El Amanecer de los blockbusters veraniegos

Título: Dawn of the Planet of the Apes

Director: Matt Reeves
Guión: Rick Jaffa, Amanda Silver, Mark Bomback
Fotografía: Michael Seresin
Año: 2014
Duración: 130 min.
País: Estados Unidos
Productora: 20th Centurty FOX / Chernin Entertainment
Reparto: Andy Serkis, Jason Clarke, Gary Oldman, Keri Russell, Toby Kebbell, Kodi Smit-McPhee, Enrique Murciano, Kirk Acevedo, Judy Greer
Las secuelas pueden ser una manera de torcer sagas que si se hubieran quedado con la primera película y nada más recordaríamos con cariño y no con odio (como ocurre con la trilogía de The Matrix). Los grandes estudios, en su afán de recaudar más y más dinero, por lo general se olvidan de apostar por autores de calidad para explorar los mundos establecidos por sus primeras partes, y entregan segundas partes más ruidosas, con más acción y con más villanos, normalmente uno o varios peldaños por debajo de la original. Estoy pensando en las segundas partes de Rocky, The Exorcist, Robocop, The Fly y un interminable etcétera. ¿Qué tienen en común todas estas, amén de su ínfima calidad fílmica? Que suponen un cambio de director respecto a sus maravillosas correspondientes primeras partes. Con Rise of the Planet of the Apes, Rupert Wyatt hizo un trabajo muy correcto, retomando el camino de la franquicia original (esa en la que éramos incapaces de apartar la mirada del ‘pecho lobo’ de Charlton Heston mientras maldecía a los humanos y a las guerras*) y enterrando definitivamente en el olvido ese desastroso intento de remake/reboot de Tim Burton. Pero no preocuparse. Matt Reeves aquí es Irvin Kershner, y Dawn of the Planet of the Apes su The Empire Strikes Back.
La acción se sitúa diez años después de los acontecimientos del filme de Wyatt. El virus ALZ-113 ha seguido evolucionando a los simios y matando a una gran cantidad de seres humanos. En San Francisco, una pequeña comunidad inmune a la enfermedad sobrevive como puede con una leve tregua de paz con los simios liderados por Cesar (Andy Serkis), que han hecho de los árboles y el bosque su casa: los humanos no van al bosque, y los simios no van a la ciudad. Un pacto de no agresión que se romperá cuando los humanos manden un grupo encabezado por Malcom (Jason Clarke) para arreglar una presa hidroeléctrica y así conseguir luz para su poblado. Pese a que parece un paso más hacia la tolerancia entre las dos especies, esta intromisión humana en la comunidad simia pondrá a ambos bandos al borde de una Gran Guerra entre las dos especies…

En 1968, la Academia premió a Planet of the Apescon la estatuilla al Mejor Maquillaje. Merecida, evidentemente. Con los medios de finales de los sesenta se consiguieron unas prótesis y unas máscaras tremendamente realistas dignas de mención. Pero 2001: A Space Odyssey (del mismo año y también con la presencia de hombres disfrazados de simios en ella) fue ignorada en las nominaciones a esa categoría por dos razones. Primero, porque que Kubrick hubiera rodado con simios de verdad era una posibilidad, conociendo al director. Y segundo (y más importante por el punto al que quiero ir a parar), la increíble calidad del maquillaje hizo pensar a los académicos que los simios eran reales. Algo similar podría ocurrirle a Dawn…, que cuenta con unos efectos especiales tan espectaculares que consiguen helar la sangre con expresiones faciales simiescas que se antojan reales, así como la física de movimiento del vello corporal. Increíble.
Dawn… es algo así como un western post-apocalíptico (Cesar y sus compañeros simios andan abiertos de piernas, con las manos a los lados, y Matt Reeves nos muestra primerísimos primeros planos de sus ojos, además de la obsesión de todos por las armas) que habla sobre el mal que carcome nuestra sociedad: la intolerancia. La incapacidad de olvidar rencillas del pasado. La hostilidad y desconfianza contra y en otro grupo. Los simios han evolucionado desde Rise…, y su aumento en la capacidad de razonamiento lógico es evidente. La maldad es una cualidad inherente a cualquier mente consciente: aunque esté en los albores de la conciencia. “Ape not kill ape” (“Simio no mata a simio“) es la frase que le suelta Cesar a Koba: mentira. La humanización nos vuelve, valga la paradoja, a la etapa más primitiva de nuestro ascenso evolutivo. La completa escritura del guión sitúa personajes a lo largo del pantone de grises en ambos bandos. Cada simio tiene su correspondiente humano, y viceversa. Koba y Dreyfuss (el algo desaprovechado Gary Oldman) son ambos seres que han perdido mucho en el conflicto, y con ello la fe en el mundo y las ganas de arreglar las cosas con la otra especie. Así como Cesar y Malcom, ambos abanderados por su especie como casi líderes, y con una familia que cuidar.

En respecto a las actuaciones, con esta película Andy Serkis completa otra magnífica interpretación (la enésima) tras el traje de puntos blancos. Su dedicación y comprensión total a y del personaje se hacen evidentes en cada uno de los fotogramas de la película. Como compañero de fatigas del simio protagonista (y principal antagonista de la película), tenemos a Koba, interpretado también con muchísima intensidad por Toby Kebbell. El sector humano se mantiene en la corrección, con mención especial para Clarke, que pide a gritos más papeles protagonistas. En los apartados técnicos, catalogar a Michael Giacchino como el nuevo John Williams es dar un paso demasiado al frente teniendo en el panorama sonoro a genios como Desplat, Zimmer, Shore, Elfman o Vangelis, pero su calidad es innegable y si ya nos emocionó con la banda sonora de Lost, la de Dawn… es un avance de ficha en su brillante futuro en el mundo del cine.
En una época en que los blockbusters de verano están cada vez mejor dirigidos y escritos, Dawn of the Planet of the Apes es el rey de todos ellos. Trasciende a su argumento de un mundo post-apocalíptico para hablar de agresividad e intolerancia entre dos grupos sociales y dentro de estos. Una delicia imperdible. Uno de los mejores estrenos en lo que va de 2014.
Lo mejor: personajes e interpretaciones principales, el trabajado guión, y la cámara de Matt Reeves.
Lo peor: Gary Oldmanestá algo desaprovechado.
* En su versión original la frase era: “Ah, damn you! God damn you all to hell!(se traduciría más o menos como: “¡Malditos! ¡que Dios os mande a todos al infierno!”)

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