RETROSPECTIVA Darren Aronofsky: ‘Requiem for a Dream’

[[Crítica de @marckwire21]] 
Un réquiem es la misa de difuntos de la religión católica, un ruego por las almas de los muertos, reproducido justo antes del entierro o en las ceremonias de conmemoración o recuerdo. Encontrar un sello personal tras más de 100 años de cine no era una tarea fácil. Tras un par de cortos y esa brillante rareza de opera prima llamada ‘Pi: Faith in caos‘ en 1996, el americano Darren Aronofsky estrenaba en el año 2000 fuera de competición durante el festival de Cannes, una producción basada en la novela de mismo nombre publicada por Hubert Selby Jr. en 1978, ‘Requiem for a dream‘. En el libro de Selby Jr. (que también participó en el guión junto a Aronofsky) se refleja su propia experiencia. Nacido en 1928, en 1943 con 15 años se enroló en el ejército para 4 años más tarde ser enviado de vuelta a Estados Unidos debido a que había contraído tuberculosis y los médicos no le daban mas de un año de vida. Al no existir antibióticos fue tratado con un medicamento experimental, estreptomicina. Durante una operación, los cirujanos le retiraron varias costillas para poder acceder a sus pulmones con la mala suerte que uno de ellos se colapsó. La cirugía salvó a Selby Jr. al estirparle la mitad de uno de sus pulmones que a cambio le dejaría severos y graves problemas respiratorios de por vida. Postrado en la cama durante años fue en esta época cuando Selby Jr. se volvió adicto a los analgésicos y a la heroína que lastrarían su vida hasta llevarlo a la tumba. También fueron los años en los que inició su carrera como escritor; sus dos grandes trabajos ‘Last exit Brooklyn‘ en 1961 y ‘Requiem for a dream‘ han sido adaptados al cine en donde el novelista aparece en pequeños papeles. Seis años después de su primera novela en 1961, fue detenido por posesión de heroína y encerrado tres meses en la cárcel de Los Ángeles, donde se había mudado desde Brooklyn intentando dejar las drogas. A la salida de prisión con 39 años, Selby Jr. estaba completamente limpio y así permaneció hasta el día de su muerte donde incluso se negó a recibir morfina para suavizar los problemas que padecía. Hubert Selby Jr. murió en 2004 fruto de una obstrucción pulmonar crónica. 

El film esta interpretado por Ellen Burstyn, una veterana actriz secundaria que en el año 2000 sólo contaba con su papel como la madre de Linda Blair en ‘The Exorcist‘ de 1979 como trabajo mas sonado. Hace poco la vimos en ‘Interstellar‘. También Jared Leto en su primer papel protagonista tras aparecer en ‘Fight Club‘, ‘Girl interrupted‘ o ‘Urban Legend‘. Jennifer Connelly, la eternamente joven actriz norteamericana conocida por sus éxitos  ochenteros ‘Phenomena‘ o ‘Labyrinth‘, venía de participar en ‘Dark City‘ y ‘Pollock‘ entre otras. Marlon Wayans, el pequeño de los Wayans, ese mismo año aparecía en dos cintas mas, ‘Dungeons & Dragons‘ y la primera de la venida a menos saga, ‘Scary Movie‘. Su participación en el film de Aronofsky no deja de ser una sorpresa y su primer papel dramático.Producida por Artisan Entertainment y Thousand Words. La fotografía corre a cargo del habitual de Aronosfsky, también de Spike Lee y ocasionalmente de Joel Schumacher, Matthew Libatique, el ganador de un Oscar y un BAFTA por ‘Black Swan‘. Su trabajo en’Requiem for a dream‘ era el tercero en su carrera tras ‘Pi: Faith in Chaos‘ y ‘Tigerland‘. La música es obra del grandioso Clint Mansell, compuesta por él e interpretada por Kronos Quartet convierten el tema principal casi en un himno mundialmente reconocido por todos, una banda sonora inolvidable y reversionada para la segunda parte de ‘The Lord of the Rings‘. Era el segundo trabajo de Mansell y ya se podía intuir en el un gran potencial que como no Aronofsky, supo aprovechar mas tarde haciéndolo su compositor fetiche.

Sara Goldfarb (Ellen Burstyn) es una mujer mayor, viuda y con un hijo que esta a punto de abandonar el nido,  Harry (Jared Leto). Sola en la vida, y tras ser engañada con asistir a un programa de autoayuda al que es adicta, Sara empezará a tomara todo tipo de pastillas recetadas por el medico hasta adelgazar lo suficiente para cuando la llamen del programa. Harry es adicto a la cocaína y a Marion (Jennifer Connelly), su novia. Tyrone (Marlon Wayans), el mejor amigo de Harry y también adicto, le sugiere la idea de empezar a traficar y conseguir el suficiente dinero como para vivir tranquilamente y dejarlo a tiempo.


Difícil año en los Oscar para ‘Requiem for a dream‘ ya que había otra película en cartel con el tema de las drogas como telón de fondo, ‘Traffic‘, con grandes estrellas en los papeles principales. Pero no sólo en el apartado de mejor película lo tuvo difícil para obtener la nominación sino también en uno donde a priori debería haberlo estado, el premio a la mejor banda sonora. En dicha categoría ese año terminaron nominados nombres tan importantes como Hans Zimmer, Ennio Morricone o John Williams: casi nada. Lo sorprendente es que fuera Tan Dun por ‘Crouching Tiger Hidden Dragon‘ quien se llevara la estatuilla finalmente. Tampoco se entiende que Julia Roberts se llevara el galardón a mejor actriz por su papel en ‘Erin Brokovich‘ antes que Ellen Burstyn, incomprensible. Esta fue la única nominación a los Oscar que obtuvo ‘Requiem for a dream‘. Al margen de estar nominada en la misma categoría para los Globos de Oro que tampoco ganaría, la película sí consiguió hacerse con premios en otros festivales entre los que se encuentran la espiga de oro de la SEMINCI en Valladolid a mejor película, y mejor fotografía y actriz en los Independent Spirit.

No creo que haya otra película para hacer sesión doble con ‘Trainspotting‘ que ‘Requiem for a dream‘. Ciertamente la cinta de Aronofsky se adentra muchísimo más en el drama, pero ambas son igual de crudas y desgraciadamente realistas. Pocas producciones consiguen dejar tan mal cuerpo en el espectador como lo hace esta, un drama cruel y sombrío tejido desde el inicio con un ritmo frenético y un montaje trepidantemente minucioso. Técnicamente es impecable, la fotografía lúgubre y oscura que aporta Libatique junto a las variaciones del tema principal de la película de Mansell crean en el espectador la misma sensación que tienen los protagonistas respecto a la creencia de que es posible cumplir sus sueños. Las notas del tema ‘Lux Aeterna’ son calmadas en su inicio creando un malrollismo horrible al que la velocidad y las cada vez mas repetidas notas altas van creando esa falsa expectativa de que el sueño americano se puede conseguir, empezar de 0 y hacerse rico para unos o salir en la televisión y sentirse viva para otra. Olvídense de moralinas y de finales edulcorados porque al igual que en la vida real, en ‘Requiem for a dream‘, no los hay. Cuatro personajes que en realidad son dos pero realmente es uno, la adicción. Adicción a los programas de TV, a las pastillas, a los analgésicos, a las anfetaminas, a la heroína, a la cocaina, al café, a la comida, a todo, todo se convierte en adicción cuando no controlamos su consumo o su uso. ‘Requiem for a dream‘ tiene un montaje vibrante y un increscendo vertiginoso, innumerables planos subjetivos, planos detalle, todo se acelera y no hay vuelta atras. En este apartado, la cinta de Aronofsky es tremenda efectiva, no hay duda que su estrambótico montaje deja en constante sacudida la mente del espectador. Increíble el papel de Ellen Burstyn, magnifica, superlativa, la mejor de todo el film. Su personaje Sara Goldfarb es apaleado por la soledad y usado por un sistema que no entiende de personas y si de números. Inconscientemente crueles y llamativas son sus amigas/vecinas que parecen salidas de una producción de Tim Burton y que empujan definitivamente a Sara. Las féminas protagonistas son las que peor llevan su adicción y quienes acaban siendo carne de cañón o de oveja mejor dicho, en un mundo de lobos. La adicción del personaje de Jennifer Connelly es la que peor cuerpo pone. Marion es la unica que no termina con secuelas exteriores, sino interiores, las peores, ya que su adicción solo acaba de empezar a crecer y no hay vuelta atrás. Jared Leto y Wayans me parecen aceptables, ambos estaban empezando y se nota, el peso de las escenas grandes recae en las veteranas Burstyn y Connelly. Son Sara, Harry, Marion y Tyrone, cuatro personas que bajarán a los infiernos para conocer la realidad del sueño americano y los peligros de las adicciones incontroladas. Un mundo oscuro en el que fácilmente se puede caer como le pasa a Sara, quien cree estar haciendo lo correcto en todo momento. Impactante, distinta y realista, el primer gran trabajo a nivel de crítica y público de Darren Aronofsky confirmaba que había un nuevo director en el barrio, y que su mierda, era buena.
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RETROSPECTIVA David Fincher: ‘Panic Room’

[[Crítica de @PauGarcia179]]
Era el año 2002 y había mucha expectación por ver lo nuevo de David Fincher tras sorprender a propios y extraños con ‘Fight Club’, esa obra maestra protagonizada por Edward Norton y Brad Pitt. Finalmente, David Fincher se decidió por dirigir ‘Panic Room’, cuyo libreto lo firma David Koepp, cineasta responsable del guión de ‘Carlito’s Way’ (Brian de Palma, 1993), entre muchos otros. ‘Panic Room’ explica la historia de Meg Altman –recién separada- y de su hija Sarah, que se trasladan a una mansión de Nueva York escandalosamente lujosa. Sin embargo, tres ladrones invaden su hogar y madre e hija se esconden en “la habitación del pánico”, un refugio con cuatro muros de hormigón, línea telefónica independiente y monitores para controlar el resto de la casa. 
La película empieza con unos planos de la ciudad de Nueva York mientras los títulos de crédito se adaptan al paisaje urbano sobrepoblado de irritante publicidad, para pasar inmediatamente a lo importante del asunto: la descripción de la nueva casa. El problema es que ni David Fincher ni el guionista se toman la molestia de describir mínimamente los personajes. No sabemos nada de la supuesta protagonista, la mujer interpretada por Jodie Foster, ni de su hija en la ficción, interpretada aquí con solvencia por una jovencísima Kristen Stewart (bastante antes de dejarse vampirizar accediendo a protagonizar ‘Twilight’ y sus interminables secuelas). Lo único salvable en la descripción de personajes es el momento de peligro en el que Sarah, la hija, recita los títulos de los álbumes de The Beatles en voz alta para mantener la calma, uno de esos detalles que dan vida a los personajes.
El buen hacer de las dos actrices consigue que nos creamos los personajes y que su devenir en la historia nos importe mínimamente. Por otra parte, en la banda de ladrones tenemos al malo malísimo de turno (Dwight Yoakam), al malo que en realidad es bueno que hemos visto en 300 películas antes que esta (Forest Whitaker) y al supuesto líder de la banda, un niñato pijo interpretado por Jared Leto. Más allá de que Whitaker consigue que le creamos como una buena persona, poco hay que destacar en las interpretaciones de los ladrones.
El malo que es bueno, el malo malísimo y el pijo
Con un desarrollo tan pobre e inverosímil, con esa inexistente descripción de personajes (problemas que ya estaban en el guión), ¿qué vio David Fincher en esta historia para querer llevarla a la gran pantalla, después de haber logrado una obra como ‘Fight Club’? La respuesta la podemos encontrar en ciertos billetes de color verde, o quizás (siendo muy benévolos con el director), la voluntad de transformar un guión más bien mediocre en un digno producto audiovisual que cautivara al espectador no con una gran historia ni personajes, sino con su puesta en escena y estilo.
A favor de David Koepp, el guionista, hay que decir que entre las páginas del libreto ya había atisbos de tensión, suspense y atmósfera asfixiante, elementos que Fincher refuerza sobremanera a través de su atractivo estilo y experta puesta en escena. También, suponemos, debió de ser un reto para el director el rodar en prácticamente todo el filme en un mismo lugar, una mansión cuyo lujo y exuberancia encierra un reverso oscuro cuando se revela contra los personajes que en él habitan.
De acuerdo, ‘Panic Room’ es entretenida y se sigue con interés. Pero a pesar de esa tensión bien conseguida, de la solvencia de las interpretaciones y del fascinante estilo de David Fincher, el filme encierra en su excelsa forma el más absoluto de los vacíos, una película hueca de una superficialidad alarmante que la condenan en el limbo de las películas bien realizadas pero que no dejan en el espectador el más mínimo poso o recuerdo tras su visionado.  

‘Dallas Buyers Club’, Matthew McConaughey, y Ron Woodroof

Título: Dallas Buyers Club
Director: Jean-Marc Vallée
Guión: Craig Borten, Melisa Wallack
Fotografía: Yves Bélanger
Año: 2013
Duración: 117 min.
País: Estados Unidos
Productora: Focus Features / Truth Entertainment / Voltage Pictures / R2 Films / Evolution Independent
Reparto: Matthew McConaughey, Jennifer Garner, Jared Leto, Steve Zahn, Dallas Roberts, Denis O’Hare, Griffin Dunne, Kevin Rankin, Lawrence Turner, Jonathan Vane
Como ocurre de forma periódica en nuestro país, el mejor cine del año nos llega o cuando éste está por terminar, o cuando ya nos adentramos en el siguiente. Claros son los casos (para no ir muy lejos) del año pasado con The Master y Zero Dark Thirty, en mi humilde opinión de lo mejor de 2012, pero ambas estrenadas en enero de 2013. Con Dallas Buyers Club no ha habido excepción: estamos, sin duda alguna, ante una de las 5 mejores películas del año, que, además, cuenta con la presencia deMatthew McConaughey (del que ya he hablado en mi análisis de Mud), del que los profesionales de la crítica cinematográfica americana se ha deshecho en elogios en el año que ha sido suyo totalmente. Si no consigue ahora la ansiada nominación al Óscar que busca des de hace ya tiempo, se puede decir sin miedo a equivocarse que ya no va a hacerlo.
Dallas Buyers Club es la historia de los últimos 7 años de vida de Ron Woodroof (McConaughey), un hombre homófobo, drogadicto, y con afán casi obsesivo por las mujeres (en especial por las prostitutas) y el alcohol, al que se le diagnosticó SIDA, pronosticándole sólo 30 días de vida. Woodroof empezó a tomar AZT, un fármaco experimental para la lucha contra el VIH que sólo hizo que empeorarlo…
La increíble transformación de McConaughey.
Esta es la historia de un hombre que cargó el mundo a su espalda, luchando contra la FDA y dando la máxima esperanza posible a un sinfín de moribundos por la enfermedad que él mismo padecía. Historia que merecería ser conocida, un hombre que cambió su perspectiva de la vida, su ética y su moral, para hacer frente a la cercanía de la muerte. Compresión, homosexualidad en Estados Unidos a finales de los ochenta, el dinero, la empresa farmacéutica americana y su relación con el gobierno, las drogas: al filme de Jean-Marc Vallée (director al que no conocía pero a partir de ahora deberé seguir con cuidado) no le falta ningún tema por tocar. Convierte la vida (real, insisto) de Woodroof en una magnífica reinterpretación del cuento de Robin Hood.
El filme, en su primera parte, conmueve sin entrar en los pantanosos lares de la sensiblería azucarada, llevando la enfermedad del protagonista y sus conflictos con su círculo de amistades de forma sobria y sin excesivo drama, mostrando el miedo del contagiado y el rechazo de la sociedad (en este caso tejana) que el SIDA de Woodroof como una “enfermedad de homosexuales”. Y poco a poco va mutando hacia una dura crítica contra el sistema sanitario y farmacéutico de los Estados Unidos, manifestada en boca de su protagonista. Durante todo el metraje, director y guionistas permiten al espectador cavilar sobre lo que está viendo, invitándole a formar su propio punto de vista y sacar sus conclusiones, sin adulterar las imágenes, sólo mostrando la realidad aunque pueda parecer dura.
La de Jared Leto tampoco se queda corta…
Además, tal y como lo hizo Christian Bale en The Machinist, McConaughey se funde en uno con su personaje, adelgazando una cantidad inusitada de peso, y, además, otorga una excepcional y explosiva interpretación que se disfruta independientemente de lo que pueda llegar la película. Pero no es sólo el bueno de Matthew el que consigue sacar lo mejor de sí mismo: también está Jared Leto con otra metamorfosis física y otro increíble estudio del personaje. Ambos dos alcanzan un altísimo nivel que debería verse recompensado en algún gran premio.
En resumen, Dallas Buyers Clubes una biografía necesaria, un sentido homenaje sin sermones a un gran cabrón convertido en gran hombre.
Lo mejor: McConaughey y la definición de su personaje, y la crítica hacia el sistema farmacéutico americano.
Lo peor: que esté tardando tanto en llegar a los cines de nuestro país.