‘Trance’, ‘Inception’ y Danny Boyle

Título: Trance
Director: Danny Boyle
Guión: Joe Ahearne, John Hodge
Fotografía: Anthony Dod Mantle
Año: 2013
Duración: 101 min.
País: Reino Unido
Productora: Cloud Eight Films / Film4
Reparto: James McAvoy, Vincent Cassel, Rosario Dawson, Tuppence Middleton, Danny Sapani, Wahab Sheikh, Lee Nicholas Harris, Ben Cura, Gioacchino Jim Cuffaro, Hamza Jeetooa
Para empezar, debo decir que Danny Boyle no es ni de lejos uno de mis directores predilectos. No es que crea que Trainspotting o Shallow Grave sean malas películas, al contrario, en su momento fueron todo un hito cinematográfico, que convirtieron a Boyle en una mezcla inglesa de Tarantino y los hermanos Coen. Mis problemas con Boyle empiezan con 28 days after (aburrida, pretenciosa y algo cutre, su segunda parte no dirigida por Boyle es infinitamente superior) y terminan por Slumdog Millionaire (inmerecidos 8 premios Oscar, sólo creo que vale la pena la escena post-créditos del baile de aires bollywoodianos y la fotografía de Anthony Dod Mantle que aquí repite).
Dicho esto, no tenía por qué esperar mucho de Trance, pero, ¡ay! las críticas positivas. El hecho de que se la nombrara como el “Inception de Danny Boyle” por gran parte de la comunidad de aficionados al cine me creó unas expectativas que, obviamente, no se cumplieron.

“Os juro que ha sido el guionista”
Simon (James McAvoy) es un empleado de una casa de subastas que se asocia con una banda criminal para robar una valiosa obra de arte. Al recibir un golpe en la cabeza durante el atraco, al despertarse descubre que no recuerda dónde ha escondido el cuadro. Cuando ni las amenazas ni las torturas físicas consiguen ninguna confesión, Frank, el jefe de la banda (Vincent Cassel), contratará a una hipnoterapeuta, Elizabeth (Rosario Dawson), para que le ayude a recordar…
Y esto es todo lo bueno, como mínimo en cuanto al guión: esos primeros 15 minutos magistrales que combinan a la perfección violencia explícita en las torturas, una secuencia de atraco al banco espectacular, y una trama a priori bastante absorbente. Esos 15 minutos convierten en mucho mayor la decepción en los siguientes 85. Durante el resto del metraje el espectador se pierde entre tanto giro: de repente uno es malo, y luego bueno, pero resulta que lo hacía por una razón maléfica, pero ella también está en el ajo… El guionista da al que está visionando la película durante diez minutos tal cantidad de información como para avanzar la trama cautelosamente durante un rato, pero esa información contradice la de los diez minutos anteriores. Un cúmulo de despropósitos. No me malinterpreten, uno no acaba el visionado con la sensación de haber visto una mala película, ni mucho menos. Pero ha visto una obra que podría haber sido aun mayor sin la obsesión del guionista por sorprender de manera constante al espectador.

“No piece of art is worth a human live. DON’T BE A HERO
Y, es que además, cuenta con un reparto en estado de gracia: McAvoy, asentado ya como uno de los grandes futuros de la actuación británica, descubierto en Last King of Scotland y Atonement, Vincent Cassel, eterno secundario de las grandes ligas y hito del panorama cinematográfico francés e internacional, y una Rosario Dawson que mantiene el equilibrio entre ambos (y regala un desnudo frontal rasurado, fetiche del personaje de McAvoy, para “tomar pan y mojar”). Otro de los puntos fuertes de la película son las imágenes coloristas (en la última parte del filme hay una escena que transcurre dentro de un coche con un trato excelso del color) que consigue el compañero de fatigas del inglés, Anthony Dod Mantle, en la fotografía, jugando muy bien con la luz y la sombra en las escenas de hipnosis. Acompañando esta atmósfera de bellas imágenes, me veo casi obligado a hacer una mención especial a la banda sonora, repleta de temas de rock progresivo/electrónico la mar de interesantes, realizada por el ex de Underworld (banda que ya había prestado su música en Trainspotting y Sunshine, entre otras películas de Boyle) Rick Smith.
En resumen: aún siendo recomendable, el guión chirría en ciertos momentos, y deja mentalmente agotado a un espectador que sólo quería ver cuál es según el director lo que se vende como un “viaje a la mente humana”. Los que vengan buscando un nuevo Inception, retrocedan, laven sus ideas preconcebidas y déjense llevar para descubrir que Trance pudo haber sido mucho mejor. Ya sabéis, tampoco se lo pueden pedir peras al olmo.
Lo mejor: el tour de force interpretativo que mantienen McAvoy y Cassel, que mantiene el interés en la película.
Lo peor: los giros de guión que se suceden cada 10 minutos, que acaban por dejar al espectador exhausto y atolondrado.

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