Crónica del Festival de Sitges – DÍA 7


Hoy toca sesión ligera con solo tres películas y arrancando a las 9 de la mañana. No es que haya dormido mucho más que otros días, pero se agradece media hora más en la cama. Se viene el “Argentina day“, ya que 2 de las 3 son originarias del país del mate. Hace un día estupendo, y me resulta muy interesante la jornada matinal de Auditori. Tras realizar la rutina diaria, desayuno, perro, y camino a la estación toca disfrutar de un enorme bocadillo en el tren, que luego sabemos lo que pasa. Al llegar, @JohnPrskalo está en el bar de la estación. Genial, el camino a Auditori no se hará tan largo como de costumbre. Vamos con el día 7, esto se acaba señores…
‘Relatos Salvajes’: Humor exquisito
Una de las grandes esperadas del público en Sitgeshacia su estreno a primera hora de la mañana. Mi creencia de que iba a estar la sala a rebosar ha sido desmontada al llegar y ver que ciertamente no era así. Cola medianamente normal y poca afluencia en los alrededores de Auditori. Como @JohnPrskalo me comentó de camino a la proyección: muchos ya tuvieron la suerte de verla en la última edición del festival de San Sebastián sin contar que en la tarde-noche había otro pase y que además en un breve espacio de tiempo seria estrenada oficialmente en todos los cines. Mejor, hemos podido disfrutar de una de las posibles ganadoras en este edición del festival con poco público y sin tener que hacer extraños movimientos de cabeza. Aclamada por público y critica, esta comedia negra de origen argentino es una delicia para los sentidos. Dividida en 6 episodios de duración progresiva, el nuevo film del argentino Damián Szifrón pasa volando ante tus ojos, casi 2 horas de complicidad total con lo que a uno le entra por los ojos, humor negro, a veces retorcido a más no poder, un humor cómplice y en pequeñas dosis, a sorbitos, sin llegar a agobiar, sin caer en el gag fácil, con una impresionante factura técnica que abarca todos los ámbitos, actores, dirección, música, montaje, ritmo, fotografía: todo en ella es digno de alabar o destacar. Las dos primeras historias, “Pasternak”y “Las ratas”, meten al espectador en faena, preparándole para lo que se le viene encima, para pensar mal y acertar, para sacar ese pensamiento retorcido y maquiavélico que todo ser humano lleva dentro y que Szifrónconoce muy bien. Siendo la primera la mas cómica de todas y la segunda retorcida como ella sola, se llega a la tercera, donde Leonardo Sbaraglia nos muestra con su interpretación el borde del precipicio, la rabia de ese momento de explosión en un hombre llevado a su punto más alto de tolerancia, al punto de no retorno, donde la parte bondadosa del ser humano queda lapidada de por vida. Es aquí donde llega la que para mí es la mejor historia de todas, la protagonizada por Ricardo Darín. En ella se muestra con más calma el despertar violento de alguien que tan solo quiere hacer las cosas bien, correctamente. Brillante momento en el que suelta la siguiente frase: “¿Pero qué violencia? ¿De qué violencia estamos hablando acá?”, magnifico episodio. Excelente. El quinto es igual al resto, con un toque muy hitchcockiano y una resolución esplendida e inesperada. El sexto es un buen remate a todo lo visto anteriormente, un broche de lujo e igualmente cómico, retorcido y sorprendente aunque menos violento e impactante que el resto, y funciona perfectamente, relaja al espectador para que abandone la platea con una gran sonrisa en la cara. Los títulos de crédito iniciales, toda una delicia, acompañando junto al nombre de cada actor, un animal que representa su personaje en el film. Banda sonora de lujo, a manos de un grande como Gustavo Santaolalla que adjudica a cada segmento la música adecuada usando diferentes estilos y teniendo como punto máximo la historia de Ricardo Darín donde aparecen esas notas tan características de otras bandas sonoras compuestas por el argentino como las oídas en ‘Amores Perros‘ o ‘Babel‘. Grandiosa película difícilmente olvidable, una de las imprescindibles este año en Sitges.
Over your dead body: sin conexión en esta ocasión
Coincidir en una misma película y fila de butacas con tan grandes críticos como uno de los editores de este blog, @PaulPorcoRosso y su hermano @IgorLlongueres, además de @JohnPrskalo, @losthigway, @Drikis5 y @GammaTeruo es un gran placer para quien os escribe y como tal había que mencionarlo. No han sido muchas las películas que han generado colas pero esta sí ha sido una de ellas, algo que a priori no me extrañaba conociendo lo venerado que esta Takashi Miike, su director, entre la mayoría del público asistente cada año al festival de cine en Sitges. El realizador nipón y yo no conectamos bien en algunas ocasiones como en ‘Visitor Q‘ o ‘Sukiyaki Western Django‘, pero sí lo hacemos en otras como con la saga ‘Crows Zero‘ o ‘13 assassins‘, es decir, cuando se dedica al cine de acción que le permite tantas de sus excentricidades. Este año el veteranísimo y veneradísimo Miikeestaba por partida doble en Sitges con esta ‘Over your dead body‘ y también con ‘The Mole Song: Undercover Agent Reiji‘. El comienzo es muy denso, oscuro, lleno de sombras, lámparas y pocas palabras con escasos vestigios de lo que la sinopsis reflejaba, una historia de fantasmas en un teatro. Su ritmo pausado despierta interés en el espectador solamente cuando su minimalista banda sonora incrementa la tensión o la emoción de la escena en concreto. Una vez metido dentro de ella y pasado casi más de medio metraje es cuando empieza a tomar color, con la inclusión de momentos paranormales, fantasmales o sangrientos, llegando casi al gore. Desgraciadamente Miike se apoya demasiado en estos elementos para que su película no caiga en el aburrimiento total, lo que es una pena. Enfocada de otra manera hubiera llegado más al público asistente que no dudó en abandonar la sala sin terminar de verla. Yo como otros nos quedamos hasta el final y si bien no disfrutamos de una gran producción si nos entretuvimos con sus escenas sangrientas y con su final. Por suerte o por desgracia, Takashi Miike seguirá siendo un director capaz de convocar masas a sus estrenos y producciones porque si de algo es capaz el japonés es precisamente de eso, de ofrecerte la posibilidad casi anual de salir amándolo u odiándolo.
El Ardor: Western valium selvático

Última del día. Pablo Frendik, el director era invitado a realizar la presentación de su western selvático, ‘El ardor‘, interpretado principalmente por el mexicano Gael Garcia Bernal. Quinta presentación en la matinal de Auditori, y en la que Frendik confesaba ser muy pronto, las 13:30h, para la proyección de la misma. El ritmo de conversación del realizador porteño es lento, igual que el mismo que habita en el film, donde todo es minimalista o sencillamente, lento. Sin más. Con una fotografía magnifica a cargo de Julian Apezteguia (‘Días de pesca en Patagonia‘, ‘Carancho‘), la acción nos mete directamente en la selva argentina, de donde no saldremos más. Un padre y un hija viven acompañados de un tercer hombre a los cuales unos mercenarios cazadores y deforestadores tienen amenazados para poder quedarse con sus tierras. Llegado de otra parte de la selva aparece un joven extraño, escaso en palabras, sin camiseta y descalzo llamado Kaí (Gael García Bernal). Kaí se quedará para ayudar a la pequeña familia a defenderse y a enfrentarse al temido grupo de extorsionadores que pretende echarlos por las buenas o por las malas del lugar. Ha sido la peor del día y por suerte la última. Todo transcurre excesivamente lento, o tranquilo, incluso los diálogos y con ellos no vale la excusa de que son minimalistas. Hay pausas de segundos en un mismo discurso, incluso entre palabras. Dan ganas de gritarles que espabilen de una vez. Realmente saca de quicio esta lentitud en los diálogos. Si solo fuera el personaje de Kaí por su aparición de la nada o por su misticismo relacionado con la leyenda aparecida al inicio del film aun se podría entender, pero ¿porque les pasa a todos? Incluido a los extorsionadores. A pesar de todo esto, entra bastante bien, se deja ver y menos por alguna escena cansina el resto es pasable. Claro que… esto funciona hasta que llega la media hora final, dónde el director que hasta ese momento sabía mezclar el misticismo de la leyenda, el lugar y la tensión progresiva decide olvidarse y dedicar el resto a la acción, dónde se ve el verdadero western. Su premisa inicial la hemos visto en muchísimos westerns, cierto, pero se desplaza de este género con ese excesivo minimalismo o lentitud que aplica a todo el metraje, la substancia del western pasa totalmente desapercibida y olvidada para el espectador (por culpa de los actores también) e incluso todo lo que era selva se convierte el polvo. Un final irrisorio con diálogos de antología (atención cuando crean el plan de defensa/ataque y al momento pose del grupo extorsionador como si de un photocallse tratara), situaciones hilarantes (el temporalmente ciego y su show), el ridículo/homenaje duelo en referencia a los spaguetti-western, que no veía a cuento según como venia estando dirigida la película, personajes que dependiendo como les dé el sol, hacen una cosa o no la hacen -incongruentes y contradictorios según lo pida el guión-. Vale, aceptamos barco pero no compramos lancha. Inconexo tramo final para un lento film que oscurece con su inventiva extrema la esencia del género que pretende ser.
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