‘Drinking Buddies’, mumblecore y el cerveceo realista

Título: Drinking Buddies

Director: Joe Swanberg
Guión: Joe Swanberg
Fotografía: Ben Richardson
Año: 2013
Duración: 90 min
País: Estados Unidos
Productora: Magnolia Pictures / Burn Later Productions
Reparto: Olivia Wilde, Jake Johnson, Anna Kendrick, Ron Livingston, Ti West, Gene Dentler, Mike Brune, Frank V. Ross, Michael Gaertner, Kirstin Davis, Jim Cibak, Alicia Van Couvering, Joe Swanberg
Joe Swanberg es uno de los grandes exponentes del subgénero mumblecore, y, por lo tanto, su cine se basa esencialmente en el naturalismo tanto en las actuaciones como en los diálogos (conseguido mediante la fuerte improvisación) y el hacer maravillas con un bajo presupuesto. Y en Drinking Buddies esto se nota: las actuaciones son brillantemente realísticas, cargadas de sentimiento, fruto de un profundo trabajo del reparto, encabezado por Olivia Wilde (vista en la serie de televisión House), Anna Kendrick (50/50 y Scott Pilgrim) y Jake Johnson (clásico del mumblecore, visto en Safety Not Guaranteed).
Kate (Olivia Wilde) tiene una relación con Chris (Ron Livingston), y Luke (Jake Johnson) la tiene con Jill (Anna Kendrick). Kate y Luke trabajan juntos en una fábrica de cerveza de Chicago, y se pasan todo el día bebiendo, y, de alguna manera, flirteando entre ellos. Cuando Chris y Jill se conozcan en una fiesta en la fábrica, las dos parejas se volverán muy amigas.

Driking Buddies habla de una característica típica de muchos seres humanos: la incapacidad de dirimir entre si lo que se siente por otra persona es amor, simple atracción sexual o una potente amistad. Para reconocer el sentimiento verdadero sólo hace falta un gesto de preocupación de la otra persona, un atisbo de luz en su mirada, una confesión dolorosa. Pero, ¡ay, el alcohol!, hilo conductor de todo el relato, como dijo Shakespeare “provoca el deseo pero frustra la ejecución”. Y eso es este filme: una ejecución del deseo, de esa tensión, que nunca llega (por suerte). Olivia Wilde y Jake Johnson desprenden química, beben, juegan al blackjack y se divierten, comen juntos, pero, irremediablemente discuten. No tratan sus problemas abiertamente, no hablan de lo que sienten, y su personalidades (algo nubladas por la cantidad ingente de cerveza que consumen) acaban colisionando. Pero gracias a Dios, llega el final, el plano fijo mudo que lo habla todo, aclara los problemas y olvida rencillas.
Drinking Buddies (en la lista de las mejores de 2013 según Tarantino) es una pequeña joya del cine independiente que narra la historia sobre la tensión sexual que hay entre dos compañeros de trabajo (y amigos) que se verá puesta a prueba cuando sus respectivas parejas pasen un tiempo juntos en un fin de semana en una casa de Michigan. Su mayor baza es el realismo de las situaciones, y el sentimiento que son capaces de transmitir los personajes sólo con miradas y sus rostros. Y es que el director/guionista Swanberg consigue una película muy entretenida usando una historia simple y llana, pero tratando un tema vital como son las relaciones personales.
Altamente recomendable no sólo esta película, sino toda la filmografía de Swanberg, así como la de los que podríamos considerar sus primos bastardos, los hermanos Duplass.
Lo mejor: las actuaciones sensibles de Wilde y Johnson que a veces parecen tener una verdadera relación de amistad/tensión-no-resuelta.
Lo peor: pese a ser una muy buena película, está limitada por su pobre argumento. Pequeña joya, pero no obra maestra.

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