible (vendría a ser la antítesis del estilo de Michael Mann) y se sirven con música rockera de fondo como invitando al espectador a disfrutar de la violencia. Las aceleraciones, ralentizaciones y adrenalíticos movimientos de cámara son una constante en el filme y motivo de deleite para el espectador, más allá del realismo o del componente ético (o la falta  de él) que conlleva el disfrute de la violencia cinematográfica. Cuando uno se dispone a visionar una película de Tarantino, o un film como ‘Abierto hasta el amanecer’ (‘From Dusk Till Dawn’, 1997, Robert Rodríguez), ya sabe lo que se va a encontrar (violencia a raudales, obviamente), pero cuando va a ver ‘Kingsman: The Secret Service’, al menos el que esto escribe (sí amigos, al ver la película olvidé completamente que el director era el responsable de ‘Kick-Ass’, donde ya había momentos bastante sanguinarios) uno no se espera encontrar semejante orgia de violencia desenfrenada. La escena de la Iglesia, es de lo más bestia que servidor ha visto en una pantalla de cine. Es el tipo de violencia que repugna a Michael Haneke (aunque a mí me repugna más su debut en el cine, sinceramente) y aquí cada cual decidirá si se lo pasa bien o no viendo este tipo de escenas.
En cualquier caso, ‘Kingsman: The Secret Service’ no es sólo un entramado de secuencias de acción, ni mucho menos, porque bien podemos disfrutar del sentido de humor del filme aderezado con un siempre agradable acento inglés, un hilarante Samuel L. Jackson con un defecto en la pronunciación o la presencia en el reparto de actores siempre brillantes como Colin Firth o Michael Caine (aunque éste último aparezca más bien poco, todo hay que decirlo). También es destacable la ausencia de Colin Firth (principal tirón comercial en el apartado actoral) durante ciertos momentos del filme, y conviene alabar la valentía y la capacidad del director para conseguir que la película no se resienta de la desaparición de su estrella y también el buen hacer del joven Taron Edgerton, que si bien no puede competir con Colin Firth en cuánto a presencia en pantalla, salva los muebles de manera competente durante la ausencia de su compañero de reparto.
‘Kingsman: The Secret Service’ no es perfecta, si nos paramos a buscar sus errores los encontraremos fácilmente, pero es tan deliciosamente divertida y gamberraque no vale la pena analizarla tan fríamente con estándares cinematográficos aplicables al resto de películas. Es un filme comercial cuya presencia en la cartelera se agradece para descansar, de vez en cuando, de la seriedad y trascendencia de otras películas cuyo valor artístico, eso sí, está fuera de toda duda.

Resumiendo, ‘Kingsman: The Secret Service’ is not that kind of movie. 


Título: Kingsman: The Secret Service
Director: Matthew Vaughn
Guión: 
Matthew Vaughn, Jane Goldman (Cómic: Mark Millar, Dave Gibbons)

Fotografía: 
George Richmond
Año: 2014
Duración: 129  min.
País: Reino Unido
Productora:
Twentieth Century Fox Film Corporation / Marv Films / TSG Entertainment

Reparto: Colin Firth, Taron Egerton, Samuel L. Jackson, Mark Strong, Michael Caine, Sofia Boutella, Sophie Cookson, Mark Hamill

‘Inherent Vice’, la irresistible nueva película de Paul Thomas Anderson

[[Crítica de @PauGarcia179]]
Consciente de las decepciones que me llevo al ver una película cuyas expectativas tengo por las nubes, decidí hacer un ejercicio mental de lo más complicado: intentar convencerme de que de una película de Paul Thomas Anderson en la que adapta una genial novela del escurridizo Thomas Pynchon con Joaquin Phoenix de protagonista, no tiene porqué salir una obra maestra. Es la primera vez que Thomas Pynchon deja que se adapte una de sus novelas, y pondría la mano en el fuego que James Franco, que parece querer adaptar al cine toda la literatura norteamericana (ya ha adaptado a Cormac McCarthy, a William Faulkner un par de veces y ahora hará lo propio con John Steinbeck), intentó, sin éxito, convencer a Thomas Pynchon (si es que existe en realidad…) para adaptar alguna de sus novelas.
Aunque intenté equilibrar mis expectativas, no me había preparado para evitar comparaciones con la novela de Pynchon (que desde aquí aprovecho para recomendar) y durante el visionado de ‘Inherent Vice’ me encontré buscando las diferencias con el libro. Mal asunto. Al final de la película, aunque había disfrutado del trayecto, el filme me había dejado un poso de decepción por los cambios introducidos por Paul Thomas Anderson. Después de un día de reflexión, me di cuenta de lo estúpido que había sido al quedar decepcionado, pues esperar que se adapte a la gran pantalla una novela de forma casi literal no sólo no es justo, sino totalmente ridículo. Si la película tiene que ser igual a la novela, mejor nos quedamos con la novela. Así que lección aprendida/nota mental: evitar comparaciones con la novela original, se disfrutará mucho más la película. 
Después de este rollo introductorio, pasamos a la crítica: Paul Thomas Anderson vuelve a confiar en Joaquin Phoenix para protagonizar su nueva película dos años después de la recomendable ‘The Master’, y ahora interpreta a Larry “Doc” Sportello, un detective fumeta en la California de finales de los sesenta. Su ex novia, Shasta Fay Hepworth se presenta un día en su casa y le pide ayuda: Sloane, la mujer de su amante, Mickey Wolfmann, planea junto a su “guía espiritual” el secuestro de Wolfmann, un pez gordo del sector inmobiliario. A partir de aquí, seguiremos los titubeantes pasos de Doc Sportello con tal de resolver el asunto planteado por su ex novia, de la que aún sigue enamorado. 
Y así, entre canuto y canuto Doc Sportello se abrirá camino entre dentistas, masajistas que quizás se exceden en su trabajo, sicarios que dicen ser prestamistas, ex convictos nazis, promotores inmobiliarios, psiquiatras, músicos de surf, policías violadores de derechos humanos con ínfulas de actores y un sinfín de personajes que desfilarán por la pantalla sin saber del todo su función en el embrollo en que se convierte esta trama criminal. Porque, hay que decirlo ya, Paul Thomas Anderson no resuelve todas las subtramas ni se molesta en aclarar al espectador todo el asunto de Mickey Wolfmann y Glen Charlock, tampoco explica demasiados detalles del Colmillo Dorado y oye, ni falta que hace, porque lo que importa aquí, al menos desde mi punto de vista, es el hilarante trayecto de un  buen tipo aun enamorado de su ex novia, un viaje por Los Angeles en el que protagoniza multitud de secuencias para el recuerdo y en las que Phoenix demuestra porque es uno de los mejores actores actuales. El resto de actores, que tienen una importancia claramente menor en comparación con Doc Sportello, también ofrecen grandes actuaciones, quizás destacando entre ellos a Josh Brolin como Bigfoot o Katherine Waterspon como Shasta Fay Hepworth. 
‘Inherent Vice’ es una irresistible experiencia fílmica en la que es preferible dejarse llevar a intentar seguir las contadísimas pistas que deja el guión de Paul Thomas Anderson; es una rara mezcla entre ‘The Big Sleep’ (Howard Hawks, 1946) y ‘The Big Lebowski’ (Hermanos Coen, 1998) y también un retrato de una época, la América en plena Guerra del Vietnam post Charlie Manson, en la que el movimiento hippie empezaba a agonizar. Sin duda, una gran película que, como la novela de la que parte, no desmerece un segundo acercamiento para disfrutar, en el caso del film, de la magia cinematográfica del gran Paul Thomas Anderson.

NO ESTRENOS: ‘Frozen River’, de Courtney Hunt

[[Crítica de @PauGarcia179]]
Es curioso como el cine ha dado gran cantidad de películas ambientadas en la frontera entre México y Estados Unidos (la excelente ‘The Three Burials of Melquíades Estrada’, por ejemplo), pero son pocas las localizadas en la frontera entre Estados Unidos y Canadá. ‘Frozen River’ es una de ellas. Ópera prima de Courtney Hunt, se llevó el premio a Mejor Película en el Festival de Sundance de 2008 y obtuvo dos nominaciones en los Óscar a Mejor actriz principal (Melissa Leo) y a Guión original. 
El primer plano de ‘Frozen River’ es precisamente la imagen del río helado (río Lawrence) que da nombre al film. A continuación aparecen diversos planos de la frontera entre Estados Unidos y Canadá que nos da pistas sobre la temática de la película: la inmigración y el cruce de la frontera. El sueño americano, la prometida igualdad de oportunidades en la tierra donde todas las personas que se esfuerzan y trabajan duro pueden escalar socialmente hasta llegar a una elevada posición social y económica. Obviamente, al poco de observar la realidad del país norteamericano, todas estas ilusiones se tornan irreales. 
Ray (Melissa Leo) vive modestamente en un pueblo del estado de Nueva York, cerca de la reserva mohawk y de la frontera con Canadá. Un día, su marido, un adicto al juego, desaparece y Ray se ve obligada a cuidar ella sola de sus hijos. Al poco tiempo conoce a Lila (Misty Upham), nativa americana y contrabandista que se dedica a cruzar la frontera con inmigrantes sin papeles. 
La realización y la fotografía parecen encaminadas a pasar desapercibidas, seguramente con el propósito de que el espectador se centre en los personajes, rechazando así cualquier atisbo de esteticismo en la composición de planos o iluminación, más allá de los paisajes inherentemente bellos del río helado. La directora consigue tejer una historia interesante que mantendrá nuestra atención durante buena parte de la película aunque, sorprendentemente, el interés puede ir decreciendo hacia al final, cuando se supone que debe haber un mayor impacto emocional. 
Paradójicamente, el momento más emotivo del film (me refiero al de la pareja pakistaní, para el que haya visto la película) lo protagoniza un personaje que no llega ni a secundario y cuya subtrama (si se puede considerar así) no tiene mayor importancia que una simple anécdota. Después de esta escena, el desenlace que intenta tocar la fibra del espectador (sin evidente manipulación, lo cual es de agradecer) se torna superfluo e insignificante, y acabamos el filme ligeramente decepcionados, pues había muchos elementos que nos anunciaban un gran film pero que después no se ha acabado de materializar. 
El cine ‘indie’ rural, negando el sueño americano 

‘Frozen River’ parece formar parte de una corriente de películas de cine independiente ambientadas en la América rural (como las recomendables ‘Winter’s Bone’ o ‘Shotgun stories’) que de alguna manera niegan o pervierten el sueño americano. Con la primera de las mencionadas también comparte el hecho de ser una película protagonizada y dirigida por mujeres, lo cual lamentablemente cobra relevancia por lo excepcional que resulta la situación en el arte cinematográfico. La negación del sueño americano que comentaba la podemos encontrar resumida en un diálogo entre los dos personajes protagonistas: Lila le cuenta a Ray que los llamados “cabezas de serpiente” pagan para traer inmigrantes sin papeles y éstos, a cambio, tienen que trabajar para ellos con tal de pagar la deuda. Ray le responde, sorprendida: “¿¿Para venir aquí?? No me jodas.” Ray, viviendo modestamente en uno de los países más ricos del planeta, es consciente de la mentira del sueño americano, y por eso no puede creerse el esfuerzo a veces inútil hecho por estas personas. Es una situación no muy diferente a la que podemos encontrar en la migración en Europa. Muchas personas se pasan años viviendo en pésimas condiciones para llegar a Ceuta o Melilla y desde ahí acceder a Europa, pero cuando después llegan a suelo europeo (si consiguen llegar), se dan cuenta de que la situación en el continente europeo no es tan perfecta como parecía.  
En cualquier caso, esa interesante conversación entre Lila y Ray nos da pistas sobre lo que podría haber sido la película: una exploración de las mafias que obligan a trabajar en condiciones pésimas y con trabajos moralmente cuestionables. Lamentablemente, la directora no se detiene a describir esa situación más allá de un par de líneas de diálogo entre las dos protagonistas, y la imagen que nos ofrece de la frontera no es lo suficientemente amplia para que nos podamos hacer una idea de esta atroz realidad. Otro aspecto que se presentaba estimulante pero que no ha acabado de funcionar es el retrato de la comunidad mohawk, de la que solo se solo se explican unas pocas pinceladas sin mayor profundidad, además del hecho de que los personajes mohawks que aparecen son trabajadores del casino o contrabandistas. 
‘Frozen River’ es una aceptable película con una gran interpretación de Melissa Leo que funciona como retrato de una mujer en una situación desesperada de la que surgen amistades improbables; es un film que se deja ver pero que no acaba teniendo suficiente hondura emocional ni presentando un retrato amplio y acertado tanto de la comunidad mohawk como de la situación de la frontera entre Canadá y Estados Unidos.
Título: Frozen River
Director: Courtney Hunt
Guión: Courtney Hunt

Fotografía: Reed Dawson Morano
Año: 2008
Duración: 97  min.
País: Estados Unidos
Productora: Sony Pictures Classics
Reparto: Melissa Leo, Misty Upham, Charlie McDermott, Michael O’Keefe, Mark Boone Junior

LUNES DE RECOMENDACIÓN: ‘FRANCES HA’, de Noah Baumbach (y Greta Gerwig)

[[Crítica de @PauGarcia179]]
Resulta de lo más estimulante descubrir artistas que desconocíamos hasta el momento. Es lo que me pasó al otro día cuando me topé con ‘Frances Ha’, película que en su estreno (abril de 2014 pese a producirse en 2012) me llamó la atención pero que por un motivo u otro finalmente no pude disfrutar en su momento. Así es como he descubierto a Noah Baumbach y a Greta Gerwig, director y actriz protagonista respectivamente, ambos también a cargo del guión y que desde ahora tendrán mi atención para ver qué proyectos les depara el futuro.  
Frances es una joven que intenta sobrevivir viviendo su sueño: convertirse en bailarina de una compañía de danza en la ciudad de Nueva York. Pero la realidad es que vivir en una ciudad como Nueva York, “dónde solo los ricos pueden permitirse ser artistas”, dedicarse profesionalmente a la danza es más difícil de lo que parecía. Frances duda, se complica la vida y se equivoca pero se enfrenta a la vida con optimismo y se niega a abandonar sus sueños, aun aceptando que éstos nunca se amoldarán del todo a la realidad cambiante y mercantilista en la que parece que solo puede haber espacio para nuestras más firmes aspiraciones si se consigue antes cierta estabilidad laboral y económica. 
Greta Gerwig, como decía, da vida a la protagonista, Frances, realizando una de las mejores interpretaciones del año. La actriz hace gala de una naturalidad y una expresividad que ya querrían para sí muchas estrellas de Hollywood. Ella es el centro de una película y compone un personaje divertido, contradictorio y alocado que nos robará el corazón y nos divertirá como pocas veces se ve en una pantalla de cine. El resto de actores, aunque empequeñecen al lado de Gerwig, también están geniales y entre ellos intercambian ágiles diálogos que desprenden frescura y autenticidad y nos arrancarán un buen puñado de carcajadas. La música, que se integra de forma asombrosa en la fotografía en blanco y negro de Sam Levy, le da un encanto extra a una película que ya de por sí resultaba de lo más estimulante.
Noah Baumbach parece captar con la cámara la realidad sin filtros, sin manipulaciones y sin clichés, haciendo gala también de un buen montaje y gran concisión narrativa (el viaje de la protagonista a Sacramento, por ejemplo), pues consigue describir de forma verosímil unas pocas situaciones y unos pocos personajes que en contados minutos en pantalla parecen tener más vida que algunos protagonistas en determinadas películas. 
La película es divertida, inteligente y luminosa, con una visión de la vida que rebosa sinceridad y que se aleja completamente de esos filmes de voluntad terapéutica que intentan despertar en el espectador un optimismo forzado construido a partir del tópico y de la superficialidad. Desmarcándose de estos tipos de películas, ‘Frances Ha’ consigue enlazar su punto de vista realista con un optimismo personificado en Frances y reflejado en su mirada. Así, acabaremos el filme con una sonrisa en los labios y agradeciendo a sus responsables que no nos tomen por estúpidos con mensajes positivos pero cuya estupidez insulta a la inteligencia del espectador.    

‘Exodus: Gods and Kings’, de Ridley Scott

En 2013 Ridley Scott tuvo que ver como la crítica destrozaba ‘The Counselor’, que partía de un guión del escritor Cormac McCarthy (previamente adaptado a la gran pantalla en ‘The Road’ y ‘No Country For Old Men’) para contar una historia de violencia y narcotráfico en la frontera de Estados Unidos con México. En Siempre en VO no dudamos en alabar en su momento la película de Ridley Scott (curiosamente en un filme donde la autoría del director se diluía entre la magnánima narrativa de McCarthy) pero después del fracaso de ‘The Counselor,’ Ridley Scott volvió a terreno conocido dirigiendo una épica superproducción, la bíblica ‘Exodus: Gods and Kings’

En un año donde ya hemos disfrutado de una adaptación del Antiguo Testamento de la mano de Darren Aronofsky con su particular visión de la historia de Noé (‘Noah’, 2014), es inevitable caer en las comparaciones: aunque Ridley Scott tiene el oficio y la experiencia para crear una obra más espectacular, la película de Darren Aronofsky tenía alma de autor bajo la apariencia de un simple blockbuster. En cierta forma, ‘Exodus: Gods and Kings’ es la película que revaloriza ‘Noah’ y que la hace destacar, aún con sus imperfecciones, entre la avalancha de blockbusters épicos que se producen cada año.

Pero hablemos de Éxodus: aquí se explica la historia de Moisés, de sobra conocida por todos, la cuál dice que liberó a los hebreos de la opresión egipcia. Para interpretar al profeta, Ridley Scott contó con Christian Bale, mientras que Joel Edgerton se ocupó del papel antagonista, el faraón Ramsés. Los dos resultan bastante convincentes, y en realidad son los únicos que tienen algo de interés entre el difuso conjunto de personajes que pueblan esta historia épica. Aaron Paul, el Jesse Pinkman de ‘Breaking Bad’ interpreta a Joshua, un personaje con apenas líneas de diálogos y al que podríamos definir vulgarmente como el perro de Moisés, aunque quizás si el profeta tuviera una mascota de verdad ésta tendría más entidad que Joshua. La pobre Sigourney Weaver, que volvía a trabajar con Ridley Scott 22 años después de ‘1492: The Conquest of Paradise’ y 35 de su obra maestra, ‘Alien’, se encuentra en una tesitura similar y su personaje, la madre de Ramsés, tiene un par de frases y apenas dos minutos en pantalla. Aparte de los actores claramente desaprovechados condenados a interpretar personajes desprovistos de alma, tenemos algunas decisiones de casting difícilmente defendibles. John Turturro es el padre de Ramsés, y al menos el que esto escribe no puede dejar de pensar en su personaje de ‘O’Brother’ o en su cameo en la bolera de ‘The Big Leboswki’. Entre tanta solemnidad es imposible tomarse en serio a John Turturro, y lo mismo sucede con Ewen Bremmer, que interpreta a un científico y que con su absurdo intento de hacerse el gracioso nos hace venir a la cabeza la escena de la entrevista de ‘Trainspotting’. Entre tantos errores de casting y actores desaprovechados, al menos María Valverde, actriz española, tiene más relevancia de la esperada y consigue hacer un buen papel como Séfora. Bien por ella.

Incluso en el caso de Ramsés, interpretado por Joel Edgerton de forma más o menos solvente, su desarrollo dramático es exageradamente poco sutil teniendo en cuenta que la película dura dos horas y media, y que tanto guionista como director podrían haberle dedicado un poco más de tiempo a describir a su personaje, pues pasa de ser un gran amigo de Moisés a odiarle a muerte en cuestión de minutos, convirtiéndose al final en un tirano cuya humanidad solo aparece cuando se preocupa de su hijo. También hay que destacar la forzada aparición del personaje de Aaron, hermano mayor de Moisés, que de pronto, sin que los responsables del film se preocupen por describirlo mínimamente o conferirle un poco de interés, se convierte en un personaje importante en la trama como uno de los hombres de confianza de Moisés.

Pero no todo es malo en la última obra de Ridley Scott, pues como decía al principio hay que reconocer su capacidad para crear un puro espectáculo visual, y la recreación de Egipto, con sus batallas, sus monumentos y sus gentes (contando con un incalculable número de extras) es de lo más acertada y extraordinaria. Además, cierta escena protagonizada por caimanes es terroríficamente impresionante, sin duda uno de los mejores momentos del filme.

El filme dura dos horas y media y se deja ver si no pensamos demasiado en los ridículos personajes y nos conformamos con las espectaculares escenas de acción; una película desprovista de una mínima espiritualidad o profundidad (a diferencia de ‘Noah’) que el espectador olvidará al poco tiempo de salir del cine.