‘Partes de una familia’: Vejez, desamor, burguesía

Título: Partes de una familia
Director: Diego Gutiérrez
Guión: Diego Gutiérrez
Fotografía: Diego Gutiérrez
Año: 2012
Duración: 83 min.
País: México
Productora: Coproducción México-Holanda; IMCINE / CONACULTA /FOPROCINE / Diego Gutiérrez / Bonanza Films
Reparto: Documental
Gina y Gonzalo viven en una inmensa casa en los límites de la Ciudad de México. Con el tiempo, su amor se ha desvanecido, y su casa se ha convertido en una prisión, sobretodo para Gina. Su hijo, Diego Gutiérrez cuenta y dirige la historia.

Gutiérrez explica las miserias de sus padres, burgeses encerrados en su propiedad que no soportan la inactividad en la que viven. Mientras Gonzalo se refugia en los caballos, las memorias y los libros, Gina pasa su tiempo con las tareas mundanas de su casa, “su mundo”, como dice Gonzalo en un fragmento de la película.

En su momento, Gina y Gonzalo , como ellos mismos explican, se querían, pero ahora ya nada queda de ese amor. Viven sus últimos días juntos por inercia, y mientras Gonzalo asegura que le gusta como vive, pues puede hacer lo que quiere y no tiene la presión del trabajo o del jefe, Gina repite delante de la cámara una y otra vez que está harta de esta vida. Pese a estar tan alejada de su marido no se atreve a dar el paso, coger las maletas y abandonar esa prisión que tiene por casa. Cada día se levanta y piensa que ya basta, que podrá arreglarselas sola, pero finalmente baja la cabeza, se calla y se refugia en su rutina, en su casa, su única vía de escape. Especialmente preocupante es una de las anécdotas que cuenta Gina sobre el cáncer que sufrió y la indiferencia y desprecio de su marido, que a estas alturas de la vida ni le habla ni se digna a comer con ella.
Gonzalo, satisfecho de su carrera y de sus títulos como médico, prepara unas memorias, como si alguien pudiese interesarse por su vida burguesa y autocomplaciente. Se enorgullece de su pasado, le gusta rememorarlo. A Gina también le gusta rememorarlo, por eso guarda aún la ropa que le regalaron sus padres, y aunque admite que ahora no se compraría estas ropas por el asunto ecológico, no puede desprenderse de esos vestidos que tanto le recuerdan esos tiempos felices que hace ya tantos años que quedaron atrás.

La escena cuando Diego Gutiérrez les pregunta si pueden decirse algo bonito el uno al otro resume perfectamente el distanciamiento y el desamor que ha ido aumentando con el paso de los años. Por otra parte, y en contraposición a Gina, una de las sirvientas, Lore, le cuenta a Diego Gutiérrez que no se casó porque tenía miedo a que su matrimonio saliera mal, y -sin decirlo explícitamente—, a que acabara como el de Gina y Gonzalo y tuviera que soportar lo que soporta Gina. Toda su familia le insistía para que se casara, pero ella se mantenía firme: prefería vivir sola e independiente.

Un aspecto que se refleja en la película, aunque no tengo muy claro que sea intención del director, es el extremo e irritante estado de ‘sobrebieniestar’ que vive la pareja, especialmente claro en el caso de Gina, que dice que no quiere vivir 100 años, quiere “vivir hasta que pueda cuidarse de sí misma”, algo curioso si tenemos en cuenta que en la casa trabajan 4 sirvientes que les preparan la comida, les lavan y planchan la ropa (incluso tienen un teléfono para comunicarse con los sirvientes ¡en la misma casa!) y Gina no puede dignarse ni a levantarse a buscar su maldito café.

Es una historia muy triste, que transmite el vacío de esta pareja de burgueses, que pese a tener dinero- o quizás por culpa de él-, pese a tener una propiedad enorme y el jardín que Gonzalo siempre había querido, no pueden ser felices. Son esclavos de su rutina, luchando por mantenerse ocupados, para permanecer activos, porque si no lo hacen, si se ponen a pensar en como son sus vidas, quizás no tengan fuerzas para seguir adelante. Ya no hay amor, ahora solo hay silencios, miradas tristes e indiferentes y un pasado que recordarán con nostalgia hasta el fin de sus días.

‘Partes de una família’ es una película real como la vida misma, con una gran implicación emocional tanto para el director, Diego Gutiérrez, como para los protagonistas del documental, que al ver el filme y sus propias miserias probablemente decidirán dar un cambio a sus vidas para no hacerse más daño y vivir sus últimos días en paz y en armonía.

Lo mejor: el retrato que hace Gutiérrez del distanciamiento y el desamor de sus padres
Lo peor: que toda la película sea jodidamente real

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