MIÉRCOLES EN ASIA: ‘Tengoku to Jigoku’, de Akira Kurosawa

[[Crítica de @marckwire21]]
Tengoku to Jigoku‘, más conocida por ‘High and Low‘ o ‘El infierno del odio‘ como se tradujo aquí en España, es una película de 1963 dirigida por el japonés Akira Kurosawa. El brillante director asiático se encontraba casi al final de su carrera con un Óscar ya bajo el brazo por ‘Rashomon‘ y más de 20 títulos a sus espaldas entre los que destacan ‘Yojimbo‘, ‘Los siete samurais‘, ‘Trono de sangre‘ o ‘El idiota‘. Estas dos ultimas junto a ‘Barbarroja‘, ‘Dersu Uzala‘ y la cinta que nos ocupa hoy, ‘El infierno del odio‘, son las cinco adaptaciones de novelas que Kurosawa dirigió en toda su carrera de un total de 32 películas. Poco más de 50 años tenia el realizador japones cuando adaptó este thriller policial -también participó en el guión- basado en la novela escrita por Ed McBain (seudónimo de Salvatore Lombino) en 1959, ‘King´s Ransom‘ (‘El secuestro del rey‘). La fotografía en un perfecto blanco y negro corre a cargo de Asakazu Nakai (‘Throne of blood‘, ‘Dersu Uzala‘, ‘Ran‘) junto a Takao Saito y la banda sonora es obra de Masaru Sato (‘Yojimbo‘, ‘Sanjuro‘).
Un importante directivo perteneciente a una empresa de zapatos, Kingo Gondo (Toshiro Mifune) celebra en su casa una reunión con algunos de sus compañeros para debatir el futuro de la empresa ya que dispone de la mayor parte de acciones de la misma. Al término de esta, recibe una llamada donde le dicen que su hijo ha sido secuestrado exigiéndole un rescate millonario. Las dudas llegan a la mente de Gondo, pues necesita ese mismo dinero para poder hacerse con el control de una empresa en la que ha invertido toda su vida.

Ejemplar y cuidado thriller policíaco exhaustivamente detallado sobre el secuestro del hijo de un gran empresario con brillante dirección de Kurosawa. Podemos dividir las más de 2 horas que dura en dos capítulos. Por desgracia el mejor es el mas corto. Por suerte, es el primero. Durante una hora exacta el director japonés pone todos los elementos en escena. Empieza con un prólogo ideal para dejar claro la personalidad de Gondo (Mifune), un hombre maduro, recto, serio, enteramente dedicado a su trabajo sin un resquicio por el que dejar caer una pizca de humanidad. Así nos lo vende Kurosawa al inicio, pero la evolución del personaje de Gondo en la trama es brutal. La escena cuando prepara él mismo el maletín con todos de pie rodeándole es genial. Toshiro Mifune está realmente creíble enfundado en su traje de la vida, en su uniforme oficial bajo el cual nadie es capaz de llevarle la contraria hasta que los acontecimientos se suceden. Este prólogo nos trae también el momento del secuestro, en nuestras propias narices, sin ni siquiera haber digerido toda la información de la reunión. El ritmo en este ‘primer acto’ es bárbaro, no hay momento de respiro, prólogo, presentación de resto de personajes y nudo argumental. Todo en un escenario, la casa de Gondo. Vemos distintas habitaciones, pero en esa primera hora la cámara no abandona la casa, que además, permanece con todo cerrado por razones que no voy a desvelar. 


Un escenario, 5 personajes, 6 a lo sumo contando solo los importantes, cortinas echadas y nervios a flor de piel a un ritmo incesante. Por si esto no fuera bastante hay un giro brutal en los primeros 30 minutos que descolocara de una manera tangible las ideas que Gondo tenía para rescatar a su hijo e incluso su propia forma de ver la vida. Tenemos a Gondo, el padre, interpretado por Toshiro Mifune, el niño se llama Jun (Toshio Egi) y la madre Reiko (Kyoko Kagawa). A ellos hay que añadirle los integrantes del grupo policial que aparecen en escena de una manera excelente y sorprendente. Pese a ser más de 10, el guión solo da texto a unos pocos que serán los encargados de llevar ante la justicia al secuestrador. Son, al mando el detective jefe Tokura (Tatsuya Nakadai), Arai (Isao Kimura), Bos´n Taguchi (Kenjiro Ishiyama) y Nakao (Takeshi Kato). Solo el primero, el jefe Tokura, será quien disponga de más frases. En total no más de 6 personajes en escena siempre incluido el secretario del señor Gondo, Kawanishi (Tatsuya Mihashi), que sólo está los primeros 40 minutos. De todos quien más destaca es Toshiro Mifune pero quien gana en protagonismo por goleada es la brillantez del conjunto. No, no he citado a dos personajes que quien haya visto la película habrá notado. Es mejor así.

Después de producirse el intercambio entre secuestrador y Gondo en la única escena que la acción se traslada fuera de los muros de su hogar a otro lugar cerrado como es un tren, Kurosawa funde a negro. El plano siguiente es la propia casa del empresario vista de fuera. Ya estamos fuera. Es hora de buscar al asesino. Durante este tramo hay escasas escenas dentro de la casa. La acción pasa a las calles, a la búsqueda del secuestrador exprimiendo para ello todas las posibilidades que van ofreciendo las pistas encontradas. Puedo asegurar y aseguro que hay pocas por no decir ninguna película que muestre tan detalladamente la búsqueda de un criminal de esa manera. Más de 20 personas en parejas de a dos cada una de ellas encargada de un detalle, sacándole jugo a todas las pistas. Increíble la escena en que todos entregan el reporte de lo averiguado. No parece que el ritmo vaya a decaer pero lo hace hasta el punto de no haber un clímax suficientemente bien creado en la captura del secuestrador. Kurosawa alarga innecesariamente escenas que de ser más cortas (discoteca o la propia captura final) podrían haber aligerado la carga del film y hacerlo mas dinámico. Aun con todo eso el arranque del segundo acto es fabuloso y hay escenas muy logradas como la del doble seguimiento en coche con el niño, la de la comisaria con la presentación de los reportes, el famoso humo rosa (efecto imitado años mas tarde por Spielberg en ‘The Schindler’s List‘) o el propio final con ese impresionante cara a cara entre padre y secuestrador mientras se reflejan sus rostros en el cristal.

Excelente thriller policíaco con un alto nivel de detalle en todos sus aspectos, desde personajes hasta planos con segundas lecturas. Una critica lejana a la desestabilización social y de clases provocada por la enorme recuperación económica tras su participación en la 2a Guerra Mundial. Claramente va de menos a más y el clímax de la captura se deja para el final con el cara a cara. Una conversación breve que muestra a un secuestrador poseído por un odio y una envidia capaces de llevar a cualquier ser humano a cometer actos desesperados. Gondo queda estupefacto siendo consciente de los sentimientos del criminal pero sin poder articular palabra ni pensamiento que lo haga comprender totalmente que hizo mal para provocar tanto odio y envidia en él. 

Lo mejor: Su ‘primer acto’ es perfecto. De manual. Como estar viendo una gran obra de teatro en primera fila. Toshiro Mifune de 10.

Lo peor: Pese a tener mas acción que el primero, el segundo acto se diluye por culpa de la duración de algunas escenas. Se pierde el interés en la búsqueda nocturna.

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