‘Calvary’, El buen pastor


[[Crítica de @TRuibal]]


Killing a priest on a Sunday… that’ll be a good one.

Retratar una sociedad compleja, transversal y con una extensa gama de claroscuros ha sido siempre uno de los más grandes desafíos de la narrativa. Del bullicioso Londres de Dickens a la Roma de dioses caídos que Paolo Sorrentino nos muestra en ‘La Gran Belleza’, un “aquí y ahora” puede trascender cualquier barrera cultural y pasar a formar parte del imaginario colectivo. Y precisamente esto es lo que busca la cinta que hoy nos ocupa.
En ‘Calvary’, (que nos llega, qué sorpresa, casi un año después de su estreno, aún habiendo cosechado el Premio del Jurado Ecuménico en la Berlinale 2014), John Michael McDonagh sitúa metafóricamente el monte Calvario, lugar en el que Jesucristo fue crucificado, en un remoto pueblo irlandés, en eterna lucha entre una majestuosa y cruda naturaleza, filmada con la confianza de quien sabe que paisajes de tanta potencia visual no necesitan mayor aderezo, y las desilusionadas vidas de sus habitantes, todos ellos víctimas y verdugos de sus pequeñas realidades.
El deambular de este rebaño tiene como piedra angular a James Lavelle, pastor de la comunidad y figura omnipresente en la cinta. Magistralmente interpretado por un Brendan Gleeson que derrocha carisma y compasión, en un papel que hace patente que Gleeson se entiende a la perfección con McDonagh. Actor y cineasta repiten la sociedad iniciada en esa suerte de “western irlandés” que es ‘The Guard’ (pésimamente traducida en nuestro país como ‘El Irlandés’), y que se alargará como mínimo en otro trabajo, ‘The lame shall enter first’, todavía en fase de preproducción.

Desencadena la acción un largo plano fijo en el que el padre Lavelle es amenazado de muerte por un miembro de su comunidad, que busca castigar a un “pastor íntegro” por los terribles abusos que sufrió en su infancia a manos de un cura pederasta, ya fallecido. Siete días es todo el tiempo con el que contará el párroco para poner las cosas en orden antes de enfrentar su fatal destino.
Uno de los grandes méritos de la película es precisamente la tensión narrativa que consigue crear esta sorprendente amenaza que, aparte de marcar el tempo del film, nos ayuda a comprender el interés del protagonista en dedicar el poco tiempo con el que cuenta a, en vez de intentar salvar su alma, salvar la de sus feligreses. Interpretados por un extenso reparto a buen nivel en líneas generales, en el que encontramos un socarrón doctor cargado de cinismo, un joven inadaptado al que le gusta Dolly Parton, una adultera masoquista o un millonario petulante que necesita presumir de un dinero que no sabe disfrutar. A James le apena y le frustra ser testigo directo de la vanidad y el rencor de sus parroquianos, encontrando únicamente amor en su hija (la angelical pelirroja Kelly Reilly), incapaz aún de comprender que entrase en el seno de la Iglesia tras morir la madre de ésta.

La variedad de situaciones y personajes provoca algún breve altibajo durante el desarrollo de la cinta, en el que el nivel de interés de la misma decae ligeramente, pero esto no tumba una propuesta firme que tiene bien claro hacia dónde va en todo momento. McDonagh sabe mezclar con elegancia drama, comedia y algunas dosis de ‘thriller’ para someter a Irlanda a una deconstrucción, muy lejos de visiones idílicas como las de ‘El hombre tranquilo’.

‘Calvary’, a través de la particular crucifixión de un hombre que simboliza todo lo que la Iglesia debería ser, dibuja un país marcado por el catolicismo como seña de identidad, el vínculo popular que supone el alcohol, la aceptación del IRA como un estamento de la sociedad, el desarraigo de su carácter terrenal celta… todo pasa por los ojos de un resignado padre Lavelle que, pese a todo, quiere a su rebaño.

Como habréis podido apreciar, escribe esta crítica un nuevo rostro de la página. Mi nombre es Tomás Ruibal y, tras haber finalizado mis estudios de Producción Audiovisual en la EMAV de Barcelona, busco adentrarme en el mundo del cine por todos los flancos. Llego pues a ‘Siempre en V.O.’, con ganas de aprender y de compartir mi amor por el séptimo arte con todos vosotros.
Podéis seguirme en Twitter en mi perfil, @TRuibal, y ver los dos cortos que hasta ahora he realizado con ‘Hazte Fun’, productora en ciernes, en nuestro canal de YouTube: https://www.youtube.com/channel/UCLSgy0thHmbGNhA8t03l4-g.
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‘Filth’, de Jon S. Baird

[[Crítica de @marckwire21]]
Lo primero, mi crítica está hecha sin haber leído la novela, a partir de aquí, continuo. Irvine Welsh escribió la nombrada en la que se basó ‘Trainspotting de Danny Boyle en 1993, después llegarían Marabou Stork Nightmares en el 95 y Filth en el 98. Trainspotting sólo tardó tres años en ser adaptada al cine con gran maestría por Boylemientras que esta adaptación de Jon S. Baird llega 16 años después. Con esto quiero remarcar además del tiempo transcurrido y lo cambiante de esta sociedad lo fuera de lugar que pueden quedar algunos de los temas expuestos. Estos temas, personajes o situaciones por aquel entonces hubieran causado un gran impacto en la sociedad cinéfila pero a día de hoy y tras varios otros filmes sino iguales pero si parecidos en ciertos puntos el impacto no es tal, y queda como algo desfasado. Puedo afirmar tranquilamente que de no ser por la impecable actuación de su protagonista James McAvoy y el ritmo fluido, que no intenso, que posee la cinta, estaríamos ante una película más dentro del género policía pasado de vueltas‘. El más claro ejemplo lo tenemos con nuestro querido Torrente. Las comparaciones son odiosas, de acuerdo, pero existen. ¿Porqué tenemos que desmerecer a infravalorar un personaje como Torrente y alabar a uno escocés? No lo entenderé nunca. Si tras ver Filth pensáis que del personaje que interpreta McAvoy se pueden llegar a hacer 4 secuelas con gran afluencia de público, es que no hemos visto la misma película. Y no sólo está Torrente‘, también tenemos a Jean Reno en Wasabi‘, o a Willis en The Last Boy Scout por decir una, quiero decir, que lo del policía pasado de rosca en sus está demasiado visto, demasiado gastado como para que llegue a interesar lo suficiente.

Ni digo que es peor que las citadas antes ni mejor, simplemente olvidable, más de lo mismo pero con el agregado dramático, imaginaros una versión de Torrente con mucha carga dramática, un final interesante y una banda sonora, o mejor dicho selección de temas, ramplona y vaga. Pues eso es ‘Filth‘. Querría hacer hincapié en la música. Clint Mansell a los mandos: caída de un mito. Admiro a este compositor, mucho, pero su selección de temas para la película me parece horrorosa, no por la calidad de las canciones elegidas  sino porque parece que la única función que tienen, al margen de ir su letra acorde con lo que vemos, es la de ayudar al espectador a no dormirse del aburrimiento mientras llega otro momento exaltado de McAvoy. Creo sinceramente que una banda sonora creada exclusivamente para el film, con ese toque tan oscuro que sabe darle Mansell hubiera dotado a éste de más seriedad, empaque o consistencia que es lo que parece más escasea. Entras al cine teniendo algo que te ronda la cabeza sobre cualquier otro tema y en cuanto salgas volverás a ese tema como si nada de lo visto hubiera trastocado algo dentro. No cuenta nada que no hayamos visto antes. 

Su tono dramático y oscuro en ocasiones la hacen distinta al resto (que no única) y el final anti-Hollywood es tan original como previsible. Si me ha gustado ese mundo surrealista que aparece en momentos puntuales donde McAvoy ve a ciertas personas como animales, algo lejanamente parecido a lo que vi en los créditos iniciales de Relatos Salvajes‘. Desconozco como se ve ese Edimburgo en la novela de Welshpero desde luego en la película no tiene presencia en absoluto. No voy a negar que tiene un gran toque de comedia negra, pero en ocasiones se excede o simplemente, no hace gracia. La escena con la menor me parece grosera a más no poder y no, no es que me escandalice por todo ni sea un beato, es que no hace gracia. No hace mucho vi The world of Kanako y su crítica es igual o más cruda que la de ésta, y en ella se destilan buenas maneras, aquí su director pretende que le cojamos asco al personaje, que lo veamos como se ve él, como un cerdo. Y lo consigue, sobradamente. Ese toque retorcido, negro y oscuro se mantiene hasta el final, aquí no hay moralinas que valgan. La película fluye a su ritmo, apoyada en las oportunas canciones seleccionadas hasta su final crudo. Detalles frikis: aparece en un papel secundario el doctor Fitz de Agents of S.H.I.E.L.D.‘, el actor Iain De Caestecker; curiosos también los créditos finales, no os los perdáis, mejores que los insulsos iniciales. En definitiva, el segundo trabajo de Jon S. Baird es una comedia muy negra con tintes dramáticos, surrealistas y un final digno de thriller pero nada más, totalmente olvidable en su conjunto salvo por la actuación de McAvoy.

Lo mejor: McAvoy

Lo peor: No cuenta nada nuevo, película desfasada a su tiempo. Final tan original como previsible

MIÉRCOLES EN ASIA: ‘Why Don’t You Play in Hell?’

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
Sion Sono comenzó su carrera como poeta, a los 17 años, publicando sus versos en la revista japonesa “The Modern Poem Book“. Posteriormente se matriculó en la Universidad, que dejó a medias para ponerse a hacer películas en 8 mm. Así pues, a la temprana edad de 24 años debutó en el Festival de Cine PIA con un cortometraje de corte experimental en el que leía una selección de su poesía en pantalla. Esto le valió una beca que usó para hacer su primer largometraje 16 mm en 1990. Desde entonces, Sion Sono se ha convertido en un hito del cine independiente de su país, y un nombre en el mundo de la poesía local. Why Don’t You…? es un guión que escribió hace 17 años, y supone un canto de amor al cine.
Dos jefes de la yakuza se odian a muerte, pero uno de los dos está enamorado de la hija del otro que con 10 años y después de hacer un anuncio de dentífrico, sueña con ser actriz cuando sea mayor. Mientras, en la misma ciudad, un grupo amateur de tres cineastas (el director y jefe, Hirata; la especialista en travellings, y el especialista en cámara en mano) llamado “Fuck Bombers” sueñan con ser los mejores realizadores de todo Japón. En principio planteada como una comedia romántica de enredos y mucha, mucha cinefilia, se convierte en una orgia explosiva de sangre, sudor y lágrimas.

A Sion Sono no le da miedo sobrepasar el límite, y una vez sobrepasado, tampoco le da miedo duplicar o triplicar ese límite. Y Why Don’t You…? es la prueba empírica de ello. Debo reconocer que no le conocía antes de ver su última película en la edición del Festival de Sitges, pero desde entonces he podido visionar varios de sus filmes (Suicide Club y Cold Fish son las que más recomiendo desde aquí) y he visto que esta es una de las características principales de su cine. Esa, y la presencia de chicas asiáticas extremadamente ‘sexys‘ que, generalmente, muestran carne. Pero, a pesar de estas dos características que si comparte con otras, Why Don’t You…? es una película atípica en la filmografía de Sion Sono. Es, como ya he dicho unas líneas atrás, un canto de amor al cine, arte que brota de la cabeza de Sono como la sangre digital que inunda la pantalla a borbotones, un ejercicio de delicioso metacine en el que el realizador japonés tiene tiempo para todo.
Y cuando digo para todo, es para todo. Homenajea el cine de Akira Kurosawa, referencia de forma constante al maestro de las artes marciales en el cine Bruce Lee (hasta toma prestado su atuendo más reconocible) y en general a todo el cine de artes marciales, el lanzamiento de numerosos mensajes a favor de las proyecciones en 35 mm…  Y además hace reír, plantea una historia alocada pero más o menos coherente, y dota al metraje de un ritmo alto y además in crescendo que es difícil de encontrar hoy en día. En definitiva, Why Don’t You Play in Hell? es una declaración de amor al mundo del cine. Un mundo en el que Sion Sonomerecería y merece ser reconocido.
Por último, solo me queda por remarcar que parece increíble que un director de más de 50 años como es Sono sea mucho más actual y rompedor que muchos cineastas actuales llamados ‘post-modernos’.
Lo mejor: la última media hora es una de las mejores combinaciones entre comedia negra, acción, y gore (orgia de sangre, katanas y metralletas) que se han visto en el cine en muchos y muchos años.
Lo peor: al principio a la película le cuesta algo arrancar, ya sea por la incapacidad del espectador occidental para diferenciar actores asiáticos entre ellos (cosa que se me soluciona a medida que uno conoce a sus personajes), o por la cantidad de historia que quiere contar Sono.

Título: Jigoku de naze warui? (Why Don’t You Play in Hell?)
Dirección: Sion Sono
Guión: Sion Sono
Fotografía: Hideo Yamamoto
Año: 2013
Duración: 126 min.
País: Japón
Productora: T-Joy / King Records
Reparto: Jun Kunimura, Shinichi Tsutsumi, Fumi Nikaido, Tomochika, Hikori Hasegawa, Gen Hoshino, Tak Sakaguchi

NO ESTRENOS: El perfecto anfitrión y el no tan perfecto desenlace

Título: The Perfect Host
Director: Nick Tomnay
Guión: Nick Tomnay
Fotografía: John Brawley
Año: 2010
Duración: 94 min.
País: Estados Unidos
Productora: Stacey Testro International / Mark Victor Productions / Perfect Host
Reparto: David Hyde Pierce, Clayne Crawford, Nathaniel Parker, Helen Reddy, Meghan Perry, Joseph Will, Tyrees Allen, Brooke Anderson, Cooper Barnes
Crítica de @PaulPorcoRosso
Basada en un corto del mismo director, Nick Tomnay, The Perfect Host arranca cuando John Taylor (Clayne Crawford), después de robar 300000 US$ en un banco, se sorprende viéndose en todos los noticiarios locales con fotos y descripciones detalladas de su atraco y posterior fuga, pese a que iba con la cara perfectamente cubierta durante todo el atraco. Debe esconderse durante un tiempo, pero no puede volver a su casa (que seguro que estarán vigilando) así que decide pasearse por las calles de un barrio acomodado de Los Ángeles en busca de alguna viejecita adorable a la que engañar para que acoja en su casa a un joven desamparado. En una de las casas que mira, decide hacerse pasar por el amigo de Julia, una amiga de Warnick Wilson (David Hyde Pierce), el perfecto anfitrión. Varias horas y copas de vino más tarde, tanto invitado como anfitrión descubrirán (al igual que el espectador) que las apariencias engañan.
The Perfect Host es una película divertida, tensa y recomendable, cuyo único (aunque enorme) problema son unos últimos quince minutos en que abusa de los giros de guión y olvida la verosimilitud en algunas de sus curvas. Si se entra en su juego es imposible no engancharse, gracias a Clayne Crawford (un carismático clon de Michael Shannon de joven) y la mastodóntica actuación de David Hyde Pierce (cuyo parecido físico con John Malkovich también es reseñable), estrella del reparto, que da vida a un personaje complicado con solvencia casi insultante y sin resultar histriónico ni excesivamente frío. El autor consigue trasmitir durante los cincuenta minutos que dura la cena, el desconcierto y hasta cierto punto el miedo que siente el protagonista, haciendo gala de un humor negro y un manejo de la tensión envidiables (casi tarantinianas), saltando a la comba entre la realidad y el mundo de la imaginación como un auténtico maestro.
El problema principal de la cinta de Tomnay es que tras un planteamiento y un desarrollo de matrícula de honor, su originalidad se cuartea justo en el momento en que decide alejar la acción del claustrofóbico universo construido para entrar en la senda estandarizada del cine de atracos a los bancos: el mundo del botín, las trampas y las conversaciones de polis. Además, su triple final tampoco ayuda a acabar del todo satisfecho con la cinta. El desenlace se basa en un giro de guión maestro y en dos giros más sin la misma repercusión y más trillados que buscan sorprender y no lo consiguen: el amor fallido y el policía con doble personalidad estropean una magnífica propuesta inicial que, de haberse quedado en el minuto 75, hubiera entrado en la élite de los thrillers psicológicos.
The Perfect Host es una mezcla bizarra entre el espíritu de Funny Games de Haneke,  los giros de Sospechosos habituales de Bryan Singer y un personaje enfermizo sacado de un filme del primer Polanski, pero que no se acerca a la maestría de ninguno de los tres directores. Eso sí: sigue siendo un recomendable filme que empieza como notable, sigue como excelente, y termina como un simple aceptable pasatiempo de algo más de noventa minutos.
Lo mejor: la actuación de David Hyde Pierce.
Lo peor: el innecesario triple salto mortal que se marca Tomnay en el desenlace.

¡Que viene el lobo! ¡Que viene el lobo!

Título: Big Bad Wolves
Director: Aharon Keshales, Navot Papushado
Guión: Aharon Keshales, Navot Papushado
Fotografía: Giora Bejach
Año: 2013
Duración: 110 min.
País: Israel
Productora: United Channel Movies
Reparto: Lior Ashkenazi, Tzachi Grad, Rotem Keinan, Doy Glickman, Menashe Noy, Dvir Benedek
Crítica de @PaulPorcoRosso
A mediados de octubre de 2013, Quentin Tarantino(como ya es costumbre) apareció en todas las revistas, webs y blogs relacionados con el cine con motivo de su ya tradicional “Lista de las 10 mejores del año”. No quedó exenta de polémica, principalmente por la inclusión de películas como Lone Ranger(que también gustó bastante a @PauGarcia179), Kick-Ass 2 o la indie Drinking Buddies (tanto una como la otra me parecieron bastante buenas). Pero más importante que la lista es, como siempre, el cine más ‘indie’ que nos recomienda el genio de Tennessee. Tarantino dijo que Big Bad Wolves era, no sólo la mejor película que se había visto en el Festival Internacional de Cine de Busan, sino también la mejor del año, cosa que ha ido de perlas para la distribución de un filme que, de no ser por él, habría seguido habitando en la inopia.
Una serie de brutales asesinatos, perpetrados por un pedófilo a niñas menores de edad, ponen en contacto a tres hombres: Gidi (Tzachi Grad), el padre de la última víctima en busca de venganza; Miki (Lior Ashkenazi), un detective de policía que opera totalmente fuera de la ley, y Dror (Rotem Keinan), el principal sospechoso de los homicidios, un profesor de religión que ha sido arrestado y liberado por una negligencia policial.
La belleza formal de planos como este también le dan un valor añadido al
filme israelí.
Es una fábula de terror, un cuento infantil ambientado en la realidad más cruda y más dura de la que nosotros los espectadores seremos participes de primera fila. Es totalmente comprensible el porqué a Tarantinole gusta tanto este filme: se puede establecer un magnífico paralelismo con su opera prima Reservoir Dogs. La película israelí consigue mezclar a la perfección la violencia brutal de los actos de los personajes con diálogos rápidos, inteligentes y divertidos: eso que al de Knoxville se le da tan y tan bien.
También es fácil comparar Big Bad Wolves con una película de su mismo año, Prisoners, en el sentido de que somete al espectador y a sus protagonistas en un dilema moral donde la cordura y el razonamiento serán sus mayores aliados. Pero aquí la cordura brilla por su ausencia: todos son a su manera grandes lobos malos que actúan por su sed de venganza y ganas de cazar… ¿Es Dror una víctima inocente, o un castigado merecido? Deberás recorrer todo el camino, opresivo y tortuoso, que es Big Bad Wolves para descubrir la respuesta a la pregunta. Y te aseguro que habrá valido la pena.
Lo mejor: las grandes actuaciones del trío protagonista, la dirección a cuatro manos, y las trazas de comedia negrísima del guión.
Lo peor: se hace un poco repetitiva por las constantes interrupciones que sufre Gidi.

‘The Wolf of Wall Street’, los otros mafiosos y la cultura del dinero

Título: The World of Wall Street (El lobo de Wall Street)
Director: Martin Scorsese
Guión: Terence Winter (basado en la autobiografía de Jordan Belfort)
Fotografía: Rodrigo Prieto
Año: 2013
Duración: 179 min.
País: Estados Unidos
Productora: Paramount Pictures / Red Granite Pictures / Appian Way Productions / Sikelia Productions / Emjag Productions
Reparto: Leonardo DiCaprio, Jonah Hill, Matthew McConaughey, Jean Dujardin, Kyle Chandler, Rob Reiner, Jon Bernthal, Jon Favreau, Ethan Suplee, Margot Robbie, Cristin Millioti, Katarina Cas, Joanna Lumley, Spike Jonze

‘The Wolf of Wall Street’ se basa en el libro aubiográfico de Jordan Belfort, ex agente de Bolsa que estafó a millones de personas. Aunque parezca imposible, la realidad supera a la ficción y el director del film, Martin Scorsese, admite que tuvo que descartar algunas cosas que aparecían en el libro porque eran poco verosímiles, a pesar de que, si nos fiamos de Jordan Belfort, todo ocurrió tal y como está en el libro. No había ningún director más adecuado para rodar esta película que Scorsese, acostumbrado a dirigir películas de mafiosos. Terrence Winter, guionista de ‘Boardwalk Empire’ y ‘The Sopranos’, adapta el libro de Belfort para la gran pantalla. 
Jordan Belfort es un joven corredor de bolsa que llega a Wall Street con una pizca de moralidad, pues al principio cree verdaderamente que, además de ganar él, tiene que ganar el cliente. Sin embargo, pronto le hacen cambiar de idea y le enseñan  en qué consiste la Bolsa: un lugar para hacerse rico sin tener en cuenta al cliente, pues el éxito del agente de Bolsa es inversamente proporcional a la compasión que tengas con el cliente. Al quebrar la empresa en que trabajaba, Belfort crea su propia compañía en base a los valores aprendidos en Wall Street y pronto su agencia consigue unos beneficios astronómicos. 
La peor droga que carcome el alma y te quita todo resquicio de humanidad
Belfort está rodeado de todo tipo de drogas, pero la peor de todas no es ni la cocaína ni los ‘ludes’, es el dinero. Cuánto más dinero tienen los lobos de la agencia, más quieren y menos importa  a quienes estafen si consiguen sus fines. Para ellos, la gente que tiene un trabajo honrado, aunque tengan que ir en transporte público y no vivan entre grandes lujos, son unos simples perdedores y por eso ya merecen ser estafados. 
En esa búsqueda insaciable de dinero, los agentes de Bolsa entran en un espiral de cinismo, drogas y sexo, y eso es básicamente lo que muestra Scorsese en ‘The Wolf of Wall Street’: los excesos de los lobos de la Bolsa. Mientras vamos viendo estos excesos contados por Scorsese en forma de comedia negra, nos reímos, es cierto, pero dudamos de si lo que estamos viendo es una apología o una denuncia. El cineasta dice que él no juzga, el sólo hace cine, y deja que sea el espectador quién decida si lo que ha visto, que no tiene nada de ficción, es o no moralmente aceptable. 
Estados Unidos y la cultura del dinero
El director de Nueva York también comentaba en una entrevista en ‘Dirigido por’ (nº440, enero 2014) que “la historia del lobo, y de la manera como la contamos, es una provocación para que la gente se cuestione que es lo que pasa en Wall Street.”  Y es cierto que Scorsese pone el asunto sobre la mesa, pero no está muy claro que la película sirva para agitar conciencias y darse cuenta de la inmoralidad de lo que sucede en la Bolsa. Más dudas surgen si tenemos en cuenta que Jordan Belfort ganó más de 1 millón de dólares con la venta de los derechos para la película y que incluso tenga un cameo. El director de ‘Goodfellas’ (1990) no está para nada de acuerdo con la cultura del dinero de Estados Unidos, esa que dice que no sólo está bien querer hacerse rico, sino que es además deseable, y ésta es precisamente la cultura que representan los asistentes a la conferencia de Belfort, que, en vez de escupirle a la cara de aquel que ha arruinado la vida de millones de personas, lo alaban como si fuera un genio.
‘The Wolf of Wall Street’ es una hilarante comedia negra con una dirección vibrante y unas interpretaciones asombrosas de prácticamente todo el reparto, Es provocadora y puede que excesiva, pero es necesario que así sea porque Wall Street es básicamente eso, un maldito e inmoral exceso. 

Lo mejor: lo divertido que resulta la película, las interpretaciones,  la escena de DiCaprio sin poder caminar y la de Matthew McConaughey
Lo peor: El cameo de Jordan Belfort, que lo que se cuenta sea totalmente real y que la película no funcione como denuncia

‘Inside Llewyn Davis’, un gato sin nombre, y una vida muy triste

Los hermanos Coen retratan en su nueva película su eterna pasión por las dos constantes más reconocibles de su filmografía: la música y las road-movies. Ya rindieron homenaje a la música en O Brother! (Odisea ambientada en el sur de los Estados Unidos en los años 30 de la que hizo crítica @PauGarcia179), y las road-movies son usadas por ellos más que como un género en sí, como un modo para mostrar el camino recorrido por sus personajes no sólo en cuerpo sino también en alma. En Inside Llewyn Davis, además, el director de fotografía Bruno Debonnel juega con la iluminación y una coloración grisácea e invernal que hará las delícias de cualquier amante del campo técnico del cine.
Llewyn Davis (Oscar Isaac) es un cantante de folk que vive sin casa fija en el barrio de Greenwich Village de Nueva York a principios de los años sesenta. Sobrevive cantando en pequeños garitos del barrio a cambio de la voluntad del público y gracias a la ayuda que los pocos conocidos que tiene le prestan. Al no encontrar éxito en la Gran Manzana, decide embarcarse en un viaje hacia Chicago para poder tocar ante el dueño de un prestigioso club musical.
Llewyn (interpretado por un glacial pero increíblemente expresivo Oscar Isaac), el protagonista (con permiso del gato atigrado cuyo nombre es mejor no conocer), es una hoja movida por el viento, un pobre fracasado que pasa los inviernos de sofá en sofá, sin una casa en la que acabar con el tedio de su desastrosa existencia. Un hombre incapaz de lidiar con los vaivenes de un negocio que no le comprende (o que no quiere comprenderle), y cuyo máximo triunfo será haber sido el telonero de Bob Dylan, un modo de contar su historia y dejar paso a aquél que será leyenda. En definitiva, un hombre triste, sin ataduras, y a la vez capaz de cortar con el amor, la genética, e incluso cualquier ciudad que sirva de fondo para su deprimente existencia.
No podemos evitar sentir pena por el pobre hombre que busca un espacio propio en medio de un mundo de dificultades interpuestas por la misma vida. O a lo mejor por sus actos. En este sentido, Inside Llewyn Davis establece un paralelismo con O Brother!: ya no por el hecho de una música que hace avanzar toda la trama, si no por el trasfondo de Odisea que contiene el relato (con easter egg incluido).
Inside Llewyn Davis es el nombre, también, del disco que Llewyn ha grabado en solitario. Un disco de folk que gira y da vueltas, y es triste y antiguo, un reflejo de la vida del cantautor. Un vinilo que se repite una y otra vez, cuya cara A es la vida, y el reverso, la muerte. Un LP que se nos lee mediante la adiamantada aguja de los hermanos de Minesota. Inside Llewyn Davis es la película que a muchos directores les gustaría tener en su filmografía, pero que en la de estos monstruos del cine supone una obra algo menor.
Lo mejor: Oscar Isaac, el gato hermafrodita, una historia que da para reflexionar.
Lo peor: en mi parecer no llega a la altura de las grandes obras de los Coen, y su humor negro se convierte casi en macabro.


Título: Inside Llewyn Davis
Director: Joel Coen, Ethan Coen
Guión: Joel Coen, Ethan Coen
Fotografía: Bruno Delbonnel
Duración: 105 min.
Año: 2013
País: Estados Unidos
Productora: StudioCanal / Scott Rudin Productions / Mike Zoss Productions

Reparto: Oscar Isaac, Carey Mulligan, John Goodman, Ethan Phillips, Garrett Hedlund, Justin Timberlake, Max Casella, F. Murray Abraham, Jeanine Serralles, Stark Sands, Jerry Grayson, Robin Bartlett, Adam Driver