‘Kingsman: The Secret Service’, This is not that kind of movie

[[Critica de @PauGarcia179]]

Matthew Vaughn, que empezó en esto del cine produciendo películas como ‘Lock & Stock’ y ‘Snatch’ (ambas recomendables y dirigidas por Guy Ritchie), se ha labrado una interesante carrera como director de productos comerciales como ‘Kick-Ass’ o ‘X-Men: First Class’ (ambas, según mi opinión, mejores que sus respectivas secuelas) y ahora llega a nuestras carteleras ‘Kingsman: The Secret Service’, protagonizada por Colin Firth y Taron Edgerton. El film vuelve a ser una adaptación cinematográfica de un cómic, y Vaughn escribe el guión junto a su colaboradora habitual, Jane Goldman.  
El veterano Harry Hart propone a un joven macarra (hijo de un amigo muerto con el que está en deuda) como nuevo espía de Kingsman, una agencia secreta independiente. El joven tendrá que competir con los otros candidatos a través de un duro entrenamiento mientras un loco megalómano amenaza el futuro de la humanidad.
En más de una ocasión, los protagonistas repiten la frase “This is not that kind of movie” haciendo referencia a las antiguas películas de James Bond, pero también se entiende como una declaración de intenciones de los responsables del film que le dicen indirectamente al espectador que lo que están viendo no es el insulso, convencional y aburrido filme de acción que podemos encontrar en las carteleras cada semana. Y efectamente, ‘Kingsman: The Secret Service’ no es ese tipo de películas, para bien o para mal.
Y es que las escenas de acción aquí buscan ser lo menos realista posible (vendría a ser la antítesis del estilo de Michael Mann) y se sirven con música rockera de fondo como invitando al espectador a disfrutar de la violencia. Las aceleraciones, ralentizaciones y adrenalíticos movimientos de cámara son una constante en el filme y motivo de deleite para el espectador, más allá del realismo o del componente ético (o la falta  de él) que conlleva el disfrute de la violencia cinematográfica. Cuando uno se dispone a visionar una película de Tarantino, o un film como ‘Abierto hasta el amanecer’ (‘From Dusk Till Dawn’, 1997, Robert Rodríguez), ya sabe lo que se va a encontrar (violencia a raudales, obviamente), pero cuando va a ver ‘Kingsman: The Secret Service’, al menos el que esto escribe (sí amigos, al ver la película olvidé completamente que el director era el responsable de ‘Kick-Ass’, donde ya había momentos bastante sanguinarios) uno no se espera encontrar semejante orgia de violencia desenfrenada. La escena de la Iglesia, es de lo más bestia que servidor ha visto en una pantalla de cine. Es el tipo de violencia que repugna a Michael Haneke (aunque a mí me repugna más su debut en el cine, sinceramente) y aquí cada cual decidirá si se lo pasa bien o no viendo este tipo de escenas.
En cualquier caso, ‘Kingsman: The Secret Service’ no es sólo un entramado de secuencias de acción, ni mucho menos, porque bien podemos disfrutar del sentido de humor del filme aderezado con un siempre agradable acento inglés, un hilarante Samuel L. Jackson con un defecto en la pronunciación o la presencia en el reparto de actores siempre brillantes como Colin Firth o Michael Caine (aunque éste último aparezca más bien poco, todo hay que decirlo). También es destacable la ausencia de Colin Firth (principal tirón comercial en el apartado actoral) durante ciertos momentos del filme, y conviene alabar la valentía y la capacidad del director para conseguir que la película no se resienta de la desaparición de su estrella y también el buen hacer del joven Taron Edgerton, que si bien no puede competir con Colin Firth en cuánto a presencia en pantalla, salva los muebles de manera competente durante la ausencia de su compañero de reparto.
‘Kingsman: The Secret Service’ no es perfecta, si nos paramos a buscar sus errores los encontraremos fácilmente, pero es tan deliciosamente divertida y gamberraque no vale la pena analizarla tan fríamente con estándares cinematográficos aplicables al resto de películas. Es un filme comercial cuya presencia en la cartelera se agradece para descansar, de vez en cuando, de la seriedad y trascendencia de otras películas cuyo valor artístico, eso sí, está fuera de toda duda.

Resumiendo, ‘Kingsman: The Secret Service’ is not that kind of movie. 


Título: Kingsman: The Secret Service
Director: Matthew Vaughn
Guión: 
Matthew Vaughn, Jane Goldman (Cómic: Mark Millar, Dave Gibbons)

Fotografía: 
George Richmond
Año: 2014
Duración: 129  min.
País: Reino Unido
Productora:
Twentieth Century Fox Film Corporation / Marv Films / TSG Entertainment

Reparto: Colin Firth, Taron Egerton, Samuel L. Jackson, Mark Strong, Michael Caine, Sofia Boutella, Sophie Cookson, Mark Hamill

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‘The Dark Knight’: la gran tragedia griega del siglo XXI

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
El héroe luminoso ha muerto. Sólo hay un caballero oscuro (protector vigilante), siniestro habitante de la noche: en este segundo acto del épico reboot de la saga de películas de Batman, el hombre murciélago se enfrenta a su némesis por antonomasia: el Joker, villano/terrorista/psicópata ególatra con la voluntad de imponer su propio orden -o, mejor dicho, su propio caos- en la tranquila vida de los gothamitas. Una creación terrorífica e inquietante, maquillaje blanco y carmín corrido mediante, que se encumbra y se vuelve aún más terrorífica y aún más inquietante con la muerte del actor Heath Ledger. Entre atracos perfectos -el de la secuencia inicial es uno de los mejores, sino el mejor, de la historia del cine-, explosiones, épicas bandas sonoras de Hans Zimmer (que, aquí sí, crea su opera magna), y increíblemente orquestadas escenas de lucha, persecución y/o simples diálogos que solo se pueden calificar de magníficos, el héroe no vencido, pero superado por la astuta mente criminal del villano (o su anarquía y falta de planificación, como el propio Joker señala en una de las escenas de la película), debe renacer de sus cenizas y levantarse como único baluarte en pie de la justicia de la jurisdicción cuya protección se otorga.
La película, en un baile de géneros entre el cine político, el thriller psicológico y la acción pura, se aleja del barroquismo de Burtony Schumacher y retrata una estética urbana y realista: Gotham es más Nueva York que nunca. Una proyección que refleja con la sesuda mirada de Nolanla corrupción de altas esferas, el miedo que se ha apoderado de nuestra sociedad y la degeneración democrática de nuestro tiempo. La gran virtud de ‘The Dark Knight‘ es la de ser a la vez un entretenimiento puro orgásmicamente satisfactorio y una película donde las dobles lecturas y los mensajes morales se sitúan en puntos clave de la narración por (curiosamente) el mismo guionista que el año pasado perpetró el libreto de ‘Man of Steel‘.
Poco importa que la sensación de clímax constante que imprime el pirotécnico Christopher Nolan (con una dirección y una fotografía que elevan la película más allá del espectáculo fílmico y visual) a cada épico y epopéyico minuto de la película impida a los protagonistas de esta gran tragedia griega del siglo XXI velar la muerte de otros personajes (en otra demostración del Nolanmás frío y calculador), como tampoco importa que sitúe la venda de la acción adrenalínica y asfixiante ante los espectadores que no pueden reflexionar sobre los grandes dilemas morales que se plantean en ‘The Dark Knight‘, por otro lado resueltos con un bello e imperecedero mensaje: la humanidad del ser humano despierta en las situaciones más límites, y siempre hay redención para el héroe si este está dispuesto a aceptar el castigo de un ente superior entendido como destino y recluirse al éxodo absoluto.

The Dark Knight‘ es, con todos sus fallos y todas sus imperfecciones, una obra oscura pero brillante (sin alcanzar la posición de maestra), y de las más grandes películas de superhéroes de la historia del cine.

RETROSPECTIVA Ridley Scott: ‘Prometheus’

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
En un planeta que podría ser la Tierra pero desierto, sin el más pequeño indicio de vida, un ser con la piel de un tono azul-grisáceo, de facciones humanas y proporciones perfectas, se sitúa al borde de una catarata y bebe un líquido negro que trae consigo. El líquido provoca la descomposición del ADN de ese ser, que se vierte en el río y se recombina con el agua dando inicio a la evolución de la vida. Una deidad que se sacrifica para la creación de una nueva especie, un jardinero espacial convertido a la vez en semilla y en ente creador.
Y a partir de aquí, ‘Prometheus‘ se deshace, corroída por el ácido que es el desastroso guión de Damon Lindelof. Se convierte en un mero espectáculo visual cuyo guión es un pastiche indigesto de referencias bíblicas, mitología griega y verborrea filosófico-científica: un mero entretenimiento absurdo y decepcionante, vendido como una precuela de ‘Alien‘. Una de las más grandes obras de culto de la ciencia ficción y el terror, magistral y casi-perfecta, mancillada por su propio creador y convertida en una película de acción y ciencia ficción (a su favor hay que decir que no aburre y el diseño de producción es impecable -aunque a veces incluso demasiado-) con más agujeros de guión que un queso emmenthal (donde la coherencia interna brilla por su exasperante ausencia y los enigmas planteados por el guionista sólo son resueltos por más y más enigmas) y un casting horrible en el que sólo destaca un brillante Michael Fassbender que toma el testigo de Ian Holm para interpretar también a un robot.
La frase promocional de ‘Alien‘, “en el espacio nadie puede oír tus gritos”, se sustituye por “con ‘Prometheus‘ podrás oír las risas de Damon Lindelof y Ridley Scott incluso en el espacio”. Lo que en ‘Alien‘ era sucio, aterrador, y con un ambiente enrarecido, en ‘Prometheus‘ es limpio, absurdo (los personajes -contradictorios e indignantes- parecen escritos por un mono cocainómano con síndrome de down), demasiado artificial y con roturas de atmósfera constantes. Una decepción aberrante.

RETROSPECTIVA Ridley Scott: ‘Gladiator’ – Con que esto era el péplum

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
Hace unos meses asistí atónito al grotesco espectáculo fílmico que Paul W. S. Anderson perpetró con su última película, ‘Pompeii‘. Un intento de recuperar el género llamado péplum (aquel en que héroes de los cincuenta como Charlton Heston o Kirk Douglas eran guerreros de falda corta y acero afilado) que quedó en un patético retake de ‘Titanic‘con ínfulas de relato épico y efectos especiales de baratillo. La mejor cura para intentar olvidar el despropósito cinematográfico que fue la reducción a cenizas de Pompeya es sin duda alguna ‘Gladiator‘. La primera película de Ridley Scott del siglo XXI rezuma una épica inabarcable por los cuatro costados durante las dos horas y media que dura el filme, por cada diálogo mínimo de la más corta escena, por cada mirada triste de Crowe (del que destaca su gran despliegue físico) o Nielsen, o por cada lanza de odio de los ojos claros de Phoenix(la más grande interpretación de la película, dotando a Cómodo de una crueldad y impecabilidad enormes).
La potencia del apartado visual y sonoro de ‘Gladiator‘ -maravillosa banda sonora de Zimmer– no podían salir de una mente que no fuera la de Ridley Scott. El retorno del espíritu de esa moda de cine que cosechó éxito histórico y cuyas películas aún hoy en día siguen siendo inmortales de la mano del hombre del inagotable imaginario visual, se apoya en un impresionante arranque (del que se ha dicho que es el mejor retrato de las estrategias del servicio militar romano) que capta la atención del espectador, y en los combates de gladiadores apasionantemente realistas y maravillosamente coreografiados.
Sin embargo (como viene siendo ya clásico en las películas de Scott salvo en contadas excepciones), un guión con excelentes diálogos -que hablan de los valores familiares, la lucha por la justicia y la venganza, y del rechazo al imperialismo y el uso abusivo del poder- no es más que un bello y rimbombante remache para un argumento plano que muestra el blanco y el negro con una ausencia exasperante de grises. Una vez más, la excelencia técnica de Ridley Scott se combina con un guión de mediocre contenido bellamente disfrazado: el resultado es un espectáculo brutalmente entretenido (sus 150 minutos pasan en un suspiro), pero hueco por dentro.
Quizás mi última crítica (que poco o nada tiene que ver con la calidad artística y fílmica de la película de Scott) a esta -algo- sobrevalorada película de gladiadores son esos romanos que, obligados por la tiranía del gigante americano, olvidan el latín -lengua única entendida por los gobernantes de Europa durante siglos- y sólo son capaces de hablar en un inglés perfecto… ¡Señor Scott, aprenda de Mel Gibson!
Lo mejor: la épica que rezuman los diálogos, los primeros 30 minutos, el ritmo, y la actuación de Joaquin Phoenix.
Lo peor: el guión plano, y el excesivo contraste entre bien y mal (la falta de puntos intermedios).

MIÉRCOLES EN ASIA: ‘Ip Man’, de Wilson Yip

[[Crítica de @marckwire21]]

IP Man” podría ser la mejor película de artes marciales de la historia de no ser porque este género en concreto abarca muchísimos puntos de vista, gustos y opiniones diversas. Cualquier fan de las artes marciales vistas en pantalla grande tiene su film preferido y especial, respetando eso si, al maestro Bruce Lee. A los fans de Jackie Chan no suele gustarles tanto Jet Li, esto ocurre al revés, quienes disfrutan de las multi-coreografiadas escenas de acción de Chan ven solamente como buenas y poco más las de Li. No siempre, pero suele ocurrir. Algo así como los fans de PES y FIFA, por poner una comparación rápida.


Hay muchos más actores de artes marciales obviamente, Chow Yun-Fat,  Michelle Yeoh, Yuen Biao, Sammo Hung, Tony Leung, Andy Lau, Zhang Ziyi o Angela Mao, pero quienes se repartían la mayor parte de fans fueron ellos dos. Ambos igualmente inexpresivos y cada uno de ellos en su estilo, el humor de Jackie y la eficiencia de Li. El paso del tiempo no perdona a nadie y las 2 estrellas asiáticas de acción internacionales ya no cuentan con la gran participación en películas con las que contaban antes, en parte también porque el publico general ya no consume el cine de acción como en la época dorada de ambos. Mientras que Chan ya solo aparece en un film al año y sin ser protagonista, Li goza de algo más de “vida cinéfila” al verse incluido en la saga “The Expendables“, pero al margen de esta no se prodiga ya como antaño. Esto nos deja a nuevos grandes actores como el tailandés Tony Jaa de la saga “Ong Bak“, Iko Uwais de “The Raid” y su secuela o el protagonista de esta cinta, el magnífico Donnie Yen.

Donnie no es nuevo, algunos lo conoceréis por su personaje de Cielo en “Hero” junto a Jet Li y Tony Leung, o también por sus otros papeles en producciones tan conocidas dentro de este mundo como “Bodyguards and Assassins“, “14 Blades” o la interesante “Dragon (Wu xia)“. Se le podría incluir tranquilamente en la generación de Chan y Li aunque un peldaño más abajo (comenzó su carrera en 1984, en pleno auge del mono borracho de Chan), pero Yen no solo sigue activo y con proyectos (3 películas en 2014 y futuro protagonista de la segunda parte de “Crouching Tiger Hidden Dragon) sino que demuestra en cada oportunidad que tiene el buen hacer que posee para no solo la ejecución en coreografías de artes marciales y su puesta en escena sino también algo más de expresividad en sus interpretaciones que la gran mayoría de actores de este género. Actualmente y en mi humilde opinión, es el mejor actor de artes marciales que hay, sin ninguna duda. 


Aquí da vida al famoso, y consumido en los últimos tiempos por el séptimo arte, maestro Ip man, más conocido por ser el instructor del mítico Bruce Lee en su edad mas tempranala película se centra en su vida en Foshan, durante los años 30 con epicentro el estallido de de la segunda guerra sino-japonesa que provocaría la ocupación nipona de parte del sur de China. No estamos ante un biopic clásico donde se nos cuente toda la vida del maestro, más bien estamos ante una ventana que permite ver una parte importante de la vida (ficcionada) de uno de los genios de las artes marciales más importantes y respetados de la historia. 


Tras esta primera visión dirigida por Wilson Yip le han seguido 5 más, incluida una serie de televisión. “Ip Man II” llegó en 2010 con mismo protagonista y director, Donnie Yen y Wilson Yip. Si bien no es tan espléndida y satisfactoria como la primera se deja ver bastante bien y fija en la acción su motor principal. Además, cuenta con un némesis como el clásico actor en estos lares, Sammo Hung, que a sus años seguía manteniendo una forma y unas maneras envidiables. Ese mismo año llegaría la primera de las 2 dirigidas por Herman Yau, “Ip man: the legend is born“, interesante pero más floja que las anteriores, tiene el aliciente de contar la vida de Ip man desde su más tierna infancia hasta la adolescencia, haciéndonos comprender el porqué de muchas de sus reglas sobre el comportamiento y la educación. El segundo trabajo de Herman fue en 2013 con “Ip man: the final fight“, este film está considerado la tercera parte de la saga de entregas realizada por Wilson YipHerman hizo dos películas complemento a las de Yip, una precuela y una secuela, y a ellas se le une también la versión/visión de Wong Kar Wai, “The Grandmaster” con Tony Leung como protagonista, un film que técnicamente es soberbio pero que falla en contar de forma interesante una trama que debería serlo. Las producciones sobre el gran maestro finalizan con una serie de televisión con 50 capítulos titulada “Ip Man (Yip man)” a finales de 2013. Wilson Yip y Donnie Yen habían trabajado juntos antes en 3 grandes films de acción como “Kill Zone” (aquí junto a Sammo), “Dragon Tiger Gate” y “Flash Point“, todo producciones made in Hong Kong. Y es que Donnie, no se ha prodigado en el país norteamericano salvo en 1 ocasión, en “Blade 2“, con un papel muy secundario. Una de los secundarios es nada más y nada menos que el que fuera protagonista de la mítica cinta de los años 80, “History of Ricky“, Siu-Wong Fan aka Louis Fan. Desde aquel papel tan solo contaba con 4 películas en su haber, desde su aparición en “Ip man“, cinco más. Fan también aparece en la segunda parte de Wilson Yip y en la primera de Herman Yau en otro papel distinto. La némesis de Ip Man en la película es un actor japonés perfecto en su papel, haciendo tan suyo un personaje con tan elegancia y sobriedad como lo hace el propio Yen, se trata de Hiroyuki Ikeuchi.

Considerada por la crítica como una de las mejores películas de artes marciales de la historia, codeándose con títulos como “Kill Bill”, “The Raid“, “Crouching Tiger, Hidden Dragon“, o clásicos como “Return of the Dragon” o “Drunken Master“, en “Ip Man” la verdadera inteligencia es tratar las artes marciales lo más realistas posibles. Se dan cabida en momentos puntuales a los efectos especiales pero solo para intentar hacer las escenas de lucha lo más cercanas a la realidad. No se abusa de ellas, no es un machaque de 106 minutos con constantes entradas y salidas de extras que nunca mueren. Aquí en “Ip Man“, cualquier escena de acción está integrada perfectamente en el metraje, sin calzador. Unas escenas donde se puede saborear el arte como tal que es, donde poder admirar el estilo Wing Chun que hizo tan famoso a este maestro. Conoceréis su forma de ver y entender la vida con respeto y educación, esa filosofía de la cual, y está más que demostrado, quedó impregnado otro genio como Bruce Lee. Cinta de corte clásico, con inicio donde todo es muy bonito, varapalo en la mitad y desenlace duro porque no es el esperado por todos. Final épico y que funciona perfectamente porque todo lo visto antes justifica precisamente dicho final. El enfrentamiento de China contra Japón, el respeto mutuo entre dos maestros en sus estilos al que la historia, y la guerra, ha puesto uno delante del otro. Todo ello con el trasfondo de la ocupación japonesa y las penurias que comportó dicho conflicto, donde los chinos eran tratados como simples animales. Puede gustar tanto a los fans más viejos de este tipo de cine como a los que no les gusta o lo suelen criticar por repetitivo y poco original ya que la propia historia, sonido, actores y fotografía así como el enfoque final que se da a toda la película la hacen un producto muy agradable de consumir para todos. Si Donnie Yen consigue convenceros como héroe de acción no dejéis en ver la secuela, “Kill Zone” y “Flash Point“.

MIÉRCOLES EN ASIA: ‘Why Don’t You Play in Hell?’

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
Sion Sono comenzó su carrera como poeta, a los 17 años, publicando sus versos en la revista japonesa “The Modern Poem Book“. Posteriormente se matriculó en la Universidad, que dejó a medias para ponerse a hacer películas en 8 mm. Así pues, a la temprana edad de 24 años debutó en el Festival de Cine PIA con un cortometraje de corte experimental en el que leía una selección de su poesía en pantalla. Esto le valió una beca que usó para hacer su primer largometraje 16 mm en 1990. Desde entonces, Sion Sono se ha convertido en un hito del cine independiente de su país, y un nombre en el mundo de la poesía local. Why Don’t You…? es un guión que escribió hace 17 años, y supone un canto de amor al cine.
Dos jefes de la yakuza se odian a muerte, pero uno de los dos está enamorado de la hija del otro que con 10 años y después de hacer un anuncio de dentífrico, sueña con ser actriz cuando sea mayor. Mientras, en la misma ciudad, un grupo amateur de tres cineastas (el director y jefe, Hirata; la especialista en travellings, y el especialista en cámara en mano) llamado “Fuck Bombers” sueñan con ser los mejores realizadores de todo Japón. En principio planteada como una comedia romántica de enredos y mucha, mucha cinefilia, se convierte en una orgia explosiva de sangre, sudor y lágrimas.

A Sion Sono no le da miedo sobrepasar el límite, y una vez sobrepasado, tampoco le da miedo duplicar o triplicar ese límite. Y Why Don’t You…? es la prueba empírica de ello. Debo reconocer que no le conocía antes de ver su última película en la edición del Festival de Sitges, pero desde entonces he podido visionar varios de sus filmes (Suicide Club y Cold Fish son las que más recomiendo desde aquí) y he visto que esta es una de las características principales de su cine. Esa, y la presencia de chicas asiáticas extremadamente ‘sexys‘ que, generalmente, muestran carne. Pero, a pesar de estas dos características que si comparte con otras, Why Don’t You…? es una película atípica en la filmografía de Sion Sono. Es, como ya he dicho unas líneas atrás, un canto de amor al cine, arte que brota de la cabeza de Sono como la sangre digital que inunda la pantalla a borbotones, un ejercicio de delicioso metacine en el que el realizador japonés tiene tiempo para todo.
Y cuando digo para todo, es para todo. Homenajea el cine de Akira Kurosawa, referencia de forma constante al maestro de las artes marciales en el cine Bruce Lee (hasta toma prestado su atuendo más reconocible) y en general a todo el cine de artes marciales, el lanzamiento de numerosos mensajes a favor de las proyecciones en 35 mm…  Y además hace reír, plantea una historia alocada pero más o menos coherente, y dota al metraje de un ritmo alto y además in crescendo que es difícil de encontrar hoy en día. En definitiva, Why Don’t You Play in Hell? es una declaración de amor al mundo del cine. Un mundo en el que Sion Sonomerecería y merece ser reconocido.
Por último, solo me queda por remarcar que parece increíble que un director de más de 50 años como es Sono sea mucho más actual y rompedor que muchos cineastas actuales llamados ‘post-modernos’.
Lo mejor: la última media hora es una de las mejores combinaciones entre comedia negra, acción, y gore (orgia de sangre, katanas y metralletas) que se han visto en el cine en muchos y muchos años.
Lo peor: al principio a la película le cuesta algo arrancar, ya sea por la incapacidad del espectador occidental para diferenciar actores asiáticos entre ellos (cosa que se me soluciona a medida que uno conoce a sus personajes), o por la cantidad de historia que quiere contar Sono.

Título: Jigoku de naze warui? (Why Don’t You Play in Hell?)
Dirección: Sion Sono
Guión: Sion Sono
Fotografía: Hideo Yamamoto
Año: 2013
Duración: 126 min.
País: Japón
Productora: T-Joy / King Records
Reparto: Jun Kunimura, Shinichi Tsutsumi, Fumi Nikaido, Tomochika, Hikori Hasegawa, Gen Hoshino, Tak Sakaguchi

La traición del cineasta al subgénero


Crítica de @PaulPorcoRosso

Bienvenidos a la crítica de la versión found footage de la película de los años noventa de Jan de Bont, Twister. El pantanoso terreno de los found footage no ha traído al cine más que decepciones y películas que se traicionan a ellas mismas pasándose por la axila todas las reglas internas del subgénero. Salvo contadas excepciones, claro está. Ahí están filmes como Cloverfield, Holocausto caníbal, Europa Report o la presentada en la última edición del Festival de Sitges The Sacrament, que se las han manejado con un bajo presupuesto para entregar obras solventes y que han gustado (sea más o sea menos) al público que las ha disfrutado.
Pero por norma general los filmes suelen ser de ínfima calidad argumental y narrativa, y buscan sorprender (supongo) con su repertorio visual, como Proyecto Dinosaurio (no estrenada en nuestro país, y sin previsiones de estreno), The Bay o la película que nos ocupa, Into the Storm. Para intentar aportar alguna novedad, la película se estrenará en dos cines de España (el Cinesa Diagonal Mar de Barcelona y el – de Madrid) con un sistema de ventilación y nebulizadores sincronizados a la acción de la película para sentir las corrientes de viento y mojarse levemente. La realidad es que tras haberlo probado, como el 3D en sus primeras proyecciones, la concepción de esta especie de 4D está aún en pañales.

Un pequeño pueblo del centro de los Estados Unidos, Silverton, es azotada por una serie de tornados sin precedente alguno en la historia de la humanidad. En medio de cabezas de tifón erráticas y mortales, Donnie (Max Deacon) y Kaitlyn (Alycia Debnam Carey) se quedan varados en una antigua fábrica de papel. A su búsqueda irán Gary (Richard Armitage) y Trey (Nathan Kress), el padre y el hermano de Donnie, que se encontrarán con un grupo de cazadores de tormentas liderado por Pete (Matt Walsh) y Allison (Sarah Wayne Callies), que se encuentran en medio del rodaje de un documental sobre tornados y conseguir una toma única del ojo de la tormenta.
Durante el transcurso de la película, los impases cómicos no arrancan ni media sonrisa, y sobre todo en la parte final del metraje abundan los momentos divertidos y graciosos que lo son sin pretenderlo. Cuando esto ocurre en una película con pretensiones de seriedad, es que algo se está haciendo terriblemente mal. Planos sacados de cámaras situadas en lugares en los que no hay nadie para sostenerlas, y sobretodo el final que se mete de lleno en el falso documental y conserva las andaduras de los rednecks borrachuzos (introducidos como una especie de funny sidekick que funciona peor que muchos personajes ‘serios’ de la película) son las traiciones que comete Steven Quale con el subgénero de su propia película. Pero no solo eso. Y para colmo, el guión de John Swetnam, escrito a base de cliché, también está lleno de inconsistencias internas (¿una meteoróloga que condena a muerte a todos sus compañeros de catástrofe por no conocer el efecto Venturi? ¡venga ya! ¡si eso es de nivel de instituto!). La única mención positiva que me veo obligado a hacer es en favor de los efectos especiales, entre lo mejor que he visto este año en una sala de cine.

Sería fácil caer en el error de catalogar a Into the Storm como un “Sharknado pero sin gracia”, pues la película tiene unas pretensiones imposibles de alcanzar por su ínfima calidad. Parafraseando a James Tolkan en Top Gun mi frase para el director de este despropósito sería la siguiente: ‘Steven Quale, tu soberbia extiende cheques que tu película no puede pagar’.
Lo mejor: los efectos especiales.

Lo peor: alguien debería contarle a John Swetnam qué es el efecto Venturi y a Steven Quale las bases del found footage y del falso documental.


Título: Into the Storm
Director: Steven Quale
Guión: John Swetnam

Fotografía: Brian Pearson

Año: 2014
Duración: 89 min.
País: Estados Unidos
Productora: WB / New Line Cinema / Village Roadshow / Broken Road Productions
Reparto: Richard Armitage, Sarah Wayne Callies, Jeremy Sumpter, Nathan Kress, Matt Walsh, Arlen Escarpeta, Jon Reep, London Elise Moore, Kyle Davis, Max Deacon