Un arácnido viaje a la gélida y deprimente Toronto

Título: Enemy
Director: Denis Villeneuve
Guión: Javier Gullón (Novela: José Saramago)
Fotografia: Nicolas Bolduc
Año: 2013
Duración: 90 min.
País: Canadá
Productora: Coproducción Canadá-España; Rhombus Media / Roxbury Pictures / Mecanismo Films

Reparto: Jake Gyllenhaal, Mélanie Laurent, Isabella Rossellini, Sarah Gadon, Jane Moffat, Tim Post, Laurie Murdoch, Darryl Dinn
Después de ‘Incendies’ (2010), Denis Villeneuve estuvo tres años sin rodar nada, pero en 2013 volvió a la actualidad cinematográfica dirigiendo su primera película de producción estadounidense, ‘Prisoners’, un buen thriller que recuerda al mejor Fincher protagonizado por Hugh Jackman y Jake Gyllenhaal. El mismo año estrenaba ‘Enemy’, la película que hoy nos ocupa, que me parece una propuesta mucho más interesante. 
Adam Bell es un profesor de historia, inestable y con una vida un poco monótona que descubre a un actor en una película idéntico a él. Obsesionado, intentará encontrarle para encontrar respuestas. ‘Enemy’ se basa en ‘El hombre duplicado’, de José Samarago, y parte de una premisa lo suficientemente potente como para atraer a muchos espectadores. No voy a hablar mucho sobre lo qué creo que cuenta, porqué podría estar equivocado y es mejor que cada cuál saque sus propias interpretaciones. 
La primera escena de la película, relatada en tono onírico, ya nos introduce en un ambiente sórdido y de gran tensión, que probablemente absorberá a tantos espectadores como otros se pregunten qué diablos están haciendo en esa sala de cine pudiendo hacer otras cosas en esta bonita tarde de primavera. Pero si has entrado en esa sala de cine renunciando a ver la última película de Marvel y con la mente abierta para prepararse para la rareza que te dispones a visionar, ‘Enemy’ puede ser una gran experiencia. 
Porque ‘Enemy’ es muy extraña. Pocas personas la van entender al primer visionado, pero no hace falta entenderla a la primera, basta con dejarse llevar en esta experiencia. Es una película que se mueve de lo onírico a la realidad a la mente del protagonista (¿qué protagonista?) sin saber exactamente donde estamos ni qué está sucediendo realmente. En una entrevista en Dirigido por, el cineasta canadiense comentaba que aunque no lo parecía, había tenido muy en cuenta su película preferida, ‘2001: A Space Odyssey’ (Stanley Kubrick, 1968), en el sentido de que no se entiende tras el primer visionado. Sin duda, lo ha conseguido: al menos yo, tras el primer visionado, no la he entendido del todo aunque he puesto todos mis sentidos concentrados en desentrañar esa red que es ‘Enemy’. Porque ‘Enemy’ es una red, como las que tejen las arañas, en la que el director te caza y te atrapa en esa deprimente y fría Toronto (si alguna vez viajo a Canadá, creo que me voy a abstener de visitarla), te hipnotiza y te sumerge en una historia atípica con una atmósfera inquietante y fascinante al mismo tiempo. Villeneuve trata al espectador como una persona que usa la cabeza para pensar, no te trata por tonto, no te da respuestas fáciles y falsas de esas que forman el universo paralelo de los ‘happy endings’. Lanza preguntas al aire para que pienses sobre lo que has visto y desees incluso volver a ver la película para fijarte en cada uno de los detalles que Villeneuve va tejiendo por el camino, aunque no se vean a primera vista. Saldrás de la sala y aún seguirás pensando en ‘Enemy’, en las arañas y en Toronto. 


Además de una historia potente, una atmósfera fascinante y una dirección elegante, en ‘Enemy’ también disfrutamos de la magnífica actuación de Jake Gyllenhaal (que repetía com Villeneuve tras ‘Prisoners’) que interpreta de forma soberbia a los dos (?) personajes protagonistas. 
‘Enemy’ es una historia extraña, estimulante y compleja, que te deja con mucho que pensar y con ganas de adentrarte de nuevo en la telaraña que Villeneuve ha tejido para atraparte en esa gélida Toronto. Habrá quien diga que es pretenciosa, pues yo digo bienvenida la pretenciosidad. En el cine hay espacio para las historias sencillas (que no mediocres) de Alexander Payne y para la ambición (o pretenciosidad, dirían algunos) de gente como Terrence Malick y ahora, Denis Villeneuve
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