LUNES DE RECOMENDACIÓN: ‘FRANCES HA’, de Noah Baumbach (y Greta Gerwig)

[[Crítica de @PauGarcia179]]
Resulta de lo más estimulante descubrir artistas que desconocíamos hasta el momento. Es lo que me pasó al otro día cuando me topé con ‘Frances Ha’, película que en su estreno (abril de 2014 pese a producirse en 2012) me llamó la atención pero que por un motivo u otro finalmente no pude disfrutar en su momento. Así es como he descubierto a Noah Baumbach y a Greta Gerwig, director y actriz protagonista respectivamente, ambos también a cargo del guión y que desde ahora tendrán mi atención para ver qué proyectos les depara el futuro.  
Frances es una joven que intenta sobrevivir viviendo su sueño: convertirse en bailarina de una compañía de danza en la ciudad de Nueva York. Pero la realidad es que vivir en una ciudad como Nueva York, “dónde solo los ricos pueden permitirse ser artistas”, dedicarse profesionalmente a la danza es más difícil de lo que parecía. Frances duda, se complica la vida y se equivoca pero se enfrenta a la vida con optimismo y se niega a abandonar sus sueños, aun aceptando que éstos nunca se amoldarán del todo a la realidad cambiante y mercantilista en la que parece que solo puede haber espacio para nuestras más firmes aspiraciones si se consigue antes cierta estabilidad laboral y económica. 
Greta Gerwig, como decía, da vida a la protagonista, Frances, realizando una de las mejores interpretaciones del año. La actriz hace gala de una naturalidad y una expresividad que ya querrían para sí muchas estrellas de Hollywood. Ella es el centro de una película y compone un personaje divertido, contradictorio y alocado que nos robará el corazón y nos divertirá como pocas veces se ve en una pantalla de cine. El resto de actores, aunque empequeñecen al lado de Gerwig, también están geniales y entre ellos intercambian ágiles diálogos que desprenden frescura y autenticidad y nos arrancarán un buen puñado de carcajadas. La música, que se integra de forma asombrosa en la fotografía en blanco y negro de Sam Levy, le da un encanto extra a una película que ya de por sí resultaba de lo más estimulante.
Noah Baumbach parece captar con la cámara la realidad sin filtros, sin manipulaciones y sin clichés, haciendo gala también de un buen montaje y gran concisión narrativa (el viaje de la protagonista a Sacramento, por ejemplo), pues consigue describir de forma verosímil unas pocas situaciones y unos pocos personajes que en contados minutos en pantalla parecen tener más vida que algunos protagonistas en determinadas películas. 
La película es divertida, inteligente y luminosa, con una visión de la vida que rebosa sinceridad y que se aleja completamente de esos filmes de voluntad terapéutica que intentan despertar en el espectador un optimismo forzado construido a partir del tópico y de la superficialidad. Desmarcándose de estos tipos de películas, ‘Frances Ha’ consigue enlazar su punto de vista realista con un optimismo personificado en Frances y reflejado en su mirada. Así, acabaremos el filme con una sonrisa en los labios y agradeciendo a sus responsables que no nos tomen por estúpidos con mensajes positivos pero cuya estupidez insulta a la inteligencia del espectador.    
Anuncios

‘Mr. Kaplan’, de Álvaro Brechner

[[Crítica de @marckwire21]]
Mr. Kaplan‘ es la segunda película que escribe, produce y dirige Álvaro Brechner, un uruguayo de 38 años afincado en Madrid desde 1999. Su primer largo, la comedia ‘Mal día para pescar‘ en 2009, obtuvo una critica general muy positiva y casi treinta galardones en festivales de todo el mundo. Tras 5 años llega lo difícil para Álvaro. La confirmación. ‘Mr. Kaplan‘ nace fruto de dos fuentes, la novela escrita en 2005 por Marco Schwartz, ‘El salmo de Kaplan‘, y los recuerdos que el director posee de su abuelo, que al igual que el protagonista del film y muchos otros, emigraron a sur-américa durante la guerra buscando esa segunda oportunidad. Producción uruguaya en unión con España y Alemania (Baobab Films y Razor Film) además de contar con la coparticipación del canal de TV franco-alemán, ZDF/ARTE. Candidata con varias nominaciones en los Goya 2014 y representante uruguaya a los Oscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa.

Jacobo Kaplan. Jacobo (Héctor Noguera) es un anciano judío de 76 años nacido en Polonia que emigro a Uruguay en el año 1937 al inicio de la Segunda Guerra Mundial. Siente que no ha hecho nada por lo que pueda ser recordado cuando muera, que ha pasado por la vida sin hacer nada relevante y para colmo su familia lo trata como a un bebe que no puede valerse por si mismo. Cansado de esta situación y tras un comentario de su nieta acerca de un viejo como él al que apodan, ‘El nazi’, que regenta un chiringuito en la playa donde ella para con sus amigos, Jacobo encontrara la manera de redimirse, de sentirse vivo de nuevo y quedar en paz con el mundo, con la humanidad y sobretodo con él mismo.
Pocas cosas se le pueden reprochar al nuevo film de Brechner ya que en todas sus facetas está en su punto. Una comedia simpática, irónica y ágil, con su punto de thriller y un giro bastante dramático como contrapunto que le sirve de firmeza para ganarse el corazón del espectador. Si a alguien se le ocurre ver el tráiler o leer la sinopsis puede que le vengan pensamientos de ‘Amelie‘, ‘Micmacs‘, ese cine de Jean-Pierre Jeunet que también se vió en la argentina ‘Un cuento chino‘ con Ricardo Darín. Y sí, es cierto. La cinta uruguaya tiene ese toque, esa atmósfera de cuento, de fabula visual tan llamativa, gracias mayormente a la fotografía de Álvaro Gutierrez (‘Mal día para pescar‘ o ‘Todos están muertos‘) que muestra un Montevideo años 90 perfecto con una tendencia siempre al color amarillo. La recreación de ese Montevideo 1997 me parece algo fantástico, no se abusa de objetos de aquella época para remarcar constantemente el año, tan solo vemos un pinball y las noticias de aquellos años en una televisión, nada más. Como bien dijo el director antes de empezar la proyección, todos en el reparto habían formado una gran familia, y eso es algo que se nota en las actuaciones. La pareja protagonista esta impecable llevando todo el peso del film en los 98 minutos, Jacobo es el ‘protagonista’ pero su Sancho, como nos lo venden en el poster del film, no es para nada un secundario al uso, es tan o mas protagonista que el propio Jacobo. Wilson (Néstor Guzzini), que así se llama nuestro Sancho, es un ex-policía al que la familia intenta contratar para que sea el chofer de Jacobo y que termina convirtiéndose en el ayudante de este en la caza, captura y traslado de ‘El nazi’ a Israel. Jacobo podría salir metiendo en una coctelera al abuelo de ‘Up‘, al Melvin de ‘Mejor… imposible‘ y al ferretero de ‘Un cuento chino‘. Héctor Noguera no lleva a un nuevo nivel ese perfil de viejo encantadoramente testarudo y cascarrabias, pero aplica unos matices a su personaje durante todo el film muy característicos gracias a su humor seco, cortante y su mirada desafiante. Por otro lado Wilson, el honrado, descuidado y pasota acompañante en esta aventura de Jacobo proporciona esa parte racional, creíble y natural como contrapunto a la ‘locura’ del anciano. Básicamente la película son ellos dos, existe una familia de Jacobo así como una ex-mujer de Wilson, pero realmente son meros complementos inicialmente para ayudarnos a definir la personalidad de ellos dos y sus motivaciones. La banda sonora original esta compuesta por el navarro nominado a un Goya, Mikel Salas (‘Bajo las estrellas‘, ‘El segundo nombre‘ o ‘REC 3‘). 

Comedia, drama y thriller en distintas proporciones se dan cita en ‘Mr. Kaplan‘ intercalándose durante todo el metraje. Brechner abre la función a ritmo de ‘SS Uruguay‘ de Serge Gainsbourg una comedia repleta de diálogos brillantes, y silencios, que mueve ligeramente al drama sin dejar caer todo el peso de la película en él. El punto de thriller que aporta el misterio en torno al Nazi potencia ese ‘viaje’ maravilloso que Jacobo y Wilson empiezan. A ambos la experiencia les abrirá los ojos para enfrentarse a sus miedos y asumir sus errores. El director uruguayo remata con un final enternecedor con ese plano silencioso y largo de la cara de Jacobo tras el equívoco de la puerta. Maravilloso.

Lo mejor: La pareja protagonista formada por Hector Noguera y Néstor Guzzini. Su humor justo y medido sin caer en lo absurdo. Brillantes diálogos.
Lo peor: Algo previsible en algunas escenas.

‘Filth’, de Jon S. Baird

[[Crítica de @marckwire21]]
Lo primero, mi crítica está hecha sin haber leído la novela, a partir de aquí, continuo. Irvine Welsh escribió la nombrada en la que se basó ‘Trainspotting de Danny Boyle en 1993, después llegarían Marabou Stork Nightmares en el 95 y Filth en el 98. Trainspotting sólo tardó tres años en ser adaptada al cine con gran maestría por Boylemientras que esta adaptación de Jon S. Baird llega 16 años después. Con esto quiero remarcar además del tiempo transcurrido y lo cambiante de esta sociedad lo fuera de lugar que pueden quedar algunos de los temas expuestos. Estos temas, personajes o situaciones por aquel entonces hubieran causado un gran impacto en la sociedad cinéfila pero a día de hoy y tras varios otros filmes sino iguales pero si parecidos en ciertos puntos el impacto no es tal, y queda como algo desfasado. Puedo afirmar tranquilamente que de no ser por la impecable actuación de su protagonista James McAvoy y el ritmo fluido, que no intenso, que posee la cinta, estaríamos ante una película más dentro del género policía pasado de vueltas‘. El más claro ejemplo lo tenemos con nuestro querido Torrente. Las comparaciones son odiosas, de acuerdo, pero existen. ¿Porqué tenemos que desmerecer a infravalorar un personaje como Torrente y alabar a uno escocés? No lo entenderé nunca. Si tras ver Filth pensáis que del personaje que interpreta McAvoy se pueden llegar a hacer 4 secuelas con gran afluencia de público, es que no hemos visto la misma película. Y no sólo está Torrente‘, también tenemos a Jean Reno en Wasabi‘, o a Willis en The Last Boy Scout por decir una, quiero decir, que lo del policía pasado de rosca en sus está demasiado visto, demasiado gastado como para que llegue a interesar lo suficiente.

Ni digo que es peor que las citadas antes ni mejor, simplemente olvidable, más de lo mismo pero con el agregado dramático, imaginaros una versión de Torrente con mucha carga dramática, un final interesante y una banda sonora, o mejor dicho selección de temas, ramplona y vaga. Pues eso es ‘Filth‘. Querría hacer hincapié en la música. Clint Mansell a los mandos: caída de un mito. Admiro a este compositor, mucho, pero su selección de temas para la película me parece horrorosa, no por la calidad de las canciones elegidas  sino porque parece que la única función que tienen, al margen de ir su letra acorde con lo que vemos, es la de ayudar al espectador a no dormirse del aburrimiento mientras llega otro momento exaltado de McAvoy. Creo sinceramente que una banda sonora creada exclusivamente para el film, con ese toque tan oscuro que sabe darle Mansell hubiera dotado a éste de más seriedad, empaque o consistencia que es lo que parece más escasea. Entras al cine teniendo algo que te ronda la cabeza sobre cualquier otro tema y en cuanto salgas volverás a ese tema como si nada de lo visto hubiera trastocado algo dentro. No cuenta nada que no hayamos visto antes. 

Su tono dramático y oscuro en ocasiones la hacen distinta al resto (que no única) y el final anti-Hollywood es tan original como previsible. Si me ha gustado ese mundo surrealista que aparece en momentos puntuales donde McAvoy ve a ciertas personas como animales, algo lejanamente parecido a lo que vi en los créditos iniciales de Relatos Salvajes‘. Desconozco como se ve ese Edimburgo en la novela de Welshpero desde luego en la película no tiene presencia en absoluto. No voy a negar que tiene un gran toque de comedia negra, pero en ocasiones se excede o simplemente, no hace gracia. La escena con la menor me parece grosera a más no poder y no, no es que me escandalice por todo ni sea un beato, es que no hace gracia. No hace mucho vi The world of Kanako y su crítica es igual o más cruda que la de ésta, y en ella se destilan buenas maneras, aquí su director pretende que le cojamos asco al personaje, que lo veamos como se ve él, como un cerdo. Y lo consigue, sobradamente. Ese toque retorcido, negro y oscuro se mantiene hasta el final, aquí no hay moralinas que valgan. La película fluye a su ritmo, apoyada en las oportunas canciones seleccionadas hasta su final crudo. Detalles frikis: aparece en un papel secundario el doctor Fitz de Agents of S.H.I.E.L.D.‘, el actor Iain De Caestecker; curiosos también los créditos finales, no os los perdáis, mejores que los insulsos iniciales. En definitiva, el segundo trabajo de Jon S. Baird es una comedia muy negra con tintes dramáticos, surrealistas y un final digno de thriller pero nada más, totalmente olvidable en su conjunto salvo por la actuación de McAvoy.

Lo mejor: McAvoy

Lo peor: No cuenta nada nuevo, película desfasada a su tiempo. Final tan original como previsible

Amigos son los que hacen lo que sea por tí: el resto no son amigos

[[Crítica de @marckwire21]]

El realizador español David Marqués vuelve a las pantallas de cine con una nueva comedia dramática, Dioses y perros. El director valenciano basa su filmografía enteramente en la comedia dramática con títulos como Cualquiera, Desechos, En fuera de juego o la multipremiada en 2005, Aislados. A punto de realizar la que hubiera sido su quinta película, Espacio, la productora valenciana Nadie es Perfecto (con la que ya trabajó en En fuera de juego) le propuso a Marquésdirigir la adaptación de un relato del novelista Jesús Martínez Balmaseda. La banda sonora de la película está compuesta por Mario de Benito y las canciones son en su gran mayoría de Tyla J. Pallas, ex del grupo de rock inglés Dogs d’Amour, del cual Marqués es fan. Algunas de las canciones que se pueden oír a lo largo del film son 111 (versión acústica y eléctrica), Untouchable, Don’t look me out of your heart, If only o In another life.
Dioses y perros nos cuenta la historia de Pasca (Hugo Silva), un ex-boxeador amateur que trabaja como sparring y que vive con Pablo (Elio González) su hermano minusválido desde que un accidente de tráfico acabara con la vida de sus padres. El destino pone en su camino a una joven profesora de guardería que recién acaba de llegar al barrio procedente de Santander, Adela (Megan Montaner). Pasca pasa los días cuidando de su hermano, pese a tener este pareja desde hace 3 años y valerse por sí mismo, y de su amigo Fonsi (Juan Codina), otro ex boxeador como él, pero hundido en el alcoholismo y en continuas discusiones con su mujer. Pese a que la llegada de Adela hará que Pasca empiece a ser menos negativo y a pensar que quizás, la vida si da segunda oportunidades, los problemas de los que se empeña en cuidar interrumpirán su vuelta a la felicidad hasta llegar a un punto de inflexión del que no habrá marcha atrás.
Estamos ante una comedia con toques dramáticos, a veces brochazos de lo dura que puede ser la realidad, pero mayormente toques, nada más, Dioses y perros es más comedia que drama. El espectador no sale de la proyección con un nudo en el estomago, ni con la sensación de haber visto una historia muy triste, todo lo contrario. Principalmente la película de Marqués deja un buen sabor de boca por las interpretaciones de Hugo Silva y Megan Montaner, sobre todo cuando ambos coinciden en pantalla, también por el buen humor que desprenden  sus diálogos, esto mismo pasa con los que Silvatiene con Juan Codina (Fonsi), que son escasos pero muy trabajados y logrados, cómicos como el del inicio o dramáticos como la escena en la cama que comparten. Incluso la parte más dramática del argumento inicial como es la relación y minusvalía de su hermano Pablo está tratada con mucho humor y la hace incluso simpática o menos dura de ver. La parte dramática casi está dedicada al problema de Fonsi con su mujer y con la bebida.
El problema de Dioses y perros reside en su final, un final de corta y pega. Subir una montaña paso a paso para luego tirarte desde arriba al vacio es un movimiento totalmente erróneo cometido por el director. Realmente parece que Marqués tuviera este final guardado en algún cajón de su memoria y tras horas sin saber cómo cerrar un guion adaptado decidiera pegarlo aquí. Imaginaos una película sobre baloncesto y que el final sea un gol de chilena, y que encima esa chilena es idéntica a la vista en Victory. Su precipitado final desmerece el conjunto que sin ser excelente cumplía sus propósitos de entretenimiento, y a la que su duración, 84 minutos, ayudaba mucho.
Ni me gusta ni me disgusta Hugo Silva, pero reconozco que el personaje de Pasca le va como anillo al dedo: ese humor negro, grotesco, esas contestaciones a todo el mundo sin importarle nada las consecuencias y siendo muy consciente de cada palabra que sale por su boca, esa falsa arrogancia a la que se le ve la cara, en los actos de amistad que tiene con Fonsi, en la reacción ante la caída de su hermano, la coraza que Pasca crea tras un gran hecho dramático importante en la trama es de un tamaño superior a la puerta de Mordor: más que impenetrable es indestructible. Y en ese juego Hugo Silva completa una actuación sobresaliente: al Cesar lo que es del Cesar. Grata sorpresa también Megan Montaner como Adela, su personaje de habla incesante capaz de rasgar esa coraza anteriormente nombrada simplemente con su personalidad activa y llena de vida: te sacas más de una y más de dos sonrisas en sus momentos con Pasca. Y un minipunto porque no, para Juan Codina, que también hace un papel más que aceptable, dominando tanto los momentos dramáticos como los cómicos con gran naturalidad. Y esa es otra de sus virtudes principales: lo casero, y amateur (o para ser un poco más hipsters lo llamaremos indie), de su propuesta consigue unas actuaciones muy buenas y algunas escenas bastante notables.
Lo mejor: el papel de Hugo Silva y sobretodo el personaje de Pasca, la frescura y humor en los diálogos entre Hugo Silva y Megan Montaner y Juan Codina.
Lo peor: el final, de precipitado, desmerece todo el camino andado.
Título: Dioses y perros
Director: David Marqués
Guión: David Marqués, Kiko Martínez
Fotografía: Eva Díaz
Año: 2014
Duración: 84 min.
País: España
Productora: Nadie es Perfecto / Ivac / Icaa

Reparto: Hugo Silva, Megan Montaner, Juan Codina, Enrique Arce, Elio González, Miriam Benoit, Ricard Sales, Albert Forner, Lucía Álvarez, Víctor Palmero

¡Shalom, Zach Braff!

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
Crecer es un proceso lento, costoso y doloroso. Me han dicho en varias ocasiones que los treinta (edad para la que aún me faltan un par de lustros para llegar) es de las más complicadas de pasar a nivel mental. Tus hijos, si los has tenido de joven, ya avanzan con paso firme hacia la adolescencia. Tus padres (si es que aún les conservas a ambos) empiezan a pasarte el testigo para que seas tú el nuevo cabeza de familia, y si son padres que han vivido la década de los setenta en todo su esplendor (y con ella el jugueteo liberal con las drogas) ya empiezan a llegar a su fecha de caducidad. Para colmo, en medio de todo este curioso marrón familiar que se te viene encima, tu espiritualidad te manda señales para que entiendas que aún no has encontrado tu propósito en la vida. Llevas vividos 35 años, y de repente te das cuenta de que no sabes qué demonios eres, no te conoces lo suficiente. Así que, cuando llegas a los treinta, y para resumirlo en un par de palabras: estás jodido.
Pero crecer es inevitable, y darte cuenta de que lo estás haciendo a marchas forzadas, la mejor medicina para disfrutar los últimos momentos para siempre con tus padres, los últimos momentos de tus hijos hasta que regresen de ese amargo viaje que es la adolescencia (porque, afrontémoslo, nunca van a ser tan monos como cuando tienen diez añitos), y ponerte de una vez por todas las pilas para mantener a una familia que por poco se te va de las manos: ahora mismo tu función en el mundo es conseguir que tus hijos (sí, esos que dentro de poco dejarán de contarte cosas y pensarán que pasar tiempo contigo es sumamente aburrido) se conviertan en una persona tan buena y válida que (por lo menos hasta antes de llegar a esta crisis existencial de la treintena) tú has sido.

En su nueva película, el personaje de Zach Braff(interpretado como siempre de forma rutilante), Aidan Bloom, es un hombre en este momento de su vida. El cáncer de su padre (Mandy Patinkin en plena forma) vuelve a la carga con mucha más fuerza que antes, la llama del amor con su mujer (Kate Hudson) se va apagando poco a poco, su lucha para convertirse en actor no es más que una decepción tras otra, y por si fuera poco no puede pagar el colegio privado de sus hijos, con lo que deberá educarles en casa. A través de estas clases, Aidan redescubrirá partes de él mismo que había enterrado muy al fondo de su ser e intentará encauzar su vida antes de que se le escape por completo.
La película combina a la perfección el dramatismo de la crisis de los treinta con el clásico sentido del humor judío, dándole la vuelta a la tortilla a sus desgracias, bromeando sin miedo con la religión, y buscando el camino a seguir en este viaje espiritual que desemboca en un mejor conocimiento de sí mismo. Las disfuncionalidades familiares que los hermanos Braff escriben tan y tan bien (quizás porque han vivido un poco de eso en casa) sirven de motor a unas réplicas afiladas y a diálogos rápidos dignos del mejor Woody Allen y personajes estrambóticos que parecen sacados de una película de los hermanos Coen. El Braff director captura momentos que, aunque podrían ser tachados de desprender cierto tufo a tópico motivacional (“sigue tus sueños”, “eres un héroe día a día”), exhalan buen rollo y simpatía por los cuatro costados, y lo hace sin virguerías ni alardes técnicos: su dirección es simple, como el alma del filme que se está rodando. Respaldado (como ya hiciera en su opera prima) con la simpleza de las melodías indie que tanto le gustan y un excelente trabajo de fotografía de Lawrence Sher, las reflexiones del expresivo actor, director y guionista (tanto televisivo como de cine) urden un filme que sirve para hacer entender (a los que aún no hemos llegado) qué es la treintena para el hombre.
Han pasado diez años, sí, pero Zach Braff (y aquí reside para mí el único error de una película, igual que Garden State, digna del mejor Alleno hasta los mejores Coen) sigue perdiéndose y encontrándose en las crisis de cambio de década. En 2004 fue el empujón que le hizo salir de una adolescencia perpetua  y convertirse de una vez por todas en mensch. Y con Wish I Was Here, comprende qué demonios está haciendo en este mundo. Una epifanía más.
Lo mejor: banda sonora, actuaciones, fotografía y guión. Ahora estoy un poquito más preparado para la crisis de los treinta.
Lo peor: el tufillo a moralina barata, y el hecho de ser una película narrativamente tan parecida a Garden State.

Título: Wish I Was Here

Director: Zach Braff
Guión: Zach Braff, Adam Braff
Fotografía: Lawrence Sher
Año: 2014
Duración: 120 minutos
País: Estados Unidos
Productora: Double Feature Films / Worldview Entertainment
Reparto: Zach Braff, Josh Gad, Kate Hudson, Jim Parsons, Joey King, Ashley Greene, Mandy Patinkin, Donald Faison, James Avery, Michael Weston, McKaley Miller, Pierce Gagnon, Phill Lewis, Reese Hartwig, Bob Clendenin

Matterhorn: El camino hacia la tolerancia

Título: Matterhorn
Director: Diederik Ebbinge
Guión: Diederik Ebbinge
Fotografía: Dennis Wielaert
Año: 2013
Duración: 87 min.
País: Holanda
Productora: Column Film
Reparto: René van ‘t Hof, Ton Kas, Ko Aerts, Kees Alberts, Lucas Dijker, Porgy Franssen, Alex Klaasen, Elise Schaap, Ariane Schluter, Sieger Sloot, Michel Sluysmans, Helmert Woudenberg
Crítica de @PauGarcia179
Este viernes llegaba a las carteleras de nuestro país ‘Matterhorn’, la ópera prima del cineasta holandés Diederik Ebbinge. El director, también actor, ya había dirigido y escrito algunas series y cortometrajes, además de un telefilm para la televisión holandesa. Por esta película, Ebbinge ganó el premio Mejor Nuevo Director en el Seminci de Valladolid. Desconociendo por completo la cinematografía holandesa, me dispongo a ver este filme sin ningún tipo de condicionante y con la emoción de descubrir nuevos cineastas de nuestro continente.
Fred es un devoto viudo calvinista que lleva una vida muy solitaria y aburrida y con la única compañía de los fieles de la Iglesia y de los vecinos (que vendría a ser lo mismo, dado la ferviente religiosidad de todo el pueblo.) Un día, aparece en el pueblo Theo, un hombre con la edad mental de un niño de 5 años que pondrá patas arriba su monótona existencia y sus más firmes principios. 
La película de Ebbinge empieza con unos preciosos planos del campo, de las cercanías del pueblo de Fred mientras llega el autobús con el protagonista dentro (Fred), de forma que nos introduce en el ambiente y el ritmo que se desarrollará a lo largo del filme. Es un ritmo  pausado, lento, totalmente opuesto al de la frenética ‘Quai d’Orsay’ (Bertrand Tavernier, 2013), comedia francesa que a mí me dejaba exhausto. ‘Matterhorn’ se aleja totalmente del acelerado ritmo narrativo de las películas comerciales, retrata al personaje de forma limpia y observacional y vamos empatizando con él a causa de su soledad y su triste existencia. 
El universo particular que crea Ebbinge tiene un curioso humor y unas situaciones que por poco rozan lo ridículo, pero que si conectamos con ellas podemos llegar a reírnos de las particulades de los protagonistas y de la actitud fundamentalista, ultraconservadora y homófoba de los vecinos de ese pueblo. Aunque hay detalles cómicos, no hubiera estado de más un poco más mordacidad y humor que podrían disculpar ese ritmo pausado que puede agotar la paciencia de más de un espectador.
Aceptados el ritmo y el extraño humor, podremos adentrarnos lentamente en este emotivo filme que tiene la mejor de las intenciones, pues critica el conservadurismo, el fundamentalismo religioso y la homofobia y propone la amistad y el amor como el camino a seguir para llegar a la tolerancia necesaria para la convivencia entre los seres humanos.
‘Matterhorn’ es una película conmovedora, sencilla, totalmente anti-comercial, que nos descubre la primera película de un director muy interesante que apenas ha empezado a desarrollar su potencial como cineasta.

P.S.: Aprovecho esta crítica de una película que es la antítesis del sello Marvel para contrarrecomendar la serie ‘Agents of Shield’ que recomendaba @PaulPorcoRosso en una crítica anterior. Porque, parafraseando de nuevo a Groucho Marx, en Siempre en VO tenemos nuestras opiniones, pero si no te gustan tenemos otras. 

RETROSPECTIVA Hermanos Coen: Larry Gopnik y la cuadratura del círculo virtuoso

Rodada íntegramente en Minnesota, los hermanos Coenbuscaban como localización para esta película un vecindario similar al de St. Louis Park de mediados de la década de los sesenta. A caballo entre la fábula autobiográfica y la reinterpretación del Libro de Job, A Serious Man no fue en su momento un éxito rotundo (sin llegar a ser tampoco un fracaso), debido a su escasa promoción y su estreno muy limitado. Vuelve a colaborar por décima vez con los Coen (tras su ausencia en Burn After Reading) el director de fotografía Roger Deakins. En los cines, se acompañó de un cortometraje previo, que lleva una estrecha relación simbólica con el filme en sí. En los títulos de crédito finales aparece la frase: “Ningún judío resultó herido durante la realización de esta película”.
En un tiempo indefinido en un pueblo de Polonia, una pareja de judíos dejan entrar a su casa al rabino Groshkover, hasta que empiezan a sospechar que éste ha muerto y le ha sustituido un dybbuk (demonio judío). En el año 1967, y en el medio-oeste americano, Larry Gopnik (Michael Stuhlbarg) ve como su vida se derrumba de golpe y porrazo: siempre ha sido un hombre bueno, un marido fiel, un padre ejemplar, y un profesor brillante, pero un buen día su mujer le deja y le confiesa que tiene un amante, que le convence para dejar el domicilio conyugal y se mude a un hotel, recibe anónimos que le acusan de traición a la Universidad donde trabaja, su hermano jugador se va a vivir con él… Todo se desmorona a una velocidad vertiginosa, al mismo tiempo que esta gran broma divina nos arranca sonrisas y carcajadas a partes iguales.
Michael Stuhlbarg la divertida mezcla entre Joaquin Phoenix y Tony
Shalhoub
Podría hablar del maravilloso cast de actores, de la preciosa fotografía de Deakins, del magnífico guión, o de los divertidos anacronismos musicales presentes en el filme, típicos del que cuenta una historia pero mezcla varias. Pero no, en A Serious Man lo verdaderamente importante es el humor del que los hermanos Coen hacen gala. Un humor que me gusta llamar (sin ánimo de ofender a ningún lector) “humor judío”. El “humor judío” es la respuesta de un pueblo históricamente muy culto a una trayectoria llena de grandes putadas. Siempre se ha relacionado el humor con la inteligencia de manera muy directa: es difícil manejar sarcasmo e ironía sin un mínimo de raciocinio, y ambas virtudes de la comedia son dominadas por Joel y Ethan con absoluta maestría. Para el pueblo judío, que Moisés muera justo antes de llegar a la Tierra Prometida es una gran broma cósmica: humor negro a nivel de deidad. Para los Coen, cabe sumar a esa divinidad humorística el héroe, que en sus películas se nos presenta como medio genio, pero a la vez medio loco, y un perdedor al fin y al cabo.
…there’s a storm coming like nothing you’ve ever seen and not a one
of you is prepared for it.
” –Take Shelter, 2011
Así es exactamente cómo se forma la comedia alrededor de Larry Gopnik: un brillante profesor de física (medio genio), pero a la vez con la inteligencia emocional de una patata (medio loco), revive el mito bíblico de Job (revisitado y actualizado), para acabar siendo, al fin y al cabo, un perdedor como todos los demás.
Lo mejor: imperdible obra maestra, la más infravalorada de las grandes películas de los hermanos Coen. La fotografía, el guión, los tres diferentes rabinos que se cruzan con Gopnik. Todo.
Lo peor: puede que le cueste un poco arrancar, y que el cortometraje previo deje al espectador con cara de tonto. Dale una oportunidad y disfruta.

P.S.: aquí tenéis mi lista enFilmaffinity de lo mejor del año 2009, en la que A Serious Man ocupa el imponente primer lugar.


Título: A Serious Man
Director: Joel y Ethan Coen
Guión: Joel y Ethan Coen
Fotografía: Roger Deakins
Año: 2009
Duración: 105 min.
País: Estados Unidos
Productora: Focus Features / Working Title Films

Reparto: Michael Stuhlbarg, Richard Kind, Fred Melamed, Sari Lennick, Adam Arkin, Aaron Wolff, Jessica McManus, Simon Helberg, George Wuyner, Fyvush Finkel