Recomendaciones de Cine de Terror Europeo: #6 – ¿Quién puede matar a un niño? (1976) de Narciso Ibáñez Serrador

[[Crítica de @marckwire21]]
Posiblemente y limando algunos pequeños errores esta sea la mejor película española de terror que se haya realizado. ‘El juego de los niños‘ fue una novela que Juan José Plans publicó en 1976 y que el eterno Chicho Ibañez Serrador adaptó para el cine ese mismo año. En pleno verano, un matrimonio de turistas extranjeros (no se deja claro su nacionalidad, aunque tienen una pinta de ingleses que tira para atrás) deciden pasar unos días a modo de luna de miel en la costa levantina, en Benavis. Su búsqueda de paz y tranquilidad los llevara a conocer la existencia de una pequeña isla a unos kilómetros de la costa, Almanzora. Una vez allí Tom (Lewis Fiander) y Evelyn (Prunella Ransome) comprobarán que la pequeña isla esconde un gran secreto. ‘¿Quién puede matar a un niño?‘ fue el titulo que finalmente Chicho le adjudicó creando así la duda en el espectador sin ni siquiera haber visto el film. ¿Seríamos capaces de matar a un niño? Este es el primer golpe que el realizador español daba con su película, el segundo sería el prólogo de la misma. Usando imágenes de archivo observamos el trato que se ha dado a los niños a lo largo de la historia, especialmente en aquellos que habitaban en zonas de guerra. Al igual que cuando un matrimonio con hijos se separa o divorcia, los niños son los que mayormente suelen pagar los platos rotos como se comenta en el film. En las guerras también hay dos bandos, incluso más, como sucede en los matrimonios, y los niños, tanto en la guerra, como en la separaciones conyugales y en general en la vida, siempre son los grandes damnificados.


El uso de niños en películas de terror casi siempre ha llevado a estas al éxito, ‘The Innocents‘, ‘Village of the damned‘, ‘The Omen‘, ‘Poltergeist‘. En ‘¿Quién puede matar a un niño?Ibañez Serrador no esconde nada en la oscuridad, ni tras una cortina, el terror infantil inducido por esa masa de críos que pueblan Almanzora se muestra bajo el sol mas abrasador y sus blanquecinas casas veraniegas. La ambientación es magnífica: no todas las producciones de terror han de ser oscuras, góticas o infestadas de sangre. Para infundir miedo en el publico también puede crearse un clima malsano o viciado, con el silencio de una isla y de unos niños que tan sólo te miran y sonríen en silencio, un puñado de infantes que parecen versiones diabólicas de Tito y Piraña, con sus pantalones cortos ceñidos de época, sus sombras reflejadas en las paredes de las casas de cal donde el sol acelera cada decisión que se toma debido a la angustia y la incredulidad ante las reacciones de los pequeños. Chicho creó un mundo aterrador a plena luz del día, sin posesiones, sin visiones, sin zombies, sin Draculas ni sucedáneos, sin casi ninguno de los estereotipos más usados para provocar terror, y eso amigos, es algo que a día de hoy es casi imposible encontrar.
A destacar y mucho la banda sonora del compositor habitual de Chicho, Waldo de los Rios, un argentino afincado en España que impulsa todos los momentos de clímax propuestos por el director español a lo largo de las casi dos horas de duración. El tema principal basado en una canción de cuna y sus variaciones durante la película forman un conjunto de sinfonías perfecto. Un estupendo thriller de terror al que perdonándole algunos fallos de guión y al que limando un poco las decisiones de sus personajes conforme se acerca el final se le podría considerar el mejor thriller psicológico que ha parido este país en toda su historia.
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