LUNES DE RECOMENDACIÓN: ‘FRANCES HA’, de Noah Baumbach (y Greta Gerwig)

[[Crítica de @PauGarcia179]]
Resulta de lo más estimulante descubrir artistas que desconocíamos hasta el momento. Es lo que me pasó al otro día cuando me topé con ‘Frances Ha’, película que en su estreno (abril de 2014 pese a producirse en 2012) me llamó la atención pero que por un motivo u otro finalmente no pude disfrutar en su momento. Así es como he descubierto a Noah Baumbach y a Greta Gerwig, director y actriz protagonista respectivamente, ambos también a cargo del guión y que desde ahora tendrán mi atención para ver qué proyectos les depara el futuro.  
Frances es una joven que intenta sobrevivir viviendo su sueño: convertirse en bailarina de una compañía de danza en la ciudad de Nueva York. Pero la realidad es que vivir en una ciudad como Nueva York, “dónde solo los ricos pueden permitirse ser artistas”, dedicarse profesionalmente a la danza es más difícil de lo que parecía. Frances duda, se complica la vida y se equivoca pero se enfrenta a la vida con optimismo y se niega a abandonar sus sueños, aun aceptando que éstos nunca se amoldarán del todo a la realidad cambiante y mercantilista en la que parece que solo puede haber espacio para nuestras más firmes aspiraciones si se consigue antes cierta estabilidad laboral y económica. 
Greta Gerwig, como decía, da vida a la protagonista, Frances, realizando una de las mejores interpretaciones del año. La actriz hace gala de una naturalidad y una expresividad que ya querrían para sí muchas estrellas de Hollywood. Ella es el centro de una película y compone un personaje divertido, contradictorio y alocado que nos robará el corazón y nos divertirá como pocas veces se ve en una pantalla de cine. El resto de actores, aunque empequeñecen al lado de Gerwig, también están geniales y entre ellos intercambian ágiles diálogos que desprenden frescura y autenticidad y nos arrancarán un buen puñado de carcajadas. La música, que se integra de forma asombrosa en la fotografía en blanco y negro de Sam Levy, le da un encanto extra a una película que ya de por sí resultaba de lo más estimulante.
Noah Baumbach parece captar con la cámara la realidad sin filtros, sin manipulaciones y sin clichés, haciendo gala también de un buen montaje y gran concisión narrativa (el viaje de la protagonista a Sacramento, por ejemplo), pues consigue describir de forma verosímil unas pocas situaciones y unos pocos personajes que en contados minutos en pantalla parecen tener más vida que algunos protagonistas en determinadas películas. 
La película es divertida, inteligente y luminosa, con una visión de la vida que rebosa sinceridad y que se aleja completamente de esos filmes de voluntad terapéutica que intentan despertar en el espectador un optimismo forzado construido a partir del tópico y de la superficialidad. Desmarcándose de estos tipos de películas, ‘Frances Ha’ consigue enlazar su punto de vista realista con un optimismo personificado en Frances y reflejado en su mirada. Así, acabaremos el filme con una sonrisa en los labios y agradeciendo a sus responsables que no nos tomen por estúpidos con mensajes positivos pero cuya estupidez insulta a la inteligencia del espectador.    
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‘The Dark Knight’: la gran tragedia griega del siglo XXI

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
El héroe luminoso ha muerto. Sólo hay un caballero oscuro (protector vigilante), siniestro habitante de la noche: en este segundo acto del épico reboot de la saga de películas de Batman, el hombre murciélago se enfrenta a su némesis por antonomasia: el Joker, villano/terrorista/psicópata ególatra con la voluntad de imponer su propio orden -o, mejor dicho, su propio caos- en la tranquila vida de los gothamitas. Una creación terrorífica e inquietante, maquillaje blanco y carmín corrido mediante, que se encumbra y se vuelve aún más terrorífica y aún más inquietante con la muerte del actor Heath Ledger. Entre atracos perfectos -el de la secuencia inicial es uno de los mejores, sino el mejor, de la historia del cine-, explosiones, épicas bandas sonoras de Hans Zimmer (que, aquí sí, crea su opera magna), y increíblemente orquestadas escenas de lucha, persecución y/o simples diálogos que solo se pueden calificar de magníficos, el héroe no vencido, pero superado por la astuta mente criminal del villano (o su anarquía y falta de planificación, como el propio Joker señala en una de las escenas de la película), debe renacer de sus cenizas y levantarse como único baluarte en pie de la justicia de la jurisdicción cuya protección se otorga.
La película, en un baile de géneros entre el cine político, el thriller psicológico y la acción pura, se aleja del barroquismo de Burtony Schumacher y retrata una estética urbana y realista: Gotham es más Nueva York que nunca. Una proyección que refleja con la sesuda mirada de Nolanla corrupción de altas esferas, el miedo que se ha apoderado de nuestra sociedad y la degeneración democrática de nuestro tiempo. La gran virtud de ‘The Dark Knight‘ es la de ser a la vez un entretenimiento puro orgásmicamente satisfactorio y una película donde las dobles lecturas y los mensajes morales se sitúan en puntos clave de la narración por (curiosamente) el mismo guionista que el año pasado perpetró el libreto de ‘Man of Steel‘.
Poco importa que la sensación de clímax constante que imprime el pirotécnico Christopher Nolan (con una dirección y una fotografía que elevan la película más allá del espectáculo fílmico y visual) a cada épico y epopéyico minuto de la película impida a los protagonistas de esta gran tragedia griega del siglo XXI velar la muerte de otros personajes (en otra demostración del Nolanmás frío y calculador), como tampoco importa que sitúe la venda de la acción adrenalínica y asfixiante ante los espectadores que no pueden reflexionar sobre los grandes dilemas morales que se plantean en ‘The Dark Knight‘, por otro lado resueltos con un bello e imperecedero mensaje: la humanidad del ser humano despierta en las situaciones más límites, y siempre hay redención para el héroe si este está dispuesto a aceptar el castigo de un ente superior entendido como destino y recluirse al éxodo absoluto.

The Dark Knight‘ es, con todos sus fallos y todas sus imperfecciones, una obra oscura pero brillante (sin alcanzar la posición de maestra), y de las más grandes películas de superhéroes de la historia del cine.

LUNES DE RECOMENDACIONES: ‘What We Do In The Shadows’, de Taika Wititi y Jemaine Clement

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
“Estos jóvenes de hoy en día…”, “cuando yo era joven con 100 pesetas íbamos al cine y nos sobraba dinero”, “antes todo esto era campo”. Los abuelos entrañables siguen soñando con los viejos valores (ya perdidos por una sociedad que los fagocita sin pudor) y sus creencias del pasado, madurando las pérdidas y los prejuicios que la edad les ha ido otorgando. Del mismo modo, los protagonistas de ‘What We Do In The Shadows‘ (entrañables viejos vampiros, encerrados en los cuerpos que tenían como jóvenes) recuerdan con cariño sus años mozos como criaturas de la noche, y las grandes épocas históricas que vivieron como tales. El mundo moderno (y tecnológico) aparta a nuestros mayores y les relega a vagar por las calles del centro de la ciudad -nuestros protagonistas por la noche, única hora del día posible para unos vampiros con la clásica fotofobia- con sus vestimentas anticuadas (mientras los jóvenes les observan atónitos), y a compartir piso por las altas rentas y lo difícil que es encontrar un trabajo que sólo bañe la luz de la luna.
What We Do In The Shadows‘ también habla de las diferentes maneras de afrontar las relaciones románticas: Viago se enfrenta a un dilema moral (salir con una mujer de apariencia mucho mayor, pero en realidad mucho más joven que él) y a uno emocional (no hacerlo y ver como ella envejece y muere mientras él mantiene impávido su inmortalidad), Vladse enfrenta a una Bestia del pasado (que podría reabrir heridas de su anterior relación), y Deacon -el más joven de los tres- debe buscar el aprecio de una generación moderna que no comprende mientras su propia juventud se escapa por momentos. Toda esta nostalgia es manejada con brío y maestría cómica por los directores Taika Wititi y Jemaine Clement, que llevan una parodia del reality-show/documental social a niveles de casi perfección satírica. Los debates internos (meras reuniones administrativas entre compañeros de piso), los efectos especiales -elevaciones que intentan mantener el encanto de la serie B-, una banda de hombres lobo que luchan contra su naturaleza animal y sobre todo las interpretaciones de todos y cada uno de los miembros del reparto (concretamente los tres principales) son pequeñas muestras de la grandeza de esta cinta de bajo presupuesto.
¿Nosferatu?
La búsqueda del gag nunca desiste, y los directores (que también son guionistas y actores del filme) no temen en buscar fuera de la casa elementos a subvertir de las clásicas leyendas de vampiros para añadir el toque personal a su personal adaptación. Cada uno de los personajes es un vampiro de una época histórica diferente (que define su personalidad a grandes rasgos), por lo que ninguno de ellos se adapta por completo al siglo XXI. Sus ridículas vestimentas desentonan en el centro de la ciudad y en los bares nocturnos y discotecas a los que solo pueden entrar si son invitados previamente, donde la mejor defensa contra vampiros (amén del clásico collar de ajos, la plata, o las cruces y las estacas) resulta ser el portero de discoteca de turno que mira con superioridad tus bambas y te niega la entrada o te exige el pagamento de una cantidad desorbitada de dinero. Dentro de esos clubes, evidentemente, buscan seducir a las víctimas para llevarlas a su casa y alimentarse con divertidos y catastróficos resultados.
La disparatada premisa (escrita de forma majestuosa, con un guión moviéndose como pez en el agua por el terreno de la parodia satírica que no olvida la cultura pop -y no tan pop- vampiresca) es un vivo reflejo del espléndido sentido del humor que Peter Jackson, gran referente del cine de las antípodas, ya hacía gala en sus primeras obras -y clásicos de culto- ‘Bad Taste‘ y ‘Braindead‘, en las que el objetivo eran el exceso salvaje, brutal y disparatadamente divertido: los personajes son igualmente extremos, y los directores hilan de forma desternillante las situaciones cotidianas de un grupo de vampiros en este muy recomendable mockumentary.

LUNES DE RECOMENDACIONES: ‘Catch Me If You Can’, de Steven Spielberg

[[Crítica de @PauGarcia179]]

Después de filmar la notable ‘Minority Report’, Steven Spielberg enlazaría tres películas “basadas en hechos reales”, a saber: ‘Catch Me If You Can’, ‘The Terminal’ y ‘Munich’. Hoy recomendamos la primera de esta trilogía (nunca definida por el director y que aquí nos tomamos la irreverencia de proclamar) del creador de ‘Schindler’s List’: ‘Catch Me If You Can’. Protagonizada por Leonardo DiCaprio y Tom Hanks, este drama con toques de humor está basado en la autobiografía del protagonista de esta historia, el estafador Frank W. Abagnale. Hollywood, siempre interesado en las historias de sus más ilustres héroes (como el Jordan Belfort de ‘The Wolf of Wall Street’), compró los derechos del libro de Abagnale, que pasaron por diversas manos, incluso por las de David Fincher (que decidió dirigir en su lugar ‘Panic Room’), hasta llegar a las de Steven Spielberg
En los años 60, Frank Abagnale Jr. vive con sus padres de forma acomodada en Nueva York hasta que su padre pierde su posición social y económica y la familia tiene que mudarse a un hogar más modesto. El pobre Frank Jr. tiene que conformarse con la escuela pública, y cuando sus padres se divorcian, se escapa de casa y empieza a destacar en el noble empleo de la estafa con el objetivo de “devolverle a su familia lo que les ha sido arrebatado” de manera que vuelvan a ser la familia perfecta que siempre habían sido. Con este material de partida, no sorprende que Spielberg se aviniera a dirigir esta película. 
Steven Spielberg es un director que parece haberse inspirado en la máxima de Lars von Trier de “el cine debe ser como una piedra en el zapato” para erigir su propio mantra, formulando (metafóricamente) lo opuesto a lo que proclamaba el genio danés. “El cine debe ser como un café caliente en invierno, como el más cómodo de los zapatos o como un buen masaje después de un duro día de trabajo. “ Algo así sería la definición de cine de Steven Spielberg, al menos el Spielberg de películas como ‘Catch If You Can’, ‘The Terminal’ o cualquier película de aventuras que haya ideado el director de ‘Jaws’. 


Y es que a Steven Spielberg le gusta dejárnoslo todo masticado, todo perfectamente preparado para el disfrute del amplio público que solo pretende pasar un buen rato con las historias contadas por el ‘Rey Midas’. Ahora vendría el momento de criticar abiertamente a Spielberg, pero hacerlo sería negar la calidad incuestionable de su cine, su gran puesta en escena y, en definitiva, minusvalorar todas aquellas grandes películas que nos ha regalado, aunque no destaquen precisamente por su compromiso social o su visión crítica de la sociedad.

Decía esto porque ‘Catch Me If You Can’ es una muy buena película, entretenida como pocas gracias al ritmo que le imprime su director, y que, como tantas otras del realizador de Ohio, tiene una elaborada puesta en escena que no podemos pasar por alto. Además, el elenco escogido hace un trabajo extraordinario, especialmente Leonardo DiCaprio y Tom Hanks (en el papel de agente del FBI), y verlos jugar al gato y al ratón es una delicia. Amy Adams, Christopher Walken y Martin Sheen completan el gran reparto, quedándose en segundo término ante el papel decisivo que juegan los dos protagonistas. 
El tono dramático se impone a lo cómico, aunque hay que destacar la genial escena en la que Frank Abignale se hace pasar por el profesor suplente de francés. A veces, sin embargo, se impone el sentimentalismo clásico de Spielberg, pero es algo que en esta ocasión se puede perdonar debido a lo satisfactorio de la cinta. Es de alabar el tratamiento del personaje de Carl Hanratty, pues el retrato de un agente del FBI podría caer en lo anodino, pero el director, inesperadamente, le confiere una gran personalidad reforzada, eso sí, por la interpretación de Tom Hanks

Lo más abiertamente criticable de la película, es por, ejemplo, la caricatura que hace de los policías y las prisiones franceses, de manera que según Spielberg, en Francia los presos viven en unas condiciones inhumanas mientras que en Estados Unidos la humanidad se impone sin excepción (véase Guantánamo). La escena en la que el personaje de Tom Hanks intenta salvar a su perseguido de las autoridades francesas, es, en ese sentido, de vergüenza ajena. También de vergüenza ajena es la superficialidad con la que se trata el tema de los padres de Brenda (Amy Adams), fruto sin duda, del conservadurismo del director. ALERTA SPOILER: Brenda le confiesa a Frank que sus padres no le hablan y la echaron de casa porque abortó. Frank –supuesto doctor-, le dice a Brenda que le va a pedir a su padre consentimiento para casarse. Así pues, Frank se presenta y los padres de Brenda se olvidan del aborto y Brenda no tiene problemas en volver a hablarse con esos padres que no tuvieron ningún remordimiento en echarla de casa. Todo muy lógico, normal y verosímil. Por si fuera poco, Spielberg nos atormenta con ese plano en el que Frank (DiCaprio) descubre a los padres de Brenda en una tierna escena doméstica lavando juntos los platos, como si fueran los padres perfectos y no como los suyos que, oh herejía, se divorciaron. Su tesis conservadora sobre la familia se cae por sí sola. FIN SPOILER.

La participación de DiCaprio en esta película y el tipo de historia que se cuenta permite establecer un paralelismo con el último film de Martin Scorsese, ‘The Wolf of Wall Street’, pues en los dos casos se utiliza la estructura de auge y caída del protagonista, y curiosamente, en ambas películas, la caída no llega a ser tal, pues tanto el Jordan Belfort de ‘The Wolf of Wall Street’ como el Frank W. Agnabale de ‘Catch Me If You Can’ ni acaban de caer en desgracia como probablemente merecerían ni tenemos muy claro si se han redimido. La diferencia es que, mientras Martin Scorsese cerraba la película con la charla motivacional que servía de espejo (negro) de la sociedad, el final de Spielberg redimía patéticamente al personaje porque, literalmente, aprobó, estudiando y sin hacer trampas, un examen de Derecho. 

Dicho todo lo anterior, y aunque parezca contradictorio, ‘Catch Me If You Catch’ es una muy buena película de más de dos horas que pasa volando, con escenas memorables y grandes interpretaciones, que pese a sus puntos negativos (la mayoría extra-cinematográficos y yo mismo considero muy subjetivos), es un filme que desde Siempre en VO recomendamos sin pestañear.

Título: Catch Me If You Catch

Director: Steven Spielberg
Guión: Jeff Nathanson (Libro: Frank W. Abagnale & Stan Redding)
Fotografía: Janusz Kaminski
Año: 2002
Duración: 140 minutos
País: Estados Unidos
Reparto: Leonardo DiCaprio, Tom Hanks, Christopher Walken, Amy Adams, Nathalie Baye, Martin Sheen, Jennifer Garner, Brian Howe, Frank John Hughes, James Brolin, Elizabeth Banks, Chris Ellis, Ellen Pompeo

LUNES DE RECOMENDACIONES: Ahora sí, la mejor película de Marvel (hasta la fecha)

Crítica de @PaulPorcoRosso
Peter Quill (Chris Pratt) es un aventurero intergaláctico buscado por un implacable cazarrecompensas después de robar una misteriosa esfera codiciada por Ronan, un poderoso villano que amenaza a todo el Universo con su cruel ambición. Para escapar de él, Quill deberá pactar una tregua con un cuarteto de inadaptados: Rocket (Bradley Cooper), un mapache armado con un rifle y su inseparable compañero Groot (Vin Diesel), un humanoide con forma de árbol; Gamora (Zoe Saldana), una letal y enigmática mujer de color verde; y Drax the Destroyer (Dave Bautista), un vengativo ser con fuerza brutal y el cuerpo cubierto de tatuajes de color rojo. Al descubrir el verdadero poder de la esfera que ha robado, deberá hacer todo lo posible para derrotar a sus rivales (a cada cual más rocambolesco y extravagante) en un intento de salvar el destino de toda la galaxia.
James Gunn redacta junto a Nicole Perlman un guión repleto de un humor extravagante, referente a la filmografía del director, y amante de la cultura de los setenta y ochenta que no sirve sólo para divertirnos y hacernos soltar sonrisas cómplices y carcajadas sonoras, sino que también nos ayuda a recordar constantemente que Peter Quill es sólo un hombre atrapado en una aventura espacial de proporciones épicas. Esto, y la genial composición de Chris Pratt de un Han Solo fireflyizadole otorga al personaje un carisma desbordante que combina perfectamente con el de todos los personajes: el rimbombante Drax el Destructor, el irreverente Rocket el mapache y su Chewbacca particular (que en vez de gruñir nos recuerda constantemente su nombre), y una princesa Leia de color verde y con muchas aptitudes para la lucha cuerpo a cuerpo. Guardians of the Galaxy se ha ganado a pulso la etiqueta de “Star Wars de la nueva generación”.

Como podéis intuir por mi entusiasta redacción, considero a Guardians una película de superhéroes cerca de la perfección del subgénero… si no fuera porque termina exactamente igual que The Avengers. Un cajón de sastre con mil y un referencias a la cultura setentera y ochentera, la mayor agudeza humorística de todo el Universo Marvel y un desarrollo de personajes inusual en una película de tales características (para desarrollar a los de The Avengers se han necesitado películas previas para casi todos, y los que no las han tenido son los personajes más odiosos del filme) y la película termina con el mismo clímax de siempre: un alarde de la capacidad del estudio para crear grandes batallas aéreas con efectos especiales. En las demás películas esto tenía un sentido interno: las batallas eran en la Tierra y empatizábamos con los pobres infelices atrapados en ellas (en Nueva York, Londres o dondequiera que ocurriera The Winter Soldier).
En Guardians of the Galaxy, en cambio, en la batalla aérea está en juego la vida de todos los habitantes de Xandar y no tenemos otra razón que la tendencia a preferir que no muera gente inocente para que nos importe realmente la vida de esos extraterrestres más o menos antropomórficos. Veremos si James Gunn es capaz de cambiar esta dinámica en la segunda parte (ya apalabrada para el 2017), que como siempre se ha dicho, acostumbra a ser más oscura (ahí están ejemplos como Episode V de Star Wars o The Two Towers), y basar el final de su película en un golpe emocional en vez de una demostración de la capacidad del equipo visual de Marvel para asombrar visualmente. Porque (intentando no hacer spoiler) el único golpe emocional del clímax de Guardians, al final resulta ser un fraude total.
Pero se lo vamos a perdonar: convertir una película por la que nadie (ni yo mismo) daba ni un duro en uno de los mayores éxitos en box-officedel año, y además (para el que esto escribe) en la mejor película Marvel hasta la fecha tiene un mérito grandioso. La frase de James Gunn en una entrevista a Cinemanía para promocionar este nuevo hito cinematográfico y superheróico de la Marvel fue: “si The Avengers son los Beatles, Guardians of the Galaxy son los Rolling Stones”. Como fan de los Beatles, tengo una comparación más acertada: si The Avengers son Introducing… The Beatles, Guardians of the Galaxy son el disco blanco.
Lo mejor: el Rocket de Bradley Cooper, la desbordante carisma de Chris Pratt, las mil y una referencias.
Lo peor: el final copiado a The Avengers… ¡tú puedes hacerlo mejor, Marvel!

P.S.: Esperad, que tras los créditos hay una escena adicional… ¡Howard el Pato!

Título: Guardians of the Galaxy
Director: James Gunn
Guión: James Gunn, Nicole Perlman (basado en el cómic de Dan Abnett y Andy Lanning)
Fotografía: Tyler Bates
Año: 2014
Duración: 122 min.
País: Estados Unidos
Productora: Marvel Enterprises / Marvel Studios / Moving Picture Company (MPG) / Walt Disney Studios Motion Pictures

Reparto: Chris Pratt, Zoe Saldana, Bradley Cooper, Vin Diesel, Dave Bautista, Lee Pace, Benicio del Toro, Michael Rooker, Karen Gillan

LUNES DE RECOMENDACIONES: ‘The Village’ o ‘Porqué a mi aún me gusta Shyamalan y hay gente a la que no’

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
En el año 2004, el público cinéfilo se acercó al cine más próximo porque habían sacado “la nueva del director del Sexto Sentido”, después de ver un tráiler que prometía la vuelta del terror clásico a las salas de cine. Yo mismo (poco fan del cine terror por aquel entonces) esperé muchos años para verla, pensando que The Village se trataba de una película de terror. Pero no, The Village(cuyo título en español ‘El Bosque‘ cambia totalmente el sentido que le quiere dar Shyamalan) es una película social, una reflexión intelectual sobre el uso del miedo y el terror para condicionar patrones de conducta y controlar a las masas. Lo importante no es lo que vaga por el bosque (sea lo que sea) sino lo que se cuece en el corazón del pueblo, cómo la mente al cargo de gestionar la pequeña comunidad trata de cortar toda libertad individual con miedo, dolor, castigo, pérdida y, como siempre, con educación conducida. Cual dictadura despótica, pero escondida tras el velo del Mago de Oz.
Eso, sin duda, enfurruñó a muchos aficionados que esperando un tornado de sustos y sobresaltos con monstruos salidos de otro planeta, se encontraron con otro de los giros de guión a los que el indio-americano nos tiene tan acostumbrados, pero que a sus fans siguen sorprendiéndonos para bien. La película llega a recordarme (muy vagamente) a Canino de Giorgios Lanthimos, en el sentido de que una excesiva sobreprotección acaba por acabar con la libertad de los protegidos, y el uso de manipulación y engaño continuado para un bien mayor acaba por ser injustificado y desmesurado. Cómo una pequeña mentira se les fue de las manos y acabó por ser la base de una sociedad aparentemente perfecta.

The Village está bellamente dirigida, consiguiendo crear un sentimiento de tensión e intriga envidiables y casi constantes, amén de desatarse en los momentos de profundidad dramática que tan bien se le dan a Shyamalan. Para ayudar a la empresa, cuenta con actuaciones magníficas de un reparto donde no hay nombres desconocidos (a destacar Joaquin Phoenixy Bryce Dallas Howard), la excelentísima banda sonora de James Newton Howard: cuando la película pierde el rastro de diálogos intimistas y pausados (casi susurrándose al oído) y se queda muda, las melodías a golpe de violín impulsan la acción por ellas solas, al igual que una bellísima fotografía (obra de Roger Deakins, de quién sino) que tira de simbolismos coloristas con perfección manifiesta.
A mi aún me gusta Shyamalan. Pese a Airbender, pese a la justa After Earth, pese a la floja La joven del Agua y a la ridícula El Incidente. Yo aún creo que el genio que escribió y dirigió esta película está escondido en algún lugar dentro de Shyamalan. Yo sigo creyendo que es un contador de cuentos profesional. Que aún puede sorprender al público una vez más, que puede volver a rodar obras-casi-maestras como con las que empezó sus andadas en el mundo del cine. Que Labor of Love y Sundowning le retornarán la confianza del espectador que, sin duda alguna, aún merece.
Lo mejor: dirección, actuaciones, guión, fotografía.
Lo peor: que esta sea (por el momento) la última gran película de Shyamalan.

Título: The Village
Director: M. Night Shyamalan
Guión: M. Night Shyamalan
Fotografía: Roger Deakins
Año: 2004
Duración: 108 min.
País: Estados Unidos
Productora: Touchstone Pictures / Blinding Edge Pictures / Scott Rudin Productions
Reparto: Joaquin Phoenix, Bryce Dallas Howard, William Hurt, Sigourney Weaver, Adrien Brody, Judy Greer, Brendan Gleeson, Michael Pitt, Cherry Jones, Jayne Atkinson, Celia Weston

RETROSPECTIVA Hermanos Coen: Larry Gopnik y la cuadratura del círculo virtuoso

Rodada íntegramente en Minnesota, los hermanos Coenbuscaban como localización para esta película un vecindario similar al de St. Louis Park de mediados de la década de los sesenta. A caballo entre la fábula autobiográfica y la reinterpretación del Libro de Job, A Serious Man no fue en su momento un éxito rotundo (sin llegar a ser tampoco un fracaso), debido a su escasa promoción y su estreno muy limitado. Vuelve a colaborar por décima vez con los Coen (tras su ausencia en Burn After Reading) el director de fotografía Roger Deakins. En los cines, se acompañó de un cortometraje previo, que lleva una estrecha relación simbólica con el filme en sí. En los títulos de crédito finales aparece la frase: “Ningún judío resultó herido durante la realización de esta película”.
En un tiempo indefinido en un pueblo de Polonia, una pareja de judíos dejan entrar a su casa al rabino Groshkover, hasta que empiezan a sospechar que éste ha muerto y le ha sustituido un dybbuk (demonio judío). En el año 1967, y en el medio-oeste americano, Larry Gopnik (Michael Stuhlbarg) ve como su vida se derrumba de golpe y porrazo: siempre ha sido un hombre bueno, un marido fiel, un padre ejemplar, y un profesor brillante, pero un buen día su mujer le deja y le confiesa que tiene un amante, que le convence para dejar el domicilio conyugal y se mude a un hotel, recibe anónimos que le acusan de traición a la Universidad donde trabaja, su hermano jugador se va a vivir con él… Todo se desmorona a una velocidad vertiginosa, al mismo tiempo que esta gran broma divina nos arranca sonrisas y carcajadas a partes iguales.
Michael Stuhlbarg la divertida mezcla entre Joaquin Phoenix y Tony
Shalhoub
Podría hablar del maravilloso cast de actores, de la preciosa fotografía de Deakins, del magnífico guión, o de los divertidos anacronismos musicales presentes en el filme, típicos del que cuenta una historia pero mezcla varias. Pero no, en A Serious Man lo verdaderamente importante es el humor del que los hermanos Coen hacen gala. Un humor que me gusta llamar (sin ánimo de ofender a ningún lector) “humor judío”. El “humor judío” es la respuesta de un pueblo históricamente muy culto a una trayectoria llena de grandes putadas. Siempre se ha relacionado el humor con la inteligencia de manera muy directa: es difícil manejar sarcasmo e ironía sin un mínimo de raciocinio, y ambas virtudes de la comedia son dominadas por Joel y Ethan con absoluta maestría. Para el pueblo judío, que Moisés muera justo antes de llegar a la Tierra Prometida es una gran broma cósmica: humor negro a nivel de deidad. Para los Coen, cabe sumar a esa divinidad humorística el héroe, que en sus películas se nos presenta como medio genio, pero a la vez medio loco, y un perdedor al fin y al cabo.
…there’s a storm coming like nothing you’ve ever seen and not a one
of you is prepared for it.
” –Take Shelter, 2011
Así es exactamente cómo se forma la comedia alrededor de Larry Gopnik: un brillante profesor de física (medio genio), pero a la vez con la inteligencia emocional de una patata (medio loco), revive el mito bíblico de Job (revisitado y actualizado), para acabar siendo, al fin y al cabo, un perdedor como todos los demás.
Lo mejor: imperdible obra maestra, la más infravalorada de las grandes películas de los hermanos Coen. La fotografía, el guión, los tres diferentes rabinos que se cruzan con Gopnik. Todo.
Lo peor: puede que le cueste un poco arrancar, y que el cortometraje previo deje al espectador con cara de tonto. Dale una oportunidad y disfruta.

P.S.: aquí tenéis mi lista enFilmaffinity de lo mejor del año 2009, en la que A Serious Man ocupa el imponente primer lugar.


Título: A Serious Man
Director: Joel y Ethan Coen
Guión: Joel y Ethan Coen
Fotografía: Roger Deakins
Año: 2009
Duración: 105 min.
País: Estados Unidos
Productora: Focus Features / Working Title Films

Reparto: Michael Stuhlbarg, Richard Kind, Fred Melamed, Sari Lennick, Adam Arkin, Aaron Wolff, Jessica McManus, Simon Helberg, George Wuyner, Fyvush Finkel