EL CLÁSICO: ‘The Apartment’, Jack Lemmon, y el genio de Billy Wilder

Título:The Apartment (El Apartamento)
Director:Billy Wilder
Guión:Billy Wilder, I.A.L. Diamond
Fotografía:Joseph LaShelle (blanco y negro)
Año:1960
Duración:125 min.
País:Estados Unidos
Productora:United Artists / The Mirisch Corporation
Reparto:Jack Lemmon, Shirley MacLaine, Fred MacMurray, Ray Walston, Edie Adams, Jack Kruschen, Joan Shawlee, Hope Holiday, David Lewis, Naomi Stevens, Johnny Seven, Joyce Jameson, Willard Waterman, David White
The Apartment es la película rodada por el genio del cine de los años 40, 50 y 60 Billy Wilder, tras la obra maestra Some Like it Hot (Con faldas y a lo loco, 1959), de la que se llevó al gran Jack Lemmon para protagonizar un filme del que el director se pudo rodear de lo mejor del momento en la industria cinematográfica para formar un equipo de maestros de la dirección artística, de fotografía y de la banda sonora del momento. El reparto se completa por la joven y prometedora Shirley MacLaine (que por este papel ganó el Copa Volpi en Venecia), y un Fred MacMurray que ya había trabajado con Wilder anteriormente (Double Indemnity, 1944).
C.C. Baxter (Lemmon) es un trabajador impecable de una empresa de seguros en el Nueva York en los últimos estertores de los años 50, listo, hace bien su trabajo y siempre regala horas extra a sus empleadores. Pero esos extras que hace son para llenar las horas vacías mientras sus jefes más próximos en rango usan su pequeño apartamento de soltero, su único remanso de paz en el mundo, como picadero para sus relaciones extramatrimoniales. Baxter conoce a una ascensorista de la empresa donde trabaja, Fran (MacLaine), a la que cortejará para llenar el vacío que su trabajo no puede…
El excelso decorado creado por Alexandre Trauner.
Muchas veces me ocurre viendo una película antigua que la encuentro totalmente desfasada, demodé e incluso a veces algo pesada. Todo me sabe a óxido y huele algo a cerrado y a humedad. Un ejemplo de este fenómeno, y lo digo a riesgo de ganarme más de una antipatía hacia mi persona por parte de los lectores aquí presentes, es con A Clockwork Orange. Yo considero a Kubrick un excelente e incluso brillante realizador de cine (¿a caso no sería de locos que pensara lo contrario?), y puedo comprender que fuera revolucionaria y moderna cuando se estrenó allá por el año 1976, pero al revisitar A Clockwork Orange ahora, sólo puedo que apreciar el arte de Kubrick para el encuadre y el simbolismo en pantalla (y sus geniales bandas sonoras): ni encuentro su violencia extrema (más bien me parece algo ridícula), ni su estética futurístico-sesentera lógica. No me gusta. Aguantan mucho mejor el paso de los años Straw Dogs y Dirty Harry (ambas contemporáneas a esta sobrevalorada obra de Kubrick y con la violencia como punto en común), para poner dos ejemplos.
Bueno, el caso es que realmente sufría porque me pudiera ocurrir esto con The Apartment, película sobre la cual, como con Clockwork, se ha hablado hasta la saciedad sólo para colmarla con las más altas alabanzas. Por suerte, me he encontrado con The Apartment una gran película atemporal. En apariencia presentada como comedia, y con ciertos momentos que la muestran como tal, este filme es en esencia un drama romántico sumamente agrio e intenso (orquestado magistralmente por Wilder), extremadamente rico en composición de personajes, y con una trama que rebosa melancolía, naturalidad y amargura. Eso es gracias al dúo de guionistas que forman Billy Wilder y I.A.L. Diamond, que consiguen crear un guión satírico, que aborda temas tan diversos como la deshumanización de la (en esa época) creciente América corporativa, la jerarquía social, la soledad, la infidelidad y el matrimonio, la dignidad o la búsqueda del amor.
“Shut up and deal”
Wilder, en este filme, nos muestra de forma muy acertada la visión de distintos grupos de personajes de la vida de Baxter. Sus vecinos, que le creen todo un Casanova y acaban por tratarlo mal; sus inmediatos jefes de empresa en la que trabaja, que le acaban viendo como un aprovechado; y él mismo y Fran, los únicos que saben la verdad sobre la triste vida de Baxter. Y sobre esa idea de que sólo nosotros sabemos la verdad sobre nuestras vidas (nada es lo que parece a simple vista) gira toda la película, hasta la escena final que es la culminación de un hito en la historia del cine. Además, se le suman una cantidad enorme de momentos que demuestran la mano de su director moviendo la cámara y tratando su guión, jugando con los equívocos de personas, nombres, objetos, y situaciones, y usando elementos en repetidas ocasiones a lo largo de la película a modo de referencias cruzadas con la misma película (el espejo roto, el pastel de un antiguo amor, los diálogos de Baxter con los vecinos…).
Podrán pasar cincuenta-y-tres años más, y la imagen de un hombre solitario devorando cine en blanco y negro en un apartamento vacío nos seguirá resultando extraña y preocupadamente familiar. The Apartment es CINE en mayúsculas. Poco más puedo decir que no se haya dicho ya sobre este genial filme, por lo tanto mejor os dejo que la veáis tranquilamente y juzguéis por vosotros mismos.

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