¡Shalom, Zach Braff!

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
Crecer es un proceso lento, costoso y doloroso. Me han dicho en varias ocasiones que los treinta (edad para la que aún me faltan un par de lustros para llegar) es de las más complicadas de pasar a nivel mental. Tus hijos, si los has tenido de joven, ya avanzan con paso firme hacia la adolescencia. Tus padres (si es que aún les conservas a ambos) empiezan a pasarte el testigo para que seas tú el nuevo cabeza de familia, y si son padres que han vivido la década de los setenta en todo su esplendor (y con ella el jugueteo liberal con las drogas) ya empiezan a llegar a su fecha de caducidad. Para colmo, en medio de todo este curioso marrón familiar que se te viene encima, tu espiritualidad te manda señales para que entiendas que aún no has encontrado tu propósito en la vida. Llevas vividos 35 años, y de repente te das cuenta de que no sabes qué demonios eres, no te conoces lo suficiente. Así que, cuando llegas a los treinta, y para resumirlo en un par de palabras: estás jodido.
Pero crecer es inevitable, y darte cuenta de que lo estás haciendo a marchas forzadas, la mejor medicina para disfrutar los últimos momentos para siempre con tus padres, los últimos momentos de tus hijos hasta que regresen de ese amargo viaje que es la adolescencia (porque, afrontémoslo, nunca van a ser tan monos como cuando tienen diez añitos), y ponerte de una vez por todas las pilas para mantener a una familia que por poco se te va de las manos: ahora mismo tu función en el mundo es conseguir que tus hijos (sí, esos que dentro de poco dejarán de contarte cosas y pensarán que pasar tiempo contigo es sumamente aburrido) se conviertan en una persona tan buena y válida que (por lo menos hasta antes de llegar a esta crisis existencial de la treintena) tú has sido.

En su nueva película, el personaje de Zach Braff(interpretado como siempre de forma rutilante), Aidan Bloom, es un hombre en este momento de su vida. El cáncer de su padre (Mandy Patinkin en plena forma) vuelve a la carga con mucha más fuerza que antes, la llama del amor con su mujer (Kate Hudson) se va apagando poco a poco, su lucha para convertirse en actor no es más que una decepción tras otra, y por si fuera poco no puede pagar el colegio privado de sus hijos, con lo que deberá educarles en casa. A través de estas clases, Aidan redescubrirá partes de él mismo que había enterrado muy al fondo de su ser e intentará encauzar su vida antes de que se le escape por completo.
La película combina a la perfección el dramatismo de la crisis de los treinta con el clásico sentido del humor judío, dándole la vuelta a la tortilla a sus desgracias, bromeando sin miedo con la religión, y buscando el camino a seguir en este viaje espiritual que desemboca en un mejor conocimiento de sí mismo. Las disfuncionalidades familiares que los hermanos Braff escriben tan y tan bien (quizás porque han vivido un poco de eso en casa) sirven de motor a unas réplicas afiladas y a diálogos rápidos dignos del mejor Woody Allen y personajes estrambóticos que parecen sacados de una película de los hermanos Coen. El Braff director captura momentos que, aunque podrían ser tachados de desprender cierto tufo a tópico motivacional (“sigue tus sueños”, “eres un héroe día a día”), exhalan buen rollo y simpatía por los cuatro costados, y lo hace sin virguerías ni alardes técnicos: su dirección es simple, como el alma del filme que se está rodando. Respaldado (como ya hiciera en su opera prima) con la simpleza de las melodías indie que tanto le gustan y un excelente trabajo de fotografía de Lawrence Sher, las reflexiones del expresivo actor, director y guionista (tanto televisivo como de cine) urden un filme que sirve para hacer entender (a los que aún no hemos llegado) qué es la treintena para el hombre.
Han pasado diez años, sí, pero Zach Braff (y aquí reside para mí el único error de una película, igual que Garden State, digna del mejor Alleno hasta los mejores Coen) sigue perdiéndose y encontrándose en las crisis de cambio de década. En 2004 fue el empujón que le hizo salir de una adolescencia perpetua  y convertirse de una vez por todas en mensch. Y con Wish I Was Here, comprende qué demonios está haciendo en este mundo. Una epifanía más.
Lo mejor: banda sonora, actuaciones, fotografía y guión. Ahora estoy un poquito más preparado para la crisis de los treinta.
Lo peor: el tufillo a moralina barata, y el hecho de ser una película narrativamente tan parecida a Garden State.

Título: Wish I Was Here

Director: Zach Braff
Guión: Zach Braff, Adam Braff
Fotografía: Lawrence Sher
Año: 2014
Duración: 120 minutos
País: Estados Unidos
Productora: Double Feature Films / Worldview Entertainment
Reparto: Zach Braff, Josh Gad, Kate Hudson, Jim Parsons, Joey King, Ashley Greene, Mandy Patinkin, Donald Faison, James Avery, Michael Weston, McKaley Miller, Pierce Gagnon, Phill Lewis, Reese Hartwig, Bob Clendenin
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